Horas críticas

Vulnerable y fiera

Imaginen el dolor y la ira de una mujer radicalmente inadaptada, cuya historia no tiene nada que ver con los discursos de autosuperación. Todo un escándalo para las personas incapaces de entender el poder de las emociones disfóricas, los deseos raros y las pulsiones anómalas
La autora estadounidense Lidia Yuknavitch, fotografiada por el artista visual Andrew Kovalev (ckovalev.com).

Cuando leí la novela transhumanista y postapocalíptica que es El libro de Joan (Alpha Decay, 2018), me impresionó la habilidad de su autora, Lidia Yuknavitch (San Francisco, 1963), para reventar las convenciones de género y configurar imaginarios alternativos al binomio hombre-mujer: sexualidades y cuerpos otros en perpetua metamorfosis. Un sci-fi feminista y ciberpunk que me fascinó por estar escrito desde el cuerpo, desde nuestra materialidad más vulnerable, allí donde la violencia y el placer se manifiestan en forma de llagas, agujeros y cicatrices. La piel es un laberinto de marcas que revela la dificultad de seguir siendo humano en un mundo que nos agrede y nos daña; la carne es para la autora un territorio ultrajado, pero también un lienzo de sangre en el que se halla inscrita la historia de un posible futuro para la vida en la Tierra.

Esta distopía, brutal y delicadísima, propone reestablecer el vínculo sagrado de nuestros cuerpos con el amor, el arte y el deseo. La poética devastadora y audaz de esta novela procede, ahora lo sé, de la experiencia de vida de Lidia Yuknavitch.

Su autobiografía, La cronología del agua (Carmot, 2019), empieza con la experiencia de haber parido a un bebé muerto. Con una herida recién cosida desde la vagina hasta el recto, es conducida a la ducha: «Yo sangraba, lloraba, meaba y vomitaba. Me transformé en agua». Desde la primera página, esta historia de vida sigue los visajes acuosos de la memoria y derrama su cuerpo en cada una de las palabras que registra. El resultado es una escritura caleidoscópica hecha de recuerdos y de tiempo desordenado, un relato fragmentado hecho de silencios e imágenes a medias, de emociones susurradas y de dolor encarnado, una lírica exaltada y de voces calladas, de pelos, de piel y de surcos trazados en el agua clorada.

«Yuknavitch muestra toda la violencia que puede soportar un cuerpo, se rapa la mitad de su rubia melena para exhibir el dolor indecible y el peso inaguantable»

Yuknavitch se desnuda y muestra toda la violencia que puede soportar un cuerpo, se rapa la mitad de su larga y rubia melena para exhibir el dolor indecible y el peso inaguantable sobre su pecho. Al borde de su aniquilación como persona, decide rehacerse a través del lenguaje: para la autora, la literatura es, igual que el amor, una matriz donde gestarse de nuevo y regresar a la vida en un segundo nacimiento.

Vulnerable y fiera, su historia no tiene nada que ver con los discursos neoliberales de superación personal. No. Este libro muestra de qué modo las experiencias más alienantes y ruinosas pueden convertirse en manifiestos en defensa de la dignidad humana. Les pido que se hagan cargo de mis palabras y que piensen en una nadadora de alto rendimiento con botas Doctor Martens y los ojos muy pintados de negro. Imaginen a una niña que intuye lo que su padre le hace a su hermana mayor, hasta que un día es su cuerpo el violado. Observen a su madre: una mujer alcohólica y muerta de miedo que se atiborra de pastillas cada cierto tiempo para irse muy lejos de la Tierra. Ahí está Lidia, la hija pequeña, que llama a la ambulancia porque no quiere que su madre se muera. Piensen en las cuchillas que lleva en el bolso la hermana mayor hasta que se va de casa con dieciocho años.

YuknavitchPónganse en la piel de quien no puede soportar un pasado de abusos y decide anestesiarse, vivir como una zombi: ginebra, pastillas y heroína para dejar de sentir, para que el tiempo pase como debajo del agua o en la espesura lenta de los sueños. Imaginen que pierden la beca universitaria porque ya no asisten a los entrenamientos de natación ni rinden en los exámenes, y que viven por un tiempo en un sótano y más tarde debajo de un puente, cambiando mamadas por dinero. Supongan que se casan tres veces y que tienen tres abortos antes de los veintiuno, que las abandona un hombre y dos y que adelgazan once kilos, que se mean en las sábanas, que no quieren salir nunca más de casa. Piensen en Lidia deseando a las mujeres, amándolas, aprendiendo de ellas que la violencia sexual y el dolor físico pueden ser un lenitivo para los padecimientos del alma. Imaginen el dolor y la ira de una mujer radicalmente inadaptada. Si lo hacen, estarán apenas rozando la epidermis de su existencia.

Pero no se equivoquen: esta historia de vida es mucho más que la crónica de una chica malparada que quiere hacer de la piedra inerte su emblema, mucho más que una acumulación de violencias y autoagresiones en un cuerpo. La cronología del agua es también la pelea de una mujer marginal e inadaptable por hacerse un lugar propio en el mundo, el trabajo de una misfit que no se detiene nunca en su esfuerzo por modular los efectos de la ley del padre en su psique y en su carne.

La autora escribe contra la tiranía de la cultura patriarcal, contra los moldes que ahogan a las mujeres, contra los lugares comunes que nos dicen cómo tenemos que ser. Yuknavitch se inventa otro modo de existir que desborda cualquier parecido con la diferenciación sexual, revienta las costuras del significante mujer para ser alguien que ama, piel llagada y atiborrada de vida, carne anhelante que se da sin reservas, porque comprende el amor como entrega: el proyecto ético de dos seres que deciden hacer juntos el viaje hacia la muerte. Su vida huele a cloro de piscina, a mujeres húmedas y a sexualidad delirada: todo un escándalo para las chicas guapas, incapaces de entender el poder de las emociones disfóricas, la capacidad liberadora de los deseos raros y las pulsiones anómalas. El poder inefable de la literatura.

«Un relato fragmentado hecho de silencios e imágenes a medias, de emociones susurradas y de dolor encarnado, una lírica exaltada y de voces calladas»

La cronología del agua es el relato de una mujer que aprende a amar a los hombres sin odiarlos, la historia de una nadadora que encuentra en la literatura incómoda su verdadera casa, el lugar tranquilo donde recrear sus orígenes y formar parte de una tribu de seres armados de papeles y ordenadores.

Sin duda, la escritura de Yuknavitch tiene que ver con la voluntad de seguir siendo humana a pesar de todo, con el convencimiento de que el lenguaje es capaz de revelar las emociones enquistadas en la carne como cuerpos extraños. Si la literatura weird es aquí un espacio habitable y digno donde lamerse los cortes y curarse las heridas, el fracaso no es sino una forma de rebelión contra la cárcel del lenguaje académico, un asalto a la cultura legitimada del varón blanco. Porque regresó a la universidad y fue allí, en un taller de posgrado de escritura de ficción, donde germinó la idea de este libro precioso y extraño: fragmentos sobre padres y natación y follar y bebés muertos y ahogamientos y drogas y desamparo y sobre cómo reinventar la categoría mujer para poder seguir viva y poder respirar, incluso bajo el tiempo circular y enajenado del agua clorada.

 


La cronología del agua
Lidia Yuknavitch
Traducción de Rocío Gómez de los Riscos
Editorial Carmot, 2019
348 páginas
19,95 euros

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