DE CUANDO EL FLAMENCO ECHA MANO DE LA POESÍA
Miguel Poveda-Muñoz Rojas, Arcángel-Juan Cobos Wilkins, Vicente Amigo-Kavafis, Enrique Morente-García Lorca.
MARTA CARRASCO
Dice la maestra y bailaora Matilde Coral que allá por los años sesenta, cuando ella, su marido, el también bailaor Rafael el Negro y otro genio del flamenco como Farruco, formaban el trío los Bolecos, los censores iban cada noche al tablao de Sevilla llamado La Cochera para verlos bailar. “No venían a ver las piernas de las bailaoras, y algunos ni siquiera eran aficionados al flamenco. Sólo se ponían muy cerquita de la puerta con una libretita entre las manos y apuntaban las letras que interpretaban los cantaores y luego, cuando acababa la actuación, alguno que estaba más “enterao”, me preguntaba. ¿Y usted, de dónde ha sacado esa letra? Y yo le decía inocente, mire, no lo sé, eso lo canta todo el mundo, es popular. Pero yo sabía que no, que tenía autor. Unas veces era Rafael Alberti y otras Lorca. Pero ellos nunca averiguaron de quien y nosotros seguimos bailándolas”.
La relación del flamenco con la poesía y con la literatura ha pasado por luces y sombras. Las sombras se iniciaron en la generación del 98 donde la intrépida cruzada a favor del folklorismo de Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” chocaba frontalmente con el antiflamenquismo confeso de personalidades literarias como Baroja. Baste recordar en toda esta andanada antiflamenquista a Eugenio Noel, quien lidera estos postulados con su obra Campaña antiflamenca, Señoritos, chulos, fenómenos gitanos y flamenco, cuyo título lo dice todo.
Pero si hay un hecho que sanciona la relación del flamenco con la literatura y con la poesía es la publicación del “Poema del Cante Jondo” de Federico García Lorca, compuesto a finales de 1921 y que sirve como hermoso preámbulo al Primer Festival de Cante Jondo que se organiza en Granada en 1922 con la participación del propio Lorca, el músico Manuel de Falla, el pintor Manuel Ángeles Ortiz o el también músico Andrés Segovia. La intelectualidad del 27 había hecho suyo el flamenco. Lorca nunca sabría que en la década de los 50 del siglo XX la recitadora y cantaora Gabriela Ortega, sobrina de Ignacio Sánchez Mejías, grabaría en tercios flamencos su lamento por la muerte del torero.
Sin duda a partir de este hecho y por el carácter mismo del creador, a lo largo de la historia del flamenco, ha sido Lorca el poeta más cantado. Ya en el siglo XX, bailaoras como Encarnación López La Argentinita cuya relación personal con Federico García Lorca era muy estrecha, insistieron en introducir letras de poemas del autor granadino en algunos de los bailes de sus espectáculos. En concreto, su hermana Pilar López, me comentaba en alguna ocasión que ciertos cantaores, “cuando les presentábamos las letras de Federico al principio no decían nada, pero luego algunas veces cambiaban palabras para adaptarlas al compás. Mi hermana no quería, se enfadaba por el hecho de que tocaran los poemas de Federico, y al final, para no tener peleas, quitaba la letra y ellos seguían cantando las de siempre”.
En los años sesenta y setenta del siglo XX los poetas y el flamenco comienzan a abrirse paso en los escenarios con obras singulares. Entre ellas, Oratorio (1968), del Teatro Estudio Lebrijano dirigido por Juan Bernabé, Quejío (1972) y Los Palos (1975), del grupo La Cuadra dirigido por Salvador Távora; Ceremonial (1974), del bailaor Mario Maya con textos del poeta Juan de Loxa, Camelamos naquerar (1976), también de Maya y con poemas de José Heredia Maya, y Ay Jondo (1977), nuevamente de Maya y Loxa. Mario Maya montaría en 1986 Amargo basado en poemas de Lorca que reestrenaría en la primera década del siglo XXI.
En la época de la transición cantaores como Manuel Gerena aportaron nuevos lenguajes literarios al flamenco incluyendo en sus cantes letras de Blas de Otero y Alberti. En 2001 se editaría el trabajo de Manuel Gerena: Manuel Gerena canta con Miguel Hernández, en el que el cantaor-protesta sevillano combinó su cante con la palabra del poeta. En este vademecum de flamenco y poesía siempre hay que mencionar al genio de la Isla, a Camarón, quien en 1989 grabó su Soy gitano en donde aparecía el poema “El pez más viejo del río” de Miguel Hernández a compás de fandangos de El Gloria. Más tarde haría por cantiñas los poemas de Fernando Villalón o transformaría en dulce quejío de nana fragmentos de la obra del poeta persa Omar Khayyam.Federico García Lorca es el poeta más vinculado al flamenco, al que muchos denominan en el mundillo, “el poeta con compás”. En 1997 se publicó, bajo la dirección de Ricardo Pachón, una obra formada por dos discos titulada Los Gitanos cantan a Federico García Lorca, en el que participaron artistas como Camarón, Diego Carrasco, Manzanita, Esperanza Fernández, Remedios Amaya o Pata Negra.
Pero sin duda en la discografía actual de Lorca hay un protagonista destacado: Enrique Morente. Comparte el cantaor con el poeta la misma tierra y así, Morente ha hecho que Lorca sea coprotagonista de sus grandes obras: el disco Lorca y el sensacional Omega junto al grupo Lagartija Nick que musicalmente es una renovación total. El primero está dedicado al Romancero gitano y el segundo al surrealista Poeta en Nueva York. Enrique Morente no sólo ha cantado a Lorca, sino también a Quevedo, a Góngora, a San Juan de la Cruz, a Bergamín, a Jorge Guillén o a Miguel Hernández, del que ha interpretado magistralmente la “Nana de la Cebolla”.En la nómina de cantaores que han prestado su voz a los poetas están nombres como José Menese que en la Bienal de Flamenco de Sevilla presentó su particular adaptación flamenca de los poetas del Siglo de Oro español. Lope de Vega, Calderón de la Barca o Miguel de Cervantes y la poesía mística creada por Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, son la base de A mis soledades voy, de mis soledades vengo, disco grabado en el año 2005.En esta dulce comunión de las artes hay más protagonistas. Vicente Soto Sordera ha cantado al portugués Pessoa; Calixto Sánchez a Antonio Machado o a Alberti en De la lírica al cante, en donde también mete por alegrías las poesías de Bécquer. Juan Ramón Jiménez ha sonado por fandangos en la voz de Carmen Linares con su obra Raíces y Alas, y también en la de Tina Pavón. El reciente Premio Nacional de Música, Miguel Poveda, ha puesto en compás por bulerías las poesías de Muñoz Rojas y de Rafael Alberti, y en 1997 cantó en Bolonia (Italia) un espectáculo basado en obras de Lorca y la generación del 27. Marina Heredia mete por seguiriyas a Bergamín, mientras Mayte Martín canta por peteneras los versos de Manuel Alcántara. En otro compás, Manuel Moreno “El Pele”, ha publicado un trabajo llamado 8 guitarras y un piano en el que se incluye una versión de “Alfonsina y el mar”, el cantaor de Jaén, Miguel López ha realizado un disco en el que versiona los poemas de Lorca, “Baladilla de los tres ríos” y “Amor” y “El viaje definitivo” y “Calle de los Marineros” de Juan Ramón Jiménez, y para indagar más aún en el encuentro literatura y flamenco, Juan Peña Lebrijano canta la prosa de García Márquez, mientras el joven cantaor Arcángel acaba de editar un disco en el que canta los poemas de la obra Biografía Impura del onubense Juan Cobo Wilkins.Se establecen también otros ritmos y otras propuestas que van más allá del cante y de las que cabe destacar a modo de ejemplos algunas más conocidas y otras que conviene recordar. Antonio Gades creó en 1974 su mítica versión de Bodas de sangre, basada en la obra de Federico y realizada para el cine por Carlos Saura. El guitarrista Vicente Amigo se acercó al poeta Kavafis al componer música instrumental al poema “Ciudad de las Ideas”. El bailaor Israel Galván en 1999 participó en el teatro de la Maestranza en un espectáculo en el que bailaba textos de Borges, mientras Eva Yerbabuena danzó en la misma propuesta escénica el hermoso poema del escritor argentino “Matilde Urbach”. En 2002 otro bailaor, Javier Barón estrena Dime un espectáculo sobre Lorca con el guión de otro poeta, José Luis Ortiz Nuevo. En 2004, Eva Yerbabuena rinde homenaje a Aleixandre, Blas de Otero, Miguel Hernández y Lorca en su espectáculo A cuatro voces. En 2006 María Pagés estrena Sevilla, una coreografía con letras de García Lorca, A. Machado, Ben-Sahl, Saramago, y baila en su último espectáculo el poema del Nobel portugés, “Ergo uma rossa”.El maridaje entre el flamenco y la poesía va más allá del cante, incluso del baile y de la guitarra. Si en el proceso de evolución del cante jondo es el poeta popular el protagonista del quejío flamenco, con los años ha sido el artista el que ha echado mano del verso del poeta de renombre para transmitir su mensaje a través del flamenco. Flamenco y literatura se dan la mano, se esperan para continuar en este presente que casi es pasado, lo que el futuro de flamenco, como arte en continua evolución, nos depara.



