Crónicas en órbita

Midsommar o el tenebrismo bañado por el sol

Quien haya experimentado la exploración del miedo, las relaciones familiares y el dolor desgarrador de Hereditary, no se echará las manos a la cabeza al descubrir la trama tenebrista bañada por el sol de Midsommar. En materia de viajes oscuros, retorcidos y con alta dosis psicológica, Ari Aster parece haber encontrado un lugar donde contar historias capaces de no dejar impasibles incluso a los más curtidos. En palabras de Banksy, «el arte debe consolar al perturbado y perturbar al cómodo». ¿Algún cómodo sin perturbar después de ver Midsommar en la sala?

El film de 2019 ha recibido un batallón de calificativos que bailan de lo excéntrico a lo cotidiano; y se presenta como una mezcla de los dilemas del individualismo y los miedos que puede tener cualquiera de nosotros. Con esta descripción, bien podría ser una comedia romántica americana propia de los 80 y 90, pero Midsommar rompe una frontera para quebrar los esquemas del género con el que comulga, el terror. Ari Aster está poniéndolo patas arriba, reinventándolo con historias que son inclasificables e, incluso, difíciles de digerir. La crítica lo ha comparado con el lado más grotesco de No respires de Fede Álvarez y Get Out de Jordan Peele.

Una estética ensoñadora, bañada por los efectos de sustancias alucinógenas en el marco de unos ritos paganos, vislumbra la muerte, la traición y el dolor en todas sus direcciones. Una celebración del terror folklórico, las enfermedades mentales y el individualismo.

Pero vayamos por partes. Dani (Florence Pugh, Lady Macbeth) es una chica que ha perdido a toda su familia en un episodio traumático. Esta situación límite hace que su chico, Christian (Jack Reynor, Una cuestión de género), decida no romper la relación que está en la cuerda floja, al borde de la autodestrucción. Juntos deciden aceptar la invitación de un amigo a Hårga, una aldea sueca remota de donde procede. Allí, se preparan  para celebrar el inicio del verano, «Midsommar», un festival que solo sucede cada 90 años.

Con dos amigos más, y sin saber muy bien qué les espera al otro lado del mundo, comienzan un viaje con destino a drogas psicodélicas, rituales oscuros, suicidios y terror. Con tan solo un pie de los protagonistas puesto en Hårga, no tardas mucho en empatizar con Dani y sus dudas sobre el acierto de acompañar a su chico a ese viaje.

La luz, el color y toda la estética naíf de la arquitectura y decoración del poblado nos adentran en una especie de tierra de Oz. Los hombres visten largas túnicas blancas y las chicas se adornan con todo lujo de flores y peinados románticos que emanan un bienestar natural. La referencia que Ari Aster dio al fotógrafo Pawel Pogorzelski apunta a Black Narcissus (1947) y su faceta experimental en materia de color, con tintes lechosos, algo cercano a Sorolla.

Llama la atención la importancia de la simbología de la aldea, que hace que el ambiente sea más tétrico. Envuelto en una estética naíf e infantilizada, los murales de Hårga están inspirados en el estilo de una comuna real de la región de Suecia, llamada Hälsingland, con cierto sentimiento punk. Entre los motivos, mujeres realizando hechizos de amor usando su propio vello púbico y sangre menstrual.

Un mundo estético, pero tétrico. Pronto los jóvenes empiezan a formar parte de una sociedad aparentemente poética, pero que no tarda mucho en sacar a relucir unos oscuros ritos capaces de levantar el vello de cualquiera, y que los conducen hacia una auténtica pesadilla. Pero ¿cuánto de verdad tienen los ritos? En una entrevista para un medio internacional, Henrik Svensson, artista sueco con quien trabajó Aster, dijo que todos los rituales son ciertos, incluso una de las herramientas clave en uno de los ritos es una réplica de un museo en Suecia.

La violencia explícita y el drama psicológico han generado un malestar general, sobre todo en aquellas personas cuya situación sentimental atraviesa una situación similar a la de los protagonistas. Tanto es así que el estudio detrás de la trama surrealista de Midsommar se alió con Talkspace, una empresa de terapia online. Hicieron el match perfecto: ofrecieron tres meses de terapia de pareja gratis para aquellos que vieron la película y asistieron a una sacudida de problemas similares a los protagonistas. Bien tirado, se habrán puesto las botas…

Midsommar aparece en todas las listas de «las mejores películas de terror que puedes ver hoy» y, sin embargo, puede que no se parezca a ninguna con las que comparte el top 5. Bienvenidos al terror más folklórico, a una atmósfera ensoñadora donde la liberación del dolor tiene un precio a pagar.

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