Horas críticas

Libros de la semana #31

Recomendaciones literarias de la redacción de Mercurio

Yo no sé de otras cosas de Eliza Levi (Temas de hoy)

«Le digo que yo no sé de otras cosas, pero sé que por este camino solo hay bosque». Lea, la joven de diecinueve años que protagoniza la segunda novela de Elisa Levi, afirma continuamente que ella no sabe nada sobre lo que existe más allá de las cuatro calles que componen el pequeño pueblo en el que ha crecido. Pero a pesar de esa ignorancia reconocida, ella es consciente de que sus amigos tienen alma de árboles: de rudos quejigos con raíces invasivas, madroños que se confunden con arbustos o acacias que se saben mimosas. Lea no sabe lo que ocurre en el Pueblo grande cercano, ni en la ciudad lejana, pero sí entiende que la mejor forma de lidiar con la muerte es seguir adelante: «Y siempre le dejo la barra de pan en la silla vacía de su hermano para que sepa que la muerte es un solo día, no toda una vida, y que donde antes se sentaba su hermano ahora se pone el pan y no pasa nada». Lea le cuenta todo esto a un desconocido, sentada frente a un bosque que devora a la gente, a la espera de un animal perdido. Le habla del pueblo, de personas que de tanto ir a la iglesia casi se convierten en estampa, de un hombre cuyos latidos retumban por toda la villa de tan atemorizado como vive temiendo a la muerte, de miradas de deseo que desbocan animales en la cabeza, de una comunidad aterrorizada con el fin del mundo que predijeron los mayas, de parejas con el cuerpo revuelto de amor al no disponer de lecho donde retozar, de conejos que velan a los finados y progenitores desaparecidos que vuelven al hogar convertidos en animales. Lea habla del olor de los suyos: «Mi madre huele a una pila de limas en un cesto de mimbre y mi padre huele a una mañana en el huerto cuando está todo por cosechar». Pero sobre todo, Lea habla de escapar, de huir de un encierro y visitar las grandes ciudades malacostumbradas a finales continuos, a los amores que duran poco y las sensaciones que se sustituyen rápidamente. «La gente no lo sabe, pero los pueblos pequeños huelen a mierda de vaca y a animales muertos apilados y a miedo y a rencores y a aburrimiento y a dolores y a odios que pasan de generación en generación. Y los que son de otro lugar se enamoran de una idea extraña de lo que realmente significa aguantar el vacío del campo, el paso lento de las horas». Lea afirma constantemente que ella no sabe nada, pero en realidad es más sabia que muchas personas. Levi solo lleva dos novelas publicadas, pero escribe mucho mejor que muchos autores con una carrera consagrada. Yo no sé de otras cosas es una sorpresa fantástica, brillante y excepcional. Un cuento, ubicado en la España vaciada, donde resuenan ecos del Macondo de Cien años de soledad, pero sin sumergirse en el realismo mágico como lo hacía Gabriel García Márquez, sino tonteando con él premeditadamente, de manera sutil y habilidosa. Nosotros ahora sabemos que tanto Lea como Levi, tanto Levi como Lea, saben muchísimo más de lo que serían capaces de reconocer.


Lo de dentro fuera de Mariano Peyrou (Sexto piso)

Mariano Peyrou, nacido en Buenos Aires pero adoptado por Madrid desde muy niño, tiene a sus lectores habituados a disfrutar de su producción como poeta y ensayista. Ocurre que, en ocasiones, a Peyrou también le llama la prosa para aventurarse en los terrenos novelescos. Lo de dentro fuera es su tercera incursión en la narrativa tras De los otros (2016) y Los nombres de las cosas (2019) y, como ocurría en aquellas, lo que propone no es una novela al uso. Porque la prosa de Peyrou es juguetona, arriesgada y singular. Uno de esos casos en donde el resultado produce tanto amores como odios. No resulta extraño viniendo de un escritor que, a través de un personaje de otra novela, sentenció hace tiempo un «¿Quién quiere leer un libro normal?». Lo de dentro fuera navega por las inquietudes de una joven actriz capaz de cambiar de voz y rostro, pero incapaz de encontrarse a sí misma. Una mujer que necesita ser admirada para sentirse completa, «No me enamoro, pero me encanta que se enamoren de mí», y que comienza a reescribirse durante las clases recibidas en una escuela de arte dramático. Lo de dentro fuera es un viaje en múltiples direcciones. Transcurre entre los recuerdos de la actriz, con una narración traviesa que salta a través del tiempo visitando las memorias de la niña de cuatro años, la adolescente de trece o la mujer de veintidós. «Primero me gustaron los toboganes. Luego los túneles. Ahora me gustan los canales. Tengo el cuerpo lleno de toboganes y túneles y canales. Los toboganes son lo más placentero, los túneles son lo más misterioso y los canales son lo más real». También es una historia que alterna el foco entre el escenario teatral, donde predomina el juego de máscaras y lo irreal, y lo que acontece en la vida, dueña de otro tipo de máscaras y realidades. Y al mismo tiempo es un relato donde tres voces se funden y confunden: aquí las palabras de la protagonista nunca están solas, porque otros dos personajes se enredan en el discurso de la mujer: «el tipo» y Sergio. La actriz rememora las lecciones del primero y todas sus frases siempre viven acompañadas de las réplicas del segundo, «—No se puede entrar fuera. —Sí se puede. —Sí, pero no se puede salir dentro». Con su tercera novela, Peyrou ha escenificado una nueva aventura,  temeraria —«Tengo trece años y lo que más me conmueve del mundo es imaginarme que mis padres se mueren»— y comandada por una anti heroína repleta de recovecos y ambigüedades —«–Mi lengua materna es el silencio. –Y el grito»—. Lo de dentro fuera es capaz de encadenar las obsesiones infantiles por el vómito o la sangre menstrual con los edictos y las cartas apostólicas de Inocencio III o Juan Pablo II, el dolor del maltrato en pareja con las miradas exigentes de un padre decepcionado. Para Peyrou es lo normal, porque él nunca ha querido leer un libro normal. «Y vuelven el dolor y el relato. La sangre nuestra, la presión nuestra de cada día, dánosla hoy. —Ya viene la regla. —A ver cuándo viene la excepción».


Una mujer, un voto de Alicia Palmer y Montse Mazorriaga (Garbuix books)

España, 1929. Mari Luz Lázaro, una joven huérfana de provincias con poco mundo a sus espaldas, llega a la estación de Atocha de la capital y se encamina hacia la Real fábrica de tabacos para comenzar a trabajar como cigarrera. Allí, junto a otras muchas mujeres como ella, descubrirá y tomará conciencia de la importancia que tiene la lucha de los derechos fundamentales de las mujeres durante la Segunda república. España, 2021. Alicia Palmer, crítica de cómics, miembro de la ARGH! (Asociación profesional de guionistas de cómic) y guionista (Esclavas, Hombres feministas, Emilia Pardo Bazán o Amelia. Historia de una lucha), se alía con la dibujante Montse Mazorriaga (Nellie Bly, diario de una viajera o 1939, La caída de Cataluña) para confeccionar Una mujer, un voto. Una novela gráfica donde ambas autoras exponen un episodio de la historia de nuestro país que no siempre se ha abordado con la importancia que se merece: el relato de cómo un grupo de mujeres, con Clara Campoamor a la cabeza, unieron fuerzas para pelear por sus derechos, entre los cuales se encontraban el derecho al voto femenino, vetado en aquella época por una sociedad machista y conservadora. Un cómic planteado a modo de homenaje a todas aquellas guerreras que, tirando de osadía y persistencia, hicieron posible el avance y, al mismo tiempo, un recordatorio de que los derechos no solo deben lograrse, sino también conservarse. Para concebir Una mujer, un voto, Palmer y Mazorriaga idearon la historia de Mari Luz Lázaro y sus compañeras cigarreras a partir de una extensa tarea de documentación en la Biblioteca nacional, buceando entre cientos de páginas de la prensa informativa, documentación gráfica y videos del No-Do. «Podría haber llenado todo el guion de recortes de periódico, pero era imposible introducir todo lo que quería desde el principio, así que muchas de las historias sí que están construidas a partir de esta documentación», apuntaría Palmer al explicar cómo ensambló el retrato de una época que también estaba enraizada en su vida: tanto el abuelo como el bisabuelo de la guionista trabajaron en su momento bajo el techo de aquella misma fábrica de tabaco. Las viñetas abordan lo sucedido reflejando hechos reales, como la misiva de Campoamor a Alejandro Lerroux o la conferencia «Antes de que te cases» que la impulsora del sufragio femenino realizó en 1928 en la Academia de Jurisprudencia, un suceso que se convierte en evento revelador para la protagonista de Una mujer, un voto. Pero sus autoras también se toman pequeñas libertades en favor de la narración para reflejar los sentimientos de aquella era, como la postura de la doctora Elisa Soriano frente al aborto, de la que en realidad no se tiene constancia. La historia de la cigarrera protagonista, convertida en tinta gracias a los finos trazos de Mazorriaga, es la historia de todas aquellas mujeres que pelearon contra un sistema injusto que las menospreciaba. La crónica, a menudo olvidada, de cómo se concibió uno de los sucesos fundamentales de nuestro país.


Sola de Carlota Gurt (Libros del asteroide)

El currículo de Carlota Gurt advierte que nos encontramos ante una mente infatigable: Licenciada en Traducción, Humanidades, Comunicación audiovisual, Estudios de Asia oriental y Empresariales. Productora ejecutiva de la tropa de La fura del bauls durante cinco años, y del festival «Temporada Alta» durante otro lustro. Versada en siete idiomas y dedicada profesionalmente a la traducción de libros y teatro. En 2019, Gurt añadió una muesca más en su historial al saltar entre artes literarias, dejando momentáneamente de traducir las historias de otros para comenzar a contar las suyas propias. No se le dio mal, porque su estreno como escritora, la recopilación de cuentos Cabalgaremos toda la noche, se llevó a casa el premio Mercè Rodoreda. El siguiente paso era el lógico para cualquier pluma inquieta: explorar historias más extensas. Y eso es exactamente lo que acaba de hacer Carlota Gurt al presentarse en las librerías con Sola. Un libro que no parece una primera novela, sino la obra de una mano experimentada, gracias a que Gurt lleva toda una vida absorbiendo el oficio al trabajar entre letras ajenas y propias. Sola, escrita de manera paralela a Cabalgaremos toda la noche, nació inspirada por la novela Soledad (Solitud) que Caterina Albert publicó bajo el seudónimo de Víctor Catalán a principios del siglo veinte. Gurt utiliza aquel clásico de Albert como punto de partida, tomando prestada su estructura, algunos personajes y un «punto gótico», para a partir de ahí construir su propio relato sobre la soledad. Sola trata sobre Mei, una desencantada mujer de cuarenta y pocos años sin trabajo y atrapada en un matrimonio insípido, que decide refugiarse en una pequeña masía ubicada en el bosque para rehacer su mundo y escribir la novela que burbujea en su cabeza desde hace años. Está relatada en primera persona, jugueteando con el recurso del narrador sospechoso, convirtiendo a la naturaleza en un personaje más y desplegando la historia a través de una implacable cuenta atrás de ciento ochenta y cinco días que se encaminan hacía una jornada incierta: «Aquel día». Sola tiene trazas de thriller psicológico pero su esencia es la de un relato ideado para analizar la soledad, su naturaleza de sentimiento extraño para las personas, cómo nos afecta y cómo nos transforma. «Hoy he terminado la bufanda, la he observado. El extremo por el que empecé es una calamidad: los puntos irregulares, algunos demasiado anchos y otros demasiado densos. He tirado del hilo y la he deshecho por completo. Qué placer ir sintiendo como los puntos iban atrás en el tiempo y al final tener otra vez en ovillo por estrenar» relata la protagonista ciento dieciocho noches antes de «aquel día». Sola es una novela en la que lo recomendable es encerrarse junto a Mei en su castillo, «Mi templo, mi cárcel, mi oasis», sin saber nada de antemano porque, tal y como la propia autora reconoce en las entrevistas, revelar la tesis moral que habita detrás del retiro autoimpuesto sería un gran spoiler para el lector, uno que desvelaría los senderos de la historia difuminando su fuerza.

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