Ficción

Espejo roto

Tim Sheerman-Chase (CC).

Yo tenía cerca de doce años cuando mi papá anunció que nos iríamos a vivir al campo.

Para comenzar a habituarnos, fuimos a pasar el verano a una casa prestada muy antigua, de esas que alguna vez fueron bonitas. Nunca había estado tan lejos de la ciudad. El terreno era inmenso: había un río, un pequeño bosque y un campo de flores moradas, mi mamá dijo que se llaman lavandas. Los días ahí eran largos y silenciosos. Mi mamá leía mientras mi papá salía en su camioneta a visitar terrenos en venta para nuestra nueva casa. El aburrimiento era parte de la rutina. Mi papá volvía tarde, mi mamá apenas hablaba. El perro del cuidador me daba miedo, era un quiltro negro, peludo y que no paraba de ladrar.

Así conocí al sobrino del cuidador, que había ido a pasar el verano con él. Su madre había muerto y su padre se había ido lejos, no me dijo a dónde. Mientras cenábamos le pregunté a mi papá de qué había muerto la mamá de Rodrigo; no me respondió. Al día siguiente, mi mamá me dijo que saliera y jugara con él, porque ella y mi papá tenían que hablar. Todavía me daba miedo el perro, por suerte no ladró. A Rodrigo le gustaba explorar, buscar las madrigueras de los conejos, cortar flores y hacer ramos, cosechar moras de los arbustos y subir a los árboles. A mi no me gustaba tanto, hubiera preferido quedarme en mi casa viendo tele, pero iba con él porque era mejor que estar en la casa silenciosa.

Un día de calor fuimos al río, Rodrigo y yo. Me llevó por un camino secreto que bordeaba el terreno de la casa y llegaba a un sector donde el agua del riachuelo se estancaba lo suficiente como para cubrirnos las caderas. Él se sacó la camiseta para meterse al agua, a mi me dio vergüenza. Me dio la mano para que no me tropezara con las piedras. Antes de bañarnos, nos quedamos parados sobre una roca. Estaba tibia, al igual que la espalda de Rodrigo. Hablamos de muchas cosas, pero no de su mamá. Al atardecer, me llevó al campo de lavanda. Me pidió que hiciera un ramo de flores y lo pusiera en agua.

—Eso aleja a los malos espíritus. —Explicó en tono solemne. —Me lo enseñó mi tío.

Esa noche me dio fiebre y mi mamá se enojó conmigo. Me dijo que nadie me había dado permiso para desaparecerme toda la tarde con ese niño, y menos para meterme al río sin pantalones. Me disculpé tosiendo. El perro que me daba miedo no paró de ladrar hasta que Rodrigo lo soltó para que saliera a correr. Ladraba porque no le gustaba estar amarrado. Era una noche oscura y ventosa. Me vino a ver a mi ventana; le dije que se fuera. Me daba vergüenza que me viera en pijama. Me sentí mal, él había salido porque sabía que los ladridos me asustaban.

A la mañana siguiente, escuché gritos. Mi mamá le gritaba a mi papá, y mi papá le gritaba a mi mamá. Desde mi habitación en el segundo piso, no distinguí las palabras que pronunciaban. Bajé a la cocina cuando oí el estruendo. Mi mamá recogía el vidrio del suelo. Pedazos de espejo, y pedazos del jarrón donde estaban las flores. Se cortó el dedo, se mezclaron el espejo roto, la sangre y la lavanda. Olía a cloro y a metal. Mi papá se había ido.

También nos fuimos. La camioneta estaba estacionada en la entrada del terreno. En el camino había un conejo muerto, destripado por el perro. Mi mamá me dio la mano, podía sentir la humedad de la sangre detrás del vendaje improvisado. No volvimos a la casa silenciosa, ni tampoco volví a ver a Rodrigo. Mi papá, tal como quería, se compró una casa en el campo y se fue de la ciudad. También se compró un perro, pero es un pastor alemán muy bonito que no me da miedo. A veces paso el verano en el campo con ellos, pero al igual que en la otra casa, reina el silencio.

Cuando puedo salgo a buscar lavandas, las corto y las pongo en un florero, con la esperanza alejar a los malos espíritus.


Con la colaboración del Máster en Creación Literaria de la BSM-UPF, dirigido por Jorge Carrión y José María Micó, catorce años formando a escritores de España y América Latina. Más información aquí.

Sofía Carrère (Santiago de Chile 1995) es escritora e ilustradora. Licenciada en Letras Hispánicas, máster en Creación Literaria y máster en Investigación en Arte y Diseño, publicó recientemente su primera novela Un cielo de juguete con la editorial Zaíno en Bogotá, Colombia. Actualmente vive en Barcelona con su gata.

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