ENSAYO Y POESÍA
E. H. Carr, Fabrice Gaignault, Francisco Fuster, José Gutiérrez, Ana María Moix
LECTURAS ENSAYO
LA MEJOR LECCIÓN DE HISTORIA
JUSTO SERNA
¿Qué es la historia?
E.H. Carr
Ariel
Precio: 21 €
Páginas: 160
Imaginemos la mejor lección impartida por nuestro profesor preferido. Aquel día, la enseñanza del docente alcanza su plenitud. De su público reclama atención; y a sí mismo se exige claridad, persuasión, razonamiento e ironía: esa ilustración desprendida y levemente guasona de quien mira con agudeza. Supongamos que ese profesor pronunciara así, en estado de gracia, una serie de conferencias. Supongamos, en fin, que esas lecciones se editaran después.
Eso que describo en estos términos es lo que ocurre con ¿Qué es la historia?, de Edward Hallett Carr. Las páginas de este libro equivalen a las seis conferencias Trevelyan impartidas en la Universidad de Cambridge entre enero y marzo de 1961. Por un lado, analizó la historia –lo que es, lo que significa– de manera clarividente, con una escritura persuasiva y mordaz. Por otro, examinó la tarea del historiador –las preguntas que se hace, los documentos que consulta– con una prosa refinada y docta.
Se cumplen ahora cincuenta años de dicho acontecimiento académico y llevamos décadas con el volumen que recoge aquellas charlas. Son una síntesis sobre la historia como proceso y como pesquisa; un estudio sobre el pasado y sus documentos; una meditación sobre los individuos y su circunstancia. Cuando Carr trataba todo esto, el historiador estaba en el cenit de su carrera.
Su existencia era la de un estudioso que no se resignaba a la tranquilidad del gabinete o de las aulas. Siendo muy joven, en 1918, había estado en el cuerpo diplomático británico. Había estado también en Rusia y en algún otro Estado del Báltico tras la Revolución bolchevique, acontecimiento al que Carr dedicará muchos años. Es ése un esfuerzo que se plasma en la larga y densa Historia de la Rusia soviética. Pero hay más. Para cuando dicta las conferencias Trevelyan, Carr es un analista muy influyente: por ejemplo, editorialista en The Times. Había estado también en Cambridge como estudiante y ahora, en 1961, regresaba como profesor conferenciante cuando dicha Universidad aún estaba en el centro académico del Imperio. La actividad era incesante.
El conocimiento de los hechos pretéritos, de los factores causales, de los contextos, de la sociedad resulta determinante –admite–, pues nos hace ver al hombre como lo que es: un ser escaso de tiempo y de recursos que se desarrolla en medio de grupos y relaciones. En ello, en esa certeza, distinguimos la simpatía que Carr sintió por el marxismo. Pero el conocimiento de la acción individual, de las intenciones, de las elecciones, de la moralidad de los sujetos resulta igualmente determinante –añade–, pues nos hace ver al hombre como lo que también es: un ser potencial, dotado de habilidades y capaz de poner en marcha todo tipo de arbitrios en contextos limitados. En ello, en esa certidumbre, constatamos la convicción en la que Carr fue instruido: el liberalismo.
Página a página podríamos repasar sus erudiciones, sus analogías, sus casos, sus anécdotas, sus ironías. Él dedicó seis breves lecciones a explicarnos qué es la historia. Con su libro podríamos estar, por ejemplo, seis largos años desentrañando su argumentación y oponiendo nuestros reparos, lo que Carr no dice o calla. Es igual. El gran académico saldría vencedor: tal es la prosa enérgica y socarrona que emplea; tal es su prudente elegancia. Nos conjuraríamos para volver a empezar, para releer estas páginas por tercera, por cuarta vez. No es una hipérbole: son la mejor lección de historia.
LA CULTURA AMERICANA
ALEJANDRO LILLO
América para los no americanos
Francisco Fuster García
Ediciones Idea
Precio: 16,90 €
Páginas: 176
Estados Unidos es un país complejo. Esta afirmación, que parece una obviedad, en ocasiones se nos olvida. La cultura americana está tan presente en nuestras vidas a través del cine y la televisión, de la publicidad y la comida, que no nos damos cuenta de que sus costumbres son distintas de las nuestras. Quizá a alguien le sorprenda saber que cuando George W. Bush era Gobernador de Texas, parte de su política se orientó a mejorar la enseñanza, dotando a las escuelas públicas de abundantes infraestructuras y las más modernas tecnologías. ¿Significa eso que Bush junior es una persona diferente de la imagen que muchos ciudadanos europeos nos hemos formado de él? En cierto sentido sí, pero en lo esencial no. Significa, simplemente, que la sociedad norteamericana es un pequeño enredo para nosotros, los europeos.
Francisco Fuster, con su libro América para los no americanos, pretende, a través de sus lecturas y reflexiones, acercarnos a esa realidad múltiple y variada que son los Estados Unidos. Una realidad, como él mismo explica, “muy lastrada y condicionada (…) por los tópicos, prejuicios y apriorismos que caracterizan la visión europea de lo americano”. Tratando aspectos concretos de su historia reciente, de su forma de pensar y de su peculiar manera de entender la política, nos aproxima a una forma de ver y comprender el mundo que reconocemos como propia pero que nos resulta a la vez lejana. Como escribe Justo Serna en el prólogo del libro: “esos textos son como cachitos de un todo, fragmentos de un entero que él reconstruye tentativamente, conforme lee y pone por escrito sus indagaciones”. Asuntos como la situación del proletariado blanco en la América profunda, la experiencia de Jack Kerouac “en la carretera”, la cultura de los Ángeles del Infierno –la famosa banda de motoristas formada en California–, o el fracaso de la invasión de Afganistán tras los atentados de las Torres Gemelas, dan muestra de la variedad de temas que se analizan en el libro.
América para los no americanos presta además especial atención a los dos últimos presidentes de los Estados Unidos: George W. Bush y Barack Obama. Siguiendo la trayectoria de cada uno de ellos, Fuster explica por un lado la evolución del neoconservadurismo norteamericano y la particular relación de George W. con su progenitor. Por otro, la evolución y las convicciones políticas y morales de Obama empleando como referentes sus dos libros de memorias: Los sueños de mi padre y La audacia de la esperanza.
El resultado es un volumen muy ameno y bien escrito, de lectura fácil y a la vez exigente, que informa y contextualiza, como puede comprobarse en el excelente estudio que Fuster hace –empleando como guía La mística de la feminidad, el decisivo ensayo de Betty Friedan– de la situación de la mujer en Norteamérica durante los años sesenta. Aunque centrada en la figura del ama de casa, su análisis sigue siendo válido en la actualidad para investigar el modelo de mujer que tratan de imponer la publicidad y los medios de comunicación. El autor se esfuerza así por comprender mejor una realidad que en ocasiones se nos escapa, invitando al diálogo y a la discusión, tanto con el lector como con las distintas imágenes de “América” que se reproducen en las páginas del libro. Sólo rechazando los estereotipos y olvidándonos de los prejuicios, podremos conocer realmente mejor al otro. Y eso, en el fondo, nos ayudará a conocernos mejor a nosotros mismos.
LOS JARDÍNES SECRETOS
IGNACIO F. GARMENDIA
Diccionario de literatura para snobs
Fabrice Gaignault
Impedimenta
Precio: 25,95 €
Páginas: 256
Este libro promete más de lo que ofrece, pero ello no quiere decir que ofrezca poco. Es un libro divertido e incitador que no trata de parecer erudito, aunque contiene muchos datos curiosos e interesantes. De Fabrice Gaignault se nos dice que es un escritor y periodista que ejerce la dirección de cultura en una famosa revista de moda, autor de otro libro –no traducido entre nosotros– sobre las musas de los sesenta. Pero en su Diccionario hay muchas pistas indirectas que permiten identificarlo como un lector entusiasta que ha rebasado el medio siglo y siente nostalgia por una época en la que los gustos de la mayoría aún no se habían impuesto de forma abrumadora. Algo de reivindicación, pues, tiene este acopio, que rescata del olvido a una escogida galería de raros y exquisitos en un formato ágil, chispeante y bienhumorado, más cercano al buen periodismo que a la crítica literaria.
La impecable edición española, excelentemente ilustrada por Sara Morante, lleva un prólogo de José Carlos Llop –uno de los pocos autores de lengua castellana que tienen entrada en el Diccionario, junto a Max Aub, Silvina Ocampo y Nicolás Gómez Dávila– donde el escritor mallorquín menciona dos rasgos complementarios del esnobismo en literatura: la conciencia de formar parte de una comunidad reducida de entendidos, los happy few, y el temor o el rechazo a que los autores venerados obtengan el aplauso del público, lo que inevitablemente arruinaría su encanto. Gaignault habla asimismo de una “secta electiva” que prefiere a los escritores semidesconocidos antes que a las eminencias universalmente celebradas, indignas de figurar en el “jardín secreto” de las predilecciones minoritarias. Ambos lo expresan con un alto grado de ironía y autoparodia, pero hay que reconocer que se trata de tics extendidos –el propio Llop los manifestaba no hace mucho, en un estupendo artículo a propósito de los nuevos lectores de Modiano– entre los miembros más inquietos de la comunidad lectora.
Están, claro, el fin de siècle, el modernismo y las vanguardias, Bloomsbury, la Beat Generation o el nouveau roman, pero uno de los rasgos destacables de la selección, lógicamente arbitraria, es la presencia de numerosas referencias a la cultura pop de los años sesenta y setenta. En efecto, el jubiloso contracanon de Gaignault presenta un sesgo –y ello no le resta valor, sino al contrario– claramente generacional, pues como señala el propio Llop, remite a unos tiempos en los que la educación sentimental era indisociable de la música, lo que no extraña si consideramos que muchos de los músicos de entonces –Lou Reed o Nico o Neil Young– compartían y difundieron el gusto por el malditismo. Luego, como era previsible, predominan los autores (o editores, o críticos) de lengua francesa, lo que limita el espectro pero puede resultar útil a este lado de los Pirineos, donde ya no seguimos como antaño –entre otras cosas porque la cultura parisina, hélas, ha decaído bastante– los modos y las modas de la Francia.
Las entradas, casi siempre ingeniosas, están escritas con gracia, ligereza y desparpajo, pero apenas tratan de literatura. “Lo único que de verdad posee todo gran hombre son sus rarezas”, afirmaba Marcel Schwob, y Gaignault se ha aplicado más a describirlas que a analizar los hallazgos literarios, cuando los hubo. En su criterio selectivo ha pesado sobre todo la extravagancia de los personajes, lo que convierte el Diccionario en una impagable colección de monstruos donde conviven talentos más o menos leídos pero indiscutibles como d’Aurevilly, Lytton Strachey o Von Rizzori junto a un nutrido y pintoresco reparto de autores desmedrados, facinerosos, adictos o suicidas, muchas veces relacionados entre sí o vinculados a escenarios, revistas, modas y movimientos que son parte –también– de la historia de la literatura.
LECTURAS POESÍA
LA PENUMBRA DE LA CONCIENCIA
JAVIER LOSTALÉ
De la renuncia
José Gutiérrez
Polibea
Precio: 10 €
Páginas: 84
Incluido en los años ochenta por Luis Antonio de Villena en su célebre antología Postnovísimos, y presente también en esa década en Las voces y los ecos, de José Luis García Martín, y en Florilegium. Poesía española última, de Elena de Jongh Rossel, y más tarde, a principios de este siglo, antologado asimismo en la preparada por Juan Cano Ballesta, Poesía española reciente. 1980-2000, el poeta José Gutiérrez (Nigüelas. Granada. 1955) es una de las principales voces de su generación, a pesar de lo cual, y debido a sus largos períodos de silencio y a lo inencontrable de gran parte de sus libros exentos, no ha hallado aún la sintonía con los lectores que su obra merece. Injusticia en parte remediada por la publicación en la colección Signos, de Huerga y Fierro, dirigida por los inolvidables Ángel Luis Vigaray y Leopoldo Alas, de una muestra de su obra que abarca de 1976 a 1996 y de un nuevo libro después de mucho tiempo, La tempestad serena, aparecido en 2006, a los que debemos añadir la reedición esta primavera, coincidiendo con su traducción al francés y con carácter de auténtica novedad, de un poemario medular de José Gutiérrez, De la renuncia, que vio la luz en 1989 en la desaparecida editorial Trieste, de la que fue gran impulsor Valentín Zapatero. Novedad por lo que supondrá de revelación para los amantes de una poesía honda y transparente, como corresponde a lo esencial, y por haber encontrado albergue en la colección “Los conjurados” –creada por el poeta, novelista y excelente tipógrafo, Juan José Martín Ramos– de la editorial madrileña Polibea. Su rigor en la selección de los títulos y autores y el cuidado artesanal son el mejor continente para este texto fundamental del poeta granadino que reproduce el lúcido prólogo escrito en su día por Antonio Muñoz Molina e incluye un epílogo, igualmente brillante, del profesor José Ignacio Fernández Dougnac.
El escritor y académico jiennense subraya la comunión existente entre escritura y vida en la obra de José Gutiérrez, hasta el extremo de que “ es la propia pasión quien habla, es el dolor lo que sucede, con tal intensidad que a veces no advertimos la mediación de la literatura”, mientras Fernández Dougnac destaca la dimensión ética claramente perceptible en De la renuncia, “donde el autor realiza un viaje al adentro de sí mismo, hacia la penumbra de la conciencia”. Un viaje en el que, siguiendo a Keats, no pueden desligarse los conceptos de belleza y verdad, ni tampoco –dice el poeta– “deben separarse inteligencia y pasión a la hora de transformar la experiencia en emoción mediante el lenguaje”. Ambas alumbran dentro del lector el sonido de una vida, que bien puede ser la suya, donde el amor, la fugacidad de todo, la memoria, el olvido, la muerte, el deseo que se queda en quimera, el trato con los libros y su vano intento de salvación, la ciudad y la noche como correlatos del mundo interior, forman un ámbito donde cada verso tiene pulso. Y dos palabras, renuncia y derrota, adquieren la plenitud de la consumación “(…) dobléguese la vida y que la vana / memoria del silencio sea tu herencia / escrita en el final que nos condena (…) Cansa buscar en vano esa quimera / que alumbre nuestros días”.
Hay en De la renuncia un temblor silencioso y dolorido que el autor convierte en ofrenda por la suma fidelidad a palabras engendradoras de existencia, el resplandor de belleza que trasmina la encarnada meditación. Todo ello formalmente enraizado en la mejor tradición lírica española y europea. Estamos ante un libro central dentro de la poesía de José Gutiérrez que reclama la lectura de su obra en conjunto, a lo cual ayudaría sin duda la próxima publicación en un solo volumen de toda su creación.
SESIÓN DOBLE
EDUARDO GARCÍA
Baladas del dulce Jim
Ana María Moix
Bartleby
Precio: 12 €
Páginas: 84
¿Qué tendrá el tiempo, al posarse en los libros que nos acompañaron en la adolescencia, para inflamarlos de un turbio resplandor? Bastan apenas unas décadas para que una indefinible emoción germine entre sus páginas, invitándonos a una evocación idealizada de remotos días que se extraviaron en la niebla. Misterios del glamour, así ha venido el tiempo a hacer de las suyas con estas Baladas del dulce Jim, uno de los títulos emblemáticos con los que se dio a conocer la estética novísima.
Todavía humeaban los rescoldos del mayo del 68 cuando estos poemas vieron la luz por vez primera. La España del tardofranquismo empezaba a despertar y soplaba ya una tímida brisa de apertura al exterior. Cuesta imaginar, a estas alturas, lo que debió representar en la época la aparición de un libro que venía a romper con nuestra endogámica tradición de posguerra. Su autora, una jovencísima Ana María Moix, procedente del núcleo mismo de la hoy mítica gauche divine barcelonesa, hacía gala de una sorprendente frescura. Baladas del dulce Jim fue un libro pionero en su por entonces insólita libertad. Para empezar, rompía con la métrica castellana, al presentarse los poemas en la forma de prosas que se negaban a ceñirse a los moldes rítmicos tradicionales. En contrapartida, incorporaba ritmos procedentes de la canción “pop”. Se saltaba así la tradicional frontera entre alta y baja cultura. Cuarenta años después todos parecemos haber asumido tales cruces entre lo culto y lo popular, pero si así ha sido lo debemos a apuestas tan atrevidas como la de Ana María Moix, que abrieron el camino a la modernidad .
Otra de las sorpresas de esta feliz reedición –que, junto al entusiasta estudio de Pilar Adón, hay que agradecer al excelente olfato de la editorial Bartleby– se encuentra en el prólogo con el que Manuel Vázquez Montalbán abría el libro en el año 69. Tan lúcido como representativo del libertario espíritu de la época, escribía el intelectual: “Cine y canción se han alimentado de literatura. Hora es ya de que la literatura se alimente de cine y canción”. Sucintas escenas con sabor a cine negro, a películas de marineros sin hogar, donde las muchachas se escapan rumbo a los muelles cada noche, soñando una improbable fuga con algún anti-héroe romántico que parezca lucir la melancólica sonrisa de Gregory Peck. La ciudad solitaria, las aceras mojadas, el mar omnipresente, cuando los asesinos huyen de madrugada tras volarnos sin piedad el corazón… “y un solo de trompeta en la calle oscura al final del día”. Breves secuencias surcadas por rimas internas en aguda como estribillos de canciones. Fragmentarios poemas que en claroscuro sugieren sueños imposibles, ilusiones que se desploman fulminadas antes de remontar el vuelo. Toda una sentimentalidad adolescente nacida al calor de las sesiones dobles de los cines y tediosas tardes de domingo en torno a la radio familiar. Monólogos líricos cuyo sentido se nos revela borroso, huidizo, en donde el objetivo de la cámara desemboca en insospechados vuelcos irracionales. Escenas truncadas que dejan al espectador a las puertas mismas de un misterioso drama humano.
Regresar hoy a la estética camp de los setenta es reconocer una de las fuentes de la poesía contemporánea. Quienes hoy cultivan la fragmentación del discurso, o bien la fusión del lenguaje poético con el cinematográfico o la canción popular, tienen en Ana María Moix a una pionera. Releídos a comienzos del siglo XXI, estos poemas rescatan un olvidado espíritu de libertad.
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