Entrevistas

Juan Carlos León: «Cohen me llegó más adulto y descubrí su grandeza, pero la huella que ha dejado, y sigue dejando Dylan, es muy profunda»

Reportaje fotográfico: Ágata Sandecor

Juan Carlos León (Jerez de la Frontera, 1970) es periodista musical y de viajes, y ha colaborado en medios como Mondo Sonoro, Bad Music, Freek Magazine. Actualmente escribe en Ruta 66 y Jot Down magazine. Como músico ha formado parte desde 1988 de bandas como Los Calambres, The Refoundations, Soul Mama, Maleso o The Smoggers.

Es autor de los ensayos «¿Quién cantará en tu entierro?» (2018, Jot Down Books) y «Mujeres con nombre de canción» (2019, West Indies) en los que narra pequeñas historias de músicos y canciones anglosajonas. Con motivo de la publicación su primera novela «Nada nos puede ir mal» (2021, West Indies) conversamos con él de su amor por la música y como sus referentes están inspirando su carrera como escritor.

Juan Carlos, aunque está claro que tu pasión y tu oficio está en la música, en este momento ¿te consideras más guitarrista o escritor?

Ahora mismo, aunque he vuelto a pisar un local de ensayo formando parte de Maleso y la Banda Comansi después de un parón de unos tres años, me veo más en la segunda faceta, que además no requiere cargar amplificadores. Quizá porque después de tantos años aferrado a la guitarra he conocido lo bueno y lo malo del asunto. Digamos que en la faceta literaria soy un neonato y todo lo que he vivido hasta ahora ha sido gratificante, pero dame tiempo…

Acabas de publicar tu primera novela «Nada nos puede ir mal» (West Indies Publishing Company) con una cantante como protagonista. ¿Quién es Romina?

Sería fácil decir que Romina es un juguete roto, pero no es una acepción fiel a la realidad. Romina tuvo una carrera fulgurante a principios de los setenta, siendo ella muy jovencita, primero en la música y luego en el cine, pero ella no se rompe por no poder soportar la presión de la fama o por convertirse en una marioneta de otros intereses más elevados, como suele ser el caso, sino por golpes de la vida muy mal encajados, llevados al extremo. A lo largo de la novela, el recuerdo y la obsesión por Romina va marcando la relación entre Óscar y Marisa, casi cincuenta años después de que ella grabara «Nada nos puede ir mal».

¿Cómo surge la novela? ¿Es un spinoff de «Mujeres con nombre de canción»? 

No, no tiene nada que ver. Es más, ni he buscado si existe alguna canción dedicada a alguna Romina real —igual en sudamérica hay alguna—. Cuando empecé la novela intenté que no se convirtiera en una novela musical, y así ha sido, pero la verdad es que ha quedado trufada de canciones y referencias musicales, y no solo de música pop.

Muchos de los pasajes de la novela transcurren en la provincia de Cádiz y sus playas ¿Qué papel juega el sur en la novela?

El sur, y sobre todo la zona donde ella vive plácidamente, Zahora, es un refugio para Marisa, la protagonista. Está alejada lo más posible de cualquier tipo de masificación urbanística y social y su segunda, o tercera, vida no podría tener cabida más que allí. El mar, el viento de levante, la idiosincrasia de la gente del lugar, todo ello aliña y casi condiciona la parte de la novela que transcurre en el tiempo presente.

Al terminar la novela decidiste componer e interpretar junto con tu hermano, Maleso, el gran éxito de Romina en el libro «Nada nos puede ir mal». ¿Cómo se te ocurrió la idea? ¿Qué te ha parecido la experiencia? ¿Saldrán más canciones de Romina?

La idea empezó a rondarme cuando decidimos que el título del libro sería el título del hit de Romina. Pensé dotar a Romina de más vida aún imaginando cómo sería esa canción que llegó al número 1 de Los Cuarenta en 1972. Y a mi hermano basta que le toques las palmas para que se ponga manos a la obra, y creo que ha quedado bastante bonita, la verdad. Por ahora solo tenemos el single, con «Nada nos puede ir mal» como cara A, y la misma canción en versión piano y voz, en la B. Esta última es la que Romina interpretó en Directísimo en abril de 1975. Si el público lo demanda, igual sale a la luz el elepé «Romina te canta»… 

En tus dos anteriores ensayos tuviste que hacer una gran labor de documentación e incluso contaste con un experto como Fran Matute para que todo saliera perfecto. Para la novela ¿has tenido que hacer labores de documentación? 

Sí, por supuesto, y es de lo más divertido. Sobre todo a la hora de situarme en los años setenta en Madrid, en el mundillo televisivo, musical y cinematográfico, he tenido que recurrir al trabajo de documentalista. Incluso para buscar portadas de la revista ¡Hola! de la época. Una inmersión en el pasado en toda regla.

¿Te encuentras más cómodo con la ficción o con el ensayo? ¿Estás ya pensando en un cuarto libro?

La verdad es que ahora mismo no puedo decantarme, en ambas facetas aprendo mucho. Quizá pueda ser más satisfactorio, una vez el trabajo está hecho, el haber dado vida desde la nada a una historia, unos personajes, incluso, como en «Nada nos puede ir mal», hasta una letra y una melodía. Pero a la hora de crear me apasiona tanto inventar como documentar. De hecho, respondiendo a tu segunda pregunta, tengo ahora mismo medio ensayo hecho —en stand by— y media novela confeccionada. Así no se me enfada ninguno de los dos géneros.

En tu página web Carleso escribes continuamente sobre la muerte. ¿De dónde viene tu atracción por las necrológicas?

Bueno, los cadáveres del rock suelen ser un lugar común en la cultura de la música popular. Hay cierta fascinación por las muertes de las estrellas, sobre todo sin estas son jóvenes y sus muertes, digamos que no tradicionales. Basta recurrir a Jim Morrison, Brian Jones o Jimi Hendrix, tipos jóvenes que lo tenían todo, todo a lo que aspira cualquier joven de su edad. Y ya, saliéndonos de lo obvio, como que me ha quedado el gusanillo de saber por qué, cómo o a qué edad murió este guitarrista de rythm and blues o aquella cantante de góspel. Y con la biblioteca universal que tenemos en internet hoy día, todo esto es mucho más asequible y accesible. En definitiva, me gustan las efemérides, y, dado que la mayoría de mis ídolos son de muchas décadas atrás, me estoy quedando sin cumpleaños que felicitar y se me acumulan los funerales…

«¿Quién cantará en tu entierro?»  En un libro de pequeñas biografías de músicos famosos que comienza donde acaban el resto de las biografías: en el entierro de los protagonistas. ¿Cómo surge la idea de detallar las honras fúnebres de músicos famosos?

Pues es un poco consecuencia de la pregunta anterior. Viene de estudiar un poco el final de aquellos artistas cuya muerte iba honrando en el blog. Aquellos músicos o artistas cuyo entierro tenía algo peculiar, algo digno de dar a conocer, los iba apuntando en un archivo, llamado «entierros.txt». Cuando ese archivo se fue llenando, vi que había un nicho de mercado literario para ese tema, recurriendo al chiste fácil. Lo siguiente fue ponerme a darle forma y a asesorarme para ver si era material publicable por alguna editorial. Por suerte, Jot Down  apostó por el proyecto y así vio la luz en mayo de 2018, después de ampliar mi texto inicial y ponerlo bonito. 

Son un total de cincuenta y cuatro músicos muertos y uno vivo ¿A qué se debe la excepción?

El vivo, Quincy Jones, va ya por los 88 años. A este paso es capaz de cantar en nuestros entierros. La anécdota por la que aparece en el libro es que en 1974, a causa de un aneurisma cerebral, los médicos le dijeron que tenía que someterse a una operación con escasas probabilidades de éxito, por lo que sus amigos, previsores ellos, prepararon un memorial en el Shrine Auditorium de Los Ángeles. Al final salió airoso de la operación, pese a lo cual el plan siguió adelante y Quincy Jones fue el invitado de lujo de su propio funeral, en septiembre de 1974.

Si tuvieras que elegir ¿A cuál de los tres funerales de James Brown te hubiera gustado asistir?

Sin duda al celebrado en Augusta, la ciudad donde creció. El del teatro Apollo en Nueva York, pese a lo mítico del escenario, fue más comedido y sin música en directo, pero en Augusta subieron al escenario auténticas leyendas del funk como Bobby Byrd o Bootsy Collins. Get up!

En el libro no hay ni una sola exequia de un músico español ¿a qué se debe?

La condición necesaria y suficiente para aparecer en el libro era, aparte de haber fallecido en el momento de su escritura, claro está, que en el entierro del músico hubiera sonado música en directo. No me valía ni siquiera la música enlatada, como en el entierro de Frank Zappa o en el de Dennis Wilson. Recuerdo que investigué el funeral de Eduardo Benavente, por si caía la breva, pero no encontré que hubiera música en directo en él. De todos modos, es una tradición poco arraigada en nuestra cultura, y es mucho más fácil encontrar este tipo de homenaje en la cultura anglosajona, y más aún en géneros como el góspel, el soul o el country, fuertemente marcados por la religión.

Cómo guitarrista que eres ¿Quién te gustaría que cantara en tu entierro? ¿Lo tienes ya planificado?

A ver, teniendo en cuenta que mis ídolos musicales están ya todos muertos, difícil lo tengo. Por otro lado, si elijo a alguno más cercano en el tiempo, tipo Wilco, Flaming Lips, Tom Waits o Elvis Costello, quiere decir que mi final está cerca, así que prefiero que no, que no toque nadie en directo. En todo caso, que mis amigos que aún estén vivos y lúcidos monten una banda para la ocasión y suenen canciones bonitas, como «Village Green» de los Kinks o «Baby Lee», de Teenage Fanclub.

Tu siguiente libro fue «Mujeres con nombre de canción» donde revelas a la musa que hay detrás de cien canciones ¿Es cierto que todos los nombres de chicas aparecen en alguna canción?

Es probable que estén todos pillados, pero, al igual que en «¿Quién cantará en tu entierro?», en «Mujeres con nombre de canción» también hay un requisito para poder engrosar la nómina, faltaría más, y es que la destinataria de la canción, cuyo nombre debe aparecer en el título, sea una mujer de carne y hueso, no como Sheena la de los Ramones, que es una heroína de cómic. Esa no nos vale, por muy buena que sea la canción. 

¿Existe alguna «musa» a la que dos o más músicos le hayan dedicado una canción?

La primera que se me viene a la cabeza, Pattie Boyd, aparece en el libro, aunque no con su nombre real, sino como «Leyla». Es más, aparece ella y sus dos hermanas, Jenny y Paula, toda una familia de chicas con nombre de canción. Y Pattie es un clásico en este tema, ya que Eric Clapton se desnudó ante ella con «Layla», estando aún casada con George Harrison, quien también le había dedicado «Something» años atrás.

¿Cuál es la historia que más te emociona del libro?

Del de «Mujeres con nombre de canción» creo que The lonesome death of Rachel Corrie, creo que lloré escribiendo esa tragedia. También me impactó mucho la bajada al infierno de la actriz Frances Farmer en Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle, de Nirvana, y  The lonesome death of Hattie Carroll, del Dylan más periodístico, clamando justicia por la muerte de la pobre Hattie. En «¿Quién cantará en tu entierro?» recuerdo que me dolió mucho escribir la muerte de Kirsty Mac Coll.

Cuéntanos qué diferencia hay entre las canciones de Leonard Cohen So Long, Marianne y Suzzane

Marianne Ilhem fue una realidad y Suzanne Vaillancourt una quimera. Quizá por eso, «So long, Marianne» es más festiva (dentro de lo festivo que puede llegar a ser Cohen, claro…) y «Suzanne» es más lóbrega. Él sabía que nunca la tendría.

¿Cohen o Dylan? ¿Por qué?

Bob Dylan, de aquí a Lima. He crecido con Dylan, desde que me compré el Highway 101 Revisited por cien pesetas en un mercadillo. Cohen me llegó más adulto y descubrí su grandeza, pero la huella que ha dejado, y sigue dejando Dylan, es muy profunda.

Cómo en tu anterior libro «¿Quién cantará en tu entierro?» las canciones y los músicos de los que hablas son en su mayoría anglosajones. Si sacaras una segunda parte ¿no crees que tendrías que incluir a C. Tangana?

Eso me deja dos posibilidades: que el músico muera joven o que yo le sobreviva y escriba el libro muy viejo, y no me gusta ninguna de las dos. Mejor lo dejo para cuando publique «Músicos con nombres de juegos populares», que será un pelotazo (risas).

Si escribieras «Hombres con nombres de canción» ¿qué canciones serían un must obligado?

Aunque sea un desperdicio, un derroche de nombres para una sola canción, no podría faltar «Abraham, Martin and John», compuesta en 1968 por Dick Holler y grabada por Dion Di Mucci, en memoria de los asesinados Lincoln, Luther King y Kennedy.

Pulsa en la imagen para escuchar la canción


Nada nos puede ir mal

Juan Carlos León
WEST INDIES PUBLISHING COMPANY
(Tallin, 2021)
332 páginas
18,00 €

Un comentario

  1. Esta es una emtrevista fantastica. No podía ser otra cosa con un escritor tan bueno inteligente y preparado como JuanCarlos León. Esperando la siguiente obra suya.

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