NARRATIVA

J.M. Coetzee, Giacomo Casanova, Ana Novac, Pepe Martín, Haruki Murakami, Alberto Savinio, Angel Wagenstein, Vicente Luis Mora, Alberto Vázquez-Figueroa

  

LECTURAS NARRATIVA

  

EL SIGNIFICADO DE LA MEMORIA

TOMÁS VAL

Verano
J.M. Coetzee
Mondadori
Precio: 18,90 €
Páginas: 272

Qué es la vida de un hombre? Sin duda algo que puede observarse desde muy diferentes perspectivas y que afecta a muchas otras existencias, aparte de la suya. Cuando alguien se decide a escribir de su vida, a elaborar su biografía, lo más común suele ser recurrir a la memoria -siempre falsa- e ir escribiendo, más o menos cronológicamente, los más importantes sucesos íntimos que han perdurado en el recuerdo. Ese género literario -que nos ha dado páginas memorables-, tiene, sin duda, mucho que ver con la vanidad, circunstancia ésta muy propia de los escritores y lo habitual suele ser recurrir a la primera persona. La Literatura del yo.

J. M. Coetzee, el más importante y conocido escritor sudafricano -nació en Ciudad del Cabo en 1940-, que obtuvo el Premio Nobel en 2003, concluye el tercer tomo de sus particulares memorias, Verano. El lector que haya seguido la trayectoria literaria del autor de Desgracia o Esperando a los bárbaros, ya sabrá que los dos libros anteriores de su autobiografía fueron Infancia y Juventud, en los que Coetzee se interrogaba a menudo sobre el significado de escribir unas memorias.

En Verano, Coetzee adopta una forma novedosa de indagar acerca de la vida: de aparente estructura novelada -lo que contribuye a sembrar la juiciosa duda de si estamos leyendo realidad o ficción-, nos encontramos con un biógrafo inglés que hace una serie de entrevistas a ciertas personas que conocieron y trataron a un tal John Coetzee, novelista sudafricano que ya está muerto. Decidido a escribir un libro sobre él, nuestro joven autor se centra en los años setenta, cuando Coetzee contaba treinta años y compartía una destartalada casa con su padre en Ciudad del Cabo. 

Julia, una mujer casada que durante un tiempo fue amante de Coetzee; su prima Margot, que experimenta un confuso sentimiento de amor filial hacia ese ser tan desvalido que es Coetzee; Adriana, una brasileña convencida que el estrafalario profesor de inglés de su hermosa hija oculta incontrolables deseos amorosos hacia ella; Martín y Sophie, dos compañeros docentes que compartieron trabajos académicos son los encargados de hablarnos del hombre que conocieron y que más tarde se convirtió en un escritor famoso. De esas conversaciones sacamos la imagen de un Coetzee absolutamente desprovisto de habilidades sociales, extraño y torpe en su comportamiento con las mujeres, escritor casi secreto, obsesionado con su escritura en esa etapa inicial… El mundo en Sudáfrica -acordémonos del apartheid, tan importante en su obra- parece estar cambiando, pero al difunto Coetzee nada de eso parece interesarle.

Decíamos al inicio que la vida de un hombre la componen muchas cosas, y esa sensación aumenta cuando accedemos a esa existencia a través de testimonios ajenos. Si la biografía, como Verano, adopta una marcada intención novelesca, el discurrir de los personajes secundarios adquiere extrema importancia. Julia, Margot, Martín, Sophie y Adriana se sirven de sus recuerdos del trato con Coetzee para hablar de sus propias vidas y nos ofrecen así un panorama bastante convincente de sí mismos y de aquella Sudáfrica en la que el futuro Premio Nobel pasó una etapa decisiva.

Verano es una libro atractivo escrito con la muy solvente prosa de Coetzee, donde están esbozadas todas sus preocupaciones y obsesiones que han llenado sus novelas desde que en 1974 publicara Tierras de poniente. No encontrarán en Verano las amargas estampas sobre la crueldad o el trágico destino que parece aguardar al hombre en su caminar y que están tan presentes en la novelística de Coetzee. Ni revelaciones asombrosas o escandalosas sobre su vida, pero su lectura, además de muy grata, servirá para comprender mejor a este autor, alegórico y simbólico, que tanto ha escrito sobre la soledad, la humillación, el dolor y la libertad.

 

EUROPA ANTES DE LA REVOLUCIÓN

IGNACIO F. GARMENDIA

Historia de mi vida
Giacomo Casanova
Atalanta
Precio: 120 €
Páginas: 3.578

El tiempo lo ha convertido en un personaje de leyenda, pero Giacomo Casanova (1725-1798) fue un hombre bien real, por más que su errante y azarosa trayectoria, de tan novelesca, parezca inventada. Fue el novio del mundo y acabó sus días de manera lamentable, pero tal vez si no hubiera caído en desgracia, en esos años últimos de olvido y decadencia, no habría emprendido el relato que ha inmortalizado su paso por la tierra. El historial de sus famosas conquistas lo asimila a Don Juan, pero como han señalado siempre los devotos del veneciano y nos recuerda Félix de Azúa, prologuista de esta edición, se trata de dos personalidades muy distintas. Nacido para el placer y libertino por excelencia, Casanova no buscaba humillar a las mujeres, sino disfrutar de su compañía, era capaz de enamorarse y estaba muy lejos de la mentalidad resentida y misógina del mítico burlador sevillano. Por otra parte, fue mucho más allá del estereotipo de seductor. Ingenioso, cosmopolita, ilustrado, si su nombre ha pasado a la Historia no es por causa de sus proverbiales capacidades amatorias, sino de este libro extraordinario en el que recogió con desinhibida franqueza su vida y la del siglo.

Los lectores españoles hemos tenido que esperar mucho tiempo para acceder al original de la Histoire de ma vie, que sólo había circulado entre nosotros en versiones incompletas y expurgadas de los pasajes más escabrosos. Es fama que Casanova emprendió la escritura de sus memorias en la última etapa de su vida, cuando exiliado por segunda vez de Venecia y rechazado en las cortes que años atrás se habían disputado su presencia, fue recogido por el conde de Waldstein en su castillo de Bohemia, donde el envejecido vividor ejerció como fantasmal bibliotecario. En aquellas soledades, hacia 1789, comenzó la redacción, en el francés que era su segunda lengua y la de toda la Europa culta, de una “confesión general” que evocaba por igual los placeres y las desventuras, los triunfos y las penalidades experimentados en sus múltiples viajes a través del continente, por los palacios, los gabinetes, las prisiones, los prostíbulos y las tabernas. La obra no fue publicada hasta los años veinte del siglo antepasado, más de dos décadas después de la muerte de Casanova, pero hubo que esperar hasta 1960 para conocer en su integridad, con todas sus singularidades idiomáticas y sin censuras de ningún género, el texto original de la Histoire, que es el que ahora ha rescatado Atalanta. 

Es una edición magnífica. El traductor, Mauro Armiño, a quien debemos una versión no menos valiosa de la Recherche de Proust, ha incorporado los índices onomásticos y los centenares de notas que recogen el resultado de las innumerables pesquisas llevadas a cabo por la puntillosa cofradía de los casanovistas, cuyas glosas eruditas identifican lugares o personas, aclaran usos lingüísticos y matizan o contradicen la versión del autor a propósito de los hechos que narra. Como explica Armiño, el estilo del veneciano difiere sobremanera, por su oralidad y frescura, de la engolada prosa dieciochesca, y esa es la principal razón de su encanto perdurable. Las memorias de Casanova son, desde luego, un documento excepcional para conocer la Europa de antes de la Revolución, los usos galantes, las ideas filosóficas o los hábitos culinarios, pero son también una obra maestra no ya del género confesional, sino de la literatura a secas. Contradictorio y mendaz pero siempre lúcido, Casanova es en muchos sentidos nuestro contemporáneo. Al margen de su perfil aventurero y cercano a la picaresca, pocos como él han entendido el significado de la palabra libertad, sus limitaciones reales y su dimensión sagrada.

 

EJÉRCITO DE PALABRAS

FÉLIX ROMEO

Aquellos hermosos días de mi juventud
Ana Novac
Destino
Precio: 18 €
Páginas: 284

Cómo se puede escribir tan bien a los 15 años? ¿Cómo se puede escribir tan bien confinada en Auschwitz, cuando no comes o comes piedras, cuando tienes la cabeza rapada, los piojos te invaden el cuerpo, te golpean los kapos, trabajas del amanecer al anochecer, la fiebre hace arder tus huesos? De hecho, ¿cómo se puede escribir físicamente?  Ana Novac escribía antes de entrar en el campo de concentración. Escribía un diario desde los 11 años, y era plenamente consciente del sentido de su escritura: si los nazis tenían ejércitos de soldados, ella tenía un ejército de palabras, y lo emplearía para dar testimonio de esa brutalidad, del terror, del salvajismo, de los asesinatos sistemáticos, del antisemitismo, del odio, de la locura, de la represión, de la angustia...

Ana Novac, nació en Transilvania en 1929 y murió en París hace sólo unos meses, el último día del mes de marzo, cuando su diario de confinamiento aparecía por primera vez en una lengua española, más de cuarenta años después de que lo hiciera en su primera edición húngara. Ha pasado mucho tiempo pero sus palabras siguen teniendo una potencia estremecedora. Sus palabras siguen siendo profundamente conmovedoras.

¿Cómo puede conocer tan profundamente el alma humana una niña de 15 años? Quizá porque había decidido que su vida fuera guiada por la bondad, y a ella se encomendaba. Escribió: “¡Qué lastima que escaseen tanto los avispados que se dan cuenta de que el don de uno mismo es la más deliciosa y también la más provechosa de las vocaciones! En cualquier caso, digo que la bondad es lo mejor que me ha sucedido desde que nací. ¡Ojalá hubiera puesto empeño antes! Ojalá dure...”. Simone Weil había muerto un año antes de que Ana Novac escribiera estas líneas, y es muy difícil que hubiera leído sus obras, pero su espíritu parece haberle llegado por el aire, luchando contra el humo humano de las chimeneas de los lager nazis.

¿Cómo se puede mantener el sentido del humor y desplegarlo tan inteligentemente en la descripción de un infierno fabricado por humanos? No lo sé, pero Ana Novac lo mantiene y lo despliega, de la primera a la última página de su diario. Cuando contempla desnudas a sus compañeras, y se contempla también a sí misma desde arriba, elevándose con un efecto de grúa cinematográfica, todas esas cabezas rapadas le recuerdan a un campo de coliflores. Cuando trabaja en una cadena de transporte de piedra, y junto a su amiga Sophie, imagina que son caníbales africanos y sus guardianes son una posible comida sabrosa.

Tiene 15 años y sabe muchas cosas, pero Ana Novac sigue siendo una niña y se emociona cuando gracias a la fortuna, y después de meses de vestir sacos, puede ponerse un vestido: “Me envuelvo en mi vestido de franela. ¿Cómo decir lo dichosa que se nota mi piel bajo la caricia del tejido mullido?”. Es una niña y le parece injusto que la vida se le acabe tan rápidamente. Es una niña y, cuando raramente el hambre no ocupa todos sus pensamientos, sueña e imagina una vida más allá del campo de concentración “con chicos imaginarios” que le dan “abrazos imaginarios”.

Ana Novac escribió sin descanso mientras estuvo recluida: a veces en cuadernos y otras veces en papel higiénico. Tras la liberación se dejó seducir por el comunismo y a partir de los años 50 luchó para salir de esa utopía pesadillesca y vivir y escribir en libertad, algo muy parecido a lo que le sucedió a otro joven sobreviviente del Holocausto, Norman Manea. Lo consiguió, y lo cuenta con felicidad en el “Epílogo”. Ahora, por fin, podemos leer en castellano su extraordinario libro, con ese título lleno de ironía. ¿Cómo podía escribir tan bien, durmiendo entre cadáveres?

 

LAS BAMBALINAS DEL ACTOR

MARIO ELVIRA

El recuerdo dormido
Pepe Martín
Fundación Aisge
Precio: 8 €
Páginas: 221

Pepe Martín (Barcelona 1935) es una de las grandes figuras del teatro español, donde ha forjado una carrera de más de cincuenta años con inolvidables interpretaciones como El Conde de Montecristo en 1969 y El Beso de la Mujer Araña en 1981. En las páginas de El recuerdo dormido, Pepe Martín cuenta con sencillez y pasión su infancia de postguerra, el afecto bilingüe de sus padres, su vocación de comediante y su formación en la escena parisina con Jean Vilar y María Casares. Junto con otros actores de la talla de José María Rodero y Carmen de la Maza, fue un pionero de aquella televisión de los años sesenta que, gracias a los innovadores espacios Estudio 1 y Novelas, acercó al público a los grandes clásicos de la literatura. En estas memorias, desenfadadas y repletas de anécdotas, el actor desgrana su amistad con otros compañeros, como Pepe Rubio, Luis Escobar o Mónica Randall; el agobio que le supuso la sombra de Montecristo del que consiguió librarse en Chile con la interpretación de La Araucana y posteriormente en Mesas separadas y El Clavo. Son los años en los que conoce a su mujer, Silvia, y en los que también trabajó en la radio con sus entrevistas a actores y escritores como Julio Cortázar. En 1988, Martín, junto con Charo Soriano, pone su extraordinaria voz al servicio de la poesía y recorren, recitando textos de La generación del 27, los teatros del país. El hábitat natural donde obtuvo de nuevo el éxito con su debut en la dirección de La caída de Camus en 1998 y Las Voces, monólogos de Claudio Magris. Esa voz prodigiosa y cercana es la que resuena en este libro sobre su carrera y la vida del actor que transcurre entre bambalinas.

 

EL LARGO ADIÓS DE CARMEN LAFORET

JUSTO SERNA

Carmen Laforet. Un a mujer en fuga
Anna Caballé, Israel Rolón
RBA
Precio: 32 €
Páginas: 515

Una muchacha de provincias llega a la Barcelona cosmopolita y prometedora que su imaginación ha forjado. Estamos en la inmediata posguerra española: las estrecheces angustian a la gente, emponzoñan las relaciones, asfixian el ánimo. La joven se aloja en casa de su abuela materna. Quienes allí residen tienen su tiempo remansado, con historias mezquinas. La muchacha ve lo que sucede. Nos lo contará con afán concienzudo, con madurez expresiva y con juicios cada vez más decepcionados. Es Andrea, la protagonista de Nada, de Carmen Laforet.

Desde que fuera publicada, Nada es un éxito. Miles de lectores han quedado impresionados por esta obra, el primer Premio Nadal (1944). Será un hito en la historia literaria española, una nueva forma de narrar con realismo y crudeza las relaciones sórdidas de la familia, los desengaños de la gran ciudad, un mundo extraviado, con gentes chifladas.La novela será vista como una alegoría del franquismo, como una crítica inclemente y grotesca de la España menesterosa de posguerra. Todo ello perfectamente creíble: el ambiente y el lenguaje de una muchacha que ve derrumbarse su porvenir provinciano. Cuando la escribe, Carmen Laforet también es una joven de veintitantos y comparte con Andrea muchos vínculos biográficos. Por lo que sabemos, la existencia de Laforet fue una continua lucha. El libro de Anna Caballé e Israel Rolón, Carmen Laforet. Una mujer en fuga narra esa vida de porfía y derrota. Es una biografía perspicaz que se lee con la inquietud de una pesquisa psicológica, literaria e histórica. Es una investigación que se basa en abundantes testimonios, en numerosos vestigios, pero es sobre todo un relato que nos intriga, apasiona y desasosiega. Los autores han debido ordenar la información, administrar los datos, admitir las ignorancias que no podrán ser  documentadas. Pero han debido escribir con elegancia y prudencia, mostrándonos una peripecia personal y a la vez moral.

El yo siempre es algo inestable que carece de sentido único y definitivo. Los biógrafos de Laforet han debido fijar las mudas de la identidad, han debido rastrear sus huellas y han debido contar. El relato no tiene afeites ni moralismos. Escriben con piedad y con distancia, conectando los datos, comprendiendo. ¿Comprendiendo qué?

Carmen Laforet tuvo que superar una infancia amarga: con un padre mundano, de gran dinamismo; con una madre triste y enferma, depresiva, pronto fallecida y sustituida por una madrastra de cuento, malvada, hostil y egoísta. Quiso que su familia futura fuera el negativo exacto de esa penalidad. No lo logró.

Tuvo que alzarse contra la fatalidad de un éxito temprano y arrasador, el que le proporcionó su primera novela. Por eso se vio obligada a buscar la excelencia creativa: escribiendo y rompiendo, forzándose y descartando, oponiéndose también al  determinismo de las comparaciones, a esa Nada que la asfixiaba.

Tuvo, en fin, que definirse como persona sin disponer de modelos firmes, anhelando siempre el ejemplo o la tutela o la sombra protectora de mujeres fuertes. Este desasosiego y este castigo son investigados y descritos con ímpetu y lucidez en la obra de Anna Caballé e Israel Rolón. Una composición compleja, sutil y precisa que entretiene y desazona, una obra que devuelve actualidad y potencia a una novelista que nos cambió la vida a fuerza de perder la suya.

 

UNA ENCICLOPEDIA MUY PERSONAL

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Nueva enciclopedia
Alberto Savinio
Acantilado
Precio: 24 €
Páginas: 198

Alberto Savinio es el pseudónimo de Andrea de Chirico (Atenas, 1891-Florencia, 1952), hermano menor del celebérrimo Giorgio de Chirico. Como su hermano, fue pintor (y de los buenos), pero sobresalió también como músico y como escritor. En España comenzamos a leer a Savinio de la mano de Bruguera, que publicó en 1983 Maupassant y el otro (1944), en traducción de Elcio di Fiori, y en 1984 El destino de Europa (1945), en versión de Gabriela Sánchez Ferlosio. Luego, entre 1989 y 1991, Siruela publicaría, en cuidadas traducciones de César Palma, La infancia de Nivasio Dolcemare (1941), Contad, hombres, vuestra historia (1942) y Nuestra alma y El señor Münster (1944). Mucho después, en 2005, Sexto Piso auspiciaría la publicación de Capitán Ulises (1934) y, en 2007, la editorial valenciana Pre-Textos publicaría Tragedia de la infancia (1937).

Llegados a este punto, aparece en escena Jaume Vallcorba, príncipe de editores, y decide incorporar a su repertorio editorial al hermano escritor del pintor metafísico De Chirico. Si tenemos en cuenta que fue Roberto Calasso quien impulsó más y mejor la escritura de Savinio en sus Adelphi Edizioni, y que Vallcorba es nuestro Calasso particular (pero sin incurrir, gracias a Dios, en la autoría de tostones tan memorables como Las bodas de Cadmo y Harmonía), parece lógico que ambos compartan a un autor tan delicado y tan bizarre como el autor de Nueva Enciclopedia (1954), libro que no vio la luz hasta 1977, un cuarto de siglo después de la muerte de su autor, en el brillante catálogo de Adelphi.

Vallcorba recupera, para esta edición de Acantilado, la traducción del novelista Jesús Pardo de Santayana, políglota donde los haya, que había publicado por primera vez su versión de la Nuova Enciclopedia saviniana en Seix Barral (1983). La verdad es que el libro no tiene desperdicio. En el fondo, es un libro de memorias, porque el orden alfabético de los artículos desarrollados por Savinio no es más que un pretexto para ofrecernos, de forma fragmentaria, una autobiografía sui géneris de su autor y, al mismo tiempo, un chispeante, pintoresco y atípico retrato de nuestra civilización. La voz Germanismo, por ejemplo, comienza del siguiente modo: “El 12 de septiembre de 1943 estaba yo en mi casa de Poveromo, en la región de Massa.” Desde lo autobiográfico Savinio se traslada, a lo largo de las treinta páginas empleadas en la redacción de ese artículo, a la grotesca tesis de que lo germánico es enemigo de lo europeo y de que Michelet tenía razón cuando definía Alemania como “el Asia de Europa”.

A Homero, por ejemplo, le dedica tan sólo quince líneas, pero enormemente sabrosas. Habla de la supuesta costumbre española “de cegar a los canarios para hacerles cantar mejor”, lo que explicaría la ceguera del vate heleno, a quien la Musa, al darle el canto, le habría quitado la vista. A lo ancho y largo de las disparatadas y geniales entradas de su personalísima Enciclopedia, Savinio hace gala de una cultura clásica muy profunda, pues ni el griego clásico –recuérdese que había nacido en Atenas– ni el latín tienen secretos para él. Eso le permite jugar a las etimologías con conocimiento de causa y darnos una idea de la solidez de sus saberes, que trascienden lo grecorromano para extenderse por mil y un territorios diferentes, pero sin sofocar en ningún caso el aliento de vida cotidiana, la respiración humanísima que destilan todos y cada uno de sus ítems enciclopédicos. Si a ello añadimos la sobredosis de ironía que caracteriza la obra literaria de Savinio y una sorprendente agudeza de espíritu, obtendremos el admirable cóctel de esta Nueva Enciclopedia, afortunadamente recobrada para el lector de habla española.

 

LA ESCRITURA DEL CORREDOR

GUILLERMO BUSUTIL

De qué hablo cuando hablo de correr
Haruki Murakami
Tusquets
Precio: 17 €
Páginas: 230

Haruki Murakami lleva veinticinco años corriendo. Los mismos que lleva dedicado a la literatura. Decidió dedicarse a ambas disciplinas el día que se cansó de regentar su club de jazz en Tokio y de fumarse dos paquetes de cigarrillos. Murakami se compró unas zapatillas Mizuno y una pluma Sailor e inició una vida en la que su objetivo era y es el reto de cubrir largas distancias de asfalto y largas distancias de papel. Lo cuenta esplendidamente en este diario de memorias que siempre aplazaba por diferentes razones.  Un viaje,  una mudanza de un país a otro, la participación en varios maratones, la redacción de sus novelas. Pero en esos diez años ningún día dejó de escribir mentalmente, mientras corría, este diario de  memorias escrito entre 2005 y 2006.

Con la maestría de una prosa sencilla, sincera y cercana, Murakami explica su poética concepción de la vida como carrera de un runner y de un escritor, consciente de que una práctica y otra tienen la misma filosofía y las mismas exigencias. Las cualidades del corredor y las del escritor –explica– requieren capacidad de concentración, constancia, esfuerzo, capacidad de superación y la importancia de quedarse convencido de que se ha dado todo lo que se tenía que dar. Estas cosas hay que entrenarlas, equilibrarlas con las propias limitaciones y con el reto de prolongar las habilidades. Escribir y correr es superarse a uno mismo. Saber si la carrera, si lo escrito, alcanzan o no los parámetros que uno se ha fijado. Escribir es una dura prueba física en la que uno se mide con la respiración interior y física, con la adecuada elección del ritmo y con el desgaste de la rutina. Hay días en los que no se tienen ganas de correr, tampoco de escribir. En esos días es importante imponer la voluntad, enfrentarse a la desgana. Él lleva haciéndolo veinticinco años. Dos horas de carrera diaria, cuatro horas diarias de escritura. Sabe de que habla. Lo hace con honestidad, con divertidas anécdotas relacionadas con las maratones, con la redacción de sus libros y sus traducciones, con su esposa, con la música que escucha. Cada una de sus reflexiones muestran su actitud vital, la manera con la que ha aprendido a canalizar sus emociones corriendo, a esforzarse en cada carrera. Lo mismo que ha hecho con cada libro. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Tokio Blues, Sauce ciego entre otros títulos lo demuestran. Atenas, Boston, el lago Saroma, Nueva York entre otros maratones, también.

Murakami tiene sesenta y un años y sigue manteniendo en forma su salud física y mental. Su capacidad de afrontar nuevos retos. Se ha pasado a las difíciles pruebas de triatlón. Corre, nada, monta en bicicleta y escribe una nueva novela. Está claro: Murakami existe porque corre, porque escribe.

 

EL TERRITORIO DE LA AVENTURA

ALEJANDRO LUQUE

Garoé
Alberto Vázquez-Figueroa
Martínez Roca
X Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio
Precio: 19,50 €
Páginas: 300

Una isla rocosa, casi inaccesible. Un paraje lunar, sacudido por erupciones volcánicas, que marca los límites del mundo conocido, azotado por la sequía y bañado por un mar bravo y traicionero. Este es el salvaje y sugestivo escenario de Garoé, la novela con la que el superventas Alberto Vázquez-Figueroa (Santa Cruz de Tenerife, 1936) obtuvo el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, al parecer el primer concurso al que se presenta, con evidente éxito, en su dilatada trayectoria.

El protagonista de esta historia, más emparentado con la clásica narración de aventuras a lo Pérez-Reverte que con la novela histórica propiamente dicha, es Gonzalo Baeza, un general español que recibe la visita de un viejo amigo, monseñor Alejandro Cazorla, a quien el rey le ha pedido que le convenza de aceptar el cargo de gobernador de la isla de El Hierro. Por lo visto, Baeza no está dispuesto a asumir tales responsabilidades ni por todo el oro del mundo, y sus razones las irá desgranando en una morosa conversación.

Según su relato, Baeza participó muchos años atrás en una expedición que tenía como objeto afianzar la soberanía española en El Hierro, para lo cual debían meterse en el bolsillo a los primitivos habitantes de la isla y tomar posiciones estratégicas en tan escabroso territorio. Pero habrá dos factores que corrijan el previsible curso de los acontecimientos: en primer lugar, el romance de Baeza con Garza, una bella indígena que despierta en él todas las simpatías hacia ese pueblo invadido. Y segundo, el descubrimiento de intereses comerciales ocultos bajo el pretexto de la incursión militar, en concreto la recogida de un liquen misterioso, la orchila, imprescindible para la producción de unos codiaciados tintes, y cuyo uso se remonta a los tiempos de los fenicios. No descubrimos nada si decimos que el estilo de Alberto Vázquez-Figueroa tiende a ser pródigo en ligerezas y repeticiones. El propio autor ha reconocido alguna vez en sus entrevistas que la minuciosidad en la prosa no es ni su fuerte ni su obsesión. Está siempre dispuesto a sacrificar estos melindres en aras de la eficacia del relato, estructurado en capítulos cortos –y estos a su vez en párrafos igualmente breves– sin más descripciones que las justas, con diálogos ágiles y tratando de no incurrir en demasiadas complejidades en la trama. Una lectura, en suma, destinada a ser bebida por el lector en tres sorbos. No hay claroscuros en el dibujo psicológico de los personajes, entre los cuales los buenos son espléndidos y los malos rematadamente pérfidos. La relación entre Baeza y Garza, por ejemplo, nace sin más de un flechazo instantáneo que destierra cualquier tribulación. El general, además, demuestra una concepción del amor, así como una conciencia social y una visión crítica con la Iglesia más propias de un ciudadano actual que de un soldado del siglo XV. Y lo mismo podría decirse de sus expresiones, como las de la simpática guarnición bajo su mando, que por momentos discurren al filo del anacronismo.

Son las condiciones que Vázquez-Figueroa propone en su juego, y el lector las toma o las deja. Quienes accedan a la propuesta del autor de Ébano, El perro o Coltan, se regalarán unas cuantas horas de entretenimiento, recibirán algunas nociones de Historia, comprobarán que las alianzas entre religión, ejército y economía no son de invención reciente, y puede que vibren asistiendo al viejo choque entre civilización y barbarie, hombre y Naturaleza.

 

TAN LEJOS Y TAN CERCA

JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ

Lejos de Toledo
Angel Wagenstein
Libros del Asteroide
Precio: 18,95 €
Páginas: 328

Hay episodios históricos tan familiares a través  de referencias textuales y de una extensa y variada fraseología, que cuesta reconocer, de pronto, hasta qué punto ha sido reducida la verdad a una contemplación paternalista, simple y, al cabo, maledicente. Ése es el caso de la diáspora sefardí, producida tras el decreto de expulsión firmado en 1492 por los Reyes católicos. Pero mucho me temo que tras esa torticera aproximación a nuestra conciencia, siempre se ha escondido la ignorancia de quienes preferían explicar “la expulsión del paraíso” con trasnochados planteamientos de difícil justificación.

Quizás, por ello, la primera impresión que se tenga al leer Lejos de Toledo (2002), última novela de Angel Wagenstein (Plovdiv, Bulgaria,1922), publicada por Libros del Asteroide, sea de asombro, al comprobar la firmeza de esa comunidad en la defensa de sus raíces, cultura, lengua o gastronomía; en definitiva, de una memoria colectiva que se ha alimentado con cada uno de los descendientes de esos primeros judíos arrojados a un exilio ignominioso y convertido a nuestra nación, a la suya, en un sueño, en un hilo invisible y común para los casi dos millones de sefardíes repartidos hoy por todo el mundo.

En Lejos de Toledo, el autor se sirve de un planteamiento narrativo sencillo como lo es la vuelta de Albert Cohen desde Israel a Plóvdiv, la ciudad búlgara donde nació, para asistir a un congreso. Una vez allí, le asaltarán los recuerdos de la niñez pasada junto a la abuela, Mazal, ejemplo de prudencia y pragmatismo, y el abuelo, Abrahan el Borrachón, personaje muy especial para el protagonista en el que se mimetizan la fantasía, la locuacidad y sabiduría fabuladora de quien no necesita la realidad para ser parte esencial de ella. Con ellos, otros habitantes del barrio de Ortà Mezàr, como el fotógrafo Kostaki y su taller Eternidad, capaz de detener el tiempo y atrapar en él para siempre el pulso de la ciudad, Mitko, compañero de juegos, hijo del profesor Stóichev o Madame Vartanian, pero, sobre todo y sobre todos, su hija Araxi, la niña de quien se enamora y nunca más sabrá, tras marchar ésta rumbo a París. Pues bien, todo ese mundo reaparecerá con estrépito entre las calles estrechas de la vieja judería, y al abrigo de unos reencuentros (el anciano Kostaki, Mitko, Araxi…) que enfrentarán el pasado y el presente del protagonista, de Albert Cohen y Berto, el niño al que el Bonachón enseñara que la esperanza era un estado del alma y que sin ella la vida carece de sentido alguno. De hecho, para Cohen sólo la esperanza y el amor por Araxi, con la que se reencuentra durante su estancia en Plòvdiv, pueden justificar el éxodo dramático de hace más de quinientos años.

En todo caso, Lejos de Toledo es una novela llena de ternura y nostalgia, que nos sumerge con humor e ironía en una cultura secular e irrenunciable y en un tiempo habitado ya sólo por los recuerdos, pero también por el amor íntimo y esencial que sostiene a las personas y a los pueblos. Lo hace con la prosa ágil, dinámica y directa del guionista que es y ha sido Wagenstein, un narrador al que hay que agradecerle su tardía incursión en la novela por ese dominio tan cinematográfico del ritmo narrativo y saber conducir al lector como si todo y nada fuesen una y la misma cosa, aquella esperanza que nunca abandonó a sus antepasados desde la bella ribera del Tajo a los puentes centenarios del Maritsa.

 

EL CRONISTA DE LA GRAN GUERRA

EVA DÍAZ PÉREZ

En las trincheras
Gaziel
Diéresis
Precio: 20,95 €
Páginas: 320

A las once horas del día 11 del mes once de 1918 se hizo un gran silencio. Los campos de una Europa devorada a sí misma se nutrían de millones de cadáveres, en los paisajes quedaban las cicatrices de las trincheras como costurones que simbolizaban la nueva geografía surgida de la guerra. Había terminado por fin un conflicto –del que pronto se cumplirá un siglo– que se puede considerar la primera guerra moderna, el escenario donde se ensayó la maquinaria bélica del siglo más atroz.

La Gran Guerra es hoy una desconocida, un conflicto que quedó eclipsado por la Segunda Guerra Mundial, que contó con particularísimos episodios que hicieron borrar todo lo anterior. Efectivamente, el 11 de noviembre de 1918 se firmó el armisticio que acabó con los combates entre los imperios centrales y los aliados y que determinaría trágicamente los acontecimientos que vendrían después.

La Primera Guerra Mundial no fue un asunto español, porque el gobierno de Eduardo Dato declaró su neutralidad. Sin embargo, España participó de una forma u otra, por ejemplo, con soldados voluntarios que se alistaron en la Legión Extranjera Francesa. Tampoco hay que olvidar cómo el conflicto benefició a algunas empresas españolas o el reflejo diario de combates dialécticos en la prensa dividida entre aliadófilos y germanófilos.

La Gran Guerra –la llamada de forma liberadoramente ajena Guerra Europea– despertó la atención de los lectores españoles provocando así el despliegue de escritores y periodistas que viajaron a las zonas de conflicto para narrar las dantescas batallas. Allí estuvieron Blasco Ibáñez, Carmen de Burgos, Valle-Inclán o Azorín, que enviaba artículos irregulares y medrosos desde París, concretamente desde la habitación de su hotel, y que hace poco ha recuperado la editorial Alfama con el título París bombardeado.

Frente a las insulsas crónicas de Azorín desde su refugio parisino, donde se limita a pasear y divagar, están los escritos de un periodista de raza, Agustí Calvet, más conocido como Gaziel, que narró de forma excepcional el horror de la Gran Guerra en La Vanguardia. Ahora, la editorial Diëresis acaba de rescatar con gran acierto los textos que Gaziel publicó en un diario que se caracterizó por su completísimo relato del conflicto, ya que también se ocupó de cubrir las noticias del otro bando con las también interesantes crónicas de Enrique Domínguez Rodiño desde Berlín.

Esta recopilación de artículos de Gaziel parece responder a cierto interés editorial español por llenar el vacío que existe acerca de este episodio histórico. No hay más que recordar recientes rescates como Francia combatiente (Impedimenta), El miedo (Acantilado), de Gabriel Chevallier o Estallidos y bombardeos, las memorias del artista Wyndham Lewis en la batalla.

Las crónicas de Gaziel son excepcionales, un documento prodigioso que recupera el espíritu del gran periodismo, el que se hacía con la materia de la realidad, reflexivo, ajeno a la superficialidad y revelador de las claves de la época. Gaziel en las trincheras, con textos seleccionados por su biógrafo Manuel Llanas y el también corresponsal Plàcid García-Planas, reúne sus narraciones a pie de guerra y el resultado es un fresco narrativo de la Gran Guerra con las terribles particularidades de aquel conflicto, pero en el que se adivina la necesidad de trascender la anécdota para alcanzar la idea universal. Un relato que sirve para explicar todas las guerras.

 

CIBERSEX

PEDRO M. DOMENE

Alba Cromm
Vicente Luis Mora
Seix Barral
Precio: 17 €
Páginas:263

Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) entiende los libros como esos lugares donde indagar y utiliza vasos comunicantes que acercan conceptos tan amplios y diversos como la noción de novela y metanovela.  Desde hace años, representa esa actitud crítica entre la literatura y la variedad de la cultura misma, ensayando contenidos que conforman una visión literaria nueva. Es así como el escritor cordobés ensayaba su proyecto más ambicioso, Circular (2003 y 2007), textos en los que ponía de manifiesto una singular capacidad heterogénea de la expresión literaria y su propensión a la metamorfosis, para conseguir que sus historias se convirtieran en una compleja estructura arquitectónica, paralela a la realidad de la escritura.  Defensor de un concepto literario pangeico, cuya acción comunicativa proporciona nuevas realidades digitales y virtuales, con una absoluta capacidad para una asimilación convencida y profunda de los medios de comunicación de masas que, en la actualidad incluirían internet y sus herramientas más variadas: chat, facebook, twitter, twenty.

La sinopsis de Alba Cromm (2010), la última entrega de Vicente Luis Mora, reproduce un argumento de lo más convencional, calificándola de novela de suspense creciente, un thriller que indaga en los procesos sociales que nos convierten en sospechosos o en perseguidores en un mundo incapaz de proteger a los más débiles: en este caso los niños, esto es, el mundo de la pederastia. La heroína Alba Cromm. subcomisaria de la Policía Nacional, miembro de la Brigada de Investigación Tecnológica, no conoce familia, es huraña y esquiva, persigue, desde el complejo mundo de la informática, a los seductores de inocentes niños que se dejan embaucar por las redes sociales que envuelven a una sociedad anónima y delictiva. Hasta aquí lo convencional, lo original se percibe ya en la primera página donde se reproduce la portada de la revista Upman, con el sugerente subtítulo, “La revista para el hombre de verdad”, número que anuncia el especial dedicado a Alba Cromm y sus éxitos más recientes sobre pederastia, y/o su participación en el concurso informático del multimillonario Jehová Lesmer. Mora cuenta como a partir de este curioso hilo argumental: el dossier Alba Cromm, se desarrolla el resto del relato, cuando la revista le encarga al periodista español más prestigioso del momento, ganador del Premio Pulitzer, la reconstrucción de los hechos a través de los materiales más diversos que, finalmente, darán lugar a la historia: los diarios de la protagonista, los post en su blog, las notas de Martínez Cerva, los diarios de la psicóloga y amiga, Elena Cortés, variados informes de la Policía Nacional, transcripciones de los numerosos chat y los diferentes blog, y algunos de los email, de Alba cruzados con Nemo, del hacker pederasta buscado, además de fuentes periodísticas y conversaciones convencionales de los principales personajes de la historia.

Ambientada en un futuro cercano, con datos y fechas de una inmediatez creíble, la ambientación y la disposición de las imágenes, incluso el personaje, de una complejidad psicológica decimonónica, se abre a una historia desarrollada en el mundo cibernético del siglo XXI y muestra, además, esa visual textura del mundo del cómic. Lo mejor de esta novela, sin lugar a dudas, es su propuesta como medio de comunicación; y, por supuesto, la ética de Vicente Luis Mora, capaz de posicionarse valientemente frente a los problemas que asolan nuestro tiempo.

 

INSATISFACCIÓN DESTRUCTIVA

SANTOS SANZ VILLANUEVA

Oscura monótona sangre
Sergio Olguín
Tusquets
Precio: 16 €
Páginas: 184

El inquietante verso de Salvatore Quasimodo que utiliza el argentino Sergio Olguín (1967) como título de su nueva novela sintetiza en una reveladora imagen la pulsión incontrolable que arrastra al omnímodo protagonista, Julio Andrada. El autor refiere los sucesivos pasos de una irreversible carrera autodestructiva. Rico empresario, Julio va de su lujosa casa a su empresa atravesando barrios miserables de Buenos Aires que le conectan con sus orígenes humildes. Hace ese trayecto, “camino inverso de su ascenso social”, a instancias de secretos impulsos. Le aterroriza imaginar que un día pierde sus bienes y debe mudarse a lugares semejantes. Como a las mariposas la luz, la miseria atrae a alguien a quien “alejarse de la pobreza era lo único que le producía una auténtica tranquilidad interior”.

El fondo atormentado de Julio le impulsa a adentrarse en un poblado marginal de prostitución y droga. El episodio anuncia el punto de no retorno de una trayectoria trágica. Comete un homicidio y conoce a una prostituta adolescente, Daiana. La chica se convierte en una obsesión arrasadora. El renacimiento impetuoso de un deseo enajenante y confusos sentimientos protectores le llevan a encadenar irreparables errores. La ceguera moral le hace víctima de un fatalismo que anula su mente razonadora y fría.

El episodio del que parte la deriva catastrófica de Julio responde a la compleja personalidad del personaje, no al trastorno ocasional de alguien azotado por el ramalazo loco de la pasión. En el protagonista conviven intensas emociones familiares y paternales, impulsos de bondad, arranques mafiosos y sentimientos de culpa. Tal amalgama de factores se salda en un estado de insatisfacción que determina la búsqueda irracional y perentoria de un elemento salvador. Daiana adquiere el valor metafórico de una ilusión, símbolo de una quimera. De este modo, la historia desborda el dominio cerrado de la pasión a la manera de Nabokov, y, además, el conflicto se desprende del puro intimismo psicológico al añadírsele una fuerte material social.

Oscura monótona sangre tiene el trazado firme de la tragedia clásica. Determinaciones personales, influencias ambientales o condicionantes económicos confluyen en una historia que avanza sin titubeos ni concesiones hacia el irreparable desenlace. Sabemos a las pocas páginas de comenzar el libro el desastre que aguarda al protagonista. Los anuncios del narrador (“cuando todo hubo acabado”, aquello pudo llamarse “el comienzo del fin”) constituyen un subterráneo aliciente de suspense añadido a un relato implacablemente objetivista y externo de los sucesos. No hay divagaciones psicológicas, apenas existen descripciones. La historia fluye a ritmo vivaz mediante una estricta técnica conductista, o, si se quiere, a través de una cámara cinematográfica que enfoca acciones y mínimos encuadres espaciales. El estilo, de frase corta algo lapidaria, y el buen diálogo conversacional, sirven como discreto vehículo de los sucesos que no desea llamar la atención sobre sí mismo y se atiene a un principio de eficacia narrativa.

Sergio Olguín fusiona la historia de un descenso a los infiernos mentales y un documento social de las barreras que separan a los ricos de los miserables mediante un relato puro, desnudo y con el nervio de la crónica periodística. El resultado es una narración absorbente que se lee de un solo tirón. Oscura monótona sangre le atrapa a uno en una aventura humana tan apasionante y contada con tanta fluidez que hacer un alto en la lectura supone una contrariedad.

 

DISPARAR A LOS PAVOS REALES

MARTA SANZ

El Jardín de los Suplicios
Octave Mirbeau
Impedimenta
Precio: 19 €
Páginas: 230

El Jardín de los Suplicios de Octave Mirbeau se coloca sobre esa línea tan francesa de literatura de la trasgresión que une a autores como Sade, Crébillon hijo, Barbey d’Aurevilly, el Apollinaire de Las once mil vergas o Bataille en Historia del ojo. Desde ópticas más o menos moralistas, libertinas o libertarias, ateas o ranciamente confesionales, los autores reflexionan sobre la dimensión política de la pornografía, el erotismo y la crueldad, así como sobre la dialéctica que se establece entre instinto y civilización. Mirbeau solapa ambos conceptos impregnando de impulsos atávicos la moral individual como resultado del sistema político imperante en un Occidente hipócrita y corrupto. En El Jardín de los Suplicios se activa la máxima de odiar Europa y China no es metáfora de un mundo idílico, sino contra-utopía de cuya gestación los occidentales somos culpables. Con su literatura del escándalo, Mirbeau, el anarquista, un punky decimonónico en palabras de su editor, denuncia la incompatibilidad de honestidad y poder; los hábitos mezquinos de una pequeña burguesía para la que el comercio es un robo impune; la falsedad de las guerras “humanitarias” que encubren el expolio; y el racismo tomado con un sentido del humor que puede herir algunas sensibilidades: en el barco que conduce a los protagonistas a Ceilán, representantes del poder militar, científico y económico dan otra vuelta de tuerca al tabú de la antropofagia alabando el sabor de la carne de los alemanes mientras aseguran que “El negro no es comestible.”

Las dos primeras partes funcionan como contextualización política y no permiten al lector desconcertarse en la tercera: el desencantado narrador y Clara, una excéntrica inglesa –y excéntrica es un adjetivo eufemístico, mientras que inglesa adquiere un valor fundamental– emprenden un viaje iniciático por el Jardín de los Suplicios donde los presos luchan por una piltrafa de carne putrefacta; a los condenados se les saca a tiras la piel; las mujeres exhiben sus párpados, boca y genitales llagados por guindilla; y los aristócratas mueren bajo la vibración de una campana... Los martirios se perpetran en un maravilloso jardín de flores como sexos abiertos. Decir que la sensualidad de la prosa de Mirbeau es deslumbrante es quedarse corto... El efecto del oxímoron, de la imposibilidad de concebir mentalmente un jardín de los suplicios, consiste en que la belleza del lugar se hace cruel por el horror de las torturas y, a su vez, llevados por la perversión de Clara, parece que el suplicio se embellece con la hermosura del espacio. Atracción y repugnancia se superponen cuando los bellísimos pavos reales comen salpicaduras de carne humana sobre los pétalos. La belleza se trasviste de inmoralidad, se exalta lo voluptuoso del morir y de la pudrición, y se coloca en primer plano una sensibilidad tanática del sexo. Sin embargo, la tortura, pese a la apología de Clara y los torturadores, no se dignifica. Ahí reside el pacifismo y el humanismo, el materialismo crítico, la posición ideológica de un Mirbeau que detesta a los occidentales que disparan a los pavos reales tanto como a las aves afeadas al alimentarse de carroña. Mirbeau no practica el relativismo moral y se indigna ante un Occidente al que, en apariencia, le repugna la crueldad de las torturas chinas, pero propicia asépticas masacres y se rasga las vestiduras con el deleite erótico. Especialmente el deleite de los pobres, porque a los ricos se les permite todo: hasta comer alemanes en mitad de la selva.