Horas críticas

¿Cuánto dura una visita?

Los extraños es un relato penetrante que se ajusta con precisión a los tres elementos que Ricardo Piglia distinguió en la nouvelle: «enigma», «misterio» y «secreto»

Un padre es humillado delante de su hijo cuando intenta recuperar el avión de juguete que acaban de estrellar (Basilisco, 2020); un error al activar el freno de mano hace que un todoterreno se precipite por un barranco con un niño en su interior (Estrómboli, 2016); un millonario huidizo se recluye en una torre tras programar una aplicación que permite crear pornografía con el rostro de cualquiera (El silencio y los crujidos, 2018); un dóberman ataca a un oficinista cuya vida se tambalea tras la mordedura (Física familiar, 2014); John Dunbar, hombre de aventuras, se interna en una gruta inquietante mientras otros rezan; una banda de moteros persigue a un treintañero atolondrado que no sabe cómo reaccionar; el perro de la invitada, que no debería haber entrado en casa, ha destrozado el salón…

La obra narrativa de Jon Bilbao está llena de escenas memorables, de instantes destinados a ese compartimento —vecino del que guarda nuestros propios recuerdos, en ocasiones se comunican y confunden— en el que permanecen las mejores secuencias del cine clásico. Pero, a diferencia de los héroes de John Ford, los personajes de Bilbao —excepto Dunbar, él sí, protagonista de un western— se mueven por un universo realista, acosados por problemas corrientes —de pareja, económicos— hasta que una situación imprevista, de nuevo verosímil pero más extrema, los sacude y los obliga a tomar decisiones; ilumina sus actos y los convierte en gestos morales.

Los extraños, como una iteración más de esa fórmula, insiste sobre algunos temas y escenarios (la clase media en descomposición: jóvenes desencantados incapaces de prolongar la prosperidad de su familia; la costa de Asturias, lluviosa y desapacible cuando se agota el verano), pero, además, aprovecha la llegada de unos huéspedes inesperados —casi unos aparecidos, como en los relatos de fantasmas de Henry James— para desplegar una atmósfera y varias tramas que la convierten en un ejemplo casi perfecto de su género (o de su distancia).

Escribió Juan José Saer en un prólogo para Onetti que «la novela corta permite cierto desarrollo a la vez que parece surgir de una concepción intuitiva y repentina». Los Extraños (144 páginas editadas con generosidad y buen gusto, como siempre desde Impedimenta) encaja con esta observación. Por ejemplo, sus personajes no evolucionan durante el texto —no tendría sentido, pues solo cubre unas pocas semanas—, sino que cambia —se amplía o desmiente, se emborrona o aclara— lo que nosotros, los lectores, intuimos, o lo que cada uno de ellos conoce sobre sus compañeros.

Secreto y narración: tesis sobre la nouvelle, de Ricardo Piglia, es un texto fundamental para comprender los mecanismos narrativos que esconden este tipo de artefactos a medio camino entre el cuento y la novela (que, por cierto, vuelven a ser populares: Distancia de rescate, de Samanta Schweblin, acaba de ser adaptada al cine). Según el argentino, estas narraciones contarían con «enigma», «misterio» y «secreto». El primero sería un elemento que es posible descifrar; el segundo, una presencia inexplicable o fuera de la lógica, mientras que el «secreto» consistiría en «algo que alguien sabe y no dice, es decir, un sentido sustraído». Los extraños, que desarrolla y entrelaza tres tramas (la relación entre los protagonistas, los avistamientos de ovnis que ya aparecen en la portada y la visita de Markel y Virginia), se ajusta con precisión al esquema propuesto por Piglia, que también indica que «el secreto permite unir tramas y personajes que conviven atados por ese nudo que no se explica. Porque si se explicara, habría que escribir una novela».

Bilbao, que estudió ingeniería de minas y filología inglesa, es, quizá por eso, un escritor preocupado por la eficiencia. En esta ocasión alcanza un rendimiento fantástico, pues mediante un estilo sobrio, casi lacónico —aunque impecable—, y gran cantidad de elipsis y cabos sueltos, logra un relato penetrante: vibrante durante la lectura y sugerente tras ella.

Eso sí, tras esta elaborada estructura narrativa está Jon, el personaje principal, tal vez trasunto del autor (aunque no del narrador, absolutamente neutral); un viejo conocido que ya había aparecido, con este u otros nombres, en varios de sus relatos. Jon debe de rondar los cuarenta años y no está satisfecho. Jon no termina de acostumbrarse a la importancia de sus propias decisiones, preferiría ser menos responsable de lo que le ocurre y, sobre todo, no serlo de lo que les sucede a quienes lo rodean; o, en caso de dependencia inevitable, que esta fuera más clara, menos compleja. Algunos críticos distinguen en Jon una personificación de la llamada «crisis de la masculinidad», y algo de eso hay: inmadurez combinada con una nostalgia más o menos explícita de tiempos u ocupaciones quizá más duros, pero también menos ambiguos y más heroicos. En este caso, la abulia de Jon es precisamente su relieve: al principio, él y Katharina recuerdan a los personajes de los clásicos de Chéjov, que hacen muchos planes (mudanzas, viajes o negocios) pero permanecen inmóviles; solo tras estremecerse ante ciertos detalles del comportamiento de Markel y Virginia comenzarán a trabajar en equipo.  

En cualquier caso, las pesquisas de la pareja no se prolongan demasiado. El final de Los extraños se precipita sin desenlace. ¿Cuánto dura una historia? Esta, lo suficiente como para que Jon y Katharina asistan a varios sucesos inquietantes e inexplicables, pero no tanto como para apartarlos de sus rutinas. Enigma, misterio y secreto: los tres coinciden en un punto y ese punto es un hueco. El hueco de la cotidianidad.


Los extraños
Jon Bilbao
Impedimenta
(Madrid, 2021)
144 páginas
17,25 €

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