Entrevistas

Rafa Castaño: «Hay que tener cuidado con llevar la lectura a los altares»

El concursante más famoso de la televisión narra su biografía: la de un lector precoz y amante de las palabras que estudió Periodismo por las razones equivocadas y que invirtió el dinero ganado en los programas en la librería Caótica, de la que es uno de los socios

“¡Tú eres Rafa! El de Pasapalabra”, espeta una madre, que agarra a su pequeño, al acercarse al mostrador de la segunda planta de la librería Caótica, al lado de ese eje populoso y céntrico que son las Setas de Sevilla. Al otro lado atiende Rafa Castaño (Sevilla, 1990), una cara familiar para millones de espectadores que en los últimos años han seguido sus logros en los programas de televisión que tienen el dominio del lenguaje y la cultura en general como eje conductor. Debutó hace 10 años en Canal Sur en un concurso titulado Adivina quién es quién, logró ser un magnífico –título reservado para los muy excelsos concursantes- tras más de 100 programas en Saber y ganar y se convirtió en un rostro popular cuando cada tarde se colocaba detrás del famosísimo rosco de Telecinco, espacio en el que llegó a retarse incluso con su hermano.

Rafa Castaño en la librería Caótica, de la que es uno de los socios.

En la actualidad, el programa que le dio el espaldarazo definitivo a su popularidad –y holgura en su cuenta corriente- ha sufrido un proceso judicial que ha llegado hasta el Tribunal Supremo a cuenta de derechos entre productoras y la maniobra de la cadena para seguir manteniendo en la parrilla un concurso ha sido convertirlo en una sección dentro de Sálvame. Paradojas de la vida: posiblemente el programa de sesgo cultural más visto en España, hoy forma parte del icono de la telebasura. La vida es una continua contradicción.

Castaño, licenciado en Periodismo y socio de la librería-espacio cultural Caótica, habla con Mercurio de infancia, lecturas iniciáticas y palabras preferidas. También de educación pública -“soy de colegio, instituto y universidad pública y en alguna ocasión en el minuto de oro que tienes en el programa he aprovechado para dar las gracias a mis profesores”- y de karaokes. Un chaval completo.

Pregunta.- ¿Por qué apostó por invertir lo ganado en la televisión en una librería?
Respuesta.- Siempre he sido cliente de librerías y tenía esa ilusión que tienen todos los lectores de montar una. Después te das cuenta de que hay cosas maravillosas y otras engorrosas pero sí, esa era una de las intenciones cuando acudí al programa. Antes de entrar a trabajar aquí, en marzo de 2018, era socio consumidor… No pude llevarme el bote pero con lo que gané compré mi parte de la librería.

P.- Muchos de los que van sueñan con viajes alrededor del mundo.
R.- Una respuesta típica es “con lo que gane, después de darle la parte a Montoro –en este caso Montero- me voy de viaje con toda la familia”. Pero eso se lo puede permitir quien tiene resuelta la vida y yo tenía claro que quería invertir lo ganado en trabajar de lo que me gustaba y conseguir un lugar para vivir.

P.- ¿Cuál fue el primer libro que leyó en su vida o del que tiene recuerdo?
R.- En casa de mis padres había un montón de libros y no recuerdo el título del primero pero sí los dibujos y las sensaciones que me producían las páginas… empecé con las serie blanca de El barco de Vapor. Leía uno todos los días antes de entrar en el colegio y luego, por supuesto, Mortadelo y Filemón. Con dos o tres años, como un mico, mis padres me recuerdan leyendo las letras de los cómics.

P.- ¿Era un niño redicho? Digámoslo de otro modo, ¿era un niño adelantado a su edad?
R.- Más que adelantado, me faltaba mundo. Siempre he sido un niño metido en mi mundo de libros, de videojuegos, salía muy poco. Hay una anécdota muy buena: yo estaba enganchado al videojuego FIFA y en las opciones cuando elegías el tiempo que podía hacer durante el partido podías seleccionar “aleatorio”.

P.- No entiendo nada de videojuegos, cuando dice el tiempo, ¿se refiere al meteorológico?
R.- Sí, tú podías elegir que hiciera sol, lluvia o aleatorio. Pues un día estando en un chiringuito en Matalascañas con mis padres y con mi hermano, el camarero me preguntó de qué quería el helado: de fresa, de vainilla, de chocolote… y yo, con ocho años, respondí “aleatorio”. Mi hermano, con toda la vergüenza del mundo, le aclaró “que le da igual”. Así que más que redicho…

P.- Digamos que tenía un dominio precoz del idioma.
R.- A la lectura se llega también porque quizás no llega a socializar y los libros se convierten en un refugio. Afortunadamente, ya con los años fui ganando en mundología, como se dice, pero seguí con la afición a la lectura.

«A la lectura se llega también porque uno no llega a socializar y los libros se convierten en un refugio»

P.- A lo largo de todos estos años, ¿cómo se ha preparado para ir al programa?
A Saber y ganar vas con lo puesto, porque no sabes lo que te van a preguntar y ahí sí es cultura general: Historia, Ciencias, Literatura… Pero para Pasapalabra sí que vi muchos programas para dominar la dinámica, los ritmos y estudiar muchas, muchas palabras. A medida que he ido yendo al programa, he ido conociendo a muchos concursantes, algunos de ellos ganadores del bote, y me han prestado muy generosamente sus listas de palabras raras, premios, geografías… Es una locura.

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P.- Me decía que para Pasapalabra hay un contrabando de listas de palabras.
R.- Sí, totalmente. Muchos de los concursantes son hoy mis amigos y han sido muy generosos, porque a fin de cuentas son muchas horas de trabajo lo que hay que dedicar para tener listas así. Yo también tengo las mías: 8.000, 9.000 palabras, no sé. Esta última etapa estuve tres meses sin ir a trabajar tomándome esto como unas oposiciones, estudiando seis y siete horas al día, alternando descansos, porque si no la cabeza te explota. Estaba agotado.

«Me tomé el concurso como unas oposiciones, estudiaba seis y siete horas al día. Estaba agotado»

P.- ¿Su palabra favorita?
R.- Me suelen gustar tanto las onomatopéyicas, por ejemplo bóveda que suena a lo que designa, como las que decía mi abuela o mi madre: escamondar o arrecío, palabras que parece que tienes que mover las manos cuando las dices. Saber escribir es saber elegir la palabra correcta, quizás hay palabras que solas no te llaman la atención pero que en un contexto en un poema se convierten en la palabra perfecta.

 

P.- Ha hablado de poemas, ¿es lector de poesía?
R.- Procuro leer de todo pero soy un pésimo lector de poesía. Tengo amigos poetas a los que les he preguntado cómo saber si un poema es bueno o malo, uno me llegó a decir que era como escuchar jazz, era cuestión de leer mucho, escuchar mucho e ir desarrollando un criterio propio. Pero salvo poesía, procuro leer de todo. Lo que sí tengo es sentido del ritmo, de la sonoridad…

P.- Se quedó en los clásicos del colegio.
R.- Y casi. La última poesía que yo me aprendí, con 14 años, “La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos”, de García Lorca.

 «El plan que me he impuesto es leerme los libros gordos que tengo en casa: Guerra y paz, Los hermanos Karamazov, Los episodios nacionales…»

P.- ¿Qué está leyendo ahora? Imagino que al trabajar en una librería está constantemente leyendo lo que llega.
R.- Es un sufrimiento, es como un diabético que trabaja en una pastelería. Porque los libros ocupan lugar, cuestan dinero y son demasiadas las novedades que entran que me quiero llevar. Me acabo de terminar Conversación en la catedral de Vargas Llosa y estoy empezando Yo confieso, de Jaume Cabré, tengo medio empezado El desasosiego, de Pessoa. Pero el plan que me he impuesto es leerme los libros gordos que tengo en casa: Guerra y paz, Los hermanos Karamazov, Los Episodios nacionales

P.- Para trabajar en una librería, no le veo apegado a las novedades editoriales.
R.- Desde luego. Antes quiero leer lo que ya tengo, aunque siempre picoteo de novedades. Hago crítica literaria en el blog Estado crítico y ahí sí leo títulos nuevos que me llegan.

P.- Ha citado antes Conversación en la catedral. En el marco de la asamblea de académicos de la lengua, ASALE, que se celebró en Sevilla hace unas semanas, Vargas Llosa celebró los 25 años de publicación de esta novela. ¿Tuvo la oportunidad de asistir a esa conferencia?
R.- Tengo un amigo poeta, Gonzalo Gragera, por cierto, muy bueno, que hizo una llamada de auxilio en Twitter pidiendo una entrada para esa conferencia. Al final la consiguió y le tengo mucha envidia por eso porque me habría encantado, me parece un grandísimo escritor y Conversación en la catedral es un libro maravilloso, por lo arriesgado, por lo experimental y, también, porque se nota que es la obra de alguien que trabaja muchísimo.

Rafa Castaño durante su participación en ‘Pasa Palabra’.

P.- Hablando de la Academia, ¿acentúa el solo de solamente?
R.- Sí. Tiene un poco que ver con esa idea del ritmo interno, cuando escribo sólo que significa solamente tengo necesariamente que escribir el acento, sino es como faltara algo. Hay gente que dice «tengo faltas porque escribí muy rápido». Es que no lo entiendo, si escribes bien da igual que lo hagas rápido o lento, pones todos los acentos. Es algo que choca.

P.- ¿Qué fallo del Rosco no se perdona?
R.- Hay uno mortal por no escuchar bien. Me preguntaron con la “S” por una fruta de carne roja con semillas por dentro… y yo había entendido que las semillas las tenía por fuera y no encontraba nada en mi cabeza. Era la sandía, claro. Luego, en uno de los programas de la última etapa con un bote de 904.000 euros, me preguntaron por una palabra que era difícil pero me la había mirado: un parque natural de Colombia declarado Patrimonio de la Humanidad, el parque de Utría… El caso es que me había mirado esa lista varias veces. Tendré que viajar para conocerlo y quitarme esa espinita. Normalmente en los roscos te ponen dos o tres palabras muy, muy difíciles y acerté con la “P”, parasemo, que me la había estudiado.

P.- No tengo ni idea qué significa.
R.- Mascarón de proa de las galeras de los antiguos griegos y romanos. Con la “Z” también acerté el apellido del productor de Las uvas de la ira, sabía que por la época de la película estaba en activo el productor Darry F. Zanuck. No me perdono lo de Utría.

P.- He leído que le encantan los karaokes. No hay nada que me parezca más decadente.
R.- (Risas). Lumpen emocional. De chico cantaba en un coro de voces blancas, he sido salmista de mi iglesia. Con cinco años la profesora de música les dijo a mis padres que tenía facilidades para el piano, tengo facilidad para tocarlo pero lo tengo abandonado… Me encanta cantar. De hecho, hay quien aborrece la prueba musical de Pasapalabra y yo la espero siempre como loco.

P.- Y además es cinéfilo.
R.- Mucho. La gran época de mi cinefilia fue como estudiante de Periodismo. Pero el momento inaugural de mi cinefilia fue con 14 años o así. Mi hermano me preguntó “¿Dime qué quieres ver?» Y yo le dije: «Psicosis, de Hitchcock” y me mostró la pantalla del ordenador: “Mira, en este programa te lo puedes descargar”.

P.- El eMule.
R.- Eso es. Eran los albores de la piratería y con eso me harté de ver cine clásico. Luego seguí con la cinefilia en la Facultad de Comunicación. Vi mucho cine en esa época: cada viernes sacaba de la videoteca el máximo de películas permitidas, siete, y las devolvía el lunes todas vistas. Era un hikikomori, un tío encerrado en su cuarto. Luego por trabajo y tiempo, he derivado en la lectura.

«Estudié Periodismo por dos razones equivocadas: me gustaba escribir y El Carrusel Deportivo»

P.- ¿Por qué estudió Periodismo?
R.- Por dos razones que fueron equivocadas: la primera porque me gustaba escribir y, sí, periodismo es escribir y muchas más otras cosas; y la segunda, porque de chico siempre escuchaba el Carrusel Deportivo, y luego ya me dejó de gustar. Mi generación ha crecido con el mensaje de “estudia que tendrás trabajo” pero cuando entré en la facultad en 2008 ya había estallado la crisis y bromeábamos siempre con que la facultad era una fábrica de parados. Las prácticas que hice estuvieron bien, sin más: en el gabinete de prensa de Europa Press, en EFE, en una televisión de la facultad y he colaborado en un programa de radio de NeoFM. El periodismo que me hubiera gustado hacer es el de prepararte un reportaje durante tres meses y eso en España es impensable.

P.- ¿Qué famoso compañero en el programa le ha sorprendido por su cultura?
R.- Me ha sorprendido mucho Eva Hache. La tenemos asociada al humor y me sorprendió su vinculación al mundo de la literatura, me contó que antes de dedicarse a la comedia había hecho todo Shakespeare en el teatro. Y también me sorprendieron Goyo Jiménez y Leo Harlem, porque son dos lectores voraces. De hecho, Leo Harlem me recomendó a Stefan Zweig y Jiménez me dijo que estaba leyendo la poesía de Oliverio Girondo. La televisión parece estar peleada con la literatura.

P.- ¿Y por qué le dio por ir a la televisión?
R.- Desde chico me gustaban todos los concursos de la tele, jugar al Trivial… Como he crecido con los concursos, a veces pienso que llevo toda la vida preparándome para concursar.

P.- En Caótica empezó en la sección de Ensayo. Recomiende un título para estos tiempos de zozobra.
R.- Ahora que se duda del proyecto europeo, del humanismo, de la moderación, no hay un título mejor que El mundo de ayer, de Stefan Zweig, ese libro me cambió la vida. Y también Rojo y negro, de Stendhal, que se lo ha llevado un chaval esta tarde.

P.- Como librero, ¿en qué momento lector nos encontramos ahora mismo?
R.- Esta librería está vinculada a cierto público y, por ejemplo, de feminismo se vende mucho. Por ejemplo, el filósofo Byung-Chul Han… Se ha vendido mucho el libro de Zweig de Magallanes, aprovechando la celebración del aniversario. Y autores ilustrados como María Hesse. Personalmente, una de mis recomendaciones para esta Navidad son los Diarios de Iñaki Uriarte, en Pepitas de Calabaza. Te das cuenta de que un libro es atractivo cuando necesitas muy pocos argumentos para venderlo, es un libro de una inteligencia, una agudeza, con humor, muy entretenido…

P.- Ha trabajado como asesor y escritor de discursos en el Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Sevilla. De aquella etapa, ¿recuerda ver a muchos políticos leyendo libros, no informes?
R.- Algunos de ellos son gente muy preparada, muy leída y con sus sueldos sí se pueden permitir comprarse libros. Mi experiencia fue muy positiva en el sentido de que me rompió muchos prejuicios. Hay de todo, hay gente que es muy leída y otros, quizás, no lo son tanto pero son excelentes gestores. Hace poco escribió en Twitter Juan Gómez Jurado que hay que hacer que la gente lea para evitar que voten a Vox. Ese argumento me parece un error: hay autores como Heidegger o como Curzio Malaparte, vinculados al fascismo, que son grandísimos escritores o filósofos. El problema es el uso que des a las lecturas que hagas. Hay que tener cuidado con llevar a los altares a la lectura. Para mí es necesario, pero lo puede no ser para otro. La lectura desarrolla la disposición que cada uno tenga.

P.- La cultura, en general, ha estado ausente de toda la campaña electoral.
R.- Me encantaría decir que es el elefante en la habitación que nadie quiere ver, pero es que ni siquiera eso. La cultura es lo primero de lo que se recorta en los presupuestos y cuando hablo de cultura hablo también de la inversión en Educación. Confío en que el gobierno que se forme si se forma apoye la educación pública como merece. Todos tenemos derecho a una educación y querer desmantelar la escuela pública y cualquier servicio público es hipotecar a futuro a generaciones que no se lo pueden permitir. Yo, quizás, no habría tenido oportunidad de ser quien soy si no hubiera accedido a bibliotecas públicas y a una educación como la que he tenido.

P.- Una curiosidad: tiene Twitter pero con un candado, ¿lleva mal la fama?
R.- El 99% de la gente es gente con la que se puede hablar pero luego hay 1% que no tiene habilidades sociales y son personas que… se obsesionan contigo y piensan que eres su amigo y confunden lo que eres para ellos. Gente obsesiva, básicamente.

P.- Un deseo para Mercurio.
R.- Lo más interesante para Mercurio puede ser quitarle a la crítica ese aire apolillado y obsoleto que ya se ve en muchas páginas de internet. Romper esa burbuja de escritores que hacen crítica y presentaciones para sí mismos, como si fuera una masturbación continua.

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