Horas críticas

La enfermedad incurable del deporte

La antología «Cuando éramos dioses», editada por Jot Down y Deusto, reúne entrevistas a ídolos en las diversas disciplinas de este ámbito, protagonistas de algunas de las ascensiones y los derrumbes más abruptos de nuestro tiempo. Y todo por el juego.

Estos días aparecía en las calles de Sevilla una pintada: «YA TENEIS FUTBOL BORREGOS». Así, sin coma ni tildes. Y entendemos que haya asuntos más importantes que reanudar tras la implantación de la pandemia en nuestras vidas, pero también que el deporte nos da la vida (a veces, casi literalmente) y nos permite hablar sobre visión de futuro –visión de juego, porque muchas veces consiste en anticiparse–, estrategia, técnica y sobre todo leyendas. En el mito en torno al deporte se centra la antología de entrevistas que publican Jot Down y Ediciones Deusto, bajo el título Cuando éramos dioses. En ellas, algunas de las firmas habituales de la revista conversan ampliamente con aquellos personajes del fútbol, baloncesto, gimnasia, ajedrez, ciclismo o tenis que han sido ídolos, o testigos directos de ellos, pero también han sabido lo que es derretirse al sol de las críticas, la inactividad, el olvido. «El deporte de competición es una enfermedad incurable», escribe Guillermo de Haro en el texto que sirve de prólogo a este libro, y pensamos que lo es para sus protagonistas pero también para muchos de nosotros, espectadores agazapados a la espera de subirnos al carro de los éxitos y hurgar en la herida de los fracasos. La cuestión es apasionarse y admirarnos de esa forma de resistir, de perseverar.

Abre la sesión Enric González con el que fuera futbolista y entrenador Jorge Valdano (1955), que con tanta frecuencia ha aparecido en los medios (y en las novedades editoriales) desde su retirada. Tampoco aquí se corta el argentino a la hora de hablar de la locura globalizadora que ha cambiado la fidelidad a unos colores de antaño por el mercado. En estos tiempos de individualismo, señala, hace falta un contrapeso: «Hay una nostalgia de la tribu que compensamos con cuestiones menores, como un equipo de fútbol; considerando mayores la patria, por ejemplo».

El exbaloncestista José Chechu Biriukov (1963), que fue internacional con España y también con la Unión Soviética, charla con Álvaro Corazón Rural sobre la escuela soviética y una formación que ya hubiésemos querido algunos (o querríamos para cualquier deportista, cada vez que sale a atender a los medios): «Joder, en aquellos tiempos el sistema educativo ruso era muy bueno. Teníamos que leer Crimen y castigo en octavo, Guerra y paz en noveno… Dostoievski, Pushkin, toda la literatura rusa, menos Nabokov, claro, y Bakunin, que estaban prohibidos, pero los conseguías».

El deporte nos da la vida y nos permite hablar sobre visión de futuro –visión de juego–, estrategia, técnica y sobre todo leyendas

Como señala Fernando Olalquiaga en la antesala de su entrevista a la periodista Paloma del Río (1960), todos reconoceríamos su voz si la escucháramos comentar gimnasia artística o rítmica en televisión; sí, es ella, esa voz, además de haber ocupado diversos cargos en la dirección de deportes de TVE. Con ella habla sobre lo inusitado de que una mujer acabara en la sección de deportes en los tiempos donde eso se reservaba a Olga Viza y María Escario, así como la dura presión a la que se ven sometidas las gimnastas desde adolescentes y el motivo por el que más admira estas disciplinas: «Lo que más me fascina es el control que tienen de su propio cuerpo y del entorno. El segundo que están en el aire girando tienen un control absoluto; saben perfectamente si están mirando al techo o al suelo».

Un magullado Daniel De Rossi recibe la embestida de Álvaro Arbeloa en la final de la Eurocopa 2012.

De esa declaración que podría servir como metáfora del deporte en general (lo difícil les será saber hacia dónde miran en cada momento de sus carreras) pasamos a la conversación entre Manuel Jabois y Álvaro Arbeloa (1983), que más allá de su nombre-trabalenguas fue futbolista del Madrid y de la selección nacional antes de convertirse en influencer con su tendencia a entrar al trapo. Su testimonio es jugoso como testigo de la época –el «neoflorentinismo» lo llama el escritor gallego– en que las estrellas internacionales empezaron a enterrar a los jugadores de cantera y la llegada de Mourinho hizo aflorar los más bajos instintos deportivos: «Yo he visto a Zidane coger del cuello a Luis Enrique. Otra cosa es que esté mal, pero nuevo no es. ¿O antes se daban besos?».

Después de eso, entendemos a Leontxo García (1956) cuando sostiene ante E. J. Rodríguez que «la neurosis del fútbol hace mucho daño». El mítico comentarista especializado en ajedrez habla sobre el forofismo y la sobredimensión de la prensa deportiva en nuestro país, sobre cine y cómo se venden mejor las figuras conflictivas en esta disciplina y sobre sus efectos sanadores en entornos marginales. En este sentido, recuerda un encuentro con un preso de El Acebuche –cárcel de Almería– que integraba un club de ajedrez allí dentro y, para un artículo en El País, le regaló una cita memorable: «El ajedrez es particularmente apropiado para los presos porque nos obliga a pensar en las consecuencias de nuestros actos antes de hacerlos».

Otra iluminadora entrevista es la de Ander Izaguirre al exciclista Peio Ruiz Cabestany (1962) sobre las épicas etapas de montaña que vivió a mediados de los 80, en la época de dioses del pedaleo como Bernard Hinault, Greg Lemond o nuestro Perico Delgado. También habla del dopaje y de su participación en un reality show (La selva de los famosos) de celebridades sobreviviendo en plena selva del Amazonas. Claroscuros de un deporte de exigencia sobrehumana, que lleva al límite físico pero también mental y desde luego emocional: «Pasé el primero por el Tourmalet y bajé llorando».

Para sus protagonistas el deporte es una enfermedad, pero también para nosotros, espectadores deseando subirnos al carro de los éxitos y hurgar en los fracasos

Del antiguo jugador de la NBA John Pinone (1961) extrae Guillermo Ortiz no pocos recuerdos de rivales gigantescos como el propio Michael Jordan, Olajuwon, Worthy, Ewing o Wilkins. También de sus años en el club español Estudiantes y de las cuatro semifinales consecutivas que perdieron con él en la cancha: «No sé, a veces es mejor tener mucha suerte que ser muy buenos. Y nosotros éramos muy buenos, pero no tuvimos suerte: un mal bote aquí, un fallo allá».

E. J. Rodríguez repite entrevistando a Toni Nadal (1961), tío y entrenador de Rafa, quien habla en torno a la influencia de los preparadores en el estado de ánimo de los deportistas, tanto en las buenas como en las malas rachas, que todos atraviesan: «He dicho en muchas ocasiones que Rafael probablemente es el jugador que más partidos gana jugando mal: lo cual por una parte tiene el mérito de que sabe afrontar la adversidad, pero por otra parte tiene otra cosa que no es muy buena… que es que juega muchas veces mal».

Rafa Nadal en la edición 2011 de Roland Garros (foto: Yann Caradec).

A lo largo de su carrera, muchos habrán tildado a Javier Clemente (1950) de bocachancla por aquellas ruedas de prensa como entrenador de la selección nacional y del Athletic de Bilbao (antes fue jugador y ahora, seleccionador de Euskadi), por eso la entrevista de Álvaro Corazón Rural despierta, como poco, curiosidad. Basta con echar un ojo a su cuenta en una red social para conocer al personaje: «Dicen que soy muy defensivo, así que en Twitter jugaré al ataque. Decir la verdad es lo más importante y sin tener miedo a nadie». En estas páginas habla del Barakaldo de su infancia, de la cantera del club de sus amores, sus problemas con los medios de comunicación, las tragedias de La Roja por aquellos años en que la entrenó e incluso su fichaje por el Betis de Lopera: “Le recuerdo un día rezando a las estampitas de la Macarena, pero jugábamos contra el Oviedo y le dije: Tenga cuidado, que como ellos recen a la Covadonga va a haber una pelea entre vírgenes de la leche”.

Cierra el volumen una conversación de David Araujo con Vero Boquete (1987), futbolista que juega actualmente en la liga estadounidense y que fue capitana de la selección femenina. Como no podía ser de otra forma, la cosa gira en torno a su forma de jugar y su trayectoria, pero también sobre las particularidades de ser mujer en este deporte que durante tantos años ha sido emblema de la hombría y cuestión de echarle cojones. Entre otras cosas, la jugadora que lo ha logrado todo en su profesión a nivel mundial casi llega a desmontar con sus declaraciones el título de este libro: a diferencia de los Messi, Cristiano y compañía, ella no cree que haya que convertir a las estrellas del deporte en divinidades. «Ser el primero está sobrevalorado, alguien ha de serlo, y a veces que seas tú es una simple coincidencia». Y eso es, también, entender el juego.

 


Cuando éramos dioses
Coordinado por Loreto Gómez Fuentes
Edición: Jot Down Books y Deusto, septiembre 2020
304 páginas
19,95 euros

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