Crónicas

Bienvenidos a la Sevilla Ficción

A este género literario, muy famoso y muy desconocido, nadie le ha puesto nombre aún. Es raro, porque el número de escritores que han convertido la ciudad en parte de sus tramas es innumerable, e indiferente al tiempo. Se han sumado los bestseller de hoy, Dan Brown, Robert Wilson, Matilde Asensi o Ildefonso Falcones. Los del pasado, José Zorilla, Tirso de Molina, Alejandro Dumas, André Gide. Y los de culto, como Belén Rubiano o Elisa Victoria. Por escribir, se ha escrito hasta de una epidemia mundial de zombies desencadenándose aquí.

Sevilla es la ciudad que más ha alimentado a los libros. Todos los autores que han escrito sobre ella la visitaron alguna vez. Y todos sus escenarios literarios tienen un equivalente real. Su belleza puede llevar a engaño, a imaginar que fueron sus calles y paisajes lo que les conquistó. Pero en realidad de lo que han escrito y siguen escribiendo es de lo que no se ve. De la experiencia. Tan vívida, que cada escritor ha sido capaz de crear con ella su propia ciudad. Tan real, que cualquier visitante puede repetir lo que ellos vivieron.

Con deportes acuáticos y naturaleza salvaje

«Solo le falta el mar para ser perfecta». Lo dijo el visitante extranjero que posiblemente más ha elogiado Sevilla, un escritor que renegaba de ser conocido solo por sus cuentos. Posiblemente hoy Hans Christian Andersen, después de remar o navegar en el Guadalquivir, le quitara esa pega a Sevilla. El alquiler de kayacs, tablas de paddle surf y embarcaciones se ha convertido en un habitual de la ciudad, para amantes del deporte, y para quienes quieren tener otra perspectiva de su belleza, a ras de agua.

Es lo que tiene ser muy famosa, y muy desconocida. Nacida y crecida en el meandro de un río, su orilla izquierda es la histórica, la del Alcázar, la Catedral y la herencia islámica. La derecha, la del tradicional arrabal de Triana y el ensanche del barrio de Los Remedios, cosmopolita y moderno. Pero más allá, siguiendo el curso, se despliega un patrimonio natural con cascadas, fósiles de medusas, marismas arroceras y 200 especies de aves que siguen y siguen hasta las marismas del Parque Nacional de Doñana.

Ni eso le hubiera quitado a Andersen su manía de viajar siempre con una cuerda en la maleta, por si tenía que huir por la ventana de un incendio en su hotel. Aunque si duda la ciudad actual le habría curado de las frustraciones que marcaron su vida personal. Bisexual, habituado a las relaciones imposibles, el gran amor de su vida fue, como él, un hombre. Impensable para su época, pero no para la Sevilla actual, que durante las últimas décadas ha tomado un camino hacia la mentalidad abierta y el respeto. Lo que la ha convertido en capital gay-friendly, con la oferta de ocio y hoteles más amplia de España.

Sí, definitivamente hoy Andersen hubiera disfrutado mucho aquí. Y también Jorge Luis Borges, el otro gran cuentista inspirado por Sevilla. Una mañana, después de una noche de lujuria y alcohol, una de las suyas, quedó arrebatado por la belleza de la ciudad: «He visto el amanecer que se abría en una tormenta de luz sobre el Guadalquivir y transformaba los vidrios del pequeño café donde estábamos en raras y espléndidas vidrieras de púrpura y azul pálido».

La ciudad escenario.

Karel Čapek hizo dos cosas absolutamente relevantes. Una, inventar el robot literario, al que puso nombre y fijó sus características como personaje de ficción. Dos, venir a Sevilla para la Exposición Iberoamericana de 1929, y olvidarse de hablar de ninguna otra cosa que no fueran sus jardines. Le fascinaron hasta tal punto que los llamó paraísos artificiales, y eso en su boca es todo un elogio. Los describe entretejidos de fuentes, terrazas, rotondas y escaleras. Pero también sembrados de tiestos, selva de palmeras y enredaderas: señal de que se le mezclaron en la cabeza jardines públicos y patios.

Es comprensible. Sevilla tiene 200.000 árboles, la mayoría naranjos, que se trajeron de China como «plantas de la felicidad». En primavera la ciudad huele a azahar, de manera especialmente intensa en los jardines históricos. Parque de María Luisa, Las Delicias, Reales Alcázares, abiertos al paseo y al deleite. Igual que los patios, desbordantes y extrovertidos como sus vecinos, con las puertas abiertas de par en par. Para que las cruce un despistado escritor de ciencia ficción, o cualquier otro visitante.

Y junto a ese escenario de una ciudad verde, el de la ciudad monumental. Con el segundo casco histórico más grande de Europa. Pocos lo apreciaron más que el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo. Su recorrido es posiblemente la primera ruta turística moderna hecha de Sevilla. Sugirió que la visita se haga en un día cualquiera, uno de esos en que «el sol alegra pero no incendia», y evitando si es posible los días festivos. Para apreciar así mejor el equilibrio entre descanso y trabajo que transmite la vida diaria en sus calles. Ambos detalles siguen siendo así. Puntilloso y detallista, sugiere comenzar por San Luis, seguir por Santa Catalina, y luego los barrios de la Macarena y Triana.

Pero de poder regresar hoy, Gómez Carrillo seguramente hubiera elegido la otra Sevilla, la que es referente en arquitectura contemporánea. Porque él era sobre todo un vanguardista. Crítico del simbolismo, traductor de Verlaine, Baudelaire, y Leconte de Lisle, gracias a su labor los escritores modernistas en español desarrollaron su estilo, renovando la literatura.

Sin recorrido de vanguardia hubiera comenzado por el Parque Tecnológico y Empresarial Cartuja. Fue el laboratorio experimental de la Exposición Universal de 1992. Sus edificios los firmaron quienes son hoy nombres universales de la arquitectura de vanguardia: Sáenz de Oiza, Cesar Pelli autor de la Torres Petronas, o Vázquez Consuegra. Pero hace mucho que la construcción contemporánea ha rebasado este recinto e inundado toda Sevilla. La Estación de Santa Justa, la biblioteca pública Infanta Elena, o el edificio de Previsión Española, son muestras de esa ciudad viva, netamente moderna, y escenario ideal para amantes de la última arquitectura. Que se corresponde además con las aceleradoras de startups, parques empresariales centrados en nuevas tecnologías y sostenibilidad.

Aunque desde donde más le hubiera gustado a Gómez Carrillo contemplar Sevilla es desde las alturas. Era un creído. Con una ambición sin límites, tanta que acabó vendiéndose como propagandista al dictador Manuel Estrada Cabrera, a cambio de una buena cantidad de oro. Así que su ego hubiera disfrutado mirando a la ciudad por encima del hombro. Primero desde Las Setas, pérgola de madera y hormigón absolutamente moderna, y hoy símbolo de la ciudad. Desde su pasarela superior la luz del atardecer convierte el paisaje en puro arte. Luego, desde el mirador de Torre Sevilla, edificio más alto de la ciudad, su primer rascacielos.

«Los sevillanos son personajes literarios».

La frase es de uno de los primeros hispanistas, el escritor italiano Mario Puccini. La escribió fijándose en una de las características que la ciudad nunca ha perdido. La forma de vida de los grandes personajes ambientados en Sevilla refleja la de sus verdaderos habitantes. Una vida de calle. Desde La gitanilla, novela ejemplar de Cervantes, pasando por el Juan Tenorio, o La piel del tambor de Pérez-Reverte. En esta última, el presidente del banco despacha con su director general a diario… en la terraza de una cafetería. No solo resulta creíble, es que ocurre. En Sevilla el clima, agradable la mayor parte del año, facilita la intensa vida social, el espacio compartido y abierto. Una mezcla de ocio y trabajo, de actividad y pausas, que redunda en la salud física y mental, en la felicidad, de quienes viven en la ciudad, y de quienes la visitan. La idea ya la captó Gómez Carrillo.

Cierto que la oferta gastronómica lo facilita bastante. Cosmopolita y tradicional, pero sobre todo abundante. Los locales se cuentan por miles, algunos con tanta solera como El Rinconcillo, que se abrió en 1670, y ahí sigue. El escritor Juan Gómez-Jurado ama su tradición culinaria, y es un enamorado de la ciudad. No por casualidad La leyenda del ladrón está ambientada en Sevilla. Adora los flamenquines, y ese tapeo que permite comer o cenar de bar en bar, y en la mejor compañía.

El talento como motor, la cultura como forma de vida.

La saeta clásica, los tipos flamencos conocidos universalmente, las tradiciones que se remontan al Siglo de Oro, todas son pistas excelentes. Indican el hecho de que una ciudad que ha hecho de la cultura su forma de vida, y la ha mantenido generación tras generación, tenía por fuerza que atraer a los escritores. La Sevilla de hoy sigue, y es enclave vivo de la música, los festivales, el teatro. Pocos lugares lo resumen y agrupan tan literariamente como sus librerías.

La mayoría no son lugares que venden libros, sino espacios culturales. Vivos y de participación ciudadana, que es como se define Caótica, verdadero centro cultural. Hay boticarios que recetan vida en forma de libros, como en Botica de Lectores, también con talleres, firmas y actuaciones musicales. Y locales emblemáticos como el de Yerma, con su terraza de mesas y sillas donde se sirven libros y la carta es una recomendación de lecturas. El panorama librero sevillano es múltiple, diverso y absolutamente enriquecedor.

Son lugares cuyos dueños merecen un beso en la boca, como dijo Belén Rubiano. Escritora, sevillana, pero sobre todo librera, que narró en Rialto 11 el trayecto de su librería, del nacimiento al cierre. Fue célebre por los libros, la conversación, el café, y la pizarra con citas de escritores, y por estar contenida en un palacio. En qué otro lugar se puede albergar una librería sevillana, si escritor a que la ciudad toca, escritor que de ella escribe.

Precisamente ese es el rasgo más desconocido de la Sevilla Ficción. Silenciosamente nos convierte, a cada uno de sus visitantes, en narradores. Podemos escribirla, pintarla, cantarla, o limitarnos a recrearnos en su recuerdo. Ya nos lo advirtió Pérez-Reverte: «todo aquí es ficticio, excepto el escenario. Nadie podría inventarse una ciudad como Sevilla». Y nadie puede, una vez conocida, olvidarla.

Los libros con Sevilla Ficción de autores aludidos en este artículo son, por año de publicación:

La gitanilla, Miguel de Cervantes, 1613; Don Juan Tenorio, José Zorrilla, 1844; Viaje por España, Hans Christian Andersen, 1862; Vistas de Europa, Enrique Gómez Carrillo, 1919; Grecia: Revista de Literatura, artículos de Jorge Luis Borges, 1920; Viaje a España, Karel Čapek, 1930; Amore di Spagna, Mario Puccini, 1938; La piel del tambor, Arturo Pérez Reverte, 1995; El ciego de Sevilla, Robert Wilson 2003; Fortaleza digital, Dan Brown 2005; Venganza en Sevilla, Matilde Asensi 2010; La leyenda del ladrón, Juan Gómez-Jurado, 2012; La reina descalza, Ildefonso Falcones 2013;  Rialto 11, Belén Rubiano, 2019; Voz de Vieja, Elisa Victoria, 2019; y la obra donde se contienen las referencias a la mayor parte de ellos, Sevilla sin mapa, Fernando Iwasaki, 2021.

Un comentario

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