ENSAYO Y POESÍA

Stuart Robertson, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Punset, José Luis Rey, José-Carlos Mainer, Antonio Lucas.

  

LECTURAS ENSAYO

  

ANTROPOLOGÍA DEL ESCRITOR

JUAN GAITÁN

Novela familiar
Blas Matamoro
Páginas de Espuma. Premio Málaga de Ensayo 2009
Precio: 21 €
Páginas: 416

La obra ganadora del III Premio Málaga de Ensayo José María González Ruiz, Novela familiar, es el resultado final, según reconoce el propio autor, de una obsesión de quince años recogiendo fichas, las biografías de cientos de escritores (no he podido superar la pereza de contarlos, pero baste citar el dato de que la bibliografía ocupa nada menos que treinta y siete páginas), bajo la intención de demostrar cómo la vida familiar influye en la vocación literaria y en la obra del escritor. Blas Matamoro advierte también de que no se trata de un libro de crítica literaria, sino de una suerte de “antropología del escritor” en la que, muchas veces, vemos que éste es, sobre todo, un personaje de sí mismo (así los ejemplos magníficamente explicados de Quevedo, Shakespeare, Rabelais, Dante…), casi la primera invención, con lo que la actividad del escritor se convierte no sólo ya en el esfuerzo de inventar una obra, sino de inventarse a sí mismo, su propia vida.

Al adentrarse en esta Novela familiar se descubre un texto ágil, a veces vertiginoso, elaborado por quien conoce bien el oficio de escribir, pero no encuentra toda la literatura que esperaba hallar. La larguísima nómina de escritores entrelazados unos con otros bajo epígrafes como “el deseo paterno”, “el padre adverso”, “el padre ausente”, “el padre letrado”, “la decisión idiomática”, “el padre prohibido”, etcétera, hacen que, más que ensayo, parezca un trabajo científico, un diccionario de biografías al que sólo falta ponerlo en orden alfabético. Puede que colabore a ello lo voluminoso de la obra (el propio autor le encuentra “un aire de encuesta”). Nadie podrá negar que el trabajo es exhaustivo, pero en literatura lo exhaustivo puede llegar a ser un defecto. Novela familiar es, con todo, una obra interesante que aporta una visión distinta de la llamada “vocación” y de sus consecuencias. Una obra en la que para demostrar su teoría, para determinar que la literatura ha podido ser para muchos autores un modo de llenar el vacío, un escape, un modo de salvación, Blas Matamoro efectúa una extraordinaria labor de rastreo de vidas y milagros no sólo de escritores, sino también de sus padres y más directos familiares. El autor deja meridianamente claro que en cada una de esas biografías hay el argumento de una novela (casi siempre trágica), que hay tantas novelas como vidas, y que todas las historias familiares son, en potencia, novelas familiares, con lo que, al final, se puede considerar totalmente cumplido el objetivo, pues queda demostrado sin lugar a dudas que un catálogo de escritores es, al mismo tiempo, un catálogo de argumentos, y que los argumentos de esos escritores estuvieron muy influenciados por sus circunstancias familiares.

 

LA NOVELA DE LA GUERRA

JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS

Las armas y las letras
Andrés Trapiello
Destino
Precio: 45 €
Páginas: 631

Hay libros que no pueden escribirse con distancia o si acaso se construyen desde esa distancia (la universitaria, la científica) quedan desmayados o sin el aliento que los hace ser lo que son. Así ocurre con Las armas y las letras, un clásico ya del ensayo sobre la guerra Civil que ahora reedita Andrés Trapiello, dieciséis años después de su aparición primera (1994). Es un libro que le debe todo a su autor, que es de Trapiello en estado puro, quien lo ha escrito con furia y gana, puesto que trata además de su tema: los libros y las biografías de escritores. Pero Andrés Trapiello no es José Carlos Mainer, el primero y quien mejor asedió desde la Universidad ese gran tema de los escritores y su compromisos (literarios y los otros) en la Edad de Plata que vino a ser de Hierro como este libro demuestra bien. Quiero decir que Trapiello no ha querido hacer una investigación universitaria, con la objetividad a la que ello obliga, sino ha querido hacer en cierta medida su novela. Los epígrafes de cada capítulo, al modo cervantino, dan buena cuenta de ese sesgo querido, pero sobre todo el hecho de que más de una vez, cuando está en medio de una serie de datos controvertidos o de opiniones contradictorias de unos y de otros, advierte que lo narrado es todo como una novela (p. 95).

 Una novela en la que le narrador no es extradiegético, ni su mirada neutra. Al contrario Las armas y las letras pasará sin duda a la Historia como la novela que Trapiello escribió sobre el gran tema (bien cierto que en sí mismo más trágico que cualquier ficción) de los escritores en la Guerra Civil. Nada hay en la ficción posible que pueda contener tantas insidias, dolores, sufrimientos, disfraces, venganzas, conversiones, traiciones, odios y metamorfosis como las que vivieron las pocas docenas de escritores dignos y el más que centenar de indignos que por estas páginas desfilan. Hay testimonios escalofriantes.  Si emergió en la primera edición del libro el de Chaves Nogales, lo mejor de ésta son Carlos Morla Lynch y Clara Campoamor,  las novedades más señeras incorporadas ahora. Eso y la  rica documentación gráfica muy ampliada, con comentarios actuales referidos incluso a la ley de la Memoria Histórica o a los “orgasmos intelectuales” de Gibson etc. Uno se regocija con palos que le parecen bien dados, pero también queda consternado no ya únicamente por otros palos (queda bien claro que ni Ortega ni Jorge Guillén o Salinas son santos de la devoción de Trapiello) sino porque la pregunta no puede ser otra que ésta ¿Por qué se valora de  Unamuno una parte y se niega a Ortega casi todo, hasta recibir peor trato que Bergamín?, o bien  ¿por qué Luis Rosales que vistió cargos y camisa de poder es mirado con la piedad que se niega a Jorge Guillén y a Salinas exiliados? Porque  Trapiello así lo ha querido, piensa el lector muchas veces. Igual vale decir según sea el valor literario que le concede el narrador, como se ve en los casos de Torrente Ballester (cuya obra y media leída le parecen al autor ya demasiado), respecto a su correligionario y paisano Alvaro Cunqueiro. Son detalles sintomáticos del estilo que recorre el libro: es un libro sobre cualquiera otra cosa personal. Eso le proporciona también un interés enorme, y le permite trazos de creador pero al tiempo pone sus límites. Ciertamente tiene impagables páginas cuyos destellos de furia o tonos de elegía (sea ejemplo las dedicadas a Giménez Caballero y a Azaña respectivamente) los hacen un libro literario de bien escritas filias y fobias.  Unas y otras, aunque lo empañen, no  consiguen quitar al libro su decisiva importancia en este asunto.

 

 

LECTURAS POESÍA

 

DEL PESO DE LA HEREDAD

JULIA UCEDA

Heredad
Juana Castro
Fundación José Manuel Lara
Precio: 19,90 €
Páginas: 288

La raíz de la obra de Juana Castro representa un análisis metafísico de la herencia cultural femenina recibida en el tiempo. Éste no implica la sumisión ni la aceptación de la desgracia: su análisis es positivo y terapéutico, y desde él, se derivan ramas diversas y complejas. Por su concepción y estructura ritual, esta antología puede entenderse como obra completa, seleccionada por su autora, a la que añade el libro inédito Cartas de Enero con el que abre modificaciones fundamentales en su obra anterior.

Más afortunada que Doris Lessing o Virginia Wolf al no pertenece al grupo de autodidactas lectoras de la biblioteca de su padre, y tal vez por esta independencia, su palabra poética, de amplios registros, la hace más fuerte y más libre que a muchas otras. Habiendo ejercido las funciones de hija, esposa, madre, abuela, maestra, poeta, huérfana de hijo y cuidadora de cuerpos oscuros, sus propuestas se apoyan, además, en la experiencia.

Cóncava mujer sugiere las formas de circunferencia y esfera: la primera, imagen visual del ámbito celeste, del movimiento cíclico del tiempo, de lo que no tiene principio ni fin; la segunda, en el orden de los volúmenes, alude a su perfección en lo sagrado. La concavidad femenina como ámbito vida/muerte, todas bajo el nombre de María.

Su voz narrativa y el aniñamiento del tono implícito estimulan la complicidad del lector: “Como flores de escarcha / arrancaban sus dedos las bellotas. / Era frío y diciembre / cada terrón del suelo. / Ella no se apiadaba / del hielo de las manos”. Los poemas, en toda la sección antologada, manan con fluidez traspasada por la frecuente sensación del frío.

La naturaleza y el campo andaluz, presentes en sus poemas, la acercan también al mundo grecolatino y al pasado remoto. Dafne e Inanna representan a las mujeres de túnica o chal de konakes con poderes político-religiosos. A Enheduanna, primer nombre de autor en la literatura universal, se deben los himnos que compuso en nombre de esta última hace más de cuatro mil años.

La palabra, en esta rama de mujeres míticas, es más enjoyada que en poemas precedentes y las imágenes exhiben cierto barroquismo dentro de la norma andaluza: tanto en Fisterra como en No temerás, 1996, título que recuerda las palabras de Job (5.21) “Estarás a cubierto del azote de la lengua, y no temerás la violencia cuando venga”, abunda en raíces de su castellano andaluz y en tonalidades judeo españolas.

A partir de este punto, queda ya fijado el camino de Castro, incluyendo dos libros que no se alejan de la preocupación general pero de rigor diferente: Arte de cetrería, 1989 y De los cuerpos oscuros 2005, desarrollando, en este último, la evolución de los enredados en el laberinto químico e incontrolable de la enfermedad Alzheimer.

Si hasta aquí la poesía de Juana refleja su concepto de herencia como drama histórico, en Cartas de Enero éste se establece como imperativo moral expresado paradójicamente con ternura. En el poema “Madre” (Del color de los ríos, 2000), entendemos que la hija está lavando a su madre enferma y concluye así: “Madre mía, mi niña, cúmplase / esta rara inversión, y tengamos / tus cicatrices yo, tu corazón mis años”. La poeta norteamericana Tess Gallagher, en “Cada pájaro caminando”, recibe la misma historia narrada por ¿Raymond Carver? que baña a su propia madre. Del poema inglés nos impresiona lo que sucede en 54 líneas pero a Juana le bastan 10 versos para filtrar la emoción de lo sagrado. Sin palabras, el lector percibe que el lavado del cuerpo enfermo tiene características rituales, tal vez heredadas del complejo inconsciente andaluz, y reforzadas al propiciar el milagro de la inversión salvadora.

 

POESÍA PARA RENACER

JAVIER LOSTALÉ

La experiencia de la memoria
Joaquín Benito de Lucas
Calambur
Precio: 70 €
Páginas: 1.350

La publicación de una obra completa no sólo proporciona la visión global de la creación de un autor y facilita su conocimiento, sino que le permite al lector, cuando la palabra está entrañada en el latido más hondo de la vida, reconocerse en ella y entablar un diálogo consigo mismo y con el mundo del que siempre saldrá fortalecido. Para ello, claro, se necesita que el lenguaje, el poema en este caso, indague en la verdad del sufrimiento y los sueños humanos desde el lugar del corazón, sirva a la belleza y domine el alma de la metáfora, así como el ritmo siempre generador de sentido. Todas estas cosas se cumplen en la poesía de Joaquín Benito de Lucas, escrita a lo largo de más de medio siglo y que ha sido reunida en una edición ejemplar, como todas las suyas, por Calambur.

Un prólogo de Pedro J.de la Peña es la puerta de entrada a dieciocho libros , más seis poemas inéditos, contenidos en dos volúmenes titulados La experiencia de la memoria. Epígrafe revelador de la permanente lucha contra el olvido en que se funda toda la escritura de este autor para que nada de lo esencial deje de renacer, entre lo que se encuentra la infancia, el amor, la muerte, la naturaleza, el paso del tiempo, la familia, la casa, los amigos, el viaje y el poder resucitador de lo onírico. Renacimiento que por vía emocional va haciéndose con el lector, hasta el punto de que éste llega a respirar por su propia herida y a reunirse con lo suyo más amado y deseado, produciéndose por tanto esa resonancia cordial engendrada por la gran poesía. Y al mismo tiempo, siente también el lector cómo en la obra de Joaquín Benito de Lucas se funde en una misma circulación sanguínea lo íntimo y lo colectivo, al encarnarse sucesos trágicos aún recientes de nuestra historia en seres con nombres y apellidos, y cómo un doble sonido no cesa de escucharse: el del río Tajo, a su paso por Talavera de la Reina, lugar de nacimiento del poeta, y el del mar. Ambos se corporeizan y adquieren grado de conciencia. En cuanto a la infancia, es el pulso último de la memoria al recobrar y nombrar la existencia, la partida y el término. “Escribo –dice– porque creo / que hundir las manos en lo que fue herida / tiene olor a manzana de la infancia”, versos pertenecientes a uno de sus libros capitales, La escritura indeleble, donde, en otro momento, afirma: “Era el alma quien vivía / dentro de mí, quien empujaba el vuelo / de aquellos años, quien creó ese niño / que aún sigue vivo dentro de mi pecho”. Infancia que en este mismo poemario se visualiza hasta el latido a través de un serie de escenas en una barbería, en el bar de su padre, en una sastrería o en el relámpago que al pasar dejan lo ojos azules de una equilibrista; y siempre dentro de la presencia del padre, la voz de sus hermanos y la sombra cálida de la madre.

Que vida y literatura se trasfunden en la obra de Benito de Lucas lo comprueba igualmente el lector en otra de las cumbres de este poeta, Antinomia, donde realiza una radiografía de un sentimiento tan complejo y totalizador como es el amor a través de los personajes de La Celestina que asumen aquí de un modo dramático, sensorial y lírico “el proceso amoroso que dolorosamente termina en el olvido”, como el mismo autor aclara en unas líneas introductorias. Así, dice Calisto a Melibea: “Ciégate los ojos / si no me quieres ver, quema la lengua / que tantas veces me llamó, cercena / la mano que aún conserva / el tacto de mi piel, pero no olvides / porque el olvido es muerte”.

Sólo añadiré que con esta publicación se hace justicia a una obra que, con el paso del tiempo, no dejará de crecer.

 

EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO

JUAN COBOS WILKINS

Verbos
Jesús Aguado
Zut Ediciones
Precio: 12 €
Páginas: 95

El único verbo sustantivo es “ser”. Empero, no aparece en el índice de títulos –verbos en orden alfabético– de este libro. Posiblemente por innecesario. En todos y cada uno de los verbos conjugados en los poemas de Jesús Aguado (Madrid, 1961, pero Sevilla y Málaga y Benarés y Barcelona... y nómada y náufrago) hay esencialidad y existencia real. La ha habido siempre: Los amores imposibles, Lo que dices de mí, Heridas... Como ha habido y hay también metamorfosis. Como hubo y sigue habiendo una porosidad imaginativa que fertiliza en metáforas brillantes como peces voladores bajo la luna, emocionantes como, en estos tiempos, una carta autógrafa en el buzón. Para Jesús Aguado los libros de poemas son una forma estratégica de huida, materializada en palabra, para fugarse de las distintas y continuas cárceles. Aunque intuyo y me arriesgo a decir que en Verbos más que huida de... hay llegada a... Y la hermosa libertad de permanencia en vuelo.

Dividido en tres apartados: Amor, Conocimiento, Sueño, son, como dije, verbos los que dan título a los dos primeros: amar, arañar, cuidar... hasta salir, saltar, sentir. Poemas en su mayoría breves, a veces de dos versos, incluso de uno, semejan relámpagos, parecen el barrido de un faro que envía esperanza al timonel perdido. Los dieciocho poemas de la primera parte hubiesen ya bastado para conformar un libro de amor: “buscarte con linternas / y buscarte cegado por tu cuerpo / buscarte hacia adelante y hacia atrás / buscarte solo y ayudado / por búhos y elefantes / buscarte si te pierdes / para que no te pierdas / para que / en nosotros se cumpla lo incumplible / (atravesar contigo al otro lado / y atravesar contigo hacia este lado / y dormirme contigo en el sinlado / de la felicidad)”. Escribe Aguado, aunque no puedo aquí reproducir algo medular: los espacios gráficos, los silencios del blanco entre palabras, sus distanciamientos, el vértigo entre unas y otras... sus imanes.

Plurales son los horizontes en los que el poeta detiene su mirada –una mirada develadora y desveladora, sensorial y reflexiva, concentrada–, desde la indagación en el otro, en el yo desdoblado, el idéntico, la sombra, el haz y envés de la persona, el miedo al reflejo del yo..., en poemas como Conocer (que se hilvana con Delirar), al enfrentamiento del creador con lo creado, el peligro que la osadía entraña, los dioses frente a sus criaturas rebeladas, y ahí Crear nos remite a Pigmalión, a Frankenstein. Como a Juan Ramón Jiménez nos lleva Jugar cuando solicita “el nombre exacto de las cosas”. Lo que, precisamente, el cansado de su nombre reclamaba a la inteligencia (“intelijencia”, para el moguereño). Mucho más encontrará el lector: el asombro de oscuridad y luz del mundo y el lugar en él de criaturas visibles, no visibles, inventadas; la enigmática proyección de las acciones en el misterio poético de la intersección del tiempo y el espacio; la relatividad de más y menos, lo grande y lo pequeño; la ternura y el dolor y las esperas y las desapariciones; la fugacidad de un sueño de belleza o de la belleza de un sueño atrapados en el sumidero absorbente del devenir; la denuncia del vacío, de la nada, del devorador materialismo... y qué oportuna, qué adecuada lectura sería Existir para los existencialistas y su angustia. Y para todos, Coser, un poema de amor, oculto como deben estar los tesoros, furtivamente erótico: “herida enamorada / de una aguja y de un hilo / rasgarla un poco más”. Verbos es un libro que reclama éste: leer.

 

MEMORIA DEL CONTEMPLADOR

EDUARDO GARCÍA

Los ojos del pelícano
Fernando Valverde
VII Premio Emilio Alarcos
Visor
Precio: 10 €
Páginas: 76

Desde su primer libro, Viento favorable (2002), el joven poeta granadino Fernando Valverde viene tramando una obra que parece proponerse, a un tiempo, incorporarse a la gran familia de la poesía de la experiencia y desarrollar en tales latitudes un acento personal. De hecho, la mayoría de los poemas de Los ojos del pelícano indagan en los neblinosos territorios de la memoria. Conviene aquí no obstante subrayar el adjetivo “neblinosos”, pues en efecto su realismo no vacila en pasearse por los escenarios del recuerdo tiñéndolos de una vaga atmósfera de ensueño, recordándonos los fundidos en espiral con los que el cine clásico daba paso a los flash-backs de los protagonistas.

La voz poética transita los espacios de la pérdida con el más estricto distanciamiento. Apenas vislumbramos la emoción de un sujeto que asiste a su propia meditación sin apenas inmutarse. Tal es el destino de los que apuestan por el aliento clásico: la serenidad. Los poemas elaboran armónicas construcciones de lenguaje en donde rara vez algún deslizamiento viene a introducir un vértigo repentino. Su apuesta es el equilibrio, la contención, permanecer siempre a distancia de la escena evocada. Su dicción es pues de una cuasi impoluta pulcritud, un ritmo reposado. El tiempo aquí se detiene a contemplarse, mientras la vida se precipita al otro lado del cristal de la página. No es de extrañar que abunden los términos abstractos, santo y seña de la poesía meditativa. De ahí que asistamos a un despliegue alegórico del simbolismo, muy intelectualizado, ajeno a todo irracionalismo. La tranquilidad que el poeta impone a su voz nos conduce a la pausada reflexión.

Conjuga, no obstante, su talante clásico y experiencial con la inclinación por el arte de la sugerencia y la alusión que también advertimos en otros jóvenes poetas. Los poemas dejan caer huellas dispersas de experiencia, fragmentos de vida que nunca cierran por completo el cuadro. Siempre se hurta al lector parte de la escena, a menudo algo esencial para el conjunto. De ahí que se perciba en este poemario una escritura plástica que se escora hacia el impresionismo. La experiencia vital se muestra de manera oblicua y fragmentaria, para trascenderse en lenguaje, a pinceladas. La estructura misma de los poemas abunda en la misma dirección. Estrofas de versos medidos, sin encabalgamientos, en donde la pausa versal coincide milimétricamente con la pausa sintáctica, si bien entre ellas se deslizan versos sueltos que introducen una fugaz sombra de inquietud. El resultado es una sucesión de instantáneas interiores, sometidas siempre a un pudor, un no menos clásico sentido del decoro, que aleja al poeta del franco confesionalismo.

Reclama la atención la abundancia de topónimos, probables referencias a numerosos viajes: Managua, París, Módena, Praga, Varsovia, Amsterdam, San Juan del Sur, El Vedado, Sarajevo, Damasco… Fenómeno que se aviene bien con el hecho de que sea en la memoria en donde el poeta halla su venero principal. Y sin embargo, también encontramos, si bien ocasionalmente, escenas oníricas (“El bosque”), bruscos saltos temporales (“El tiempo”), poemas alegóricos (“El final”) o la presencia de espacios simultáneos (“Sombras”). Aunque la nota dominante de estos versos se encuentre en el decoroso distanciamiento del contemplador, por momentos se deja vislumbrar en claroscuro el deseo de arrojarse a la acción: “Entonces podré ver qué se escondía/ detrás del horizonte,/ dónde duermen los barcos que buscan la espesura”.

 

UN CADÁVER LLENO DE VIDA

IGNACIO ELGUERO

Un cadáver lleno de mundo
Isabel Vázquez Montalbán
XVII Premio "Ricardo Molina"
Hiperión
Precio: 9 €
Páginas: 74

La mirada poética de Isabel Pérez Montalbán, ya desde sus comienzos, se distinguió por   la perplejidad frente a las contradicciones humanas, las desigualdades sociales y el cinismo político a gran escala.  Todos ellos son temas que regresan en este Un cadáver lleno de mundo en el que  la autora, partiendo de su propio relato, crea un  mapa de historias de la Historia. El libro, dividido en dos partes: El crecimiento y La supervivencia, utiliza episodios de nuestra historia reciente, como son el  desarrollismo de los sesenta,  la Transición, La Constitución del 78 o  el paro  de los ochenta  para esbozar una mirada crítica hacia la sociedad engendrada desde entonces. Y lo hace partiendo de su vivencia  personal y de los infortunios de las clases sociales más desfavorecidas.  Desde el primer poema, “De insurrecta floración”, Pérez Montalbán  sitúa claramente su dardo y su mirada: “Nací  al sur de una huelga general: / Asturias de mineros sepultados / y esclava negritud de los carbones…Brote esquirol de mayo, devenía algo vivo / entre los muertos: yo, venero de repente / en los barrios mermados por la tuberculosis… En medio de una huelga general / vine al mundo de pie: floración subversiva, / nube o pez casi rojo. Qué podía esperarse”.

Con esta primera declaración de intenciones, en la que ya puede verse uno de los elementos de su construcción poética, la ironía, la poeta comienza un recorrido vital, desde la mirada inocente de la  niña hasta la reflexión amarga de la adulta. Poseedora de los registros suficientes para llevar a cabo la difícil tarea de convertir en poesía el material que trata, Isabel Pérez Montalbán logra que el lenguaje poético esté por encima de lo anecdótico, algo que la llamada poesía social o comprometida no siempre logra. Ejemplo de ello es el titulado “Viviendas Fundación Benéfico-Social”. Poema con una carga emocional que lo sitúa en la categoría del himno: “Teníamos un  cielo lapislázuli, / igual que en las películas. / Y un corazón a dos aguas de cauce turbulento,/y un corazón a dos lavas de volcán siciliano, / y un corazón a dos sangres fluyendo por los días. / Teníamos un arte de realismo puro:/fachadas de ladrillo visto,/polvaredas del natural, / secuencias al estilo de Vittorio de Sica”.

Un tiempo de lugares comunes por los cuales pasea  Pérez Montalbán para expresar su   desencanto. Ejemplo de ese desencanto es el poema  “Polilla en los ochenta” en el que muestra su decepción y su crítica a la evolución de la España de la democracia: “España socialista disparaba a las águilas / que volaban de caza en la Plaza de Oriente, / quemaba un manifiesto, renunciaba a su credo, / se ponía el smoking sobre la vieja pana,/de moda estuvo el lino./ Y en los cócteles / se servía el olvido en alta copa”.

En la segunda parte del libro, “Supervivencia”, la poeta abre un mundo interior, aún no explorado, con una mirada reflexiva, donde  nos muestra las huellas y las cicatrices de  los conflictos vitales, de las propias batallas. Las libradas por la mujer, por su  condición misma, su cuerpo como reclamo. La soledad o el dolor se retrata también en poemas como “Colonia” o “Serrat y Armando Manzanero” en los que se vuelve más intimista, y más oculto su propio discurso poético, pero no por ello menos presente. Presencia que se hace más clara cuando aborda la utilización sexual de la mujer, que  tiene su denuncia en los poemas “Eva y la serpiente” o “Nocturno de Barrio”.

El libro, formalmente cuidado, avanza entre alejandrinos, endecasílabos y heptasílabos con un pulido lenguaje. Isabel Pérez Montalbán nos entrega en Un cadáver lleno de mundo una apuesta inteligente desde los complejos territorios de la conciencia.