Crónicas desorbitadas

La utopía del esperanto

Torre de Babel
La Torre de Babel, pintura al óleo sobre lienzo de Pieter Brueghel el Viejo.

A finales del siglo XIX en una ciudad hoy polaca, antes del Imperio Ruso, el joven Ludwik Lejzer Zamenhof asentó las bases de una nueva lengua llamada «esperanto» (Lingvo Internacia en su origen). Zamenhof era políglota, hablaba ruso, polaco y alemán fluido, además de latín, hebreo y francés. A pesar de que era un amante del lenguaje, su poliglotismo se debía en primer lugar a la situación en la que vivía. Bialystok, su ciudad natal, era el escenario de constantes conflictos sociales entre las diversas etnias que allí convivían: judíos, polacos, rusos, alemanes, etc. Cada grupo tenía una cultura muy definida y por supuesto, una lengua propia. Las calles debían ser ruidosas emisoras en diferentes idiomas donde, si no querías reducirte al gueto, te veías obligado a interesarte por la cultura del vecino. Sin embargo, lo más común era que la diferencia entre los pueblos fuera la causa de los crecientes conflictos.

Así fue como Zamenhof creció hasta convertirse en un médico oftalmólogo. Se había decantado por la ciencia profesionalmente, pero esto no le impidió dedicar el resto de su tiempo a desarrollar su faceta más humanista. Motivado por un profundo idealismo y la optimista idea de una convivencia pacífica entre pueblos (como curiosidad, Zamenhof sería nominado 14 veces al Nobel de la paz), el joven polaco publicó en 1887 la primera gramática del esperanto. Llevaba diez años investigando, traduciendo y escribiendo poesía en su nueva lengua.

El esperanto fue concebido como un idioma auxiliar internacional, que sirviera como segunda lengua sin necesidad de reemplazar las existentes. Al no tener una cultura o un pueblo propio, el esperanto creaba una condición de igualdad para todo el que se acercase a él. Todos serían estudiantes y esto les conectaría. Las barreras culturales dejarían de ser un motivo de diferenciación. En palabras de Zamenhof: «Estimamos el esperanto no sólo porque aproxime recíprocamente a las personas y las mentes de las personas, sino porque aproxima sus corazones».

Este ideal panhumanista ha llegado hasta hoy en día como la lengua planificada internacional más difundida en el mundo.  No se puede calcular con exactitud el número de hablantes, pero se estima que alrededor de dos millones de personas lo han estudiado y pueden comunicarse en esperanto (solo desde el lanzamiento del curso en Duolingo hace cuatro años, un millón de personas han comenzado a estudiarlo). Si se comparan las cifras con lenguas oficiales parece que no hay motivos para ser optimistas; desde luego, el sueño de Zamenhof no se ha cumplido. Se quedó en la utopía. De hecho, la evolución del esperanto en el último siglo indicaba una próxima desaparición. Tras su creación experimentó una breve etapa dorada, se le llegó a conocer como «el latín de los obreros»; pero pronto las Guerras Mundiales y el mundo de la Guerra Fría frenaron su desarrollo, incluso algunos regímenes lo prohibieron al asociarlo a movimientos políticos. Sin embargo, la expansión de la tecnología ha abierto la puerta a una nueva oportunidad para el proyecto, cuyas ideas y valores originales se mantienen. Los primeros estudiantes de esperanto (o esperantistas) mantenían contacto por correo postal. Acceder a manuales o conocer otros hablantes de esperanto era casi imposible, por lo que el número de personas que llegaban a conocer la lengua era mínimo. Esta situación daría pronto la vuelta.

En 1905 se celebró el primer Congreso Universal de Esperanto. Allí se firmó la Declaración de Boulogne, el documento constitucional que recoge los objetivos y valores del movimiento. En España se conocía desde 1898, cuando Francisco Pi y Margall escribió sobre él en el diario republicano El nuevo régimen[1]. Hoy, la Asociación Universal del Esperanto tiene centenas de miles de miembros en ciento veinte países, celebra anualmente un Congreso Universal y ha firmado relaciones oficiales con la ONU y la UNESCO[2]. Entre las lenguas planificadas (también fueron conocidas la interlingua y el volapuk), ha llegado más lejos que ninguna. Gracias a internet, su alcance es global y los recursos se han multiplicado a una velocidad vertiginosa: la radio online Muzaiko (que transmite en esperanto las 24 horas), alrededor de 300000 artículos en Wikipedia (o Vikipedio), cursos online como Duolingo o Lernu, prensa, foros, etc. Además de estas fuentes de aprendizaje e intercambio de conocimiento, el esperanto sigue confiando en su presencia offline, tal como fue creado: cada vez son más numerosos los miembros en los diferentes congresos y encuentros, y Pasporta Servo[3], que conecta hablantes de esperanto ofreciendo sus hogares alrededor del mundo, existe desde 1974.

No sabemos qué pensaría Zamenhof del mundo polarizado de hoy. Quizás sea idealista esperar que diferentes pueblos puedan convivir en armonía. Si el esperanto no cumplió lo que perseguía, ¿por qué sigue existiendo hoy en día? ¿Quién se molestaría en estudiar una lengua inútil

Vivimos en una sociedad que otorga valor en relación a la utilidad, cuyo fin último deberá ser económico. De esta forma, el inglés es valioso ya que te abre la puerta a un mejor trabajo, a una mejor relación con los clientes, a embellecer el currículum. Su valor reside en que podemos obtener capital de él. El esperanto no tiene cabida en este sistema. Sirve, sin embargo, como oposición a este. El filósofo Nuccio Ordine dijo en su manifiesto La utilidad de lo inútil que «existen saberes que son fines por sí mismos y que-precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vínculo práctico y comercial- pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad. En este contexto, considero útil todo aquello que nos ayuda a hacernos mejores» (Ordine, 2013, pág. 9). Una persona que decide aprender esperanto, se convierte activamente en un defensor del olvidado «aprender por placer», por curiosidad, por diversión. Se opone a la tiranía del utilitarismo en pos de aquel espíritu que condujo al hombre a lo largo de la historia a crear, a escribir, a leer, a descubrir. Aprender, al contrario de lo que enseña el sistema educativo, puede ser divertido.

El esperanto, por otro lado, fue concebido para que su aprendizaje resultara fácil. Su vocabulario se influencia de idiomas de Europa occidental, y su gramática lo hace de lenguas eslavas. Gracias a su gramática regular y a su carácter aglutinante, el tiempo de estudio se reduce a una décima parte de idiomas como el inglés. Aprendiendo una centena de palabras radicales se obtendrá ya un alto nivel de comunicación. La gran ventaja que presenta es su valor propedéutico, estudiarlo como segunda lengua facilitará en gran medida el estudio de las siguientes. El esperanto es para algunas personas lo que para otras es bailar, leer una novela, hacer manualidades o aprender código morse. No son sino manifestaciones de aquella curiosidad que nos hace tan humanos. Curiosidad que debemos proteger como si de una especie en extinción se tratase. El esperanto, además de ser un perfecto ejemplo del aprender por placer, es una cultura de estudiantes de todas edades y nacionalidades que buscan conectar con el otro y apuestan por, como soñaba Zamenhof, un mundo en paz.

Como curiosidad, el esperanto es la única lengua artificial que cuenta con una cultura propia. Existe una creciente literatura en esperanto, tanto de obras originales como traducidas a este idioma. El primer libro publicado en la lengua de Zamenhof se llamaba Unua libro (1887), y fue una recopilación de su creador (firmando como Doktoro Esperanto) de los fundamentos gramaticales, poemas y traducciones. Durante las Guerras Mundiales la actividad literaria decayó hasta casi desaparecer, pero a su fin se reanudó con fuerza. Las Canarias fueron uno de los lugares pioneros con la fundación de la editorial Stafeto, que publicó al autor más reconocido de literatura en esperanto, William Auld. Este escritor escocés fue candidato al Premio Nobel de Literatura; su obra La Infana Raso (1955) es la principal creación literaria en esperanto. Destacan también revistas literarias como Fonto y Literatura Foiro, y otras de temática más general como Monato. En España podemos encontrar obras en esperanto en librerías como Pasajes, Traficantes de Sueños o La Casa del libro; aunque su venta principal es a través de la Asociación Universal de Esperanto, o accediendo online desde el Proyecto Gutenberg[4].

[1] Merello Guzmán, P. (2019). El esperanto en los medios periodísticos: una aproximación a la historia esperantista de España. Ámbitos. Revista Internacional De Comunicación., (44), 181–199.

[2] FUENTE: https://uea.org/info/es/kio_estas_uea

[3] https://www.pasportaservo.org/mapo/#1.5/20/10

[4] http://www.gutenberg.org/browse/languages/eo

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