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Battiato en la Lombardía

Hace unos días el genial músico italiano cumplió 75 años. El artista polimorfo, el talento a una nariz pegado, dedicó una de sus canciones a la hoy doliente y luctuosa Lombardía

“No nos hemos muerto nunca,/ no hemos nacido jamás”. Lo canta Franco Battiato en Mi testamento, una de las canciones incluidas en Ábrete Sésamo (2013).

Vayamos por partes. ¿Podemos decir justo ahora que “no nos hemos muerto nunca”? La pandemia por el coronavirus nos hace dudar. A lo mejor es al contrario: siempre hemos estado muertos y el virus sólo nos lo recuerda por si lo habíamos olvidado. Somos muerte y quizá seamos reencarnación, que es a lo que aspira el ínclito Battiato (“no hallo la forma de reencarnarme”, ha dicho más de una vez entre meditación y meditación).

Y respecto a lo segundo, sobre si “no hemos nacido jamás”, dicho en sentido estricto hay datos registrados que lo desmienten. Se sabe que Franco Battiato nació estadísticamente un 23 de marzo de 1945, hace justo ahora 75 años, en la localidad siciliana de Giarre, a las faldas del Etna.

Un cuarto de siglo alumbra ya a uno de los grandes padres de la heterodoxia cultural (músico, cineasta, editor, místico, pintor, escritor, compositor de ópera). Mucho más que un vulgar hombre del Renacimiento. A Battiato lo hemos seguido por todo camino insondable, donde todo es multiplicación dentro y fuera de las ventanas de este mundo. En sus canciones lo hemos entrevisto o imaginado a través del Mesnevi de Mevlâna, de la teoría del Cuarto Camino del armenio Gurdjieff, de la mística castellana de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, de la gran epopeya del Gilgamesh (que inspiraría una de sus óperas), del Pantha Rei de Heráclito y de su idea de la mutación constante de la realidad. “Cristo, en el Evangelio, habla de reencarnación”, dice también en Mi testamento.

«Pop-rock progresivo, vanguardia experimental, música clásica, letras populares… este es es el maravilloso aguachirle de Batttiato»

Si a todo ello le añadimos pop-rock progresivo, vanguardia experimental, música clásica, cantos que recuerdan a los coros y danzas del Ejército Rojo y letras populares propias de Los 40 Principales de antaño, el resultado, en fin (si es que hay fin en este artista), es el maravilloso aguachirle de Battiato.

Por tirar de su repertorio más popular, escúchese su Cucurrucucú, esa versión del mexicano Tomás Méndez y donde se hacen alusiones a Lady Madonna, los Rolling, los Beatles y Bob Dylan. Véase por Youtube la sin par actuación del hombre delgado y a una nariz pegado en el Festival de Venecia (1987), mientras canta con un megáfono Bandera Bianca. En su día bailamos sus ecos de danza sufí y hemos viajado por los detritus urbanos, traduciendo los lenguajes de lo cotidiano. Porque Battiato era un místico y un contribuyente, que podía descubrir señales de vida reencarnada en los colores rojo, verde y ambarino de un semáforo.

Battiato deja atrás al Espíritu Santo: es mucho más que uno y trino. Sus memorables videoclips en el tiempo demuestran al genio y al palimpsesto de sí mismo que siempre ha sido. Celebramos con júbilo sus 75 años, aunque nos inquieta el mutismo que lo rodea en su retiro siciliano de Milo. Lo vimos por última vez en su concierto en el Palexco de La Coruña, un 24 de julio de 2017.

Se ha recordado ahora que el letrista de Resistiré, la canción del Dúo Dinámico que sirve hoy de himno del confinamiento, fue compuesta por el singular compositor y periodista deportivo Carlos Toro. Pero también, en más de una ocasión, Toro adaptó al castellano el haz y el envés de las letras de Battiato.

A modo de feliz cumpleaños cantamos hoy y a viva voz Cuando era joven, incluida también en Ábrete Sésamo. Los arreglos al español del disco corrieron a cargo de los granadinos Manuel Carlos Ferrón Vílchez y Juan Ramón Rodríguez Cervilla (Jota de Los Planetas). Por supuesto también intervino el filósofo y escritor Manlio Sgalambro, ya desaparecido y figura influyente en el Battiato que siempre fluyó, entre el éter y la transubstanciación, desde los años 90 hasta hoy (que sepamos, los libros de Sgalambro no están traducidos en España).

«A su manera, Battiato ya se he reencarnado en nuestra alma y en nuestro corazón mortal»

Pero, como decíamos, estamos tarareando ahora Cuando era joven. Qué cosas. Parte de la letra pareciera un memento dedicado a la luctuosa Lombardía, la gran bolsa de muertos por coronavirus en Europa. Evoca Battiato las salas de la Lombardía, donde actuaba como músico en alguna que otra banda barata. El ambiente era excepcional los domingos por la tarde. En aquellos salones se divertían bailando obreros y sirvientas. Y así pasaba otra semana… A los 20 años Battiato dejó su Sicilia natal y emigró a Milán, al corazón de la Lombardía, el gran salón de féretros de Italia.

A su manera, mucho antes del coronavirus, el genio vivía ya confinado en su casa de Milo, entre rumores de alguna que otra enfermedad indigna. Lo imaginamos allí recluido, de pared en pared, viviendo entre la realidad escénica del Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Maistre y el insondable pabellón de la mente. “Vivimos por lo general en un pequeño cuarto, cuando en realidad tenemos un palacio enorme en nuestra mente”.

A su manera, Battiato ya se he reencarnado en nuestra alma y en nuestro corazón mortal.

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