Horas críticas

Elogio de la birra

“Vender mala cerveza es un delito y además atenta contra el amor cristiano”, se decía en la Europa medieval del emperador Carlomagno. He aquí una antología que merece ser leída en un bar, acompañada de una cerveza bien fresca y sabiamente tirada

La colección Visor, para celebrar su número 1.100, ha preparado de la mano de su editor, el poeta Jesús García Sánchez, un libro especial que es un homenaje a la cerveza, los bares y la poesía.  Se trata de una antología literaria (no solo de poesía) en torno a los bares y, especialmente, sobre la cerveza en la literatura universal, desde el texto más antiguo conocido del siglo X a. C. a la actualidad (el último texto de la antología es de un poeta nacido en 1986).

El planteamiento del libro, desde el prólogo a los poemas seleccionados, conlleva una ambigüedad intencionada, pues se habla de bares (incluyendo el vino y otras bebidas) y de cerveza mayormente. Jesús García Sánchez, en el prólogo, tras afirmar con mucha razón que “la poesía ha estado íntimamente ligada a los estupefacientes”, sitúa en el Poema de Gilgamesh (de la cultura sumeria) el primer texto literario datado sobre el espumoso líquido (siglo X a. C.: el héroe épico Enkidu, tras probar la cerveza y beberse siete cántaras, ya pareció por primera vez un hombre). Se avanza luego por los egipcios (Libro de los muertos), por los babilónicos (con el Código de Hammurabi), por la civilización china (en un anónimo del siglo IX a. C.). Se cita también a los griegos (Heródoto, Galeno o Dioscórides), a los romanos y se llega a las sagas épicas escandinavas (el Kalevala), que apuntaban las cualidades de la cerveza para beneficio de los héroes y los dioses, al igual que en las mitologías vikingas y germánicas.

«García Sánchez sitúa en el Poema de Gilgamesh (de la cultura sumeria) el primer texto literario datado sobre el espumoso líquido»

En cuanto a Europa, se resalta la importancia de la cerveza en la era de Carlomagno y la vinculación de los conventos en su fabricación, por concesión real: “Vender mala cerveza es un delito y además atenta contra el amor cristiano”. Sobre el Renacimiento y el Barroco se insiste en la importancia de la cerveza en la corte de Carlos V, en las alusiones cerveceras de Shakespeare y en la afición a las tabernas de los escritores de nuestro siglo de Oro (Lope, Góngora o Quevedo).

En el prólogo se hace un elogio del bar, la taberna o el café como un espacio verdaderamente democrático. “Democracia en estado puro, igualdad y fraternidad, eso es lo que se postula y exige al cliente”. Y se cuentan infinidad de anécdotas, sobre todo las que tienen que ver con nuestra literatura bohemia (la palabra bohemia: en relación a los checos de aspecto moreno procedentes de Bohemia —gitanos—, de vida desordenada, que llegaron a París a finales del XIX), en donde convivían en los bares y cafés de Madrid Valle-Inclán, Galdós, Rubén Darío, Alejandro Sawa, Cansinos Assens, los Machado, etc. A partir de este inicio del XX, se va viendo la vinculación con las distintas generaciones de preguerra y posguerra con el bar o el café.

También se cuentan muchas anécdotas de escritores extranjeros y su afición a la embriaguez no solo cervecera: Li Po, Omar Jayyam, Baudelaire, Rimbaud, Nerval, Verlaine, Dostoyevski, Charles Lamb, Poe, Dylan Thomas, Carver, T. Williams, Patricia Highsmith, Marguerite Duras, Truman Capote, Hemingway, Faulkner, Bukowski o Auden (“Un alcohólico cambia de personalidad con las copas; un borracho puede beber lo que quiera. Yo soy un borracho”).

Y no faltan las citas de los denostadores del bar y del café. Zola, por ejemplo, decía que las tabernas eran mataderos donde los parisinos van a beberse el salario junto a putas baratas, dejando desamparadas a sus familias, y así lo escribe en La taberna.

«Una de sus virtudes es el capricho de ver convivir a autores de culturas distintas: se lee a Chesterton seguido de Manuel Machado, Apollinaire o Emilio Carrere juntos»

Esta antología aporta muchos autores del mundo anglosajón y de las culturas del norte, más de cerveza que de vino. Y mezcla autores conocidos con otros menos frecuentes. Frente a los canónicos, están otros menos conocidos como Ramos Sucre, Eliodoro Puche, Pedro Luis de Gálvez, Evaristo Carriego, Luis Vidales, Peter Altenberg, Elias Lönnrot, etc. El orden de los poemas lo da la fecha de nacimiento de los poetas o del texto, con lo cual una de las cosas buenas de esta antología es el capricho de ver convivir de forma contemporánea, al margen de cánones literarios, a autores de culturas distintas: por ejemplo se lee a Chesterton seguido de Manuel Machado, Apollinaire o Emilio Carrere juntos. Y se lee a León de Greiff, Jünger, Gerardo Diego o a Scott Fitzgerald seguido de Lorca. No es malo el azar, al contrario, es lo que le da a esta antología la gracia de la divagación, para que el lector se sorprenda de un texto a otro con las consideraciones más impensables que han escrito los autores de distintas culturas sobre la cerveza y los bares.

Solo una pequeña pega encontramos en este magnífico manojo de textos, y es el saltar en la antología desde el siglo V a. C. (Heródoto) a un fragmento de los Carmina Burana del siglo XIII, dejando fuera del libro en este salto algunos textos de literatura tabernaria latina o algún poema arábigo andaluz sobre el vino o alguno de los Rubayyat de Omar Jayyam. Tal salto temporal, de todas formas, no desluce la antología, que es brillante y entretenida y hará los placeres del lector, sea éste cervecero o no. Este libro merece ser leído en un bar, acompañado de una cerveza bien fresca y sabiamente tirada.

 


La cerveza, los bares, la poesía
Jesús García Sánchez (antólogo y editor)
Visor
Madrid, 2020.
398 páginas
16 €

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