Horas críticas

Bocetos de luz

En este ensayo sobre la luz en la arquitectura se estudian las horas luminosas, pero también las que abrasan y ciegan

Nuestro propio lenguaje está impregnado del misterio de la luz. Sus cambios nos afectan y también su ausencia. Su misterio es su polaridad y la arquitectura le abre o cierra el paso para poder vivir y descansar.

Las circunstancias, sus maestros, la relación con Eulalia Bosch, filósofa y comisaria entonces de la exposición Frecuencias de Eugenia Balcells llevan a Marta Llorente, arquitecta y profesora de la Universidad de Barcelona, a escribir sobre la luz. Su inquietud intelectual la acerca a otras artes y ciencias, desde la literatura a la filosofía, por lo que su visión de la arquitectura es muy abierta y con perspectiva antropológica. 

El libro se estructura en dos partes. La primera trata de nuestro vínculo con el sol, que permite la vida desde el principio de los tiempos. Exclusivo del ser humano es asombrarse ante la luz, convertirla en fuente de pensamiento y reflexión, dotarla de poder simbólico. Manejamos el fenómeno lumínico para crear belleza, el arte, la poesía, las construcciones e incluso los mitos. La autora recorre estos mitos y creencias, incluyendo la cosmogonía contemporánea creada a partir de los descubrimientos científicos.

Del estudio comparado de mitos y religiones de Mircea Eliade, Marta Llorente se interesa por los que ofrecen a la luz un papel principal, como los dioses uránicos, que dan origen a los astros. Los mitos antiguos suelen mostrar el origen de los tiempos a partir del acto de separar la luz de las tinieblas como se describe en el Génesis. Nos habla de Parménides, de la Teogonía de Hesíodo, de la filosofía platónica y de cómo entiende el arte ese camino hacia la luz en diferentes momentos de su historia. Y, por el contrario, el final: las Tinieblas. Termina esta primera parte con la memoria de la luz en los espacios y ciudades recorridos desde la infancia.

En la segunda parte la autora detalla pormenorizadamente la relación del hombre con la luz a través de la construcción de su hábitat, aportando referentes literarios, una reinterpretación actual y el envés (la cara menos amable) de estas construcciones. Comienza por las cabañas y las cuevas, refugios para resguardarse de la intemperie, de la excesiva luz y la mirada ajena. En la cabaña, de forma circular a imitación de la bóveda celeste, se creaban espacios diferenciados para la vida y para la muerte (luz y sombra). En Olduvai, África, hay huellas de un millón y medio de años. La cabaña aún la usamos como retiro, como la que se hizo Wittgenstein en los fiordos noruegos para pensar o la de Mahler, para crear. El envés son los suburbios o los campos de refugiados.

Continúa Llorente con los pórticos y patios de la cultura mediterránea. Grecia aportó la sociabilidad de los espacios públicos, aunque la vida luminosa era para los varones, en las stoas, y la penumbra para las mujeres, en las casas. Del patio romano dice: “Los patios recortan fragmentos de cielo que parecen robar a la infinitud del cosmos y domesticarlo”. Del islámico destaca el agua, su reflejo y el jardín. Y, mirando al cielo, nos acerca a los observatorios de las primeras culturas agrícolas. Con la referencia de los astros orientan sus trazados los zigurats de Mesopotamia, en Egipto usaban el gnomon, que perfeccionaron los agrimensores romanos para rotular los territorios según las directrices decumanus y cardo. Luego habla del culto al Sol en Egipto y de la cúpula del Panteón de Adriano en Roma.

«Llorente vuelve a la distopía: el crecimiento desmedido propiciará la destrucción de la atmósfera y, sin su protección, el exceso de luz nos destruirá»

La traducción de los Textos herméticos en Florencia influye en la literatura y el arte. Se publicaron tratados de anatomía, Paracelso considera el cuerpo humano como un microcosmos y la arquitectura basa su medida en el cuerpo humano. Se desarrolla la bóveda y la cúpula, desde Brunelleschi a la perfección del Barroco que usa la luz como símbolo de sabiduría, y el acero y el vidrio abren posibilidades a la arquitectura para crear grandes espacios públicos que acompañen a la sociedad burguesa. 

Y aquí Marta Llorente vuelve a la distopía: el crecimiento desmedido propiciará la destrucción de la atmósfera y, sin su protección, el exceso de luz nos destruirá.

El fotógrafo Jakob Riis registró en How the Other Half lives, en 1890 en Nueva York, la cara oscura del progreso, a la sombra de las ciudades industriales. La falta de luz y de espacio provocan enfermedades como la tuberculosis. Se plantean soluciones políticas y sociales, pero hacen falta soluciones formales como la de Alvar Aalto, un sanatorio con estancias soleadas para los enfermos. Y, después de la guerra, hubo que reconstruir ciudades enteras con proyectos asequibles de bloques de viviendas compactos y estandarizados a imitación de los objetos industriales que fueron llevadas a cabo por arquitectos como Le Corbusier. Quien conseguía sacar de la luz el máximo grado de espiritualidad supo en la Unité de Marsella conjugar espacios ajardinados compartidos y pequeñas viviendas tan bien distribuidas y orientadas que son verdaderas cajas de luz.

«Este ensayo transmite la idea de que la arquitectura renacerá mientras exista un rayo de luz y alguien con sensibilidad para apreciarlo»

El ser humano tiene arrestos de ambición que le ciega, pero este ensayo transmite la idea de que la arquitectura renacerá mientras exista un rayo de luz y alguien con sensibilidad para apreciarlo. Y en estos tiempos difíciles para construir, quizás la solución esté en la cueva en lugar de la cabaña, es decir, en la ocupación de lugares no definitivos para una joven generación mudable.

 


Construir bajo el cielo. Un ensayo sobre la luz
Marta llorente
La Huerta Grande
Madrid, 2020
182 páginas
16.90 euros

 

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