Crónicas Crónicas en órbita

Chris Ware, un historietista a vueltas con la vida

Sutil, depurado, con ritmo musical, el maestro del cómic regresa a las librerías con ‘Rusty Brown’, una de sus mejores entregas

En Rusty Brown, última obra editada del artista nacido en Omaha en 1967 Chris Ware, media docena de personajes, aparentemente anodinos, cruzan sus vidas bajo los techos de un típico instituto norteamericano. Saltando entre el presente y el pasado de cada uno de ellos Ware, con una maestría apabullante a la vez que silenciosa, narra esas vidas entrelazadas, completamente distintas pero unidas entre las paredes de ese edificio. Pero al mismo tiempo este Rusty Brown es, como el resto de trabajos de Ware, mucho más que una simple compilación de historias de personajes.

Rusty Brown es la demostración palmaria, otra más, de que Ware posee una calidad artística apabullante, porque sus historias, por simples que puedan parecer, generan un tremendo impacto en el lector, con personajes, pero sobre todo con sus vivencias (más sus vidas que sus personalidades), que ocupan un espacio en el cerebro del lector del que tardan en salir y eso cuando salen. Y escribía que su maestría es también silenciosa porque todo ese impacto que genera su lectura lo hace sin ruido y sin estridencias, con una bellísima sutileza. Su estilo gráfico, heredero y transformador al mismo tiempo de la línea clara, y su narrativa, igualmente sutil y compleja a partes iguales, van dejando imágenes en la cabeza del lector. Cada acercamiento a una nueva historieta suya conlleva automáticamente el recuerdo de las anteriores. Este Rusty Brown deja un regusto a Jimmy Corrigan y a The Acme Novelty Library pero sobre todo es con la monumental en todos los sentidos Fabricar Historias con la que más se enlaza en la memoria del lector asiduo a las historietas de Ware.

En este artículo se usa la palabra historieta en lugar de cómic no por capricho sino porque entiendo que es la que mejor representa y la que mejor da a entender el tipo de trabajo artístico que forja Chris Ware. Si en general y en un sentido muy amplio y generoso, el término cómic nos puede llevar principalmente al superhéroe o a un contenido de género (el que sea), el de historieta se acerca más en mi opinión al término anglosajón de comic strip (tira cómica), que es donde mejor encaja el trabajo de Ware o al menos el que marca su origen, principalmente estético pero también de contenido. La uso también porque, y esto es una apreciación muy personal, remarca la independencia estética y lingüística de la historieta como medio artístico, uno de los rasgos definitorios de las obras de Ware, así como un regusto artesanal, de manufactura cuidada y delicada que transmiten las creaciones de este autor. De hecho, el propio autor rechaza títulos más pomposos como novelista gráfico y se queda con el de historietista.

El historietista Chris Ware. Foto: Seth Kushner

Y es que Ware se presenta al lector a través de sus obras como un autor completo y complejo, pero sobre todo como un creador de historietas en estado puro, en el sentido que sus obras sólo son posibles y entendibles en este medio, es un historietista en el sentido más estricto de la palabra. Su forma de jugar con la narración gráfica, sus composiciones de página imposibles están pensadas no con un fin estético ni experimental per se, sino para transmitir con la mayor exactitud posible las ideas y sensaciones que quiere llevar al lector. Exprime como pocos autores hacen las capacidades tanto narrativas como estéticas de la historieta, un todo indisoluble en su trabajo. Así, para Ware el dibujo en la historieta tiene como objetivo crear símbolos que sirvan para la narración visual, su objetivo no es la belleza plástica, que aún así consigue, sino la narración gráfica, llevada a un nivel de calidad muy pocas veces visto.

«Su objetivo no es la belleza plástica, que aún así consigue, sino la narración gráfica, llevada a un nivel de calidad muy pocas veces visto»

Este estilo, como es lógico, no surge de la nada, ancla sus raíces estéticas y narrativas en el Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay, en el Bringing Up Father de George Mc Manus y en la obra de Frank King, Gasoline Alley principalmente, aunque la sombra de Herge y su Tintín también se deja notar con facilidad, sobre todo en el contraste entre la línea negra que delimita tanto a los personajes como en los fondos de color plano con los que rellena los espacios entre esas líneas. A nivel temático el peso de Penauts de Mark Schultz es innegable y reconocido por Ware cada vez que tiene ocasión.

Su estilo gráfico de línea clara, salvo en contadas ocasiones que ensucia el trazo, está siempre al servicio de lo que quiere narrar y es además de extremadamente fácil de reconocer, fácil de leer incluso cuando desmonta el sentido de lectura tradicional de una historieta, proponiendo al lector una inusual libertad de lectura de forma que en algunos de sus trabajos las viñetas puedan leerse al capricho del lector. Algunas páginas de sus historietas recuerdan más a una partitura que a una página tradicional de cómic, jugando con los espacios y con los ritmos compositivos a tenor del tamaño y la colocación de las viñetas que hacen que el sistema tradicional de lectura (de izquierda a derecha y de arriba a abajo) sea imposible en estos casos.

«Con Ware podemos llegar a hablar del historietista como compositor. Su lectura adopta un ritmo casi musical»

Con Ware podemos llegar a hablar del historietista como compositor. Su forma de estructurar la página, de alterar el ritmo de lectura a través de una madeja de viñetas entrelazadas, genera composiciones narrativas cuya lectura, que llega en ocasiones a estar marcada por la voluntad del lector, no por ningún orden ni secuencia preestablecida. Dicha lectura adopta un ritmo casi musical. Basta detenerse unos minutos en una de las muchas páginas que ha realizado para el New Yorker para ver como es el lector quien decide el orden de lectura, saltando de viñeta a viñeta según su capricho, generando imágenes y sensaciones en su cabeza que van componiendo esa historia.

Si bien es necesario señalar que Ware mantiene una coherencia gráfica, narrativa y conceptual bastante sólida en toda su carrera artística, al entrar en el detalle se puede apreciar una sutil evolución. Grosso modo, desde 1993, cuando ve la luz el primer número de Acme Novelty Library, en su trayectoria se intuyen tres líneas de desarrollo, el argumental, el gráfico y el narrativo. Hay que comentar que es un artista tan complejo que cualquiera análisis sobre cada una de estas tres líneas podrían llenar artículos el doble de extensos que este.

En el aspecto argumental es en el que más evidentes son los cambios pese a que su gran objetivo en este sentido se mantiene inalterable, el captar y contar de la forma más completa posible la experiencia de la vida cotidiana. La evolución va más en el sentido de ir abandonando recursos más oníricos, incluso surreales y dejar más espacio a la realidad ficcionada. También ha pasado de crear protagonistas que eran más bien revisiones de personajes icónicos de la cultura popular norteamericana, el mismo Superman por ejemplo, a trabajar con personajes más reales, más cercanos a su interés por narrar esas historias cotidianas. El nivel gráfico ha ido evolucionando hacia una depuración de líneas, con un estilo cada vez más limpio y elegante (sin que se entienda que antes no fuera así), evolucionando en una línea clara cada vez más pura, tanto en línea como en color.

Ya a nivel narrativo desde un primer momento Ware ha buscado siempre exprimir toda la capacidad narrativa de la historieta, buscando nuevas vías de lectura siempre con el objetivo de conseguir encontrar la mejor forma de llevar sus ideas a la cabeza del lector a través de sus dibujos, entendidos más como iconos narrativos que como mera ilustración. Ware, cuando dibuja escribe, es decir todo el dibujo buscar transmitir una parte de una idea, una parte del mensaje que quiere contar y ese dibujo se termina siempre, no en sus trazos sino en la relación con su predecesor y con el siguiente, lo que hace por tanto es dibujar iconos narrativos. Para él lo que hace a la historieta arte no es lo dibujado, sino lo que ocurre en la cabeza del lector, que acaba siendo el resultado del equilibrio entre el dibujo, el texto, el diseño, la tipografía, el color, el papel y la propia impresión. El lenguaje de la historieta es un delicado equilibrio narrativo entre imágenes estáticas secuenciadas, equilibrio en el que Ware es sin duda un revolucionario y uno de los máximos exponentes de su capacidad expresiva.

  • Título: Rusty Brown
  • Autor: Chris Ware
  • Traductor: Rocío De la Maya Retamar
  • Sello: RESERVOIR BOOKS
  • Precio: 34.90 €
  • Fecha publicación: 11/2019

Un comentario

  1. ¿Soy el único al que el tamaño de las tipografías de este tebeo le parecen una cabronada? He tenido que leerlo con lupa.

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