Horas críticas

María Magdalena enamora a Rilke

En 1911, Rainer María Rilke, que por entonces atravesaba una dolorosa crisis creativa, recorriendo un día las calles de París, se vio atraído por un texto que se exponía en la vitrina de una librería de viejo. Se trataba de un sermón anónimo francés del siglo XVII, transcrito en 1910 por el abad Joseph Bonnet (1859-1912), quien a su vez lo había encontrado en la Biblioteca Imperial de San Petersburgo. Este hallazgo fue para Rilke un verdadero revulsivo: tradujo el texto al alemán y lo publicó en 1912 –Die Liebe der Magdalena–. Nicolle d’Amonville, responsable de esta reciente edición, considera dicha traducción como decisiva en la obra posterior del praguense, el germen de su siguiente poemario Vida de María (1913) y circunstancia fundamental para la creación de sus dos primeras Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo, marcando el ciclo completo que se cerró en 1922.  D’Amonville reúne ahora en formato trilingüe el original francés, su traducción al español y la versión alemana. Y completa la obra con un prólogo, un capítulo explicativo sobre la traducción de Rilke y un epílogo con diferentes consideraciones sobre la compleja identidad –que suele reunir la de varias mujeres de distintos pasajes evangélicos y de otras tradiciones– de la Magdalena. 

«La Magdalena sigue teniendo un extraordinario atractivo: pecadora, arrepentida, enamorada, endemoniada…, todo ello cargado de un  poderoso erotismo»

Ciertamente, esta figura bíblica ha tenido y sigue teniendo un extraordinario atractivo: pecadora, arrepentida, enamorada, endemoniada…, todo ello cargado de un solapado pero poderoso erotismo, por lo que su iconografía se muestra con una sugerente mezcla entre los atributos de la mujer fatal –largos cabellos, piel hermosa, desnudeces…– y la de la angelical –o mártir– tocada por la santidad. Entrega su amor de forma incondicional, pero también es la mujer decidida y fuerte que, tras la muerte de Jesús, se muestra en situación de igualdad con los apóstoles y que deja su propio evangelio escrito, texto que, como otros apócrifos, quedó fuera de los canónicos, y del que se conservan tres manuscritos, dos del siglo III en griego y uno del siglo V en copto.

El amor de María Magdalena es un amor en el que asoma una incontenible voluptuosidad, que se sublima en una total rendición espiritual al amado, Jesús de Nazaret. Es el mismo amor de los Esposos del Cantar de los Cantares, texto del que bebe el sermón, el mismo amor que Juan de la Cruz y los místicos volcaron en sus encendidos versos. Un amor que la impulsa a arrojarse a los pies de quien idolatra para lavarlos con sus propias lágrimas, mientras no cesa de besarlos, para secarlos con las puntas de sus largos cabellos y para, finalmente, ungirlos con un caro perfume; todo lo cual es aceptado por Jesús. Pero su entrega amorosa, más tarde, cuando Cristo se le aparece tras su muerte, debe acatar y aceptar sin resquebrajarse una tajante orden: Noli me tangere, “No me toques”, quedando privada del goce de los sentidos. Ese momento, esa consideración, es el leitmotiv del autor del sermón, quien, poniéndose en la piel de María Magdalena, reescribe de forma igualmente apasionada esta historia de un amor que se enaltece y deifica en su entrega y su renuncia.

«El amor no sabe de límites: sus deseos son su norma; sus transportes, su ley; sus excesos, su medida. Solo teme temer»

‘María Magdalena en éxtasis’, de Caravaggio.

Establece por ello una correlación con el igualmente extremado y siempre expectante amor del Cantar de los Cantares, y con su final, en el que la amada no permite la caricia al amado y le implora: “Huye, amado mío, semejante a la gacela o al cervatillo, / por los montes de las balsameras”. Inspirado en este texto bíblico, igualmente polémico a lo largo de la historia, se ha editado hace poco tiempo otro relato en el que podemos encontrar ciertos y curiosos paralelismos estéticos con el que comentamos. Se trata de la novela Amor doncella cierva (Libro Errante, 2018) de Mónica Collado, que recrea el momento de escritura del Cantar con una novedosa aportación que recomiendo igualmente descubrir.

 

El amor de Magdalena es un texto de un gran lirismo que su traductora no duda en calificar como “poema con todas las de la ley”, con pasajes vibrantes y contenidos: “Magdalena, si es el amor el que te impele, ¿qué temes? Ósalo todo, empréndelo todo. El amor no sabe de límites: sus deseos son su norma; sus transportes, su ley; sus excesos, su medida. Solo teme temer; y su licencia para poseer es la osadía de pretenderlo todo, la libertad de emprenderlo todo”. Y su transcurso mantiene la tensión amorosa entre el deseo (“ya no tiene ojos sino para Jesuscristo; que adolece, que desfallece, que se abandona a él”); el arrepentimiento (“ha de temblar, y ha de alejarse, y ha de llorar sus extravíos y reparar sus faltas con su confusión”); el dolor (“En este estado de amor todo es horrible y espantoso, y aun los consuelos no hacen sino avivar el amor e incrementar su desesperación; pues todo lo que no sea el propio amado se hace abrumador e insoportable”); la sublimación (“más íntimamente nos une a él en el mismo instante en que nuestros sentidos no sienten sino distanciamiento y separación”) y la fe (“no ha de vivir sino de esperanza; ha de crecer entre los abandonos y las privaciones más mortíferas; pues no solo ha de morir, sino que además ha de morir mártir de Jesucristo: sus propios fervores han de ser su martitio, y el Amado mismo su tirano”).


El amor de Magdalena
Anónimo francés del siglo XVII descubierto por Rainer María Rilke
Edición y traducción de Nicole d’Amonville Alegría
Punto de Vista Editores
Colección Libros porvenir
182 páginas
16.90 euros

 

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