JAVIER REVERTE

"El barrio de mi novela refleja el fracaso de nuestra sociedad"

GUILLERMO BUSUTIL

Javier Reverte (Madrid 1944) es periodista y escritor, reconocido por el éxito de sus libros de viaje como Vagabundo en África, El corazón de Ulises y El Río de la luz entre otros. También es autor de las novelas La dama del abismo, La noche detenida y El Médico de Ifni. Con Barrio Cero ha obtenido el XV Premio Fernando Lara de Novela.

Barrio Cero es la historia de una madre coraje que mata al camello que ha destrozado la vida de su hijo, como un acto de venganza y desesperación.

Lo hace después de intentar convencer al traficante para que nunca más venda droga a su hijo y después de que se sienta vejada por él. Es un crimen que ella planea y, por lo tanto, un asesinato en toda regla.

A pesar de esto, usted presenta una protagonista llena de humanidad y de capacidad de supervivencia.

Siempre he creído que las novelas se sostienen si en ellas existen personajes creíbles, personajes que despierten nuestra cólera o nuestra admiración. Aquí he querido hacer el retrato de una mujer, sobre todo, valiente y luchadora, que se enfrenta sola a una situación límite en la que ve amenazada la vida de su hijo y que intenta antes otra salida. Al final no le cabe otra opción mas que el asesinato que, después de cometerlo, la deja perpleja ante su acción.

Su novela también es una radiografía social de esos barrios colmenas, en los que la juventud parece condenada al paro, a la delincuencia y a la drogadicción como escape.

Esos barrios, que encontramos lo mismo en Madrid que en Nueva York, Sevilla o París, son el reflejo del fracaso de nuestra sociedad: droga, delincuencia, falta se condiciones sanitarias, baja calidad de las escuelas, paro, miseria, basuras, degradación moral…, ¿cómo es posible que eso exista en plena civilización de la opulencia y el consumo? Pero la novela no es una reflexión sobre estos problemas reales, simplemente traza un retrato de esos barrios marginales cuya alternativa es la que dice el título: Cero.

En ese retrato incluye el actual panorama de la convivencia entre españoles e inmigrantes, con su integración y sus brotes de racismo. ¿Qué pesa más en esta relación?

Los barrios de las grandes ciudades españolas se han hecho multiétnicos, lo que significa que han surgido problemas nuevos y el primero de todos es el racismo. Pero, al mismo tiempo, esa entidad multiétnica le da a la vida española, en  mi opinión, una multiplicidad de culturas y unas formas de vida mucho más ricas que deberíamos aprovechar.

Cuando Mamá Romero se convierte en heroína la llaman de varios programas de televisión que pretenden convertirla en una estrella de los reality show. ¿Por qué cree que vende tanto el morbo en la sociedad actual?

La sociedad de hoy se ha hecho desvergonzada porque prima el espectáculo como valor por encima de muchas otras consideraciones. Hay gente que es capaz de contar con toda desfachatez su vida sexual ante una cámara en un programa que ven millones de personas y que, luego, al volver a su barrio, es felicitada por todo el mundo porque “te he visto en la televisión”. Parece que hoy día salir en televisión es un éxito social seguro, digas lo que digas o hagas lo que hagas.

En la novela usted habla de los antiguos párrocos comunistas más cercanos al pueblo y de una iglesia actual, representada por los kikos, que no sale muy bien parada.Cuando escribí el libro apenas habían saltado a la luz los escándalos de la Iglesia católica en el asunto de la pederastia. Pero hace ya muchas décadas que la Iglesia vive un conflicto interno entre sectores conservadores como los Kikos, el Opus Dei, los Legionarios de Cristo... y sectores progresistas como el de la Teología de la Liberación, la Iglesia Popular o de figuras como Juan XXIII y Pablo VI... En un país como el nuestro, en donde la Iglesia tiene un papel muy importante e influyente en la sociedad, me pareció oportuno plantear una situación en la que apareciera un sacerdote. ¿A quién recurre la gente sin recursos cuando tiene un problema serio? En España, con frecuencia, a la Iglesia. Y eso es lo que hace la protagonista. En muchos barrios marginales, en donde antes había curas obreros, el sector conservador está imponiendo a su gente.

El mensaje final de Barrio Cero es que las leyes pueden no ser buenas, pero siempre será peor su ausencia.

Ese es el eje de la novela. Yo no he creado una historia de intriga, sino que he escrito una historia que anime al lector a reflexionar sobre un hecho: la ley puede ser limitada y eso es malo para nosotros; pero es peor todavía la burla de la ley.

Usted es un reconocido autor de libros de viajes. ¿Qué le hace optar por este registro de novela  social, con una cierta mirada periodística?

He escrito muchas más novelas que libros de viajes, aunque se me conozca más por estos últimos. Y en todas mis novelas hay una preocupación por el mundo de hoy, historias que hablan de la política, de la sociedad, de los problemas humanos… No escribo para entretener solamente, sino también porque, al escribir, reflexiono sobre la realidad y las cosas cotidianas, y puedo tal vez mover a al reflexión.

 

UNA BATALLA CIVIL

G.B. 

Javier Reverte construye en Barrio Cero una novela espejo de la realidad que viven muchas madres. Mujeres trabajadoras, sufridas, que han crecido en un ambiente de malos tratos, de penurias económicas, de soledad y esfuerzos con la esperanza de sacar adelante a sus hijos. Incluso cuando la droga se cruza, cada vez más temprano, en sus vidas vulnerables y entran en el infierno que los hace vagar por las trastiendas de los supermercados de la droga, como el de las Barranquillas de Madrid, por centros de menores y la esperanza del Proyecto Hombre, estas madres no tiran la toalla. Unas veces solas, sacando arrestos para enfrentarse al miedo, a la angustia y a los culpables de la destrucción de los que más quieren. En otras ocasiones, uniéndose. Igual que hicieron hace unos años, las Madres de Primavalle en Roma, al convertirse en confidentes de la policía para acabar con el narcotráfico que ha arrastrado a sus hijos y destruido sus vidas humildes y en paz.
Javier Reverte refleja sin metáforas, con diálogos naturales y certeros, con la mirada cruda y directa de un periodista de raza, que también sabe contar historias, el mundo cotidiano de esos barrios poblados por los que huyeron del campo y recientemente por los fugitivos de las patrias del hambre, en los que la gente tiene que desintoxicarse cada día de los efectos del paro, de la violencia, de la desesperanza. Francisca Romero representa esa lucha y a esas víctimas que no encuentran consuelo ni ayuda en la religión ni en la justicia. Ese dolor, junto con la impotencia que produce ver como un hijo se mata a sí mismo explican que una madre se ofrezca a un camello, que se deje humillar, si con ese gesto puede salvar a su hijo. Al no conseguirlo, busca la solución en un crimen premeditado, frío, que en el fondo es un acto de justicia más que una venganza. Javier Reverte presenta este desenlace desde el principio, sin juzgar a la protagonista. Prefiere, mediante un flash­back, contar su historia, dejar que su pasado vaya explicándole al lector las heridas interiores y la determinación de una mujer que ha intentado sobreponerse a muchos sin sabores, a los fracasados intentos de rehacer su vida, de encontrar un hombre afectuoso, de liberar a su hijo de la droga. Cuando asesina al camello, ella es consciente de su culpa y por eso mismo lo confiesa enseguida al comisario del barrio, realista y compasivo, que entiende los motivos de su venganza. Este policía y su amiga Espe son los únicos que la ayudan, mientras sus vecinos la convierten en una heroína y los políticos, el párroco y los programas carroñeros de la televisión intentan aprovecharse de esta mujer consciente de que la amargura por lo que ha hecho es su peor enemiga.