HE VISTO COSAS QUE NUNCA CREERÍAIS
Los paraísos piratas del libro
ÁNGELA VALLVEY
He visto cosas que nunca creeríais. He conocido gente que se cortaría su propia pierna de un hachazo antes que pagar 8 euros por uno de mis libros. En fin, tampoco quiero pecar de solipsismo: ni por uno de “mis” libros, ni por ningún libro, en general. He conocido a algunas de esas personas. Y son buena gente, además. Se han acercado a mí, aprovechando que mi menda se pateaba las españas perpetrando disertaciones para ganarse unos eurillos; se han aproximado a mí y, cuando yo esperaba que exhibieran un modesto ejemplar de bolsillo de alguno de mis libros para que lo firmase, me han espetado: “Yo es que no compro libros, porque o bien los saco de la biblioteca o me los bajo de Internet, pero... ¿me puedes firmar el folleto donde se anuncia tu conferencia?, ya que estás aquí...”En consecuencia, luego he soñado cosas que nunca creeríais. He tenido visiones astrológicas. Veo el futuro de los escritores. El mío propio:
Me veo ataviada de zíngara daltónica, dando charlas por las pedanías de Sierra Morena como única forma de sustento. Me piden que cante y que baile porque la conferencia “a palo seco” no es suficiente para los lugareños. Y yo... accedo encantada y humildemente agradecida. El libro electrónico ya es una realidad consolidada, y España –siempre en la Champions League–, encabeza la clasificación mundial de paraísos piratas. Los partidos políticos se presentan a las elecciones con el lema: “Descárgatelo gratis, es tu derecho”. En los libros escolares (electrónicos, claro) aparece redactado el siguiente Manifiesto de Memoria Histórica:
“Señora exministra de Cultura y Espectáculos (Bochornosos): qué mala es usted que nos quiere robar a todos los españoles para dárselo a ‘los de la ceja’. Que quiere usted acabar con la libertad en Internet. Señora exministra, en España no hay pirateo en Internet, sino ‘intercambio de contenidos’. ‘Bajarse cienes y cienes de series de TV, películas, canciones, libros y tal –productos que no nos dará tiempo a ver/oír/leer ni en varias vidas que tuviésemos–, no es pirateo, sino solidaridad humana y ejercicio de nuestros derechos. Usted no sabe con quién se la juega...”
Los escolares se aprenden dicho manifiesto como antiguamente se memorizaban las tablas de multiplicar. Es el nuevo mantra de La Libertad Duradera. (Virtual, por supuesto).Ahora está claro: han ganado los apocalípticos, y a los integrados se nos han metido los megas para adentro del disgusto. Llevaban razón quienes se mostraban convencidos de que la cultura es un hecho aristocrático en el que sólo tiene que meter la cuchara la gente refinada porque, en cuanto se deja en manos de la vulgaridad de las masas... todo se va al carajo. Los sociólogos lo repiten por la tele, pero nadie les hace caso: cuanto más se propaga una práctica artística, más disminuye su valor simbólico y su consideración social.Así, los blogs de los piratas (bueno, eso ya ocurre ahora mismo, pero en el futuro estará perfeccionado, si he de hacer caso a mis sueños anticipatorios) se forran con el trabajo ajeno; y lo más gracioso, entrañable y simpático: son marcas registradas. Sí: Apocalipsis now. El movimiento Software Libre, o Copyleft, tiene la mayoría en el Europarlamento –gracias al grupo español, esencialmente–, y los antiguos, viejos y decrépitos artistas, escritores y titiriteros se extinguen misérrima y discretamente si no se reciclan en neo-cutre-trovadores. Eso sí: ya no se ruedan nuevas películas. Sólo vídeos pornos caseros. Y la música y la literatura (todo el mundo es un genio por orden gubernamental) son tan populares que importan lo que valen: un bledo.



