Tempus fugit

Poesía, motines, poetas

Tempus fugit: Duodecima septimana

Mural dedicado a Miguel Hernández. 19Tarrestnom65 (CC).

21 de marzo. – Día internacional de la Poesía

Tristes guerras
si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.

Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

La 30ª Conferencia General de la UNESCO, reunida en París en 1999, decidió nombrar cada 21 de marzo, inicio de la primavera, como el Día Mundial de la Poesía con el objetivo de «apoyar la diversidad lingüística, promover la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía y fomentar la convergencia entre la poesía y otras artes».

La poesía es el instrumento de las emociones cuando se ordenan en forma de palabras, como la pintura lo es cuando se mezclan los colores. Poesía y emoción son el binomio que nos conecta a la realidad de cualquier sentimiento humano, sea amoroso, tierno, irónico o triste. Las palabras nos arrastran hacia el interior, nos consuelan, nos expresan.

El poema que Miguel Hernández escribió desde la cárcel de Alicante, en torno a 1941, tiene la vigencia intemporal de las grandes obras siendo, como es, tan sencillo en su rima asonante, siendo, como es, tan repetitivo en el concepto. Cuesta asimilar la tristeza y hay que nombrarla mucho para entenderla, cuesta entender la barbarie que nos rodea.

Los mensajes que nos llegan del presidente de Ucrania tienen algo de poético, su actitud pacífica y contenida pero firme predispone a la empatía tanto como lo hacen la violencia y el horror de las imágenes que vemos a diario. El contrario es antipoesía, frialdad. Ya lo dicen las palabras de la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, con motivo de la celebración en este aciago año:

«La orquestación de las palabras, el colorido de las imágenes y la contundencia de una buena métrica otorgan a la poesía un poder sin parangón. Como forma de expresión íntima que permite abrirse a los demás, la poesía enriquece el diálogo que cataliza todo progreso humano y es más necesaria que nunca en tiempos turbulentos».

La poesía no puede ser otra cosa que un arma para el presente pero cargada de futuro.

23 de marzo de 1776.- Inicio del Motín de Esquilache

Giuseppe Bonito: Retrato de Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, Museo del Prado.

Era Domingo de Ramos, dos madrileños paseaban por la plazuela de Antón Martín luciendo capa larga y sombrero chambergo contraviniendo el bando que el ministro Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, había hecho público el 10 de marzo y en el que se prohibía expresamente la utilización de este tipo de vestimenta:

«Ninguna persona de cualquier calidad, condición y estado que sea, pueda usar en ningún paraje, sitio o arrabal de esta Corte y reales sitios ni en sus paseos o campos fuera de su cerca el citado traje de capa larga y sombrero redondo para el embozo; pues quiero y mando que toda la gente civil y de alguna clase… usen precisamente de capa corta o de redigot o de peluquín o pelo propio o sombrero de tres picos, de forma que de ningún modo vayan embozados ni oculten el rostro… bajo la pena por primera vez de seis ducados y doce días de cárcel, por la segunda doce ducados o veinticuatro días de cárcel».

La capa larga impedía ver si el que la usaba portaba armas, y el chambergo (sombrero de ala ancha) hacía sombra en la cara al punto de hacerla irreconocible. Le parecía al marqués que ambas prendas resultaban muy anticuadas y demasiado castizas para un país que pretendía entrar en la modernidad ilustrada; ignoraba Esquilache que el llamado «traje español» había sido introducido en el reinado del último de los Austrias, Carlos II, hacía poco más de medio siglo.

Sea como fuere, aquellos chulapos se enfrentaron a los guardias que trataron de impedirles el paseo; uno de los embozados sacó una espada mientras silbaba y al punto apareció una cuadrilla de desarrapados que se abalanzaron sobre los militares haciéndoles huir. Los sublevados se dirigieron entonces por la calle Atocha hasta la Plaza Mayor: había estallado el motín popular.

Muchas veces las guerras, las revueltas y los enfrentamientos se inician con una chispa de yesca, lo que se escondía detrás de aquel levantamiento era una realidad bastante más dura que el simple hecho de usar una indumentaria: el malestar de la población por la escasez y el elevado precio de los alimentos, el descontento de los privilegiados ante las reformas que proponían los ministros ilustrados que les hacían perder influencia y poder, las medidas de saneamiento y orden público tomadas por Esquilache sin contar con nadie, la limpieza urbana obligatoria, la prohibición de los juegos de azar y un largo etc. de prescripciones con las que se pretendía ordenar el país casi de un día para otro, generaron la furia popular.

Carlos III no podía imaginar que la revuelta se extendiera tan rápidamente y asustado por la magnitud de las protestas, destituyó a Esquilache, paralizó todas las reformas en marcha y tomó decisiones inmediatas como bajar el precio del aceite, del vino y del pan que contentaron a los amotinados y sirvieron para traer paz.

No fue tanto un levantamiento político como económico. El atraso del campo, la falta de productividad de las explotaciones agrarias debido al alto precio del cereal, el modelo de propiedad de las tierras en manos de unos pocos o los impuestos y gravámenes empobrecían cada vez más a las capas más bajas de la sociedad que suponían la inmensa mayoría de la población.

La reforma agraria se hacía muy necesaria, aunque da la impresión de que todavía colea el tema tres siglos después.

23 de marzo de 1997.- Ángel González ingresa en la RAE

El pasado domingo, 20 de marzo, la 2 de RTVE emitió un documental sobre Luís García Montero en el que se hacía un repaso de su vida y obra con motivo de la celebración del Día Mundial de la Poesía. Recomiendo verlo.

En una de las escenas aparece su grupo de amigos disfrutando de una buena velada en su casa de Cádiz; se puede ver a Sabina y a Benjamín Prado mientras Almudena Grandes saca de la cocina un plato de comida. Comen, beben, cantan y disfrutan en uno de esos días normales que se convierten en épicos para nuestra memoria personal cuando la vida, en su avance, va borrando algunas caras de nuestro entorno y haciendo muescas en el corazón.

Entre los que acompañan el guitarreo de Sabina cantando a pleno pulmón, aparece el poeta Ángel González, sin duda el más mayor en edad, pero tan integrado en el grupo, tan admirado por todos, que la cámara lo recoge como lo haría ante un santo patrón.

Ángel González (1925-2008) fue un poeta de la llamada «generación del 50» al que se concedió el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985. Su formación en Derecho le permitió trabajar en la Administración pública por temporadas, pero su verdadera vocación, la poesía, ocupó gran parte de su vida hasta que pudo entregarse totalmente a ella y dejar de lado las ocupaciones meramente alimenticias.

Fue amigo del llamado Círculo de Barcelona al que pertenecían Carlos Barral, José Agustín Goytisolo y Gil de Biedma y de otros como el jerezano Caballero Bonald que le insufló el amor por el flamenco y el cante jondo.

En 1996, famoso y premiado tanto en España como en el extranjero, fue elegido para ocupar el sillón P de la RAE en sustitución de Julio Caro Baroja. En su discurso de ingreso, titulado «Las otras soledades de Antonio Machado» dedica un admirado recuerdo al poeta sevillano que había sido nombrado académico para ocupar el sillón V en 1927 pero del que nunca tomaría posesión debido a las circunstancias políticas de la época y a su adscripción republicana

«Buscar o encontrar palabras, seleccionarlas, sopesarlas, medirlas: tal es la tarea que le da especificidad al trabajo del poeta; en esencia, la poesía es eso: palabra elegida. De ahí mi vieja e incurable adicción a los diccionarios.

Ya sé que la poesía no se hace a partir de los diccionarios; pero, así́ como Miguel Ángel pensaba que un bloque de mármol contiene todas las formas que el artista puede concebir, yo también creo que todos los textos que un poeta puede imaginar están implícitos en esos gruesos y sustanciosos volúmenes, a los que algunos dan justamente el nombre de «tesoros»».

Así es, tesoros al alcance de todos: leer o escribir versos que se lanzan directamente al sentimiento. La poesía sigue siendo un arma cargada de futuro.


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2 Comentarios

  1. El presidente de Ucrania podrá tener un lenguaje poético, pacifista ya que era y es un artista de quienes esperamos solo verdades dichas con arte, pero otra cosa es querer llevar su pais a la Otan, atraído por la opulencia decadente de Occidente. EEUU estuvo a punto de una guerra atómica cuando descubrió las ojivas rusas en Cuba. ¿Por qué Rusía tendría que soportar verlas en Ucrania? Todas las guerras fueron y son horribles, donde no mueren los líderes, solo la gente común, pero creo que hay que decir cómo están las cosas por más que nos duela.

    • Laura Mínguez

      Gracias una vez más, amigo Roberto, por su comentario. Es cierto lo que dice, todas las guerras son horribles y, en el Día Mundial de la Poesía, sólo quería recordar los versos de Miguel Hernández por la triste actualidad de su mensaje en referencia al desastre que vivimos. Un abrazo.

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