Horas críticas

Si Duchamp levantara la cabeza

En ‘Filosofía tuitera y estética columnista’, Fernando Castro Flórez interpela y pone a caldo tanto al artista como al crítico que pasa de todo, que aguanta y justifica lo que le echen porque hoy es el marketing el que fija el valor de la obra artística

Mandemos a freír espárragos el tono habitual que puede esperarse de un texto que pretende ejercer de crítica literaria: “Efectivamente, la crítica es una forma petulante de la escritura que no aporta nada a lo que de verdad importa: la comercialización de los productos que exponen las galerías”; cita que extraigo de las primeras páginas de esta compilación de ensayos, apuntes y hasta chistes a golpe de tuit. Me apropio por paralelismo y, después de leer al crítico que nunca tuvo pelos en la lengua (estimo que el que cubriera su cocorota alguna vez, al menos, existió), me quedan pocas ganas de contribuir al reseñismo homogéneo de inercia funeraria que lo inunda todo y el mismo Castro Flórez delata.

Así que opto por despojar mi discurso de marco oficial de crítica y lo reduzco, perdónenme, a noticia informal de una lectura, a recomendación entre amigos: he disfrutado cada página de este pequeño libro (pequeño en medidas físicas, porque en sí es un libro grande como el universo de referencias filosóficas y teóricas, que dan mucho juego, y grande como el sarcasmo y la ironía de los que está plagado a modo de exorcismo del cabreo existencial que provoca la contemplación de la memez generalizada; perdón por poner la crítica entre paréntesis, es por seguir jugando con la lúcida irreverencia del texto). Pequeño libro de la (también) pequeña editorial, de la (también) pequeña Fundación a la que pertenece; como una suerte de matryoshkas que empequeñecen al mismo tiempo que engrandecen el contenido y, a diferencia del juego de muñecas tradicional ruso, en ningún caso el contenedor está hueco para albergar a su forma más reducida dentro de sí. Está repleto de sentido. Lo cual es una proeza.

En 2014, Javier Castro nos sorprendía con una iniciativa desconcertante de la que no se llegaba a saber si se trataba de una acción crítica o de una broma: crea la Fundación Newcastle, cuya sede está en una casa de muñecas victoriana, que a su vez está dentro de su residencia personal, y que es también sala de (pequeñas) exposiciones, como toda fundación que se precie. Parecía ironía pero resultó ser la materialización humilde de un anhelo: crear una fundación que ayudara a artistas o críticos de arte en el desarrollo de su carrera. Hubiera deseado crearla con grandes fondos, como todas las fundaciones, pero supo que así sería un proyecto inalcanzable a no ser que fuera por la suerte de alguna lotería, primitiva o euromillón popular que no había llegado hasta el momento.

Fernando Castro Flórez, en la presentación del programa de Madrid como invitada a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2017.

Con esta formulación innovadora y con escasos pero muy dignos recursos, la Fundación tiene incluso un programa de becas y crea, un año después de nacer, esta valiosa editorial que es Newcastle, con precios también pequeños: todo es coherencia. Por el nombre de la colección, Écfrasis, cabría esperar que los textos que la conformen sean eso: una representación verbal de una representación visual.

«Un delicioso repaso a la idiotez del mundillo del arte en el sentido etimológico de la palabra»

Afortunadamente se nos ha evitado el tedio de leer la narración de lo que podríamos ver con nuestros propios ojos y, sin embargo, se nos ha regalado un texto mordaz con el que es imposible aburrirse. Un libro que te interpela y que pone a caldo tanto al artista como al crítico que pasa de todo, que aguanta y justifica lo que le echen (“la sombra del socarrón Duchamp es alargada”, y los ready-made como cajón de sastre del todo vale). Hoy es el marketing el que fija el valor de la obra artística, la obra de arte vale lo que se paga por ella.

Castro Flórez pega un delicioso repaso a la idiotez del mundillo del arte, como él mismo aclara constantemente, idiotez «en el sentido etimológico de la palabra”, y claros ejemplos son los males que le aquejan: el reseñismo (“Los suplementos culturales, las revistas de arte y, por supuesto, los blogs y perfiles de Facebook están repletos de reseñismo nutrido de la prosa delirante de las notas de prensa”), la bienalización (arrojar literalmente la obra de arte a la bienal de turno), el mal del cataloguismo (“Pronto un catálogo, si es posible de pasta dura, cerrará la boca de todos aquellos que se indignaron”, “papanatas hipersensibilizados”), el rotondismo como virus extraño (más letal que el coronavirus, que aniquila el sentido común de los planificadores urbanos públicos), y todos los derivados y desquiciados ismos de este extraño siglo XXI y su arte contemporáneo.

«El autor se despacha a gusto dándole a todos los palos, desde actualidad política a fútbol, economía, sociología y arte, y en cada tuit un dardo bien afilado para acertar de pleno en el descaro»

Mención especial merecen las “píldoras filosóficas” contenidas en el libro. Chistes y/o aforismos en pocos caracteres con los que Castro Flórez se despacha a gusto dándole a todos los palos, desde actualidad política a fútbol, economía, sociología y arte, y en cada tuit un dardo bien afilado para acertar de pleno en el descaro, en la ruptura con lo convencional, con la corrección, hasta lo desternillante. No tiene precio.

Puede que en este tiempo donde a muchos les parece que el arte contemporáneo es, en muchas ocasiones, una gran tomadura de pelo, en el que “somos, inercialmente, duchampianos”, el crítico, más allá de hablar del “interés económico” del arte, tiene una nueva tarea: cuestionar y combatir. Castro Flórez comparte la reflexión de Oscar Wilde de que “en ningún tiempo la crítica ha sido tan necesaria como ahora” (a pesar de que han pasado casi 130 años desde que Wilde publicara El crítico como artista). Y está en lo cierto: el arte provoca, obliga a reaccionar y, sobre todo, a pensar. Quizá sean necesarios, más que nunca, críticos de arte tan auténticos como este.


Filosofía tuitera y estética columnista
Fernando Castro Flórez
Newcastle Ediciones, 2020
192 páginas
10 euros

APTO PARA: artistas con escudo de autoconfianza y críticos contrarios a la insconsistencia.
NO APTO PARA: narradores de lengua y ornamento trivial, farsantes con pose de insondables argumentos.

 

Un comentario

  1. Fernando Castro Flórez

    mil gracias por comentar, con tanta amabilidad, mi librito. Gracias mil a Maite Aragón. (Fernando Castro).

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