Horas críticas

El balón, la hoz y el martillo

Una historia popular del fútbol. Mickäel Correia. Traducción de Irene Aragón. Prólogo de Carles Viñas. Hoja de Lata, 2019. 538 páginas. 23,90 €

Algunos adjetivos pueden ser, según el contexto en el que se empleen, más descalificatorios que calificativos. “Popular” es uno de ellos, especialmente yuxtapuesto a sustantivos como “democracia”, “república”, “justicia” o, no digamos, “historia”, cuando oculta todo el universo de depravación, miseria y terror connotado por la palabra “comunista”. Una democracia “popular” es una dictadura; una república “popular” es una autocracia; una justicia “popular” es arbitraria. Una historia popular del fútbol, el libro escrito por el periodista francés Mickaël Correia, es un ensayo minucioso y –presuntamente– muy documentado sobre la incidencia, entre escasa y nula, que por suerte han tenido los diversos movimientos de ultraizquierda sobre el más fabuloso fenómeno cultural del siglo XX, tal es el balompié.

La obra, de lectura amena cuando se ciñe al relato de anécdotas y verdaderamente insufrible cuando se embarca en esos pesadísimos sermones ideológicos tan caros a la progrez, comienza por tanto mal con el título, empeora en la solapa, cuando el autor se revela como colaborador de Le Monde Diplomatique, y degenera hasta el borde de lo disuasorio en el prólogo firmado por Carles Viñas, uno de los intelectuales (¿?) orgánicos ($$) del separatismo catalán que, en el segundo párrafo, cita a Marcelo Bielsa, egregio ejemplar del Estafadoris Pampeanus, peligrosa raza de timadores originaria del Cono Sur que saquea clubes en Europa y Oriente Medio mientras ronronea letanías contra la deriva de la Humanidad en general y el capitalismo en particular. Superado el disgusto inicial, la cosa mejora una mijita.

«Este es ensayo minucioso sobre la incidencia, entre escasa y nula, que por suerte han tenido los diversos movimientos de ultraizquierda sobre el más fabuloso fenómeno cultural del siglo XX»

(Resulta, llegados a este punto, necesaria una acotación. En el primer párrafo, habrán notado el empleo tiquismiquis del adverbio “presuntamente”, un parche útil cuando se trata de poner en duda algo que se da por sentado; por ejemplo, la fiabilidad de una documentación justificada en una abundante bibliografía. Los capítulos dedicados al fútbol español, del que el firmante acredita cierto conocimiento, están plagados de omisiones e inexactitudes amén de contaminados por un sectarismo brutal y embrutecedor. Si esto ocurre en todos los episodios, lo que es probable vista la querencia leninista de Correia y su consecuente creencia en la mentira como arma revolucionaria, podemos hallarnos ante una colección de patrañas).

Billy Mercer, portero del Huddersfield Town de Inglaterra.

Todo lo antedicho no obsta para que el libro contenga multitud de elementos interesantes, tanto para los lectores más futboleros como para quienes sólo busquen curiosear entre las historias que se narran. A pesar, digo, del cansino sesgo izquierdista de cada una de ellas, un pensamiento maniqueo en el que el primer renglón anuncia indefectiblemente la confrontación de unos buenos muy buenos contra unos malos muy malos, siendo aquéllos los movimientos obreristas del periodo de entreguerras, los grupos prosoviéticos durante la Guerra Fría, cualquier asociación occidental financiada por el Komintern, guerrilleros zapatistas, indigenistas de todos los colores, montoneros, terroristas palestinos… y hasta los hooligans que propiciaron horrendas matanzas durante las décadas de los 70 y los 80, por considerarlos opositores al gabinete de Margaret Thatcher. Es imposible, o sea, haberse iniciado en la secta de Le Monde Diplomatique sin ser víctima de la hemiplejía moral ni odiar sin tregua la libertad de pensamiento (del prójimo) y el derecho a la propiedad privada (de los demás).

Los capítulos más meritorios, por desvelar con brío narrativo asuntos que escapan al conocimiento de los mejores aficionados, relatan la invención del passing game –bisabuelo de nuestro actual tiquitaca– por parte de los equipos escoceses del último tercio del siglo XIX para contrarrestar las vigorosas exhibiciones físicas, casi siempre rayanas en la violencia, de los primigenios futbolistas ingleses y la peripecia de la primera selección argelina, una tropa de desertores de la fabulosa selección francesa de Piantoni, Kopa y Fontaine, tercera en el Mundial de Suecia 1958, que actuó como embajadora itinerante del Frente de Liberación Nacional de Ahmed Ben Bella.

«Para los lectores españoles, Una historia popular del fútbol contiene un episodio alucinógeno: el referido al (falso) gen antifranquista del FC Barcelona»

Para los lectores españoles, Una historia popular del fútbol contiene un episodio alucinógeno: el referido al (falso) gen antifranquista del FC Barcelona, el equipo que más veces alzó la Copa del Generalísimo durante el régimen y el club que no condecoró al caudillo ferrolano con su máxima distinción una vez, sino dos. Un cuento enmarcado en la tradición fabuladora del nacionalismo catalán, que no deja mentira sin propagar ni memoria sin prostituir ni esquina del pensamiento sin retorcer en pro de su causa disolvente y divisora. La identidad del prologuista constituía una pista elocuente de por dónde irían los tiros en este sensible asunto.

Hinchada del Livorno, históricamente vinculada al Partido Comunista Italiano.

Y el hembrismo, claro, como obligado estrambote. Llegado no sin cierto heroísmo al capítulo 19, el lector ve un título que lo obliga a enarcar las cejas: “Robarle el balón al sexismo. El fútbol femenino contra el patriarcado deportivo francés”. ¡Ojú, qué pereza! Sin un tributo, siquiera una cita, a la maravillosa película (1971) de Pedro Masó, Las Ibéricas FC, Correia se suma con entusiasmo al vendaval mujerista que azota al deporte en los últimos años y que pretende imponer, mediante el aplastamiento en los medios pero también bajo amenaza de muerte civil a los renuentes, el interés hacia determinados partidos en detrimento de otros. Como si pudiésemos ignorar la evidencia de que la invencible selección femenina de Estados Unidos no resistiría, antes de ahogarse en un mar de lágrimas, un cuarto de hora frente al equipo sub 16 de cualquier club de la Regional murciana.

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