Crónicas desorbitadas

El agente topo

Un espía chileno de Oscar
La directora Maite Alberdi, junto al protagonista Sergio Chamy. / Fotografía: BTeam Pictures

El agente topo es un documental doblemente preseleccionado por Chile en la carrera hacia los Oscar (como Mejor Película Extranjera y Mejor Documental), Premio del Público en el Festival de San Sebastián y exhibida en Sundance

La directora Maite Alberdi es reconocida por su vinculación con el documental de carácter social (La once [2014], Los niños [2016]), pero para su último trabajo quería adentrarse en el género del cine negro. Con tal fin estuvo tres meses acompañando a un detective privado y, para su sorpresa, vio que muchos de sus casos estaban relacionados con las residencias de ancianos. Los familiares contrataban el servicio de este especialista para que comprobara la situación de sus mayores y evitar así cualquier tipo de abuso sobre los mismos. Alberdi vio potencial en ese planteamiento, por lo que la productora decidió buscar a un anciano que pudiera infiltrarse en el lugar, ejerciendo de agente secreto. A través de un anuncio encuentran a su protagonista: Sergio Chamy, un hombre de 83 años con libertad para ejercer un empleo «especial» durante los próximos tres meses. De esta forma, el proceso de investigación se traslada a primera persona, iniciando una sorprendente historia de espías.  

La grabación de este proyecto es un reflejo de la realidad, pero con semejante premisa resulta complejo captar que no estamos ante un largometraje ficticio, rememorando el estilo de falso documental tan explotado en Estados Unidos con productos como El proyecto de la bruja de Blair (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999), Borat (Larry Charles, 2006) o la serie televisiva The Office (2005-2013). La avanzada edad de su protagonista dificulta la acción de sus funciones; un espía secreto que, inevitablemente, acaba convirtiéndose en un miembro más del grupo de ancianos que viven en la residencia. El impacto del caso policial se desvanece, cambiando el foco de la cinta para descubrirnos relatos sobre el día a día de las personas que había en el lugar. El transcurso de la investigación avanza, con el continuo esfuerzo de un anciano intentando adaptarse a los gadgets que le proporcionan (hilarante su continua lucha para comprender el funcionamiento de WhatsApp), a la vez que va convirtiéndose en un oído comprensivo para mostrar una visión tierna sobre la vejez. 

Lo que a priori pudiera entenderse como un filme optimista también esconde una capa de crudeza. La empatía con el espía crece cuando, de igual forma, vas conectando con el relato de los personajes que aparecen en pantalla, a medida que se van obteniendo reflexiones desagradables sobre la actitud de la sociedad hacia sus mayores. La película expone de forma clara el peso de la tercera edad, esa ruptura con los lazos familiares en la que un individuo pasa de ser el sustento principal a algo prescindible. La soledad envuelve los rincones de un asilo con protagonistas sumidos en un estado de inocencia continua, como último vestigio de la educación eclesiástica tradicional. Pero ante todo es un retrato de la cotidianidad, rebosando esa naturalidad que tanto cuesta encontrar en la ficción moderna, de la que beben clásicos patrios como Muchos hijos, un mono y un castillo (Gustavo Salmerón, 2017), o Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011), donde también se puede ver la necesaria aportación de nuestros mayores.      

A pesar de la distancia entre butacas, estamos ante un título que nos acerca al resto de espectadores de la sala. El agente topo puede unir al público en estos tiempos difíciles. No hay nada más revitalizante que escuchar reír a la audiencia en una sala de cine. Un ejemplo para valorar la riqueza del cine documental, denostado generalmente por la industria y la audiencia. Este relato resulta un viaje emocionante, diluyendo las líneas entre ficción y realidad para crear un largometraje donde la ternura desborda. Sus imágenes desprenden un halo colorido y placentero, como si hubiera sido rodada en un cálida tarde de domingo. La mayor valía de la obra de Alberdi es casi azarosa, invitando a crear un debate con reflexiones e interrogantes entre el público, cuyo objetivo es el afianzamiento de la comunicación, y preservar el respeto por aquellas personas que han luchado para que podamos tener un presente. Ahora es nuestra responsabilidad brindarles un futuro. 

3 Comments

  1. Excelente mirada de profundidad,retrospeccion y sensibilidad ante un tema que es una verdad incomoda para la sociedad.
    .

  2. Marianella Macchiavello

    Excelente documental, felicitaciones a todos los involucrados. El agente topó un anciano tan carismático, buena onda; excelente en todos los sentidos. Se merece un gran reconocimiento internacional, por qué describe el mundo de la tercera edad desde muchos aspectos

  3. Vi la película y he leído críticas entre las cuales me he topado con algunas desbordadas de incomprensión, que no es documental, que no es película, que aparece insensible y etc. Estamos frente a una forma de expresión distinta, cruda si, pero Real, dista lejos de todo lo que he visto. Ficción inmersa en un hogar de ancianos,ficcion que a ratos se pierde en un ambiente melancólico donde los sentimientos florecen en el espectador y de las lágrimas pasamos a la ternura, nos lleva a pensar en la vejez, en lo desafortunada e ineludible que resulta. Llamenla como la llamen, está película me gustó y es para no olvidar

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