Entrevistas

Sandra Camps: «Para mí el periodismo es social y tiene un objetivo claro: divulgar y contar esas historias que pueden ayudar a otras personas»

Sandra Camps. Reportaje Gráfico: Ángel L. Fernández

Sandra Camps es periodista en el programa de radio En primera persona que se emite en directo los domingos a las 20:30 h en RNE. Su programa nos acerca a realidades sociales que nos rodean, pero desconocemos, dando voz a quién no la tiene a través de sus micrófonos. La intuición y la curiosidad llevaron a Sandra al centro penitenciario Sevilla 1 de la mano de Solidarios para el Desarrollo, una ONG que lleva años con actividades culturales dedicadas al ocio de los presos dentro de la cárcel. Sandra Camps formó parte de un taller que reunía presos de una cárcel sevillana para aprender sobre el fascinante mundo de las cartas.

El libro Cartas para la libertad nace de las historias y las cartas de las personas que participan en el taller y muestra como la periodista consiguió abrir la vía emocional de escape de muchos presos a través de la epístola, a sus familiares, parejas, madres e incluso personas imaginarias o fallecidas, llegando a superar duelos como el caso del Orejas, quien escribió una carta de despedida a su madre la cual falleció mientras él estaba en la cárcel y de la que no pudo despedirse en persona.

¿Cuál fue la historia que más te impactó?

La verdad es que es difícil hablar de una sola historia que me haya impactado porque son muchas y hay muchos momentos que me pusieron los ojos vidriosos por la emoción. Pero tal vez la historia del Orejas y cómo el taller de cartas le ayudó a cambiar su mirada. Fue relativamente al principio de ir a los talleres. Un día de camino hacia la pequeña biblioteca donde nos reuníamos, pasando por la sala del economato y otra sala con mesas donde normalmente había presos jugando a las cartas o al dominó o al ping-pong, un hombre relativamente joven se me acerca y me pregunta si yo le puedo enseñar a escribir. Le contesto que no, que vamos a leer cartas y a hablar de los temas que surjan a partir de las cartas pero que se una a nosotros. Él insiste en que quiere aprender a escribir pero al final me acompaña y se sienta junto a otros presos que ya nos están esperando. Me conmovió ver que este joven tenía la mirada perdida, miraba sin ver y estaba allí con nosotros pero parecía ausente a ratos. Comienza el taller y los presos van leyendo sus cartas cuando este joven me pide una hoja de la libreta que llevo y el bolígrafo y empieza a escribir unas palabras. De reojo, todos estábamos pendientes de él. Cuando termina, me devuelve el papel escrito y pide que lo lea yo. Son solo unas pocas frases, escritas en mayúscula y con letra muy grande, pero no tienen desperdicio. Leo en voz alta. Le pide perdón a su madre que había muerto mientras él estaba cumpliendo la condena porque, escribe, ahora entiende el motivo de sus enfados y siente no haberle podido pedir perdón cuando todavía vivía.

A todos se nos encogió el corazón y algunos presos se levantaron para darle un abrazo. Desde ese momento, este joven que conocí como «El Orejas» se apoderó de las libretas que yo llevaba y empezó a escribir compulsivamente cada día durante horas. No faltó a ninguna sesión y siempre traía muchas cartas escritas en ese cuaderno. Uno de los presos lo «apadrinó» en prisión y lo cuidó mucho hasta que «El Orejas» decidió dejar de consumir, hacer deporte en el gimnasio, intentar recuperar sus relaciones familiares y encauzar su vida poco a poco. De hecho, lo último que sé es que marchó a un centro de rehabilitación y en los últimos tiempos ya trabajaba de encargado en la lavandería del centro penitenciario. Su mirada cambió por completo, los ojos brillaban y veía dónde ponía el foco. Hubo momentos muy emotivos que protagonizó este joven en muchas sesiones y fue bonito ver como escribir y soltar lastre sobre un papel fue algo tan terapéutico y  positivo para él y para el resto.

¿Fue a propósito empezar con la carta del Orejas este libro? ¿Su sensibilidad y su crudeza, hasta qué punto te afectó?

Sí, fue a propósito porque es un claro ejemplo de como escribir puede ayudar a una persona que se ha dejado ir hasta tal punto que no parece que le importe vivir. Cuando fui el primer día al taller yo misma no tenía claro si tenía sentido preguntarles por sus cartas. Mi intuición me decía que sí, que las cartas podían ser su refugio. Un tesoro para ellos. Y me sorprendió descubrir que para muchos su sonrisa depende de una carta.

La historia del Orejas me afectó, de hecho me dio el teléfono de su mujer porque él la quería reconquistar y me dio unas cartas para ella. Le llamé y se lo comenté a su mujer un día por teléfono pero ella no quiso saber nada. Me contó que él le había destrozado la vida y que ya no quería saber nada de él. Más tarde me contaron que ella también estaba relacionada con el mundo de la droga pero no quise ahondar más porque me di cuenta que la verdad no la iba a conocer y que tampoco me tocaba a mi mediar más allá de mi  taller de cartas. Lo que sí pude ver es cómo el Orejas cambió en esos, creo que más de dos años de taller, y que al final era una persona que quería vivir sin consumir y dejar ese mundo, por lo menos así se despidió antes de irse al centro terapéutico.

En ese tiempo, además, el Orejas me dio unas hojas escritas contándome su vida desde que era niño para que pudiera comprender el por qué de su historia. No era una carta pero sí un relato duro que estaba escrito desde el corazón que le agradecí mucho. Es un hecho que él no eligió nacer en el seno de una familia que traficaba con drogas las 24 h del día y que esa realidad marca de por vida.

¿Qué te pareció la situación de Javi?

Imagino que te refieres a «Javi del futuro» como yo lo identifico por sus cartas que, al principio, me parecían surrealistas a la par que inteligentes. La idea de volver a casa y recordar lo que entre rejas has perdido, la libertad, me parece que está muy bien pensada. Javi también cambió mucho durante las diferentes sesiones. Al principio no hablaba, no participaba, pero siempre venía. Escuchaba atentamente y estaba plenamente concentrado en el desarrollo del taller pero en silencio. Hasta que un día se empezó a soltar y poco a poco nos fue contando cosas y leyendo algunas de sus cartas. Reconoció que para él la medicación era fundamental y que estaba muy pendiente de tomársela siempre pero su mente no dejaba de maquinar y de pensar en fórmulas para vivir eternamente o qué haría cuando saliera de prisión. Una de ellas era casarse con su mujer que era la que le custodiaba todas las cartas que mandaba a su casa pero, como les pasa a muchos reclusos, la vida entre rejas también separa a muchas parejas.  Un día Javi entró más triste de lo normal al taller y nos confesó que su mujer le había dejado. Sin embargo, tampoco se mostró muy afectado porque nos aclaró que su propósito cuando saliera de prisión era volver a casa con su madre y cuidarla.

¿Notaste qué presos daban por perdidas sus esperanzas y cuáles todavía las mantenían? ¿Eran las cartas un reflejo de su estado de ánimo?

Totalmente, las cartas eran un espejo del alma de cada uno de ellos. Había presos que pasaron por el taller pero realmente no comprendían que escribir cartas les pudiera ayudar. Se sentían a gusto durante ese ratito porque el ambiente cambiaba radicalmente de puertas afuera. Allí se vivía cierta complicidad y empatía y eso trascendía después entre algunos. Pero no todos.

Los presos que sí tenían ganas de rehacer sus vidas en cierto modo, de una forma u otra, venían siempre. Era un grupito muy bueno que se hicieron amigos algunos, incluso compartían celda y mostraban esa complicidad y esa unión que tenían. Ellos traían a menudo a otros presos al taller, muchos recién llegados, para que se despejaran del entorno durante las 2 ó 3 horas aproximadamente que duraba cada taller. Y muchos ya se quedaban y venían con regularidad.  Hubo días en los que una carta les había cambiado el ánimo por completo en ese mismo día, incluso llegaron cartas mientras estábamos en las sesiones que se comentaron en el momento. O se escribieron otras allí mismo y se iban con otra cara.

¿Es para ti la historia de Toby la más injusta y frustrante?

No entiendo por qué injusta o frustrante. La historia de Toby es peculiar también pero es difícil valorar si fue injusta o no porque allí yo conozco o descubro una cara de los presos, la que ellos muestran en ese momento de sus vidas en un taller de cartas, donde es cierto, que se calla más de lo que se habla y de lo que se escribe. Muchos son, y siento que son, sinceros y honestos con lo que escriben y cuentan y que su mirada habla sin tapujos, pero desconozco qué hechos les llevaron allí dentro y tampoco me interesaba. Una cosa es que la justicia funcione o no, que sea justa o injusta, y otra cosa son las personas, que tienen sentimientos —como hijos, padres o hermanos que son— y que intentan hacer las cosas de otra manera en el futuro.

La historia de Toby es poliédrica y soy consciente de la dificultad que tengo en saber qué es o no, más allá de leer sus cartas y sus confesiones. Le he perdido la pista de nuevo porque algunas personas con pasados complicados van, vienen, aparecen y desaparecen.

Una cosa es que la justicia funcione o no, que sea justa o injusta, y otra cosa son las personas, que tienen sentimientos y que intentan hacer las cosas de otra manera en el futuro

¿Te costó entender el significado de las expresiones de los reclusos?

Sí, al principio iba un poco perdida. Porque en el taller se relajaban tanto hablando entre ellos y comentando sus cosas que yo me perdía con algunas expresiones que desconocía porque son propias de la jerga carcelaria. De hecho, mi idea de escribir un libro al principio respondía a hacer un diccionario taleguero para traducir ese lenguaje al otro lado de esos muros. Tienen unas expresiones con mucha historia taleguera detrás, algunas incomprensibles para quien no ha estado en prisión, otras divertidas con las que me he reído mucho. Durante un tiempo vino un preso ya mayor que había estado en muchas prisiones españolas y conoció la Modelo de Barcelona en los años más duros. Él se convirtió en mi traductor porque me daba muy bien el contexto de esas expresiones en otras épocas y cómo fueron evolucionando.

¿Crees que las cartas escritas a uno mismo, como «la carta a un amigo imaginario», pueden ayudar a los presos a solucionar sus problemas internos y a lidiar con la soledad?

Claro que sí. Es una excusa maravillosa para hablar, incluso en tercera persona, y contar lo que tanto cuesta a veces alejándose de la realidad vivida por uno mismo. Hay presos que conviven con el pasado como pueden. No lo han contado o no han sabido cómo liberarse de lo que hicieron o de las consecuencias de sus actos para personas cercanas que también sufren esa condena aunque sea desde sus casas. En prisión, en la celda, están siempre solos. En muchos casos tampoco tienen familiares que vayan a comunicar con ellos o que les visiten en un vis a vis. Simplemente no tienen a nadie allí fuera de los barrotes. Y en la oscuridad de la celda la soledad les invade. Y ese amigo imaginario puede ser quien lea y escuche sus relatos sin responder, sin juzgarles. Dando espacio para reflexionar en silencio.

En otros casos sí que hay familiares en los que apoyarse pero no les resulta fácil hablar sin tapujos o contarlo todo. La culpabilidad, el miedo a ser juzgado, la incertidumbre lo que puede pasar, les paraliza. Creo que ese amigo imaginario es muy terapéutico y puede ser el paso previo a abrirse a otras personas elegidas por ellos para hablar con sinceridad de su pasado o de su presente. Porque también están los presos que no cuentan que están en prisión con la esperanza de salir pronto y retomar sus vidas, como puede ser en el caso de los preventivos.

¿Ese amor suele ser correspondido por quien se quedó fuera de las rejas?

No siempre, es difícil. Muchos han perdido a sus parejas, para otros ellas son el pilar de sus vidas mientras ellos están dentro. Me contaban algunos que son conscientes de que desde prisión no puedes estar cuando ellas lo necesitan y que eso hace mella en la relaciones. Eso separa mucho. También he hablado con mujeres de presos que están fuera y reconocen que es complicado, sobre todo cuando tienes hijos, llevar el peso de la casa, de la familia, de la logística y las necesidades que los presos tienen estando dentro como la ropa, el peculio y demás gestiones administrativas constantes que recaen en ellas.

El amor que resiste la distancia de esos muros es porque es un amor fuerte que se alimenta de cartas, llamadas y lo que se les permita de comunicaciones y de vis a vis. Pero en muchísimas ocasiones no aguanta indefinidamente, sin tener en cuenta que algunos presos van moviéndose de cárcel en cárcel, con lo que ello implica.

¿Cómo afectó el confinamiento a los presos?

Muchísimo. Sobre todo a nivel emocional y sentimental porque se cortaron las comunicaciones, los vis a vis y se cancelaron los permisos de los presos. En Sevilla 1 se permitieron videollamadas pero estaban limitadas y en los peores momentos del confinamiento se confinaron dentro del centro también por secciones y módulos. Estaban más incomunicados que nunca. Ellos lo vivieron, por lo que me contaron, como una doble condena porque no podían estar cerca de sus familias y algunas lo pasaron muy mal por el Covid. Otras estuvieron ingresadas o fallecieron y los presos no podían estar con ellas.

¿Crees que tienes talento de escritor?

Uff qué difícil contestar. La verdad, si te soy sincera, no tengo ni idea. Me gusta escribir, soy periodista, tengo curiosidad en general y me atraen mucho las historias de vida. Me gusta escribir y compartir realidades que como periodista descubro, conozco, me cuentan y pueden ayudar a otras personas de una manera u otra. Yo crecí sin hermanos y mi soledad la llenaba escribiendo desde pequeña. Poemas, escritos, relatos, historias que me contaban o me inventaba. Era como abrir una ventana para que corriera el aire cada vez que cogía una hoja en blanco para escribir y se me pasaban las horas y las tardes con un lápiz y un papel. Conservo esas hojas como oro en paño, muchas ya son ilegibles porque el lápiz se ha borrado. No me he planteado nunca si tengo talento pero sí que sé que tengo necesidad de escribir y que disfruto escribiendo.

¿Cómo se desenvolvieron ante los micrófonos? ¿Fue un orgullo para ellos y para sus familias?

Me sorprendieron porque los noté muy sueltos con el micro. También es cierto que ya llevaba meses con ellos, sin micrófono, haciendo los talleres solo con una libreta y un bolígrafo. Nos habíamos acostumbrado a compartir las cartas que me daban, sin pedirlas, y yo siempre preguntaba si me las podía quedar y si les parecía bien que formaran parte del libro que pretendía escribir. Era curioso porque me daban cartas que habían recibido, otras que iban a mandar y que al final no enviaron y algunas escritas expresamente para el taller. Pero las leían en público sin reparos y con esa misma naturalidad me las daban y las leían para el espacio de radio que tenía en RNE. Primero para el podcast Cartas para la libertad y más tarde también para la sección del mismo nombre que tuve en el programa Por tres razones en RNE.

Estaban felices de que sus cartas se escucharan y se publicaran porque son conscientes del tabú que existe sobre esta realidad, del silencio alrededor de la cárcel. Se sienten juzgados por la sociedad y no encuentran su lugar para expresarse. Además, la radio y sus cartas se convirtieron en un punto de encuentro muy emotivo. Las familias les escuchaban en la radio y ellos también se reunían en una celda para escuchar Cartas para la libertad y vivieron momentos muy emocionantes. Incluso durante el confinamiento, las ondas fueron las que hacían llegar mensajes de hijas que viven al otro lado del charco a padres presos en Sevilla 1. La radio rompió ese silencio y permitió que, a través de su cartas, se conociera a estos presos como personas además de delincuentes.

¿Crees que cartas así pueden ser terapéuticas para personas en su situación?

Totalmente, creo que sería una forma muy interesante universalizarlo en todas las prisiones. De hecho, en algunos centros que cuentan con Unidades Terapéuticas Educativas, los psicólogos utilizan este recurso terapéutico con los presos.

¿La muerte del padre Jesús dejó un vacío en la prisión?

Sí, el padre Jesús era un hombre muy respetado entre la comunidad carcelaria. Yo no lo llegué a conocer pero todos coincidían en lo cerca que estaba de sus situaciones particulares y de lo mucho que les ayudaba siempre que podía. Iba con su moto a todas partes y visitaba a muchas familias de presos cuando se lo pedían. Incluso llegó a tener partes en prisión por no respetar las normas y saltárselas ayudando a algún preso. Dicen que era una persona cercana con la que podían hablar y en la que confiaban. Uno de los presos asiduos al taller llevaba una medalla colgada del cuello que el padre Jesús le había regalado y nos la enseño con los ojos vidriosos. Es evidente que ha dejado un vacío entre los que le conocieron.

¿Crees que Cartas para la libertad puede ayudar a mejorar las condiciones de higiene de zonas específicamente deterioradas en las cárceles españolas?

Ojalá, pero no soy tan optimista. Sí me gustaría que esta experiencia diera lugar a talleres o proyectos relacionados con las cartas, los presos y la sociedad en general porque creo que es bueno para todos. Son procesos terapéuticos que rompen tabúes, que fortalecen a los propios presos, unen a los internos con las familias y les permiten soltar lastre. Me consta por los propios presos que echan de menos el taller y que les encantaría poder continuar.

¿Crees que pueden surgir inseguridades entre presos al ver que unos son capaces de unas cosas y otros no?

No, no lo creo. Más bien al contrario, el taller es voluntario y viene quien quiere y se siente a gusto. Han participado presos que no sabían leer y estaban aprendiendo gracias a otros compañeros que se ofrecían a enseñarles. Iniciativas o encuentros de este tipo salían del taller. En cambio, esas inseguridades se pueden ver mitigadas precisamente gracias a la complicidad de otros presos sensibles, dispuestos a ayudarse mutuamente. Javi, por ejemplo, estuvo enseñando a un preso gitano que no sabía escribir hasta que salió. Y esa relación se forjó gracias al taller. Luego, meses más tarde, el preso gitano se ofreció para enseñar a otro preso siguiendo el método que Javi había utilizado con él. Ese dominó de buenas prácticas ayuda a vaciar el saco de inseguridades de los presos.

¿Tenías pensado que publicarías libro y podcast cuando comenzaste el taller?

Qué va, en absoluto. El primer día que fui no sabía tan siquiera si iba a haber un segundo día. Y fíjate lo que ha dado de sí. Sesión a sesión iban pasando cosas, cada vez tenía más cartas. Ellos se sentían a gusto y yo también y la idea del podcast surgió con el tiempo. Se lo comenté un día a ellos, cuando me dijeron que les apetecía mucho lo propuse en la radio y en RNE les gustó la idea y me compraron el podcast. Mientras, yo iba acumulando cartas y escribiendo por placer y por necesidad de soltar lastre yo también. Porque cada sesión estaba llena de emociones, de historias de vida muy fuertes y momentos que me llevaba a casa. De hecho, tras cada sesión mi compañero Francisco que era voluntario de Solidarios para el Desarrollo —ONG que incluyó el taller en sus actividades dentro de prisión en Sevilla 1 y me abrió las puertas para entrar en el centro penitenciario— y yo necesitábamos comentar el taller porque era todo muy intenso.

¿Cómo fue la elaboración del programa y la grabación en prisión de los programas? ¿Se emitían en directo?

Las sesiones eran igual que al principio, solo que yo grababa las cartas con mi pequeña grabadora. Ellos las leían con la misma naturalidad, a la mayoría no le afectó que de pronto grabara. Ya existía esa confianza y los que llegaban nuevos iban de la mano de alguno de los fijos. Incluso hubo presos que ese día se habían olvidado de bajar las cartas de los chabolos y luego, como ya no podían volver a por ellas, me emplazaban para leerla y grabarla en la siguiente sesión. Se grababan porque había un trabajo de postproducción por mi parte. Escribía un pequeño guion con una introducción para contextualizar las cartas y un cierre. Si se equivocaban leyendo también intentaba dejarlo limpio para que se escuchara con fluidez. Sus silencios sí que los respeté siempre porque me parecen tan importantes como la palabra en una carta escrita con el alma.

¿Qué es Solidarios para el Desarrollo?

Es la ONG que respaldaba mi taller porque lo incluyó dentro de sus actividades altruistas y voluntarias en el centro penitenciario Sevilla 1. En prisión solo se puede entrar de la mano de alguna asociación que tenga el permiso para realizar las actividades que les apruebe Instituciones Penitenciarias.

¿De qué manera crees que la droga es el camino a prisión de muchos reclusos?

Yo diría que la mayoría de los presos entran en la cárcel por su relación con las drogas. Muchos son drogadictos, están enganchados, cuando entran y dentro siguen buscándose las vueltas para seguir consumiendo. La droga les ha llevado a muchos a cometer delitos de todo tipo. Y los que se dan cuenta, como un chico que participó en el taller y que nos escribió una carta desgarradora en la que contaba cómo la droga le hubiera llevado a la muerte y entrar en la cárcel fue salvavidas. Es consciente del daño que ha hecho y cómo ha sufrido su familia por su culpa y ahora cumple su condena pero lejos de ese infierno. Las Unidades Terapéuticas Educativas trabajan precisamente con los presos que voluntariamente quieren desengancharse de verdad y dejar las drogas por completo.

¿Qué es el periodismo para Sandra Camps?

Para mí el periodismo es social y tiene un objetivo claro: divulgar y contar esas historias que pueden ayudar a otras personas, poner en valor las luchas sociales colectivas e individuales por una sociedad más justa, que destape las injusticias y las denuncie a partir de las vivencias de sus protagonistas en primera persona y ser la voz de aquellas personas que merecen ser escuchadas más allá de un titular o de la actualidad. También insisto en fomentar y visibilizar las buenas prácticas, las buenas acciones que suman por el bien común.  Me interesan las personas, no las etiquetas que la sociedad les pueda haber puesto, me gusta mirar un poco más allá y escuchar. Reivindico una escucha activa, sincera, cómplice incluso, que se detenga en poner en valor lo que de verdad es importante. Menos fuegos artificiales y más esencia, más verdad. Siempre he intentado mantenerme siempre fiel a mis principios como periodista social, tal vez por ello sigo siendo freelance, con sus pros y sus contras pero sí que da esa libertad.

Me interesan las personas, no las etiquetas que la sociedad les pueda haber puesto, me gusta mirar un poco más allá y escuchar

¿Cómo ha sido el recibimiento del libro Carta para la libertad por parte de los presos?

Les ha encantado y están felices de que sus cartas se puedan leer, mostrar otra cara de su condición como preso. No ser juzgados por la sociedad sin más y poder compartir sus miedos, sus sueños, sus arrepentimientos. Las personas nos equivocamos pero muchos somos capaces de reconocer los errores. Y muchas de estas cartas están escritas por personas que querrían tener otra vida o están deseando recuperar una vida tranquila lejos de la delincuencia. Yo les agradezco su sinceridad y que hayan querido compartir las cartas conmigo y con la sociedad. Han sido muy valientes y han demostrado que quieren abrirse al mundo para mostrar ese otro yo que aflora en los talleres y en sus escritos.  Se han dado situaciones muy bonitas, como el día que firmé algunos libros en la Feria del Libro en Sevilla. La madre de Antonio, el chico que reconoció que entrar en prisión le salvó la vida o las drogas se lo hubiera llevado por delante, se acercó a la feria con sus nietas para que le firmara un libro y llevárselo a Antonio. Estaba emocionada ella y yo también. Nos hicimos fotos y fue un regalo para mí que hiciera el esfuerzo, que sé que hizo, para venir desde la periferia después de un día entero de duro trabajo. O un preso que me trajo un ramo de flores y apareció en el stand para llevarse un libro también firmado. Él no escribió ninguna carta pero no faltó un día al taller y además siempre traía a presos recién llegados. Todavía tengo algunos ejemplares que quiero hacer llegar a personas concretas que están dentro, otros se han ido ya o están en otros centros y es más difícil seguirles la pista.

¿Puedes desvelar cuál será tu próximo destino?

Seguir con mis programas de radio en RNE, En primera persona en Radio 5 que lleva ya 14 temporadas y con el podcast Construyendo memoria que es su segunda temporada. Además de proyectos que todavía no puedo desvelar pero que se están cociendo y que vuelven a recuperar la esencia de Cartas para la libertad pero desde más puntos de vista y con distintas miradas. Todo ello sin dejar de escribir y dando  rienda suelta a mi activismo social en varios frentes.

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