Horas críticas

Islas y recuerdos

Reseña de «Los inquietos», de Linn Ullmann

Linn Ullmann (1966) es la hija pequeña del legendario director de cine sueco Ingmar Bergman (1918-2007) —que tuvo nueve hijos con diferentes mujeres— y de la actriz,  escritora y cineasta noruega Liv Ullmann (1938). En español se han publicado algunas de sus novelas —Antes de que te duermas; La canción helada y Retorno a la isla—; esta última es la que guarda más parecido con el argumento de Los inquietos: la hija del director evoca, a más de un lustro de la muerte del padre, su relación con sus progenitores y trata de hacer realidad el proyecto que acordó con él, escribir «un libro sobre la vejez». Siguiendo un ritual que el deterioro físico y mental de Bergman hacía cada vez más difícil, se reunían para grabar conversaciones en la casa que él construyó en la isla de Farö donde de niña Ullmann pasaba sus veranos y el padre se instaló para vivir sus últimos años. El proyecto quedó interrumpido por la muerte de Bergman —«hicimos las grabaciones en mayo; él murió a finales de julio, a las cuatro de la madrugada»—, durante demasiado tiempo la escritora llevó las cintas en su bolso —igual que una de sus abuelas llevaba las cenizas del marido en el suyo—, las guardó luego en un cajón y, cuando por fin acomete la tarea de transcribir el contenido, lo que obtiene se revela insatisfactorio y triste: «La calidad del sonido era espantosa. Crujía y crepitaba como si hubiera hecho una hoguera y nos hubieran situado entre las llamas. Las voces se  ahogaban, la suya se hundía, la mía era estridente».

El relato es, según se va demostrando conforme avanza la lectura, engañosamente decepcionante porque Ullmann construye mediante la acumulación de recuerdos, de reflexiones, citas literarias, símbolos, personajes fascinantes y la transcripción de las famosas cintas, una narración circular donde los tiempos de su infancia se reflejan en los años de vejez y desvalimiento del padre.

No estoy muy segura de que Los inquietos sea el mejor título para estas memorias que alternan episodios y capítulos muy potentes en la intensidad de las escenas y sentimientos evocados con otros que parecen banales, donde Ullmann alarga situaciones sin interés dramático —la visita en compañía de sus niñeras noruegas a la elegante vecina que le ha preparado una merienda en su cuidada casa de un suburbio neoyorquino— y que hará decir a más de uno que es típica literatura femenina… excepto porque obligan a descifrar el significado latente de lo que cuenta, igual que esos sueños del principio en que el anciano Bergman protesta cuando le atribuyen la creación de una casa magnífica, o el paso del ferry a la otra orilla.

El relato está lleno de pistas para ese desciframiento: «Ver, recordar, comprender» empieza diciendo. Comprender es cosa del punto de vista, del lugar que se ocupa en cada momento. No son unas memorias vengativas, rencorosas ni desmitificadoras contra Bergman: la vejez es por sí sola la gran desmitificadora y Ullmann acierta a provocar emociones en el lector mediante las oposiciones que plantea: el color rojo que siempre se ha asociado a Bergman —en Gritos y susurros, en el  jeep o en la bicicleta que usa en la isla—, los azules de la madre; la casa-faro en la isla y las muchas casas habitadas por las Ullmann; las mujeres como compañeras intelectuales y eróticas del cineasta son luego fieles cuidadoras y pilares de su rutina; la puntualidad exigente del padre se despliega en encuentros ritualizados, que tienen la virtud de ahuyentar la ansiedad, y se opone a la espera angustiada de la llamada telefónica de la madre desde el extranjero o de su regreso a la hora prometida. Las conversaciones, las sesiones de cine, las instrucciones del padre —el amor no resiste si no lo sostiene la razón práctica, es decir, de qué vivir—, sus manías y simpáticas exageraciones se oponen a las confidencias no deseadas que le hace la madre.

Esta es la narración de una historia de amor a varias bandas: la de los padres, él de cuarenta y siete años cuando se enamoró de la que sería una de sus actrices emblemáticas, Liv Ullmann, entonces de veintisiete; la de cada uno hacia su hija, construida a base de rituales en el caso de Bergman, puntuada de largas y caóticas ausencias, preñadas de culpabilidad y de  melodrama en el de Liv Ullmann; la del padre y la hija por la casa y la isla de Farö; la de la escritora a la familia que ha formado.

Si los lectores han visto las películas de Ingmar Bergman, podrán detectar que Linn Ullmann utiliza algunos de sus recursos y motivos —la niñez, el paisaje que acompaña y refleja su ánimo, contención sentimental y ebullición emocional, la severidad próxima a la crueldad, los retratos escuetos pero elocuentes, la música y los sueños— y a ello añade un comentario reflexivo sobre los «cuadernos azules» del padre «llenos de sus notas y de viejas fotografías familiares» en los que reaparece el Pu del que ya escribió el director de cine. Al mismo tiempo es el relato de su infancia, adolescencia y madurez que mira hacia los momentos de inseguridad que la impelían a hacerse adulta a todo correr e ilustra cómo tantas veces construimos nuestras vidas tomando, si no con razón sí con razones, como modelo contrario la de nuestros padres. Aún sin conocer la trayectoria de Bergman, los lectores pueden captar la gracia de las críticas que distintos amigos y amantes de la Ullman joven hacen sobre su cine, comentarios irónicos que reflejan de refilón la cumbre que ocupaba el director de Fresas salvajes o El séptimo sello.

Por supuesto, viniendo de una Bergman contiene un muestrario de neurosis, desde la ansiedad por separación en la niñez a los problemas de aceptación de su imagen, habituales en niñas de madres muy guapas que no acertaron a separar su imagen pública muy sexualizada de la maternal, una inseguridad que vive en la escritora Ullmann igual que vive la puntualidad del padre y que encuentra en estas memorias muchas y diferentes maneras de expresarla y de darle un relieve literario.

Los inquietos es una narración de familia que no se hunde en la complacencia del talento propio o heredado; rehúye la estridencia del relato de crisis personal o sórdidos traumas familiares y levanta página a página una reflexión modulada en diferentes temas sobre la creación artística y el material del que se hace el artista.


Los inquietos
Linn Ullmann
Trad. de Ana Flecha Marco
Gatopardo Ediciones
(Barcelona, 2021)
387 páginas
21.95 €

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