ENSAYO Y POESÍA
Santos Juliá, Enis Batur, Félix de Azúa, Fernando Delgado, Justo Navarro, Jesús Munárriz
LECTURAS ENSAYO
LAS ESPAÑAS DEL NOVECIENTOS
JUSTO SERNA
Hoy no es ayer
Santos Juliá
RBA
Precio: 25 €
Páginas: 384
La España del Novecientos fue un país de violencias, de cainismos. Dimos un espectáculo lamentable: el de la guerra y la dictadura, con sus paseíllos, sus cunetas y sus casullas. Según el tópico más reiterado, los españoles sólo éramos seres vehementes, incluso fanáticos: víctimas de un atraso exótico y pintoresco.
Frente a esta imagen reiterada, Santos Juliá traza un panorama distinto. Publica un libro analítico y polémico. No es una historia de España del siglo XX, sino un volumen de ensayos. El ensayo es un género que no goza de gran prestigio entre los historiadores. Los auténticos profesionales escriben monografías empíricas, se nos dice. Por el contrario, los ensayos históricos sólo son escritos ocasionales: aproximaciones meramente especulativas. ¿Es así? En realidad, los historiadores cultivan distintos géneros, entre ellos el ensayo. Es una variedad, una aproximación en la que el autor antepone la reflexión al acúmulo erudito.
Los procesos españoles más importantes del siglo son dos: la Guerra Civil y sus efectos; la Transición democrática y sus consecuencias. Ambos los aborda Santos Juliá con maestría. El primero es esa guerra… La contienda de 1936 emocionó a todo el mundo. Es un conflicto que enfrenta de modo insalvable a los antagonistas, unas hostilidades que concluyen con el establecimiento de una tiranía de partido único, una dictadura arbitral apoyada por una coalición de fuerzas fascistas, militares y católicas. Ese hecho condicionará el futuro, pesando de manera exorbitante en la memoria de quienes lo vivieron. El segundo es esa transición política... El paso pacífico a un sistema representativo conmocionó también a muchos observadores extranjeros. Es una democratización que permite echar al olvido las culpas de los antiguos oponentes, aquello que pueden imputarse; es un pacto que se plasma en el consenso, un cambio que cerrará la rutina bélica del país. Para numerosos espectadores, esto será como un milagro: la paz duradera y convenida de una España atormentada. Tras la gran esperanza de 1914, de la generación de 1914 que encarnan Manuel Azaña y José Ortega y Gasset, habrá que esperar a la 1977 para recuperar la templanza política, la tibia gestión de las cosas.Santos Juliá analiza con rigor y finura ambos procesos, el de la guerra y el de la transición, señalando las incapacidades y los logros de los compatriotas que las protagonizaron. La conclusión es liberadora: no hay un proyecto establecido de antemano; no hay un determinismo que a todos obligue. El porvenir siempre está abierto y son los sujetos con sus actos quienes mejoran o empeoran el curso. Vivimos en circunstancias cambiantes, con informaciones limitadas, con atavismos. Con ese inventario obramos. La reflexión de Juliá es profunda y polémica, entre otras cosas porque hace depender lo que dice del presente que nos acucia, un presente contra el que se revuelve. Si hoy es la memoria histórica y emocional de las cosas lo que parece preocupar, el historiador prefiere el pasado académicamente estudiado, sin encono ni parcialidad. Distinguir la historia del recuerdo, separar la evocación de la investigación, es deber profesional. Pero el propio Juliá incurre en esa dependencia: a la postre, la marea memorial, que combate, es también aquello que le obsesiona generacionalmente, cosa que entendemos quienes nacimos bajo los efectos de la guerra, creciendo con la expectativa de la democracia.
EN LA CASA DE LOS LIBROS
PEDRO M. DOMENE
Las bibliotecas de Dédalo
Enis Batur
Errata Naturae
Precio: 10,90 €
Páginas: 94
La educación humanística tenía a la Biblioteca como su espacio privilegiado. La Biblioteca era un espacio en el que se producía el repliegue del tiempo en un lugar cerrado, condición única para la conservación y su rememoración. Cada Biblioteca representa una topografía alternativa que nos lleva, de un universo personal y finito, a esa inmensidad del Universo que nos rodea y allí, nuestra imaginación crea un mapa completamente distinto. Así caracteriza Enis Batur (Eskisehir, Turquía, 1952) el fenómeno del bibliópata que pasa buena parte de su vida coleccionando libros o persiguiendo ediciones raras, buscando papeles o husmeando en documentos que, de alguna manera, palien esa enfermedad, esa sensación de prisionero, que se concreta en la elaboración laberíntica de una biblioteca, situación comparable a la vivida por el mítico Dédalo, o incluso, yendo aún más allá, imitando el subgénero creado por el argentino Borges cuando hablaba del mundo de la lectura cual una inmensa biblioteca con forma y trazado laberíntico donde cualquiera puede perderse de una forma gozosa..
El escritor, poeta y ensayista turco Enis Batur confiesa en un sintético y singular tratado titulado originalmente, “La casa de los libros”, traducido en nuestro país por, Las bibliotecas de Dédalo (2009), como en la primera mitad de 1986 se encontraba sumido en uno de los momentos cruciales de su vida: había perdido su Biblioteca y, de repente, no supo qué hacer. Aquello se le antojaba un auténtico espejismo en llamas, luego se transformaría en humo y todo se esparciría por los aires en un nuevo espejismo de cenizas hasta que estas volvieron a él convertidas en un puñado de nada. El desastre le obliga, entre otras consideraciones, a relatar para sus lectores lo ocurrido con la Biblioteca de Alejandría, continúa enumerando como en el 747 a. C. el rey de Babilonia hizo destruir los libros que no trataran de su familia, y en el 213 a. C. Chi-Huang-Ti ordenó arrojar a los ríos los libros que existían dentro de los límites del imperio.Más tarde, en el 640 los árabes destruyeron los manuscritos persas, y finalmente, los mongoles, a lo largo de los siglos XI y XIII, destruyeron varios millones de ejemplares en las fabulosas mecas de El Cairo y de Bagdad. Siendo la historia bibliográfica así, el tiempo habría de mostrarle al infortunado Batur el lado oculto de los estantes de una Biblioteca. De una perdida como la suya se desprende, sin duda, el valor de ese estigma que desemboca, indiscutiblemente, en la soledad: la del bibliófilo, aislado en su incomunicación en el país de los libros hasta que, consciente, imitando esa identidad laberíntica, se descubre en la misma situación de Dédalo, rodeado, día tras día, de los estantes dispuestos en las paredes, hasta conseguir unas alas para huir, porque como afirma Batur, el laberinto de su biblioteca comienza en las paredes de su propia casa y desde allí se extiende por la corteza terrestre: una discutible objetividad que tan solo comprenderán todos aquellos que suscriban la subjetividad de esta afirmación.Una extraña densidad, una no menos pasmosa levedad justificarían un libro de apenas 90 páginas, con las que Batur, asocia esa posibilidad única de ser dueños de una fabulosa experiencia y referencia de muchas lecturas y libros que el bonaerense comparte con el narrador turco, mostrándose borgeanos en la media que se reconocen deudores de sentirse enfermos de atesorar libros y más libros, estanterías y bibliotecas, tinta y papel con esa fruición engolada para contar esa autobiografía posible.
LA IMPORTANCIA DE LOS SÍMBOLOS
GUILLERMO BUSUTIL
Autobiografía sin vida
Félix de Azúa
Mondadori
Precio: 17,90 €
Páginas: 168
¿Es el arte un desesperado intento por imponer un sentido a nuestra vida? Esta pregunta es la paleta con la que Félix de Azúa, autor de excelentes títulos como La invención de Caín, Esplendor y nada y Diccionario de las Artes, combina los tonos luminosos y los claroscuros de un poético ensayo que reflexiona sobre la magia del arte y el misterio de la palabra. Pintura y literatura como espejos de la historia del hombre y su lucha contra el tiempo y la muerte.En la primera parte del libro, Azúa indaga en la importancia de los signos desde el arte rupestre, que surge cuando el hombre tiene la irresistible necesidad de verse fuera del mundo, hasta la aparición del cuadro como un moderno espacio arquitectónico. En medio del enigma de Los caballos de Chauvert y de los lienzos de Rothko, que marcan lo que él denomina el principio y final del arte, se encuentran los magistrales capítulos dedicados al hallazgo de la perspectiva que convirtió cada figura humana en un punto en el espacio; a la paralización del tiempo y la consistencia de la vida cotidiana; a la invención del crucifijo; a la aparición del arte comprometido –a partir de la revolución francesa y el asesinato de Marat–; a Goya y la plasmación del horror, hasta llegar a las vanguardias que llevaron a Blaise Cendras a afirmar “que cada pintura es un estado de ánimo único”. El concepto al que el ensayista catalán le contrapone con ácida ironía la genial frase de Marcel Duchamp “el arte ha durado treinta mil años. Ahora hay arte por todas partes pero ningún artista”. Estas dos frases resumen a la perfección el lúcido y asequible discurso con el que Azúa repasa con profundo conocimiento y capacidad didáctica las conexiones que existen entre el arte y el humano, convencido de que los humanos somos aquellos que de nosotros dicen nuestras imágenes. Lo explica echando mano de la representación griega de la adolescencia que suponía una forma de control de la edad explosiva de lo bello y de lo armonioso. Mediante Rembrandt que transformó el cuerpo femenino en un nombre-marca y que al pintar Los jugadores de naipes consiguió paralizar lo efímero. Recurre también a la invención y poder del crucifijo que, junto a los cuadros de Murillo, fueron los signos del franquismo. El período histórico de una generación (la de Azúa) que convivió con aquel símbolo del castigo y de la muerte al mismo tiempo que se evadía con las historias de Flash Gordon y los dibujos de Hanna & Barbera.
Autobiografía sin vida no sólo es un recorrido por la filosofía del arte y por una creatividad ancestral, intuitiva a veces y documentada en otras, que pasó de la búsqueda de la exaltación espiritual, a través de la belleza, a la impronta de la originalidad y de la actuación como méritos más importantes. Autobiografía sin vida es también una denuncia contundente de los últimos treinta años del arte, en los que el mercado, la crítica y los propios artistas han fomentado la trivialidad, las repeticiones, la banalización, los plagios, los manierismos. Una decepción y un hartazgo que llevaron a Azúa a refugiarse en el otro tema del ensayo, aunque más breve, el de la turbadora naturaleza del lenguaje, el enigma de la gran poesía y en la aventura novelística de Hölderlin, de Proust, de Joyce. Ciento sesenta y ocho páginas deliciosas, ilustrativas, divertidas, que certifican la inteligente mirada del autor y que, como él mismo afirma “recordamos lo que somos capaces de imaginar”.
LECTURAS POESÍA
LAS CONDICIONES DEL PÁJARO SOLITARIO
JUAN COBOS WILKINS
El pájaro escondido en un museo
Fernando Delgado
Pre-Textos
Precio: 13 €
Páginas: 92
Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene color determinado; la quinta, que canta suavemente, las cuales ha de tener el alma contemplativa.” Nos lo dijo el místico de Fontiveros, y el pájaro que el tinerfeño Fernando Delgado suelta y hace volar más que en museos en los mismos cuadros, por el interior de las pinturas, formando parte de ellas, ofreciendo sus alas como lienzo, no ignora tales condiciones.
En 2001, Delgado recopiló una selección de Proceso de adivinaciones (1981) y Autobiografía del hijo (1995), sus dos libros de poesía –más inéditos– en Presencias de ceniza, nueve años han transcurrido, por tanto, hasta El pájaro escondido en un museo. Poeta y narrador es Fernando Delgado, y en esta obra funde los colores de ambas paletas, pues, ¿qué es?, ¿poesía narrativa o narración poética?, en unos casos, lo primero; lo segundo en otros. Mas también ni esto ni aquello: sí una escritura en el filo, en la arista. Un fluir en ambas direcciones que se enriquece y fertiliza mutuamente y apuesta por la transgresión de géneros. También en arte, en creación, las fronteras están para sembrar en ellas, no para enjaularnos en sus espinos.
Dividido en cuatro apartados (Los azules del mar, Bocetos, Museo español, Es otoño), más un poema de pórtico, el libro vuela tras el invisible pájaro del alma que canta sin que se sepa dónde. Y de ello habla con dos notas fundacionales: la pintura y la deidad. Las voces de la pintura. Los silencios de Dios. La Creación y el Creador que tienen su inefable paño de Verónica, su reflejo –a veces, desafiante reflejo– en el lienzo u hoja de papel. Así, el poema del encuentro entre Jesucristo y Miquel Barceló en la catedral de Palma de Mallorca, con una última cena submarina; la osadía de Dios Desnudo, en el que Balthus es elegido para pintar “el sexo de Dios mismo y del hombre”, poema que concluye con irónica vuelta de tuerca. Por las páginas desfilan Masaccio, pájaro azul del edén oculto tras pinceles; la esencialidad pura de Mark Rothko; Cristino de Vera y la montaña sagrada del Teide... y Miró, Mantegna, Picasso, Caravaggio, Goya, el Zurbarán de pliegues ya de luz, de sombras ya, y el Rembrandt del Arrullo de un cadáver... Hermosos testimonios de vida, pues “un lienzo sin memoria es nada, acaso una placenta.”
Este volumen que contempla (por momentos, desde la mirada del otro) cuadros, vida, y nos contempla pintados vivos, es libro insular que en plástica imagen convierte la corteza de sandía en barca y sus pepitas en negros peces. Mirada y escritura que transforman la paleta o la página en balsa y a ella suben Catalina de Siena, Apolonia, un San Sebastián de Guido Reni (por cierto, el epicúreo italiano realizó siete versiones del asaeteado y hace sólo un par de años la Dulwich Picture Gallery logró exponer seis) y los hermosos versos a la autora de Castillo interior y a San Juan de la Cruz fugado de Toledo invisible (“Una ciudad no es otra cosa al fin y al cabo que un pájaro que a veces se detiene”). Legítimamente, la sensualidad se encarna y lo hace, por ejemplo, en Bañista o El modelo. Igual que en Espejo amarillo está el paso de los días, el tiempo que se abre a la presencia de la muerte en la parte final. Y ahí, el más emocionado y emocionante de los poemas, La voz de la madre, con cita de Luis Feria: “madre era abril, el resto oscuridad.”
LA FRAGILIDAD DEL SENTIMIENTO
IGNACIO ELGUERO
Mi vida social
Justo Navarro
Pre-Textos
Precio: 10 €
Páginas: 64
Regresa el escritor Justo Navarro a la poesía, desde el lejano Un aviador prevé su muerte (Premio de la Crítica 1986) y lo hace con la entrega del poemario Mi vida social.
Y regresa a la poesía como regresa en los versos a aquellas estancias del pasado habitadas por rostros que no se reconocen, que el tiempo ha cambiado como a nosotros mismos; donde el futuro es un presente que tira de lo que ya no existe. La ausencia, la pérdida, el paso del tiempo, la muerte y la conciencia de uno mismo son parte de esa valija con la que el poeta vuelve a recorrer los cuartos del pasado y la memoria, que ya se visualiza en el primer poema “Sesión de espiritismo”: “Pues le habían dicho que llamara cuando / acabara el viaje, cruzó el río, / contó hasta diez, llamó, / y nadie contestaba. El tiempo había pasado y, es normal, la gente / cambia de casa, / se va, desaparece, le dijeron”.
Desde este inicial desencuentro, el poeta dibuja una cartografía personal de relaciones humanas, su “vida social” conformada por la vida propia y la de los otros. El poeta se reafirma en la búsqueda de su identidad, aquella que el tiempo dibuja y desdibuja, y sólo la memoria reconstruye. Poemas como “Mi doble habla”, “La conciencia exterior” o “Conversación privada ante el espejo” ahondan en esa construcción de identidad. Y lo hace como una mirada reflexiva hacia la misma existencia: “Diría que he tenido siempre / cerca de mi (dentro de mi sería más exacto) / un individuo vigilante, / que en los momentos más impropios / tomaba la palabra / en mi contra o tiraba / un vaso al suelo, o derribaba / al anfitrión a una pared, o se callaba / y era peor. Sería / mejor que se durmiera / alguna vez el yo en el yo”. En esta toma de conciencia, Justo Navarro repasa todas las cicatrices que la vida nos deja. La pérdida del amor o el desencuentro amoroso se recoge en “Amor sagrado inexpugnable”, “La alianza” o “El indigno de confianza” en los que la sensación de derrota tizna todos los versos. Una sensación que adquiere fuerza mayor en el poema “Canción de la imposibilidad de volver atrás”, con un cierre de tono lapidario: “…que el deseo imposible es triste / y es el pasado el más / imposible de los deseos”. Un desencuentro en el que el silencio, como expresión mayor del abandono, va tejiendo la vida en común de dos personas: “…Y los labios se mueven / en el altar de los televisores / sin sonido: parece / una sentencia de expulsión”.
Un cierto desencanto vital toma forma en poemas concretos: “Paraíso, vida después de la muerte” o “Cuento de hadas”: “La señora me dijo: “Sigue así / y un día / vendrá el lobo a llevarte”. / Así seguí sin darme cuenta / años y años. No noté / que en mi mismo era otro. / No sonaban / los pasos de la luz que iba y venía. / Han llamado a la puerta”. También aparece cuando la infancia toma forma como sombra; la sombra de las casas, como si fuesen voces que, con los años, regresan y nos invocan como espectros: “En la tiniebla está perdido el viejo / niño que se asustaba de lo oscuro: / era su soledad de miedo puro, / y a oscuras ni encontraba su reflejo / en el espejo de su dormitorio”.Un tono existencial que adquiere en el poema “Infancia” su mayor altura. En él encontramos muchas de las claves de Mi vida social, donde la fragilidad de la vida; la confirmación de los temores y del miedo a la pérdida se resuelven con contenida emoción para ofrecernos el dominio sobre la fragilidad del sentimiento.
Una vida marcada también por la presencia paterna, progenitora, en una relación confusa, que es parte de ese yo, presente en poemas como “Currículum vitae”; “Memorias de astronauta o “En domingo”, un retorno a la realidad ida: “Fui a Londres y volví. Encontré a mi padre / más callado que nunca, más / enmudecido y más mutante, / avergonzado / de envejecer, de haber envejecido”
UNA LÚCIDA RESISTENCIA AL OLVIDO
ISABEL PÉREZ MONTALBÁN
Rojo fuego nocturno
Jesús Munárriz
Hiperión
Precio: 10 €
Páginas: 128
Por la gracia de Dios
Jesús Munárriz
Point de Lunettes
Precio: 12 €
Páginas: 45
Jesús Munárriz (1940) es bien conocido en el mundo literario por dirigir la prestigiosa editorial Hiperión. Además, cada cierto tiempo, sus libros nos confirman que también es un excelente poeta. Ahora acaba de publicar simultáneamente dos poemarios que resultan representativos (y en cierto modo complementarios) de su principal vertiente creativa: una apuesta por plantear la visión crítica de la realidad socio-política, muy especialmente la inmediata, la que rescata de su memoria y vivencias.
Por la gracia de Dios recopila todos los poemas, muchos inéditos hasta el momento, que el autor ha ido escribiendo desde los años sesenta sobre el dictador Francisco Franco y su régimen. Un lúcido afán por repasar la historia –sin falsa nostalgia, con ironía y desgarro en ocasiones con un tono cercano a la sátira– con el objetivo de cuestionar los hechos que la constituyen. Y lo hace Munárriz cultivando en ambos poemarios un estilo permeable, claro y directo, una estructura próxima a la narrativa y un particular cuidado en la métrica (incluyendo la rima, estrofas en versos alejandrinos y algún soneto). Más incluso que los poemas y retratos sobre el tirano, que sin duda llaman la atención, interesa el conjunto de instantáneas sobre la vida ordinaria de entonces, recogidas en composiciones breves, como ráfagas que alumbran escenas extraviadas en el olvido histórico o fotogramas en blanco y negro del más puro neorrealismo italiano: “todo tenía un aire ferroviario, / de perpetuo transbordo. remachando la nota, / en las esquinas, / locomotoras de juguete con castañas / y una luz de carburo, / y por la calle, / los coches con gasógeno, / que parecían ir pidiendo vías”.Rojo fuego nocturno, más heterogéneo, conserva en muchos poemas el mismo referente contextual y desde luego la misma línea social e irónica, si bien ya no se centra en un tema o figura tan concretos. El poeta y se permite derivar hacia la emoción y el intimismo con recuerdos de la infancia, los amigos, los viajes, la historia (Holocausto) y algunas reflexiones sobre el presente (las guerras actuales, la violencia).
Mientras que en las últimas décadas gran parte de la poesía española se ha refugiado en el culturalismo, la figuración pop o el ensimismamiento esencialista, este escritor se ha empeñado –ahí reside su valor y su mayor riesgo– en ir tomando nota de la memoria de su biografía y de su entorno, casi a modo de crónica, logrando fijar los tintes grises de un pasado en el que nacieron y se formaron varias generaciones de españoles, incluso aquellos que han preferido olvidar. También ha sabido Munárriz filtrar a través del lenguaje lírico un presente del que ofrece indicios sobre un mañana posible: un poema sobre la infanta Leonor (no laudatorio; tierno y sutil en su oposición), cierra el segundo libro.



