EL TERRITORIO DE ARGÓNIDA
"Ágata ojo de gato, una novela-lenguaje que lleva prendidos espacio, léxico y metáfora"
JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS
Aunque en los últimos años José Manuel Caballero Bonald dedique mayor atención a su obra lírica, considero que su obra narrativa, que él ha dado por concluida con la publicación de sus dos libros de Memorias, titulados Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001), va afianzándose como una de las importantes de la generación del medio siglo. Precisamente los dos citados libros de Memorias, que ha querido titular La novela de la memoria da idea de un rasgo peculiar de todo su quehacer narrativo: Caballero Bonald nunca ha sido un escritor inconsciente, cuya obra dejara de responder a muy cuidados pentagramas. Su escritura autobiográfica ha generado un balanceo constante entre la inspiración y la reflexión sobre aquello que escribe. Pero esta misma actitud de conciencia de artista acerca de lo que se quiere hacer, es la que explica la evolución y también las dimensiones del resto de su obra narrativa, esto es la dedicada al género de la no?ela, que cubre un amplio arco cronológico, puesto que la primera novela publicada con el título de Dos días de Septiembre es de 1962 y la última, Campo de Agramante apareció en 1992, treinta años después. Si nos fijamos en que en ese espacio de treinta años ha ofrecido cinco novelas, vemos que no es Caballero Bonald un autor prolífico que haya escrito, como suele hacer algunos otros, cada dos años, al contrario, otro de los rasgos de su hacer narrativo vendría dado por su enorme sentido de la exigencia, que le ha llevado a publicar una novela cuando tenia necesidad de decir algo o bien de decirlo de otro modo. No es autor repetitivo, antes al contrario, cada novela s?pone el intento de una búsqueda, que lleva a una dimensión nueva. Eso proporciona a su obra narrativa un rasgo que considero es el que mejor la define: resulta fruto de una evolución que no se detiene en la exploración de lo conseguido, sino que una vez alcanzado, va a otro lugar.Sin duda alguna su estilo e inventiva no siempre han alcanzado las cimas que a mi juicio han marcado los tres hitos de sus novelas mejores: Dos días de Septiembre, Ágata ojo de gato (1974) y Campo de Agramante (1992), pero hay que decir que las otras dos: Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981) y En la casa del padre (1988) implican búsquedas concretas de aspectos que habían quedado esbozados en las obras anteriores, como si el conjunto de su novelística configurase un campo coherente al que cada novela va añadiendo estratos. Si acaso, podría decirse en cuanto a concepción de lenguaje narrativo y de su estilo, que Ágata ojo de gato, que considero su obra maestra entre las de ficción, muestra un punto de inflexión del que nació un novelista en cierto modo nuevo, quizá por haber encontrado un espacio, un territorio geográfico concreto, las marismas de Doñana, que supo convertir en espacio mítico, con fuerte sentido alegórico y que permitió proporcionar a las sagas familiares y a los conflictos sociales, un escenario donde se dirimen los conflictos. Un escenario no realista, porque el último rasgo general que querría señalar de su narr?tiva es que Caballero Bonald, que se haba iniciado en la novela muy tempranamente con Dos días de Septiembre, en el marco de la estética entonces imperante del realismo, la abandonó muy pronto, pues la siguiente novela Ágata ojo de gato (1974) supuso un giro notablemente antirrealista, tanto en las notaciones ambientales como en la concepción misma de los hechos narrados que exigen del lector una lectura más metafórica o simbólico-mítica que referencialista.
Dos dias de Septiembre (1962), ganadora del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, que fue el galardón que definió durante un par de decenios las líneas de calidad de la narrativa hispánica, es una novela de Jerez, ciudad natal del autor, y nada se entendería en ella sin las constricciones temporales y espaciales de su estructura: dos días durante una vendimia, en que el vino aparece como protagonista, pero lo son en realidad el destino de los personajes humildes, amenazados bien por la amenazadora tormenta, que echaría todo a rodar, o bien por una muerte accidental. Tras el aparente objetivismo estilístico se traslucen todos los conflictos soterrados a que las diferencias sociales abocan. Hay que decir que aunque se la ha relacionado con El Jarama, por ser realista y con abundante diálogos, tiene poco que ver pues introduce ya Caballero Bonald elementos narrativos nuevos como son el monólogos de Miguel Gamero, y un tipo de mirada minuciosa, concisa donde la sugerencia y el manejo de la elipsis proyectan la novela a una intensidad latente, a un espacio de cuanto no se dice y esta sin embargo presente, que es el aspecto que me parece mejor de su desarrollo y que la aleja del molde simple mente realista de la estética en que nació.
Ágata ojo de gato es novela fundacional de un espacio y de un lenguaje narrativo. Ágata es como Volverás a Región de Benet una novela-lenguaje, que lleva prendidos en indisoluble lazo, espacio y léxico, territorio y metáfora. Hay una observación sagaz de Ricardo Gullón, que fue pena que no desarrollara más, en un estudio primero de esta novela. Hablaba Gullón de la "invención de un lenguaje que no tiene las características de gratuidad que a primera lectura pudieran atribuirsele, sino que responde a las exigencias del texto mismo. Ágata ojo de gato es un territorio, de marismas, que se explota a la vez en el imaginario mitico del nacimiento de una saga familiar, en lucha con la Naturaleza, pero nada sería sin el caudal lingüístico de unas imágenes donde la exploración de lo mitico con su carácter exuberante, pero también irracional, van haciendo necesarias. La leyenda de la población de un territorio tiene en esta novela andaluza las señales que García Márquez explotó en el suyo: elementos de una saga familiar, los Lambert, donde lo primitivo de la ?ierra acaba por degradar y doblegar las conductas depredadoras.
Campo de Agramante (1992) supone el cierre narrativo de ese espacio mítico de Argónida. Concebida en un estilo con un lenguaje más mitigado, en cuanto al desarrollo de la metáfora barroca que en Ágata ojo de gato era preponderante, ahonda en otra dimensión. Situada asimismo en ese lugar trasunto de Doñana, explora sin embargo por medio del peculiar dolencia que sufre su protagonista, que tiene unas alteraciones sensoriales que le hacen predecir el futuro, el espacio que media entre lo real y lo irracional pero también lo rutinario y lo alucinatorio. En una tradición faulkneriana, influida quizá por El ruido y la furia, Campo de Agramante resulta una novela inquietante, donde las experiencias contadas tiene un sesgo entre el caos y lo patológico, y donde sea cual sea la escena del mundo de la actividad narrada, de caza o de pesca, se ve asediada por un fondo de violencia, de soterrada premonición, profundamente perturbador.
Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981) y En la casa del padre (1988), cabe entenderlas como desarrollos concretos de algunas de las líneas sostenidas en sus novelas mayores antedichas. La primera es la siguiente a Ágata ojo de gato, y desarrolla la idea de una colonización de un lugar por una familia foránea, donde el desorden estructural sirve de pauta a una trama donde la tragedia, y la violencia dominan. En la casa del padre, aunque con otro estilo, completa algunos de los temas abiertos en Dos días de septiembre.
No puede dejarse fuera el que considero elemento central de su obra narrativa: Caballero Bonald escribe siempre, también las novelas, como los poemas, midiendo el alcance de una imagen, buscando un territorio nuevo que un adjetivo o un frase puede ayudar a encontrar. La unidad fundamental de su obra es la de quien sabe que el territorio mayor de un escritor es su lenguaje.
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