ENSAYO Y POESÍA
Silverio Lanza, Gerald Martin, Germán Gullón, Robert Crump, Ángeles Mora, Blanca Andreu, Adonais 1943-2008
LECTURAS ENSAYO
GABO UNIVERSAL
PEDRO M. DOMENE
Gabriel García Márquez. Una vida
Gerald Martín
Debate
Precio: 24,90 €
Páginas: 762
Una biografía resume un proyecto de vida, aquello que uno marca para su propia existencia, la elección de una dirección, la exclusión de otras; en cierta medida, un propósito de estilo, el camino para alcanzar una meta. Esta reflexión inicial interpreta, sin duda, la voluntad de Gerald Martin (Londres, 1994), autor de la más completa aproximación biográfica del creador de Macondo, el colombiano más universal de la historia de la literatura del siglo XX. El mismo título, Gabriel García Márquez. Una vida (2009), oculta y simplifica esa abundancia de datos que solo la escuela anglosajona es capaz de reunir: borradores y notas, papeles diversos, testimonios propios y ajenos, un rico anecdotario de amigos y compañeros de profesión.Gabriel García Márquez es un auténtico mago, cuya literatura, que cubre la segunda mitad del siglo XX, resulta hoy imprescindible. Abordar la personalidad del colombiano desde su infancia, su azarosa juventud, sus comienzos periodísticos y primeros pasos literarios supone un arriesgado resultado final. Martin ha empleado diecisiete años para escribir sobre “Gabo”, un resumen de más de 2.000 folios y 6.000 notas. Las 760 páginas resultantes ofrecen la más completa biografía del premio Nobel. Dividida en tres amplios apartados, el primero y más esclarecedor completa nuestra visión sobre su primitiva magia narrativa y posterior dedicación: el biógrafo mezcla los datos de su investigación con el relato de la propia historia de Colombia, anticipándose al marco literario que vivirá el joven Gabito, ordena y esclarece sus orígenes, insiste en los paisajes caribeños de Barranquilla, Ciénaga, Riohacha o Sucre, destinos violentos donde situar algunas de sus novelas para volver siempre a Aracataca, a la casa familiar que se reconstruye en abundantes pasajes de la obra del narrador. Descubrimos el relato de una infancia difícil, alejado de sus padres, vivida con sus abuelos: el Coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes, en un pueblo perdido durante la fiebre bananera y que forjaría, de alguna manera, el carácter del futuro escritor. Las primeras historias publicadas en El Espectador durante 1947, o ese otro camino periodístico que iniciaría en Cartagena, el encuentro con el grupo bohemio de Barranquilla, regentado por el catalán Ramón Vinyes, convertido en el viejo y sabio librero de Cien años de soledad. El viaje mágico con Luisa, su madre, cruzando la Ciénaga hasta Aracataca, ofrecería al joven García Márquez su regreso a un pasado adornado de una plasticidad asombrosa y, para el futuro, una vuelta a la infancia, cuyo valor literario quedaría plasmado para siempre. De las vidas de cualquier hombre: la pública, la privada y la secreta, el biógrafo Martin, revela aspectos interesantes de la última: su relación parisina con Tachia y la profunda huella dejada por la española, así como su fascinación y favorable impresión por la Unión Soviética durante la primavera de 1957. Este mismo año vuelve a Hispanoamérica, se instala en Venezuela, se casa, un año más tarde, con Mercedes Barcha, informa sobre golpe de estado en Caracas, y sobre los primeros días de la revolución castrista en Cuba. Más tarde su amistad con Fidel, su Escuela de Cine o sus inoportunas preocupaciones sobre Colombia. Primeros libros, hasta que en 1965 iniciaría su novela más famosa, Cien años de soledad, que publicaría en junio de 1967, convirtiéndolo en un autor de fama internacional. Esta biografía nos descubre algunas de las otras vidas de Gabo, fundamentalmente la secreta. Cronológicamente llega hasta los últimos años, incluidas las dos enfermedades que, de alguna manera, han revalorizado su visión sobre la violencia, la vejez, la muerte o el amor que, como parafraseamos, le han acompañado desde su infancia misma.
HUMORISMO DE VANGUARDIA
IGNACIO F. GARMENDIA
La Antropocultura
Silverio Lanza
Berenice
Precio: 19,95 €
Páginas: 148
Es un autor olvidado, no del todo injustamente, pero por su paradójica condición de pionero arcaizante y por la extraña aportación que su obra –surgida en el contexto inmediatamente anterior a la eclosión del 98– supone en el panorama literario de entre siglos, la aventura de Silverio Lanza merece ser tenida en cuenta por quienes gustan de ir más allá de las propuestas consabidas. Fue siempre considerado un raro, “el raro oficial de las letras españolas”, y precisamente por ello sorprende el respeto y la alta consideración que su figura inspiró a buena parte de sus más ilustres contemporáneos, entre ellos Darío, Azorín o los hermanos Baroja. Con todo, su relativa celebridad póstuma se debió principalmente a Ramón Gómez de la Serna, quien se ocupó de divulgar una muestra escogida de sus escritos y asumió la defensa de su “maestro secreto” de un modo tan entusiasta que Borges llegó a pensar si el tal Lanza no sería –lo era, en efecto, aunque no debido a la fantasía de Ramón– un personaje inventado.
Llamado el solitario de Getafe, donde vivió retirado desde 1886, el madrileño Juan Bautista Amorós (1856-1912) puede ser considerado, por edad, un precursor de los noventayochistas, pero es también o sobre todo el más claro antecedente español de las literaturas de vanguardia. Editado por David González Romero, autor de una amplia y bien documentada introducción que incluye un completo estudio biobibliográfico, este volumen propone una “antología de los textos más raros del raro”, referidos al proyecto que Lanza denominó con ese palabro imposible, Antropocultura, “una utopía literaria y un disparate mayor” que es asimismo contextualizado en el prólogo escrito para la ocasión por Pedro G. Romero, donde el artista onubense califica a Lanza –heterónimo de Amorós, que hasta cierto punto anticipa el Juan de Mairena machadiano y sin duda ninguna el Jusep Torres Campalans de Max Aub– de modelo para el Pío Cid de Ganivet o el Silvestre Paradox de Baroja.
La selección incluye escritos teóricos, por así llamarlos, junto a otros que desarrollan el programa literario en forma de cuentos o artículos, folletos de “Propaganda de la Antropocultura” junto a “Chifladuras gimnásticas”, además de la estupenda “Autobiografía” publicada por Ramón en la revista Prometeo y recogida luego en su antología de Páginas escogidas e inéditas (1918). A medio camino entre la especulación insondable y la broma patafísica, los textos de la Antropocultura combinan la divagación seudocientífica, la “literatura de anticipación” y el nonsense o disparate castizo. Chistes locos junto a muestras, no necesariamente paródicas, de las corrientes intelectuales –en particular la eugenesia, más que el higienismo– sobre la perfectibilidad de la raza humana, pues como ya viera Rubén, tal vez el más lúcido de sus admiradores, Lanza era “un humorista al mismo tiempo que un sembrador de ideas”.“El precursor, el fundador, el revelador, quizá un poco involuntario y quizá muy fatal de la nueva libertad literaria”, lo llamó Ramón. Pero como señala González Romero, la extravagante propuesta de Silverio Lanza se inscribe en una tradición que puede remontarse hasta Quevedo y tiene en El Diablo Mundo de Espronceda un hito que inauguró toda una línea subterránea, no por habitualmente desatendida menos incitadora y fecunda. Cabe destacar por último, más allá de su condición de apóstol irónico y abstruso de las teorías positivistas, que el “hombre raro de Getafe” fue un decisivo inspirador no sólo del ramonismo, sino también y por su mediación de aquella generación de prodigiosos humoristas –los Jardiel, Mihura, Neville y compañía– que adelantaron los tonos del absurdo.
LA FUNCIÓN SOCIAL DEL CRÍTICO LITERARIO
TONI MONTESINOS
Una venus mutilada
Germán Gullón
Biblioteca Nueva
Precio: 12 €
Páginas: 158
Un día de 1984, un anciano Sándor Márai anota en su diario: “Voluminosos catálogos de editoriales, cada semana uno o dos. Miles y decenas de miles de libros, todos de reciente publicación, cientos y cientos de cada género. Un hartazgo asfixiante. Escribir sólo frases yuxtapuestas. Incluso palabras sueltas. Leer diccionarios. La literatura ha muerto: ¡viva la industria del libro”. Esa misma idea, la del fin de la Edad de la Literatura, la expuso Germán Gullón en Los mercaderes en el templo de la literatura (2004), ubicándola en un tiempo concreto en nuestro contexto, alrededor del año 2000, cuando “se produjo un cambio radical en el panorama de las artes: la preferencia del hombre culto se trasladó de lo verbal a lo icónico, lo que vino a empañar un panorama cultural posmoderno ya de por sí confuso”. El carácter comercial del libro literario, su valor convertido en precio, la marca registrada que hoy en día es el autor, el libro como objeto de consumo con código de barras, el show bussiness de los premios, eran sólo algunos de los numerosos asuntos que Gullón analizaba con certeros argumentos y una valentía y clarividencia extraordinarios. Y además de modo excepcional, porque el debate en torno a todo ello es inexistente en España, que vive una etapa editorial-empresarial magnífica que, por desgracia, se asienta en un gran conservadurismo artístico, la censura del mercado en palabras del editor André Schiffrin, que va en detrimento en última instancia de la creatividad del escritor.
Así las cosas, Gullón da un paso adelante en su mirada sociocultural –siempre contundente y real, en ningún caso pesimista per se, ya que “nunca se ha leído tanto, gracias a la distribución de diarios gratis y al éxito de la novela negra y de la ficción histórica”– y concentra Una venus mutilada en la función de la crítica literaria española actual. Partiendo de una frase de “El método de Sainte-Beuve” de Proust, sobre el estilo periodístico, el catedrático de la Universidad de Amsterdam aborda la importancia de “cuidar de que la calidad cultural sea respetada en el espacio público”. Un espacio en el que los medios de comunicación necesitan reajustarse para desarrollar una labor que abrace al libro como “uno de los semilleros del pensamiento humano”, dado que “se impone la necesidad de que la política empresarial de los órganos culturales responda mejor a su audiencia, y consideren en serio las preferencias de los lectores”.
En este sentido, los críticos deberían establecer la diferencia entre las obras de entretenimiento y las literarias, una frontera hoy turbia ante el caudal publicitario, el número de títulos nuevos al mes y lo políticamente correcto –para no herir la susceptibilidad de unos u otros– en el que nos dan gato por liebre continuamente. De este modo, en un ciclo tan regulado de productos culturales, cabe reactivar el modo de respetar lo comercial sin menoscabo de hundir “el legado literario, patrimonio de la humanidad [que] pasa por apuros de subsistencia como espejo válido de las realidades y sueños de la ciudadanía”.
Observador infatigable de una sociedad que evita la discusión intelectual verdadera y de una crítica literaria cobarde en sus juicios, denunciador de las hipocresías del mundo universitario y de la parcialidad de los suplementos culturales, Gullón se empeña en buscar interlocutores que también pretendan cuidar a la moribunda Literatura. En este Occidente presuroso de inicios del siglo XXI, cabe intentar su resurrección entre todos.
LECTURAS CÓMIC
POR QUÉ NO CREO EN DIOS
HÉCTOR MÁRQUEZ
Génesis
Robert Crump
La Cúpula
Precio: 29,90 €
Páginas: 220
Las más de las veces, el artista que hace sátira o caricaturiza a sus contemporáneos se ve obligado a exagerar rasgos para que, mediante la distorsión, la sátira surta efecto. Robert Crumb (Filadelfia, 1943) es uno de los grandes autores satíricos contemporáneos y uno de los grandes artistas plásticos del siglo XX. Estas palabras son del crítico de arte australiano Robert Hughes, quien lo puso a la altura del mismísimo Pieter Brueghel. Supongo que todos saben quién es el autor del gato Fritz o Mr. Natural, el creador del cómic underground –o sea, del cómic adulto sin restricciones– y uno de los más despiadados y lúcidos intérpretes de la bestialidad e idiotez de la condición humana. El caso es que Crumb recibió el encargo de ilustrar el libro del Génesis hace cinco años y ha tardado más de cuatro en acabar esta obra fabulosa. Sus lectores quizás esperarían un sinfín de coñas irreverentes de este narrador que fue católico practicante hasta los 19 años y hoy es agnóstico declarado. Pero lo cierto es que Crumb se ha tomado muy en serio el encargo. Como tanto su editor como el tímido patológico que es don Roberto sabían que para los fundamentalistas de la judeocristianos el solo hecho de que este artista ilustrase su libro sagrado fundacional era ya de por sí un escándalo semejante a que Rocco Siffredi interpretase a Cristo en una película de los hermanos Coen, decidió someterse a los ipsum verba. Y así fue que eligiendo como base textual la traducción de la Torá –o sea, los cinco primeros libros de la Biblia– de Robert Alter y haciendo una labor filológica estimable, decidió ser absolutamente fiel a los textos que tanta gente ha considerado sagrados durante siglos y que son la base de la cultura occidental. Todo eso lo recoge en las notas –¿qué sería de una Biblia sin notas?– del final donde matiza traducciones, apunta dudas y vaguedades originales, reconoce que para él la Biblia es un texto fundamental pero nada divino y recuerda lo mucho que se parecen los mitos bíblicos a los sumerios. Y en la parte gráfica, ay, tenemos a un Crumb casi clásico, monumental, documentadísimo en escenografía, atrezzo y vestuario de la época, un Crumb escultórico en blanco y negro dominador de su trazo lleno de sombras. Sus Jacob, Isaac, Noé, Adán, Eva, Abel, Rebeca, Sara, Abraham, el faraón, José, la serpiente con patitas o Dios aparecen rotundos –por supuesto, sus mujeres son macizas y voluptuosas y casi todos son, casi sin excepción, tan feos y expresivos como suelen ser los personajes crumbianos– como sacados de un altorrelieve mesopotámico. Entonces, ¿por qué Crumb I, el Satírico, elige este texto? Pues porque tiene todo lo que a él le interesa: incestos, engaños, violencia, abusos de poder, lujuria, castigos, ambición y mucha, mucha ira divina. Y es que en la Biblia están todas las historias. Las de los hombres y su dios colérico y cambiante que promete tierras y ventajas a los que le adoren y que tiene la capacidad de perdonar de un misil Tomahawk. Con una especie, la humana, con un único objetivo: perpetuar su ramal genético frente a los demás. ¡Y condenaron a Darwin por hereje! Confieso que desde que era bien niño y en el colegio los curas agustinos nos ponían cada mañana por los altavoces ocultos del aula una narración dramatizada de algún episodio bíblico, donde dios siempre tenía rever, no había disfrutado tanto de los cabreos de Yaveh. Como tampoco había reparado en esos versículos del Génesis donde se hablaba de los seres divinos que poblaban la tierra y se apareaban con nuestras mozas. ¿Pero esta religión no fue siempre monoteísta? ¿Y Dios, por qué cambiaba tanto de opinión? Vaya con Crumb, me ha hecho reconocerme en mis orígenes. Si es que somos todos unos pecadores de la pradera.
LECTURAS POESÍA
LA INQUIETUD
EDUARDO GARCÍA
Bajo la alfombra
Ángeles Mora
Visor
Precio: 8 €
Páginas: 100
Poetas hay que escriben con elegancia versos impolutos. Se sientan ante el papel en blanco con la idea ya perfilada, bien engrasado el arsenal retórico, dispuestos a conducir con mano firme la nave del poema hacia un horizonte previsto de antemano. El resultado suele ser irreprochable en lo formal: marmóreos versos, tallados con precisión de orfebre. Y sin embargo esperamos de la poesía algo más. Algo naciente, que brote en el transcurso de la escritura: un quiebro repentino, una imagen borrosa pero palpitante de inquietud. Fisuras que reflejen un ser humano de carne y hueso: el temblor de su rostro en las aguas agitadas.
A esta última estirpe pertenece Bajo la alfombra, última entrega poética de Ángeles Mora, quien viene desplegando una ya vasta trayectoria desde Pensando que el camino iba derecho, publicado allá por el año 82. Un trayecto en el que ha ido desplegando una voz personal, cada vez más vivaz, reconocible. Quizá pueda señalarse un punto de inflexión en este viaje a partir de Contradicciones, pájaros (2001), poemario que precede al que ahora se publica. En estos dos últimos libros vemos madurar a la poeta en su singularidad, afianzarse en sus señas personales.Ahora más que nunca sus poemas se aventuran en las paradojas de la intimidad. Un vacilante yo, sujeto a bruscas revelaciones, acosado por un medio hostil, en una incesante búsqueda existencial. El lector agradece la honestidad del empeño, la renuncia a las convencionales máscaras poéticas, pues asistimos en sus mejores versos a la irrupción de lo inesperado. Hay verdad en estos poemas en la medida que intuimos eran una incógnita para su propia autora, un paisaje apenas entrevisto, hasta el momento mismo en que nacieron. Por eso nos conmueve, pues percibimos que no hay trampa ni cartón, sino una mujer real que se interroga a sí misma, buscando su huidiza imagen en el espejo de la página. Un intimismo de la incertidumbre que no sin pudor desvela la fragilidad del yo, mirándose cara a cara en sus miedos.
La irregularidad métrica, el ritmo entrecortado, así como cierta inclinación a generar atmósferas sugerentes apuntan en la misma dirección. Imaginamos a la poeta tanteando en la oscuridad, buscando un verso que revele la solución del enigma de sus propios sentimientos encontrados. Como es natural, la solución no llegará, pues no se trata de caer en un simulacro de yo integrado, sin fisuras, sino de ser fiel a la verdad, cercar el misterio que somos, poner en escena el palpitante divagar de una voz en su interrogarse al filo de la página. A menudo sentimos fragmentarse el poema conforme va ahondando en el abismo de la identidad. Finales abiertos, imágenes simbólicas que irradian un borroso sentido que se resiste a una unívoca interpretación: jirones de emoción, turbios aletazos. Poesía intimista, femenina sin poses, nos recuerda en su delicado trazo y su acusada sensibilidad introspectiva toda esa brillante tradición de poesía escrita por mujeres que encuentra en Emily Dickinson a una pionera excepcional.
Exploración de los espacios interiores y reflexión sobre la imprevisible dinámica de las emociones, con frecuencia el cuerpo toma la palabra en estos versos. Pensamiento, emoción y corporalidad discurren de la mano a medida que el lenguaje va diseminando brumosas resonancias. La estela de una voz que se interroga. La honestidad de la palabra cuando se propone ahondar allá donde apenas alcanzamos a explicarnos. Ese rostro que se desvanece en las aguas agitadas.
CORCELES GRIEGOS QUE VUELAN
JUAN COBOS WILKINS
Los archivos griegos
Blanca Andreu
Fundación José Manuel Lara
Precio: 11,90 €
Páginas: 128
"Di que querías ser caballo esbelto, nombre de algún caballo mítico, / o acaso nombre de Tristán, y oscuro. / Dilo, caballo griego, que querías ser estatua desde hace diez mil años, / di sur...” Con estos versos anhelantes, urgentes, como una galopada que rapta al lector en su apremio de vida, comenzaba el premio Adonais de 1980: De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, libro que deslumbró a buena parte de aquella generación, que fue revuelo, agitación, en el panorama lírico y hasta llevó a algunos a querer vivir también en un Chagall (pero, ay, se les notaba el alquiler y la pintura falsa). Treinta años después, Blanca Andreu hace galopar de nuevo a un caballo en el poema que abre Los archivos griegos. No es casualidad, no coincidencia, azar no es, sino el Misterio de la Poesía cuando responde a la llamada en la noche oscura.
El corcel ha batido sus alas desde aquel libro a éste y ha sobrevolado el tiempo. En el camino, Báculo de Babel (1982), Capitán Ephistone (1988), El sueño oscuro (poesía 1980-1989), La tierra transparente (2001)..., premios: Gabriel Miró, Mundial de Poesía Mística, Ícaro... Y en el vuelo se ha ido desprendiendo –juanramoniano ejemplo– también de atalajes. La palabra en Los archivos griegos es nidia como un hueso de sepia, desnudada y más cardinal, en busca de la médula. Pero, cuidado, enamorada de lo inefable, seducida –desde el primer libro– por la sombra que queda tras nombrar. Contiene esta palabra el ansia vertical del ciprés y, ahora, Chagall se torna Doménikos Theotokópoulos. Lo terrenal se alía a lo celeste y de uno a otro, por ambos, transita la autora alumbrada por la llama alargada de El Greco. O por la mirada de Elytis y el guiño de Baudelaire. Libro de azules, de blancos, con pincelada áurea y verde.
A través de sus seis apartados (al que titula el volumen le siguen Opus nigrum, Dos poemas del monasterio de la luz, Pazo de las golondrinas, Marinas, Del otro reino) la poeta habla con el sonido de las olas en las islas, se interroga y pregunta por tanta indignidad, toma partido por los indefensos, elige la manzana sin veneno para darla al amor. Y, con Rilke, reina en la infancia. Este absoluto imperio que en Blanca Andreu es temblor, diafanidad, se trasmite al lector con una serena melancolía depurada en un alambique de sutileza y emoción. A ese espacio pertenece Pazo de las golondrinas, con poemas tan bellos como Es extraño, o el que evoca al padre, Proezas. En Opus nigrum vive un poema de amor que nos anida, El amante pide a su amado reconocimiento: “tú / qué piensas / que soy / yo / para ti / un niño a tus pies.” Y no menos hermosos son los que, con Rubén Darío como cónsul, nos traen un cisne negro que “parecía nacido del incendio de un libro de cristal”, o el titulado Lupus in fabula, de un sólo verso: “Un perro es un lobo enamorado.” Un verso solo. Dicho está todo. ¿Para qué más?
Los archivos griegos es un panal, una tesela que cambia según la hora, que muda dependiendo del punto cardinal de la memoria de nuestro corazón. Un libro con registros diferentes, con voces distintas, siendo, no obstante, como el mar, siempre las mismas aguas. Bajo ellas también hay caballos, su nombre es griego: hipocampos. A veces da la sensación de que Blanca Andreu cuando está “triste como un traje manchado por los gorriones” monta un hipocampo y se sumerge en busca de luces abisales que lleva luego a tierra para mutarlas en palabras de conciencia luminosa, en metáforas cuya belleza tiene el grado de la justicia.
UN CATÁLOGO CON PULSOJAVIER LOSTALÉ
Adonais, 1943-2008
José Luis Cano
Fundación Gerardo Diego
Precio: 20 €
Páginas: 336
La Fundación Gerardo Diego en sus diez años de vida se ha consolidado como el más importante Centro de Documentación de la Poesía Española del Siglo XX. Nutrida por un caudaloso fondo bibliográfico y alentada por el espíritu humanista, y por tanto integrador, del poeta cántabro, su trabajo ha estado desde el primer momento guiado por el rigor y la pasión, en una simbiosis capaz de alumbrar obras como el Catálogo de Adonais (1943-2008) que no dudamos en calificar de acontecimiento cultural por su oportunidad y por la proyección que está llamado a tener. Adentrarse en sus trescientas treinta y seis páginas es sentir el pulso de nuestra poesía desde los primeros años de posguerra hasta hoy, a través de una colección y de unos premios en los que , en natural convivencia, voces viejas y nuevas y pluralidad de tendencias trazan el cauce por el que ésta discurre, siempre con un horizonte sin fronteras donde, además, la conciencia unitaria de la creación en español se adelanta en décadas a lo que en el presente es ya una verdad por todos admitida. La labor de vivisección de los diferentes volúmenes hasta conseguir que la escritura ausente respire, coordinada por la poeta Pureza Canelo, directora gerente de la Fundación, y en la que han intervenido las bibliotecarias Andrea Puente y Sonia Ruiz Illintxeta, transforma este catálogo, sin eliminar ninguna de las reglas a las que está sometido este tipo de tareas ni prescindir de su carácter informativo y orientador, en una verdadera historia de la poesía española del siglo XX trenzada libro a libro, autor a autor, teniendo esta consideración también los traductores, antólogos, prologuistas, miembros del jurado y, por supuesto, los tres directores de “Adonais”, José Luis Cano, Luis Jiménez Martos y Carmelo Guillén Acosta. Todo ello fecundado por la sombra transparente de Gerardo Diego estrechamente ligado a esta aventura editorial y humana, quien, durante algún tiempo, participó en el fallo del premio, fue suscriptor de la colección, en cuyo tercer número apareció la primera edición de sus Poemas adrede, y el mejor difusor de la misma a través de sus artículos y de su programa en Radio Nacional de España Panorama poético español, emitido entre 1946 y 1978. En el firmamento de su inabarcable biblioteca encontraron las autoras de este Catálogo todos los libros publicados entre 1943, fecha de inauguración de la colección con Poemas del toro, de Rafael Morales, hasta La alegría en singular, de Juan Bárbara, impreso en 1987, año de la muerte de nuestro Premio Cervantes. El resto de las obras hasta 2008 fueron adquiridas por el Centro de Documentación de la Fundación Gerardo Diego. Para facilitar el acceso a los registros bibliográficos se han establecido nada menos que seis índices: Alfabético de Autores, con esa visión amplia de autor antes señalada; alfabético también de Entidades, entendiéndose por tales, las editoriales, las imprentas y las instituciones colaboradoras en las ediciones y premios; índice de Poesía hispanoamericana y traducciones de la poesía en lengua extranjera ; índice de Antologías colectivas (incluidas las seis de “Adonais”); doble índice, alfabético de escritores y cronológico, de los Premios y accésits y, finalmente, índice de Dedicatorias autógrafas de muchos autores a Gerardo Diego, quien, en bastantes ocasiones, durante la lectura realiza anotaciones, igualmente reseñadas por si alguien quiere buscar su contenido. En resumen: la edición de este Catálogo de Adonais, que sólo podrá adquirirse en la sede de la Biblioteca Nacional, constituye un hito bibliográfico que conseguirá que autores, lectores y editores se encuentren el espacio nunca mudo de esta obra. Y allí se reconozcan.
José Luis Cano
Fundación Gerardo Diego
Precio: 20 €
Páginas: 336
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