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Louise Glück, El Chacal y el deseo

El desencuentro entre la Premio Nobel de Poesía y su editorial española (hasta que se demuestre lo contrario) Pre-Textos no solo parece responsabilidad de un agente literario estelar y falto de escrúpulos, sino también de la escasa fe de la autora en su matrimonio de casi 15 años con el sello valenciano

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo? / Yo pido muchos deseos. / Cuando te mentí / sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté / qué pediste. / ¿Qué crees que pedí yo? / No sé. Que volvería, / que al final de alguna manera estaríamos juntos. / Pedí lo que siempre pido. / Pedí otro poema.
(El deseo, de Louise Glück)

 

Louise Glück, durante el encuentro «Words and Music», en 2014 (foto: Williams College).

El oficio editorial, como el de librero o el de otras profesiones que giran en torno a este mortificado sector, nunca ha resultado demasiado grato. Pero para quienes, con pocos mimbres más que la pasión por las letras, el ojo clínico y la audacia (porque a menudo mantienen ese impulso juvenil durante décadas), logran mantener a flote un sello independiente que apuesta por firmas importantes pero no consideradas por todos los públicos, cualquier golpe puede resultar fatal. Como “un sinvivir” dicen estar pasando estos días los responsables de la editorial Pre-Textos, que cumple 44 años en este 2020, a cuenta de la conocida desavenencia con la última Premio Nobel de Literatura, Louise Glück, y un agente apodado El Chacal de por medio. No pinta bien la cosa.

La historia, por desgracia, no es infrecuente: autor descubierto, peleado y reivindicado por sello modesto conoce a gran grupo editorial y abandona al primero, tras desorbitarse su cotización de un día para otro. En este caso, no obstante, concurren varias circunstancias atípicas. Por un lado, el hecho de que se trate de una poeta, y ni siquiera una que pudiera sonar con consistencia para obtener el preciado galardón de la Academia Sueca. Quizá, podríamos elucubrar, no estuviese preparada para gestionar un éxito de esta envergadura, y sin embargo a lo largo de su carrera ha recibido numerosos reconocimientos, como el Pulitzer por su obra más representativa, El iris salvaje. La edición de este libro en 2006 supuso su estreno en Pre-Textos (y por tanto, en español), habiendo sido la propia Glück quien se interesó por la editorial tras ver el espléndido acabado de un poemario de su colega Mark Strand.

Fue en la escena contracultural de los 70 donde se forjó la figura del agente literario Andrew Wylie. Y esos son los peores, una vez arribados al escenario capitalista

Desde entonces la escritora norteamericana y el sello valenciano habían mantenido un matrimonio fructífero, con otros seis volúmenes publicados, aunque no muy próspero, algo que parece signo de los tiempos —y desde hace ya un rato— debido a factores diversos como la multiplicidad de voces en un mercado saturado, la dificultad de hallar hueco en los medios de comunicación o la capacidad engullidora de los grupos editoriales. El caso es que de Glück se había hecho poco o casi ningún negocio, hasta que se le apareció el Nobel y en Pre-Textos empezaron a dar salida a más libros suyos “en un cuarto de hora que en 14 años”, según reconocían Manuel Borrás, Silvia Pratdesaba y Manuel Ramírez a mitad de octubre. Y se ve que esa honestidad, consecuencia de la sincera alegría, junto con la intención de reimprimir sus poemarios, llegaron a los oídos equivocados.

A sus 73 años, Andrew Wylie El Chacal no parece dispuesto a deshacerse de su alias en el sector. Hace unos meses Montero Glez nos recordaba que Wylie es uno de los personajes que aparecen en las páginas de Por favor, mátame, aquella maravillosa historia oral del punk que muchos leímos en los 90 —entre la carcajada y el asombro— y que en 2017 reeditó Libros Crudos. Pues bien, por ahí andaba ya este Chacal, publicando el primer poemario de Patti Smith, codeándose con los Dylan, Cage, Reed o Warhol, y recitando (sin mucho éxito) lindezas de su propia cosecha como «I Fuck Your Ass, You Suck My Cock», «Hands Up Your Skirt» o «Warm, Wet Pants». Algunos de esos versos suyos los reunió en el libro Yellow Flowers (1972), del que las malas lenguas dicen que Wylie ha intentado comprar todas sus copias para que no lleguen a otras manos. El caso es que fue ahí, en la era de la contracultura, donde se forjó su figura. Y esos son los peores, una vez arribados al escenario capitalista.

El agente literario Andrew Wylie «El Chacal», fotografiado durante un almuerzo, en 2009 (foto: Esther Dyson).

Hoy en día, Wylie es un superagente literario que acoge bajo su ala la escritura de artistas tan lustrosos como Roth, Kundera, Cheever, Bellow, Nabokov, Calvino, Pamuk, Miller o Knausgård, por citar unos pocos de los más de mil autores de todo el mundo a los que representa. De él se teme su proverbial capacidad de persuasión y hurto de firmas a las editoriales, como cuando se ganó su apodo logrando que Martin Amis dejara a su agente Pat Kavanagh —esposa de Julian Barnes, amigo de toda la vida de Wylie— por él. Es, por tanto, el diablillo que aparece sobre los hombros de cualquier escritor dispuesto a dejarse tentar, el desliz de una noche que puede echarlo todo a perder. En España, tras una fusión frustrada con Carmen Balcells, abrió sucursal dirigida por el antiguo editor de García Márquez, y a día de hoy ya ostenta una cartera donde lucen Borges, Cabrera Infante o Bolaño. Hace años, se atrevía a señalar las corruptelas del mercado español y aseguraba que “es más fácil y serio hacer negocios en el Congo” que en nuestro país.

Con esos antecedentes, no sorprende su maniobra en el caso Glück. No solo el qué, retirar los derechos a Pre-Textos e incluso exigir la destrucción de los ejemplares almacenados; sino también el cómo, lo que más ha indignado al sello valenciano y a la unánime opinión pública del sector cultural nacional: el hecho de que, mientras negociaban con él un cambio en las condiciones de su acuerdo, Wylie tiraba los tejos a todo lo que se movía en la escena editorial española para vender la obra de la poeta neoyorquina a la mejor puja. El agente interpreta aquí, una vez más y hasta las últimas consecuencias, el papel de amante seductor rompematrimonios, sabedor de que, si alguien le pone los cuernos a su pareja de 14 años, la verdadera responsabilidad no será de él, mero provocador de la traición.

Esta no es una lucha más entre David y Goliat en el seno de un mercado enfebrecido, sino más bien un Kramer contra Kramer o la Historia de un matrimonio

Lo que inquieta del asunto es que la propia autora (“muy celosa de su intimidad”, según dicen) no ha dicho esta boca es mía tras las dos misivas certificadas que le ha remitido Pre-Textos desde que tuvieron conocimiento de los movimientos de su agente carroñero. Y aunque se encomiendan a sus escrúpulos, su dignidad de escritora y su buen juicio para que todo quede en un flirteo, lo cierto es que el temor a una ruptura definitiva está muy presente. Esta no es una lucha más entre David y Goliat en el seno de un mercado enfebrecido, sino más bien un Kramer contra Kramer o, si se quiere actualizar el conflicto marital, la Historia de un matrimonio. Veremos si es posible evitar los tribunales para dirimir quién se queda con la custodia de los poemas de Glück. Pero qué injusto todo para Scarlett Johansson, la buena gente de Pre-Textos, a quienes les han arruinado la noticia del flamante Cervantes para otro de sus poetas, Francisco Brines. Con lo escasas que son las buenas nuevas en este maldito mundo, o mundillo.

2 Comments

  1. En este artículo de los días siguientes al premio ya la calaron como pesetera y materialista:
    https://miscuentos.elespectador.eu/2020/10/premios-de-filosofia-a-politica/

  2. Pingback: The traitor is always the poet – Archyde

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