NARRATIVA
Isabel Barceló, León Arsenal, Miguel Barroso, Andrés Pérez Domínguez, Teresa Viejo, Magdalena Lasala, Aleksander Wat, Manuel Vilas
LECTURAS NARRATIVAS
UNA MUJER, UNA PASIÓN Y UN SUEÑO
JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ
Dido. Reina de Cartago
Isabel Barceló Chico
ES ediciones
Precio: 15,90 €
Páginas: 300
Si hay en este momento una realidad incuestionable en el panorama editorial, ésa no es otra que el desaforado consumo de novela histórica, que hace florecer por doquier cientos de obras catalogadas como tales y cuyo acomodo en el mercado sorprende tanto por su rapidez como por la escasa exigencia para filtrar aquéllas que ni son históricas ni son novelas ni van más allá de una mala trama situada en el pasado con tres o cuatro toques de rápida y mala documentación. En todo caso, e ignorando –en medio de esta extraña pandemia que afecta a una novela siempre tan difícil y exigente como la histórica– si son los lectores los que demandan el género o son las editoriales las que incentivan esa demanda, la propuesta es tan amplia que no es extraño encontrar autores y títulos a salvo de este juicio previo –que no prejuicio– sobre esa especie de asalto “okupa” de las estanterías más renombradas.
Es el caso de Isabel Barceló (Sax, Alicante), quien después de haber publicado dos obras de carácter divulgativo: Descubriendo tesoros: los museos de Valencia (2003) y Valencia y su provincia (2007), además de numerosos relatos y artículos varios, da ahora a la luz su primera novela, Dido. Reina de Cartago, y lo hace tras completar un periplo no tan complejo y arriesgado como el de su protagonista, pero sí novedoso en su origen y desarrollo, pues ésta ya había ido apareciendo en forma de relatos sueltos en su blog mujeresderoma. Un formato en el que Barceló había volcado desde hacía tiempo su admiración por el papel de la mujer en la Antigüedad clásica, destacando su generosa contribución a la conformación de nuestra civilización y la común ignorancia de ese hecho frente al reconocimiento generalizado del varón. Y también algo más, un lugar de encuentro al calor de las nuevas redes sociales desde el que comunicarse con los lectores, quienes, lejos de ser meros receptores pasivos, pueden interactuar con la autora abriéndole vías y convirtiéndose, incluso, en activos personajes de ficción.Así que Barceló conoce ya con largueza las reacciones de muchos lectores cuando se decide a reunir en un volumen la historia de Dido, la reina de Tiro –narrada por Ílice, nieta de la nodriza de Dido, Barce–, el abandono de la ciudad por aquélla, tras la conspiración de su hermano, Pigmalión, para apropiarse del trono y el tesoro soterrado en ella, el largo y tortuoso periplo por todo el mediterráneo occidental hasta hallar en tierra de los libios el lugar ideal para la legendaria fundación de Cartago, las dificultades iniciales, el desembarco del héroe troyano Eneas –quien busca también, tras la derrota ante los griegos, un territorio donde fundar la nueva Troya–, la entrega absoluta de Dido a Eneas o la partida de éste hacia nuevas tierras que desembocará en la fundación de Roma y el suicidio de la despechada Dido tras su marcha.
Una novela llena de pasión, y a la vez serena, que sin perder su carácter histórico logra transmitir esos sentimientos y valores que siempre mueven a los hombres y tanto cautivan a los pueblos. Y lo hace con una prosa sencilla, medida, puesta al servicio de un lector interesado en aquellos hechos que habitan nuestra memoria, mientras nos muestra por qué los dioses de la antigüedad intervenían sin cesar en los asuntos de los hombres, porque envidiaban y deseaban –muy a su pesar– la frágil fortaleza, la virtuosa y viciada condición humana que nos hace tan únicos e irrepetiblemente vulnerables.
Una novela, en suma, que satisface expectativas y deja en la propuesta una sensación de honradez imposible de desdeñar, por lo que habrá que estar atentos a nuevas y prometedoras entregas de otras mujeres de Roma que Isabel Barceló guarda, seguro, en ese espacio compartido y cómplice con los lectores.
EL ARQUERO DEL FARAÓN
MARIO ELVIRA
La luz de Egipto
León Arsenal
Edhasa
Precio: 19 €
Páginas: 384
En 1945 Mika Waltari publicó Sinuhé, el egipcio, considerada la primera novela sobre este país que compaginaba la historia y un relato sobre las intrigas de la corte. Años después, Terenci Moix ganaría el premio Planeta con No digas que fue un sueño, centrada también en el Egipto que tanto le fascinaba y sobre el que publicó otros títulos. Desde entonces, Egipto ha sido uno de los temas recurrentes de la novela histórica y del escritor madrileño León Arsenal, autor de Los lugares secretos, El espejo de Salomón, La Boca del Nilo y La Luz de Egipto, en cuyas páginas vuelve a adentrarse en la historia de este país con una intriga que combina la aventura y una impecable reproducción de los conflictos del antiguo Egipto, durante el turbulento período del reinado del faraón Psamético. Esta época del siglo VII a. C., denominada período tardío, estuvo marcada por las luchas religiosas entre los sacerdotes de Amón y los defensores de Osiris, por la guerra contra asirios y nubios, las ambiciones de los principies de la región, por la extendida corrupción de los funcionarios y los intentos del faraón por mantener la independencia del reino y devolverle su esplendor. León Arsenal combina el rigor documental en el tratamiento de estos temas y en el retrato costumbrista de la sociedad con una narración de corte policial, protagonizada por un mensajero del faraón, encargado de una peligrosa misión que le llevará a viajar por un territorio fragmentado por las luchas internas. La vieja fórmula, utilizada por Mika Waltari en su célebre novela Sinuhé el egipcio, le permite también a León Arsenal alternar el relato de intriga con detalladas explicaciones históricas que no lastran el desarrollo de una trama, bien ambientada y de sostenido suspense, facilitándole al lector el disfrute de la ficción y de paso el conocimiento del período en el que Egipto pasó de la decadencia a un renovado esplendor conseguido por Psamético, personaje esbozado en la novela. Hay que destacar que tanto el marco histórico como el recorrido que el autor hace por las complejidades de ese período se adecuan perfectamente a la ficción y la enriquecen, haciéndola más atractiva al lector que viaje por la novela tras la estela del protagonista Snefru. Un antiguo héroe juvenil de la batalla de Tebas convertido posteriormente en arquero del faraón que le encomienda la misión secreta de investigar a una familia de ladrones de tumbas sagradas sobre los que no tienen ninguna prueba que permita inculparlos y detenerlos. En su objetivo, el arquero se reencontrará con un antiguo compañero de sus años juveniles que ha manipulado su pasado para ascender en la corte y alcanzar un puesto relevante. Su amistad tornada en rivalidad, a causa de sus diferentes adscripciones religiosas, le sirve a Arsenal para establecer un duelo psicológico entre ambos personajes, definidos por su ambigüedad moral y por los secretos que esconden en el pacto que establecen para terminar con éxito la misión. Al protagonismo de estos dos personajes, el autor madrileño contrapone la figura de un constructor de tumbas y amante del arte para introducir en el relato la evolución del arte egipcio, las influencias estéticas de los griegos, el antiguo enfrentamiento de los dioses heredado de la época de Akenaton y el culto al dios Ra. De este modo, el relato de suspense, en el que no faltan crímenes, leyendas sobre una ciudad maldita, tesoros escondidos, sectas y conspiraciones llevadas a cabo por los partidarios de restituir el reinado del príncipe nubio Tanutamani, se adentra en la importancia que tuvo la religión en Egipto y en cómo la elección de los dioses a los que adorar influyó en el apoyo o caída de las dinastías reinantes. El resultado es un buen relato de suspense en el que la Historia no es un escenario de cartón de piedra.
UNA TRAGEDIA MORAL
PEDRO M. DOMENE
Un asunto sensible. Tres historias cubanas de crimen y traición
Miguel Barroso
Mondadori
Precio: 19,90 €
Páginas: 300
Investigar sobre una revolución logra, sin duda, destapar algunos de los episodios vividos de odio y de muerte, de poder entre facciones y de trágicas traiciones. Miguel Barroso (Zaragoza, 1954) ensaya, pero sobre todo, media y escribe sobre el extraño caso de Marcos Armando Rodríguez, delator de cuatro de los jóvenes cubanos asaltantes del Palacio Presidencial, acribillados por la policía de Batista el 20 de abril de 1957. El «Crimen de Humboldt 7» fue aireado con cierta profusión por la prensa tras el derrocamiento de Batista y, en 1964 se convertiría en el «Caso Marquitos», segundo episodio de la interesante crónica. Joaquín Ordogui, histórico dirigente del Partido Socialista Popular, acusado de proteger y encubrir al delator, es condenado a reclusión domiciliaria, difamado posteriormente como «agente de la CIA». Tercero y último episodio de Un asunto sensible. Tres historias cubanas de crinen y traición (2009), en realidad, un profuso documento, con aspecto de reconstrucción de una crónica, una novela histórica convertida, por su estructura, en un auténtico thriller, donde el propio narrador se convierte en personaje; un viejo concepto del nuevo periodismo norteamericano con que Barroso ambiciona ofrecer las luces y las sombras sobre algunas de las mentiras que rodearon la puesta en marcha de la Revolución castrista.Tras los sangrientos sucesos, el joven Marquitos se refugió en la Embajada de Brasil en La Habana y, más tarde, se exilió a México. El triunfo de la Revolución le permitió volver a la capital cubana, aunque, entre los meses de febrero y de marzo, fue detenido por la Seguridad del Estado en relación con los sucesos del caso Humboldt. Poco después fue puesto en libertad y viajó con una beca de estudios a Praga. Importantes líderes del Directorio, Faure Chomón y Guillermo Jiménez, promovieron su caída, y tras tres años de reclusión, en marzo de 1964, fue condenado a la pena capital y fusilado un mes después por un crimen de traición ocurrido en un lejano 1957. En realidad, Barroso reconstruye este cruel episodio para demostrar las rivalidades entre viejos comunistas, propiciada por una nueva estructura de poder que despliega estrategias propias, realiza ajustes de cuentas, o impone una lucha de ideas que sobrepasan los sentimientos humanos. Y por otra parte, se pretende hacer justicia al «Caso Ordogui» consecuencia, como queda demostrado, de aquel episodio de pre y postrevolución. Sobresalen en el libro, la farsa del juicio a Marquitos, los testimonios no admitidos de García Buchaca o la insostenible documentación aportada por el Partido, años más tarde, sobre el intercambio de información con la CIA que realizara Ordogui. Fue entonces cuando el gobierno revolucionario decidió castigar al viejo comunista, relegándolo a una reclusión domiciliaria de por vida, hasta su muerte en 1973, sin que nadie aportase verificación alguna sobre ciertos aspectos del pasado, sin embargo, desvelados por Barroso en Un asunto sensible, tras su entrevista con Philip Agee, el agente norteamericano que desertaría en 1968, y se exilió a la ciudad de La Habana, donde murió en 2008. La investigación llevada por Barroso, sobre una realidad repleta de ambigüedades, ha provocado una aluvión de información sobre un período donde las instituciones comunistas de la época salen malparadas, se sustentan en mentiras y se justifican en falsos testimonios sobre una auténtica lucha de ideas como por la que estaba pasando la Cuba Revolucionaria en la década de los sesenta, cuando sus relaciones con la URSS, tras los acuerdos de Kennedy y Jruchov, no estaban en su mejor momento. Estos y otros aspectos son los que hacen de este libro un documento alejado de la pasión, la revancha o, incluso, de la veneración a un proyecto de esperanza tras la larga dictadura del pasado.
EN LA ESCALERA DE LA MUERTE
RICARD RUIZ GARZÓN
El violinista de Mauthausen
Andrés Pérez Domínguez
Algaida
Precio: 13 €
Páginas: 112
El campo de concentración de Mauthausen es conocido como ‘el campo de los españoles’. Unos 7.300 perdieron la vida en él, entre ellos Francesc Boix, el fotógrafo que documentó tras arriesgadas peripecias las pruebas que permitieron procesar a jerarcas nazis como Albert Speer. Hoy, los vestigios del campo son como los de Auschwitz o Dachau fúnebres monumentos en los que el recuerdo de la ignominia se mezcla con el horror ante el dolor de las víctimas. En Mauthausen había cámaras de gas, duchas en las que los prisioneros morían, barracones junto a los que se practicaban crueles experimentos; como en otros campos, pero Mauthausen era además un campo de grado tres: en él se exterminaba, sobre todo, con trabajos forzados. De ahí que lo más terrible sea hoy la visita a su cantera, con esa escalera de 186 peldaños por la que los presos debían transportar piedras enormes, casi siempre hasta reventar. Seis décadas después, la cantera es un vergel, pero un simple descenso por la escalera, esa que en condiciones infrahumanas, con 40 y 50 kilos a la espalda, recorrían los prisioneros diez o doce veces diarias, remite al infierno vivido. De Montserrat Roig a Ricard Belis y Montse Armengou, varios libros imprescindibles han dado testimonio de lo vivido por aquellos españoles. No ha ocurrido igual en la ficción, ya que ninguna obra de lector amplio había empleado la narrativa para complementar el episodio. El violinista de Mauthausen, de Andrés Pérez Domínguez, acaba de llenar ese vacío obteniendo el XLI Premio Ateneo de Sevilla, y cabe decir que de forma notable. Sólo por eso, la cuarta novela del autor de El síndrome de Mowgli merecería un espacio propio en los resúmenes de la temporada. La de El violinista de Mauthausen, con todo, es una historia que escapa a los límites del campo. Ambientada en él, pero también en París y el Berlín de postguerra, narra el triángulo que un superviviente de Mauthausen, Rubén, forma junto a su antigua prometida y al ingeniero que da título al libro. La trama, en la que se entrelazan con habilidad documentados episodios sobre el exterminio en el campo (escalera incluida), se enriquece como siempre en Pérez Domínguez con asuntos como la traición, el sacrificio o la amistad. Hay también ciencia, espionaje, historia, política, sentimientos y por supuesto música, un recurso que de La lista de Schlinder a El pianista ha permitido a los escritores tender ignotos puentes en la comprensión del Holocausto: unos, subrayando con Steiner cómo es posible que los mismos nazis que tocaban a Schubert por la noche pudieran torturar a mediodía; otros, como el nuevo Ateneo, abriendo desde el símbolo una compleja puerta a la esperanza. Con su final abierto a lo Casablanca, su meritorio trabajo de personajes, su elaborada estructura y su compromiso con los perdedores, El violinista de Mauthausen logra llevar a buen puerto una historia que no por azar arranca con citas de John Le Carré y Antonio Muñoz Molina. El primero, alejado como Pérez Domínguez del artificio estilístico, apunta a los designios de una novela que se pretende, con éxito, entretenimiento concienciado. El segundo, ya citado en otras obras del autor, subraya el bordón trascendente que permite afirmar, tributos al margen, que con El violinista de Mauthausen Pérez Domínguez ha firmado su mejor novela.
EL BALNEARIO QUE SUCUMBIÓ AL AGUA
MARIANELA NIETO
La memoria del agua
Teresa Viejo
Martínez Roca
Precio: 20,50 €
Páginas: 420
En su primera novela, Teresa Viejo recupera la memoria histórica de ‘La Isabela’. La que fue directora de Interviú quedó cautivada en 2007 por la historia del balneario que sucumbió bajo el agua del pantano de Buendía y decidió sumergirse en los vestigios de un enclave que fue, en los años veinte, un espacio de recreo, lujo, pasión y terapia, para convertirse con la Guerra Civil en un hospital psiquiátrico dominado por la sinrazón y la barbarie, la muerte y la locura. La fotografía y la carta que cambiaron la vida de Álvaro de Llano hacen que nos bañemos en una leyenda jalonada por la curiosidad –casi periodística– de Amada Montemayor y su implicación vital en la historia, las inquietudes empresariales y sociales de sus progenitores, crímenes como el de Anselmo Montagut, las pesquisas del comisario Fuentes, las diatribas de Manuel Cañamate, los experimentos inquietantes de Ugo Cerletti y del doctor Rábago y un puñado de romances tórridos en distintas clases sociales como los de Miguel y Gloria, la señora Ana Retuerto y el doctor Samuel Millares, Roberto Montoso de la Cruz y Jesús Expósito o la engañada Julia Escribano y un tal José Martorell que no lo era tanto. Quizá saben a poco las pinceladas históricas y sociales que nos recuerdan desde la monarquía decimonónica hasta los dibujos de Rafael de Penagos en las páginas de Blanco y Negro, la escultura de Mariano Benlliure o las enseñanzas de Gregorio Marañón, aunque la periodista aprueba con nota en este estreno novelístico forjado a partir de una investigación exhaustiva, en el que desfilan desde divas adineradas como la cupletista Adelita la Parisina a humildes bañeras y jardineros, con categoría incluso de “pobres de solemnidad”, como Cayetana. Teresa Viejo, no incide en la estructura molecular del agua y en sus mensajes como hiciera el doctor Masaru Emoto en sus investigaciones, pero sí rescata su esencia y sus recuerdos, demostrándonos que este elemento imprescindible en nuestras vidas, al igual que cada uno de nosotros, también tiene memoria.
EXOTISMO HISTÓRICO
JUAN GAITÁN
La estirpe de la mariposa
Magdalena Lasala
Martínez Roca
Precio: 19 €
Páginas: 256
La novela histórica esuno de los géneros que cuenta con más adeptos, que concita un amplio número de fieles seguidores que no parecen desfallecer jamás a pesar de las modas que vienen y van por diferentes temas: el santo grial, el esoterismo, las culturas antiguas, etc. Magdalena Lasala, especialista en una época sobre la que ha publicado novelas como Abderramán III, el gran califa de Al-Andalus; Almanzor; Walläda la Omeya, nos ofrece en su nuevo libro la precisa recreación de un período histórico protagonizado por cinco generaciones de mujeres de una misma estirpe que se van legando, de unas a otras, un colgante de cuarzo rosa en forma de mariposa. Estas mujeres, dotadas de todos los dones posibles y vinculadas emocionalmente a hombres también excepcionales como Abderramán III y Almanzor, le permiten a la autora recorrer el antiguo esplendor de Al-Andalus, el tiempo que va desde la autoproclamación de Abderramán III como califa de Córdoba hasta el deterioro del califato. O lo que viene a ser lo mismo, desde el inicio de las obras de Medina Azahara (o Madinat al-Zahrâ, como se prefiera) hasta su destrucción noventa años después. El lector que aborde La estirpe de la mariposa encontrará una novela de fácil lectura y fiel a los cánones del género de la novela histórica, basada en la máxima de que todo pasado guarda un jugoso secreto que merece la pena descubrir; exhaustiva en las detalladas descripciones de las costumbres y que recrea un pasado que generalmente ha sido mitificado. Magdalena Lasala fabula con habilidad ese período de la historia, siempre atractivo para los lectores que gustan de conocer tiempos pretéritos, al que le mezcla una adecuada dosis de intriga e intensas historias de amor que aderezan la historia.
LA EXPIACIÓN DE LA MEMORIA
EUGENIO FUENTES
Mi siglo
Aleksander Wat
El Acantilado
Precio: 39 €
Páginas: 1.072
"Mi error fue moverme demasiado, ¿me entiendes?, fui un culo inquieto, lo cual no es nada bueno para alguien que está con el agua al cuello y no sabe nadar”. El diagnóstico, pronunciado al borde de los 65 años, corresponde al poeta polaco Alexander Wat (1900-1967), una de esas personalidades situadas por su peripecia individual en la línea de fuego de buena parte de las convulsiones colectivas del siglo XX. Wat fue un superviviente. Despertó a la vida adulta como poeta futurista, calificativo que en la Polonia recién independizada era sinónimo de nihilista y dadaísta. Sin embargo, hacia 1924, comenzó a sentirse fascinado por las transformaciones revolucionarias de la vecina Rusia, cuya aura anarquizante lo convirtió en compañero de viaje de los comunistas hasta mediados de la década de 1930. Dirigió la única revista de izquierdas influyente en una Polonia que viraba al autoritarismo y, en 1931, inició un rosario de detenciones, encarcelamientos y deportaciones que sólo cesaría con el final de la II Guerra Mundial. Fueron en total, según sus cómputos, trece cárceles y 17 hospitales que le llevaron de Varsovia a Alma Ata, en el extremo oriental de Siberia. Pagó por comunista ante la dictadura de Pilsudski y por comunista polaco ante la URSS de Stalin. Luego, tras la sovietización, optó por el exilio interior y, a mediados de los años 50, víctima de lacerantes dolores derivados de un derrame cerebral, se estableció en el extranjero.
En Berkeley (California), adonde había llegado en 1963, Wat fue tentado por el también poeta polaco Czeslaw Milosz para mantener una larga serie de conversaciones autobiográficas que se acabaron convirtiendo en Mi siglo. La monumental obra, publicada en 1977, diez años después del suicidio de Wat en París, fue un libro codiciadísimo en la clandestinidad polaca. Dos razones lo explican. Por un lado, excesivo a veces para el lector español, por sus páginas desfilan los protagonistas de la vida polaca de entreguerras, incluidos los políticos comunistas que luego habrían de dominar el país o caer en desgracia. Por otro, el que otorga su elevado valor a la obra, la narración de Wat, planteada como una indagación en las razones que le llevaron a acercarse y alejarse del comunismo, acaba siendo un magno ejercicio de expiación por la memoria. Expiación del gran pecado de su vida: la adhesión al comunismo, que iguala al nazismo, y al que atribuye el origen de su enfermedad.En este ejercicio hay, claro está, confabulaciones políticas y escenas carcelarias, brutalidad y deportaciones, traición y hermanamientos. Miseria y sufrimiento, en suma, en elevadas dosis. Pero no estriba ahí su interés, en una centuria que ha generado legión de testimonios de la atrocidad. Ni tampoco en su profundo análisis de la esencia del estalinismo. Mi siglo ha de leerse más bien como un descomunal rompecabezas espiroideo en el que, a través de tanteos y retrocesos, de continuos excursos y vueltas al camino principal, Wat explora el modo de explicarse a sí mismo su trayectoria vital, haciendo gala de una formación cultural y una capacidad de análisis nada comunes. Adoptando ese punto de vista, Mi siglo se convierte en una peculiarísima novela de intriga intelectual que, a la par que desgrana su trama, va desnudando los complejos mecanismos de reflexión que permiten extraerla del espeso barrizal de los recuerdos.
RISAS, CELEBRACIÓN Y DENUNCIAS
SANTOS SANZ VILLANUEVA
Aire nuestro
Manuel Vilas
Alfaguara
Precio: 18 €
Páginas: 263
Se contaba hace unos años que una editorial extranjera planeaba publicar una colección de última narrativa española pero desistió del proyecto al apreciar que nunca aparecía la televisión en nuestras novelas. Manuel Vilas enmienda semejante insensibilidad hacia lo actual por partida doble: la estructura de Aire nuestro yuxtapone recreaciones de un puñado de subgéneros televisivos codificados y además aborda este medio de comunicación desde sus últimas consecuencias, la capacidad de producir realidad. Vilas piensa que la realidad no es lo real sino lo que la televisión configura como tal y, por extensión, que las apariencias son engañosas. La vida moderna resultaría algo así como un caos ininteligible de imágenes de la caverna platónica. Destapar la realidad de la realidad sería la meta del escritor aragonés y para ello adopta un arriesgado procedimiento, aplicarle diríamos que medicina homeopática: hacer narrativa televisiva. Aire nuestro consiste en su disposición externa en un muestrario de breves relatos que alusivamente se apoyan en los once canales temáticos (Gran pantalla americana, Informe semanal, Teleterrorismo, Fútbol, Pressing catch, Reality, Cine X, Teletienda, etc.) de “Aire Nuestro TV”, la “multicadena de televisión hiperrealista” donde piensan que el estadio humano definitivo será “una infinidad de canales emitiendo al mismo tiempo, una ebriedad de imágenes ilimitadas, una fiesta de la realidad interminable”.
Esta y otras ideas cuyo fondo grave se disimula bajo capa de un provocador aire festivo se sostienen en un procedimiento básico, el humorismo paródico y burlesco, por medio del cual Vilas da un registro unitario a una libérrima imaginación que le permite mezclar todo: pasado, presente y futuro; la cultura popular y la alta cultura; el cine, la música y la literatura; la política, la sociedad, el amor, la violencia, la soledad, los males españoles... Estos variados contenidos se trasmiten a través de una inventiva sin trabas que da lugar a un rosario de felices situaciones, imposibles de enumerar aquí por su abundancia: valga anotar la confabulación de varios escritores (Aleixandre, Alberti...) para pagar el envenenamiento de Cernuda, la descripción del inglés como una lengua tóxica o la presencia del propio autor como Manuela Vilas, la primera transexual de las letras españolas, y bajo otros muchos nombres, proteica figura que lleva al extremo la relatividad de lo real. La intención desmitificadora llama la atención sobre sí misma. También producen ese efecto las libertades transgresoras de convencionalismos narrativos: mezcla de realismo, fantaseamientos y elementos oníricos y visionarios, incorporación de fotos e ilustraciones o diálogo del texto con notas a pie de página.El derroche de perspicacia y humorismo –de inteligencia, en suma– convierte tan abundante y sugestiva materia en peligrosa trampa. Puede quedar el lector maniatado en la red del puro disfrute sin caer en la cuenta de que es un sutil ardid para no hacer obvio el revulsivo fondo: Vilas solapa un auténtico vitalismo hedonista con una negra e inquietante visión de la vida. Un aire celebratorio, con alguna ráfaga de elegía y ternura, recorre esta excelente y rupturista novela, pero otra cosa se impone al final: cualquiera de las once cadenas, y no una de las dos que cantaba machadianamente Sabina, habrá de helarnos el corazón.
LA VIDA QUE SE ESCAPA
TOMÁS VAL
Retrato de un hombre inmaduro
Luis Landero
Tusquets
Precio: 17 €
Páginas: 240
Desde sus inicios, desde que en el ya casi remoto año de 1989 Luis Landero publicara su impagable novela Juegos de la edad tardía, se le colocó a este autor la etiqueta de cervantino. Curioso es el hecho, por otro lado, de que en un país como España, más dado a la tradición quevedesca, donde los escritores han seguido más la ruta de El Buscón que de Quijano, esa calificación sea un elogio. Luis Landero, a lo largo de su ya extensa obra –la que hoy nos ocupa, Retrato de un hombre inmaduro, es su sexta novela- ha venido confirmando lo atinado de esa definición y hasta podría dar la impresión de que se ha decidido a mostrar claramente en este su último Retrato… su innegable herencia cervantina.
En El Coloquio de los perros, una de las novelas ejemplares de Cervantes, dentro de un hospital, en el transcurso de una noche, Berganza le cuenta su vida a Cipión y le habla de los amos con los que se ha ido encontrando a lo largo de su vida. Landero, en Retrato de un hombre inmaduro, utiliza a un hombre que también está en un hospital y aguarda el amanecer –el último- mientras le cuenta a alguien retazos de su existencia. Similar estructura narrativa, pues, que la pieza de Cervantes. Y si los protagonistas de Miguel de Saavedra eran dos perros, en la del extremeño, más que un individuo concreto, el sujeto narrativo es una voz, una simple voz; su acompañante, una mera presencia muda, una excusa para seguir hablando.Y no busque el lector ejemplaridad en los episodios que Landero desgrana en su novela. La figura principal, la voz que aguarda la muerte, nos habla de algunos de aquellos a los que fue conociendo, gentes que se cruzaron en su camino, existencias curiosas o comportamientos meramente sorprendentes que, algunas veces, motivaron ciertas reflexiones en el narrador. Gentes que buscaron el amor, un músico que perdió su inspiración, nómadas que soñaron con el sedentarismo, sedentarios cuya alma se escapaba por las rendijas de las persianas, vecinas que apostaban su rutina a las máquinas tragaperras… La memoria va eligiendo episodios al azar, al buen tun tun, personajes que no se sabe muy bien por qué se quedaron a vivir en el recuerdo del moribundo, y el lector, poco a poco, entre esas anécdotas, va descubriendo que este hombre que agoniza fue un simple espectador que no acabó de entender el espectáculo de la vida: un hombre inmaduro, otorgando a la palabra madurez el significado de comprensión.Vivir de forma vicaria, a través de otros, tal vez siendo otro, una idea típicamente landeriana. Pero, si en Juegos de la edad tardía sus personajes se implicaban en esa tarea –lo importante era vivir, buscar un afán para cuya consecución no alcanzara la existencia-, Luis Landero parece haberse resignado al simple mirar. El hombre contemporáneo, nos advierte, es el espectador de una complicada película cuyo argumento se le escapa: la vida y el mundo nos rebasan sin contemplaciones, pasan cosas, personas, guerras, libros…Pasa también el amor.
Novela diferente a todas sus anteriores, sin un argumento conductor, hecha de episodios e imágenes como está hecha la memoria, es fácil reconocer en Retrato de un hombre inmaduro la espléndida prosa de Landero y su enorme capacidad para contar, incluso cuando no cuenta.
UN TAL BABBITT
RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN
Babbitt
Sinclair Lewis
Nódica Libros
Precio: 21,50 €
Páginas: 456
Borges dejó dicho que el primer dato a la hora de valorar un libro debe ser tener presente la fecha en que se publicó. En efecto, a menudo olvidamos que la gran literatura posee siempre un anclaje en la época de la que se reclama espejo. Cuando en 1969 John Cheever publica Bullet Park, alucinada recreación de la clase media americana y su catastro de miserias, firma el acta de defunción de cierto american way of life y el pistoletazo de salida para una visión acidísima de la institución nacional por antonomasia, la familia, por aquel tiempo reflejo de un país en caída libre. Sin su inquietante visión de los cadáveres que todo hogar esconde en los armarios de sus dormitorios, pudriéndose junto a los bibelots reunidos tras años de peregrinaje por las distintas ferias del mal gusto, sería imposible entender novelas como La tormenta de hielo, de Rick Moody, o Las correcciones, de Jonathan Franzen, por no mencionar películas como American beauty, de Sam Mendes, o Happiness, de Todd Solondz.Cada época tiene, así, su notario, y sin duda Sinclair Lewis debió de ser un escrutador nada desdeñable de su tiempo. Babbitt, obra capital del primer Premio Nobel de Literatura que dio Estados Unidos, fue escrita en 1922, en plena Ley Seca, siete años antes de la Gran Depresión, cuando los despreocupados años 20 están a punto de manifestarse como un trampantojo que esconde la evidencia de una realidad dramática, la de un mundo que en Estados Unidos se encamina hacia la debacle económica y en Europa hacia el esplendor de los más ominosos totalitarismos.En esa incierta nebulosa del capitalismo feliz, encarnado por la pujante ciudad de Zenith, sitúa Lewis a su héroe, el patético, prolijo e inolvidable agente inmobiliario George F. Babbitt, un personaje con la fuerza del Eugene Gant de Thomas Wolfe, el Moses Herzog de Saul Bellow o el Frank Bascombe de Richard Ford. En palabras de Lewis, Babbitt «era virtuoso. Defendía la prohibición del alcohol, aunque no la practicase. Alababa las leyes contra el exceso de velocidad, aunque no las cumpliese. Pagaba sus deudas. Contribuía a la Iglesia, a la Cruz Roja y a la Asociación Cristiana de Jóvenes. Se atenía a las costumbres de su clan y sólo estafaba cuando había precedentes que lo hacían admisible». Con estos mimbres, no es difícil experimentar piedad y desprecio a partes iguales ante un tipo para quien «lo mismo que los sacerdotes de la iglesia presbiteriana determinaban sus creencias religiosas y los senadores que controlaban el partido republicano decidían en sus conciliábulos de Washington lo que debía pensar sobre el desarme, sobre las tarifas y sobre Alemania, los grandes publicitarios de la nación fijaban la superficie de su vida, lo que él creía que era su individualidad». Babbitt es, pues, un hombre que fluctúa entre el ser y el parecer, obsesionado por convertirse en paladín de la moral pero, al mismo tiempo, horriblemente ansioso por escapar de un matrimonio agotado y una paternidad que nunca deseó, apático y a la vez efusivo, donjuán de pacotilla y feroz puritano, alma frágil entre cuerdas que tiran de él en direcciones opuestas. Quizás, de ahí, que resulte tan sencillo empatizar con sus anhelos y con sus miserias. Porque quién, en realidad, no ha sido Babbitt en algún momento de su vida; quién, como él, no ha sentido, con un terror primitivo, la insolencia de esa pregunta que, de pronto, nos acosa inmisericorde: «qué podría hacer con algo tan desconocido y tan embarazoso como la libertad».
DE NARRADORES Y NARRADOS
EVA DÍAZ PÉREZ
La previa muerte del lugarteniente Aloof
Álvaro Pombo
Anagrama
Precio: 16 €
Páginas: 192
Álvaro Pombo plantea un curioso tour de force, un atractivo juego narrativo en su última novela, La previa muerte del lugarteniente Aloof (Anagrama), donde en realidad el lenguaje es el verdadero protagonista. Después de su incursión en la novela más psicológica, con La fortuna de Matilde Turpin (Premio Planeta 2006) y Virginia o el interior del mundo –género por cierto que nunca le ha sido ajeno–, Pombo propone un artefacto literario con el que logra reinventarse.
La previa muerte... es una obra que indaga en la novela como mundo autónomo e independiente, es decir, es una novela en torno a esa misma novela. Pombo propone dos historias paralelas, la de un profesor jubilado que al comprar un lote de libros encuentra las memorias de un tal lugarteniente Aloof que relata su aventura en una guerra. La técnica –socorrida y clásica– del manuscrito encontrado permite la alternancia de dos dimensiones narrativas que se van entremezclando. “Hay algo en este gesto de abandonar sus memorias a un cuaderno manuscrito que recuerda el mensaje dentro de una botella”, apunta el narratólogo.La novela –o casi habría que decir paranovela– tiene mucho de metaficción, de divertidísimo juego literario en el que el personaje del profesor reflexiona sobre el manuscrito hallado aplicando la lupa de un narratólogo. Sin duda es la parte más interesante de la historia, y se echa en falta que Pombo no haya introducido más suculentos comentarios de este diseccionador del texto de aventuras. El narratólogo se pregunta sobre la posible impostura del teniente Aloof desvelando así una de las claves de la novela: el tema de la identidad, ya que al buscar a Aloof el profesor termina buscándose a sí mismo.
El análisis del narratólogo sobre los episodios aventureros del lugarteniente Aloof en una guerra –de la que desconocemos la época así como el lugar– permite descubrir a un curioso personaje. Aloof es un hombre complejo que precisamente se sale del arquetipo habitual en el género. No es, desde luego, un héroe al uso.
La previa muerte es una novela de aventuras, pero también una novela de pensamiento, algo inevitable en toda propuesta literaria de Pombo. Además es una metanovela y un libro lleno de voces en el que juegan la realidad, la ficción y el autoengaño. El narratólogo intenta descubrir qué hay de impostura en el personaje de Aloof –que es una especie de mote, procedente de aloof, distanciado en inglés–, ya que el narrador de las memorias confiesa que a veces inventa guiándose por cosas que ha leído y también que mientras escribe confunde lo que pasó en realidad y lo que imaginó que pudo haber pasado. Estas ucronías hacen que el profesor descubra que en el texto hay una duplicidad de narradores, “un narrador narrante y un narrador narrado”.En el manuscrito sobre las experiencias bélicas del lugarteniente Aloof hallamos el género de aventuras, pero también la dimensión filosófica –tan pombiana–. De la misma forma que en la dimensión del narratólogo se adivina que además del texto de pensamiento está el sustrato aventurero, en particular, cuando el profesor se lanza a una particular odisea o viaje: descubrir quién es el lugarteniente Aloof. Es ahí donde el juego de la realidad y la ficción, de la verdad y la mentira se confunden y mezclan. En su investigación, alguien le advierte que no busque a Aloof más allá del texto. Pero ya es tarde, el narratólogo sucumbe al veneno de la verdad que hay en toda literatura y a la ficción que hay en toda vida.
UN PULPO CONTRA LAS ROCAS
JESÚS AGUADO
El padre muerto
Donald Barthelme
Sexto Piso
Precio: 17 €
Páginas: 192
Donald Barthelme (1931-1989) dedicó cuatro novelas y más de cien relatos a romper el mundo en mil pedazos. Con un humor omnívoro, un sentido del absurdo corrosivo y tierno a un tiempo, una irreverencia natural hacia cualquier código (el literario, el social, el sexual, el político o el psicológico), por bienintencionado e inocuo que pareciera ser, y la puntería estilística de los grandes de todas las épocas, desde Rabelais hasta Perec, le dio una y otra vez la vuelta a la realidad o mundo que le había tocado vivir hasta volverlo irreconocible. Tocados por él, los mitos y los símbolos (Blancanieves o el rey Arturo, Manhattan o el Paraíso, la familia o la religión) bajan de su pedestal y se unen al baile de máscaras en que se ha convertido todo. New York puede ser atacada por los apaches o quedar aprisionada por un gran globo, por ejemplo, sin que de ello puedan derivarse conclusiones filosóficas o alegóricas: la verdad, que ha dejado de hacerle el juego a la voluntad de sentido, abandona la cantera donde se extraen teorías y se marcha, ebria y desnuda, a gozar de la vida. Donald Barthelme, un Nietzsche despojado de tragedia y autoimportancia y un Bretón sin psicoanálisis ni manifiestos, convirtió sus libros en una fiesta continua a la que no estaban invitados, entre otras figuras de la conciencia desmotivada y desfeliz, lo literal, lo moral, lo ideológico o lo trascendente. Y, sin embargo, como puede comprobarse en El Padre Muerto, Barthelme se toma muy en serio su burla metódica, a la que, en efecto, pone música de fiesta abierta hasta el amanecer, pero a la que encomienda esa tarea de demolición del mundo del que ningún otro valor o instancia intelectual puede encargarse sin destruirse a sí mismo. Aunque en El Padre Muerto uno se ríe sin parar, pierde el hilo y el paso sin que el argumento se inmute por ello (el argumento somos nosotros enredados en ese mundo veloz y delirante), y se guarda en bloque frases y situaciones felicísimas para cuando llegue el zarpazo de la angustia, también entrevé, en medio de esos espectaculares fuegos de artificio, una feroz crítica a cualquier poder, ya sea divino o humano, y un ajuste de cuentas, más en concreto, con las relaciones paterno-filiales. Un padre difunto que mide decenas de metros y que es arrastrado, en dirección al cementerio y atravesando lugares inverosímiles situados en el centro de una gran ciudad, por diecinueve personas mientras, a pesar de estar muerto, pretende seguir dictando normas, exigiendo pleitesía y haciendo restallar el látigo de su ira: alrededor de esta provocadora puesta en escena el libro avanza arrollador, sin límites en su afán de parodia y desvergüenza (respecto de Freud o de Faulkner, del padre del autor, con el que éste tenía más de una cuenta pendiente, de la teología o de sí mismo), rebosante de ingenio, ironía, recursos verbales y amenazas de bomba. Muy recomendable es “Manual para hijos”, un capítulo de lectura independiente, y que le hubiera encantado firmar al mejor Swift, en el que se cuentan cómo son los padres, qué nombres tienen, qué formas adoptan, cuáles son sus costumbres sexuales o si es recomendable o no el parricidio. Donald Barthelme atrapa al mundo como si fuera un pulpo. Después de darle la vuelta como un guante, lo apalea una y otra vez contra las rocas. Queremos llorar, pero, como ocurre con El Padre Muerto, reímos sin freno, desbocados, desmenuzándonos en dirección a algo que quizás sea el vacío.
DOCTOR RENGELSTEIN
JUAN CARLOS PALMA
De mecánica y alquimia
Juan Jacinto Muñoz Rengel
Salto de Página
Precio: 15,95 €
Páginas: 154
En El sueño del monstruo Muñoz Rengel Rangel sitúa como protagonista en el Londres victoriano a un escritor fracasado cuyos relatos fantásticos no encuentran sitio en el mercado. Ese escritor podría ser el autor encubierto de buena parte de los relatos que se recogen De mecánica y alquimia y cuyo lenguaje y estilo se modifican gradualmente como si aquel barajara nuevas fórmulas para lograr el éxito. La alusión a la química no es arbitraria, ya que, como reza el título, en el libro juegan un papel fundamental la física y la magia, la ciencia y el ilusionismo, la mecánica y la alquimia, la certeza y lo inasible. Cual inventor metódico y persistente, Muñoz Rengel ha creado una pócima en la que todos los componentes están cuidadosamente combinados para lograr un equilibrio en el paladar del lector-conejillo de indias: ya se trate del viejo reloj de Praga, del Toledo medieval –¿un homenaje a Muñecos infernales de Browning?–, de boticarios misteriosos –magnífico “La maldición de los Zweiss”, quizá el mejor del volumen–, de gólems, autómatas o de brigadas para eliminar la basura de las viviendas.
En una entrevista reciente el autor confesaba que su obra “no sólo es un artefacto, sino que también es un pequeño monstruo de Frankenstein, una suma de partes que no son igual al todo”. Leyendo De mecánica y alquimia tenemos la fascinante impresión de transitar por mundos insólitos cuyas costuras y remiendos parecen obra de un científico loco empeñado en subvertir los cauces naturales del cuento. Y se agradece.
| < Prev | Próximo > |
|---|



