Crónicas

Halloween es irlandés

Newgrange, ca. 3000 a.C.

Lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en Halloween es que se trata de un invento más de los americanos para sacar rédito económico a una festividad. Pero esto no es cierto: Halloween es una celebración ancestral que surgió en Irlanda puede que incluso antes de la llegada de los celtas a la isla esmeralda. Fue la emigración de los irlandeses a Estados Unidos lo que propició que arraigara allí esta tradición y pasara a convertirse en lo que es hoy.

Tracemos una línea temporal y veamos cómo desde el año 3000 a.C. han surgido hechos, mitos y leyendas que vinculan la festividad de los muertos con Irlanda.

Viajemos, pues, a la isla de Irlanda aproximadamente hace unos 5000 años. Y allí, apenas a una hora de coche de Dublín nos encontramos con un monumento funerario de primer orden: el túmulo de Newgrange. Se trata de una construcción singular con un corredor estratégicamente situado y que apunta a un lugar concreto. En su interior, en el centro, hay un receptáculo de forma cruciforme que sabemos que fue utilizado como cámara de enterramiento para alguna personalidad del clan. Pero esto no significaría nada si no aconteciera un fenómeno en un día señalado del año: el solsticio de invierno —el día más corto del año— un rayo de sol penetra por el corredor e ilumina su cámara durante 17 minutos. Esto es, aquellas gentes, preceltas, conocían perfectamente el cielo y, con ello, las estaciones del año. Es muy probable también que conocieran la fecha del fin de la cosecha, el día 1 de noviembre, que es la fecha en la que muchos años después se instaurará Halloween.

Sigamos avanzando en el tiempo. Los celtas comenzaron a llegar a Irlanda en el siglo VIII a.C. y habrá diversas oleadas hasta el siglo I a.C. Estos pueblos, a través de sus sabios y chamanes, a los que conocemos como druidas o druidesas, y que atesoraban la sabiduría ancestral, establecieron dos fechas muy concretas en su calendario: Samhain y Beltaine, la primera y más importante para nosotros, se situaba el 1 de noviembre y la segunda, la fiesta de la fertilidad, ubicada el 1 de mayo. Samhain estaba situada al final de la cosecha y establecía el año nuevo celta. Pero ese momento del fin de año se caracterizaba por el aumento de la oscuridad y por la muerte de la naturaleza. Así que los celtas pensaban que justo la noche antes de Samhain —la noche de Halloween— de las lomas y montículos surgían las ánimas de los muertos que esa noche se fundían con los vivos. Por ello había que burlarlos, así que surgió la tradición de usar máscaras y caretas para confundir a los seres del más allá y que no se llevaran a nadie con ellos al mundo de ultratumba.

Pero el resto del tiempo, los humanos no estaban a salvo. Al menos eso creían los celtas irlandeses. Creían en unos seres femeninos terribles a los que denominaban banshees o «mujer de las colinas», que se decía que venían a llevarse las almas de los difuntos en una carroza con un ataúd tirado por dos caballos sin cabeza y un cochero también sin testa. Pero la creencia en las banshees iba más allá: se decía que siempre andaban deambulando y, si podían, se llevaban con ellas a los niños varones. Pues bien, esta creencia hizo que, en fechas no tan lejanas como el siglo XIX, perviviera la tradición de vestir a los niños varones de niña para burlar a las banshees. Sabemos que a literatos irlandeses como Oscar Wilde o Bram Stoker les disfrazaban habitualmente de niña cuando eran pequeños.

Vitral con la efigie de san Patricio.

Pero llega otro hito histórico: en 415 comienza la cristianización de Irlanda encabezada por un obispo: san Patricio. El proceso de cristianización de Irlanda fue rápido y fácil, sobre todo porque hubo un gran sincretismo entre las leyendas tradicionales celtas y las historias bíblicas. Además, en el siglo IX, el Papa Gregorio IV dio carta de naturaleza a una práctica de sus prelados: situar las fiestas cristianas sobre las paganas. Así el 25 de diciembre, día del Sol Invictus romano pasó a ser el natalicio de Jesucristo y el Samhain celta se transformó en el día de todos los santos. Si miramos el nombre en inglés de la noche que precede a la de todos los santos, tenemos All Hollows Eve, de donde deriva la palabra Halloween. Este es el punto de inicio de la celebración.

A esta tradición se le suman otros mitos y leyendas como la de Jack O’ Lantern o La linterna de Jack, que es el origen de las calabazas de Halloween. Pues bien, narremos esta historia también de origen irlandés. Jack era un pendenciero, un bribón, y un buen día se le apareció el Diablo que venía a llevárselo al Infierno. Pero a Jack se le ocurrió una treta: le pidió un último favor: comerse una manzana. Así que el Diablo subió al manzano para coger el fruto y, en ese momento, Jack dibujó una cruz en el tronco y el Diablo quedó atrapado. Pero Jack no podía burlar eternamente a la muerte. Al poco tiempo falleció. Al Cielo no podía ir por sus fechorías, y tampoco al Infierno, pues se la había jugado al Diablo. Así que quedó condenado a vagar eternamente entre el Cielo y el Infierno. El Diablo se apiadó de él y le lanzó una yesca incandescente que Jack metió dentro de un nabo al que dibujó boca y cara y que es el antecedente de las calabazas actuales.

Esta es, a grandes rasgos, la historia del origen de Halloween en tierras irlandesas. Así que ya lo sabéis: nada de americano, Halloween es irlandés.

Un comentario

  1. Pingback: Halloween en la revista Mercurio - PedroOrtega.info

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