ENRIQUE VILA-MATAS

"El escritor es alguien que se aisla del mundo para escribir sobre el mundo"

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

El azar y la literatura nos han reunido en Dublín. Estamos citados en el pub The Gravediggers, Los enterradores, junto al cementerio católico de Glasnevin. Un lugar que a Enrique Vila-Matas cada vez le resulta más agradable y familiar. Aquí acudimos todos los años los caballeros de la Orden de Finnegans, la víspera del Bloomsday.

Ha llegado verdaderamente el fin de la era de la imprenta?

Sí, pero entiendo que en nuestro tiempo lo apocalíptico sólo puede ser ya tratado de forma paródica. Inventando, por ejemplo, una oración por los escritores.

Comparte la opinión de Riba, el editor de Dublinesca, que considera que los elementos esenciales en la novela del futuro son: intertextualidad; conexiones con la alta poesía; conciencia de un paisaje moral en ruinas; ligera superioridad del estilo sobre la trama; la escritura vista como un reloj que avanza.
Plenamente. Ahí, autor y personaje coinciden en todo. Como autor, en septiembre voy a publicar un opúsculo, Perder teorías, donde amplio esa teoría que Riba perdió en Lyon. Será como si publicara, desgajada de Dublinesca, la teoría que Riba escribió y destruyó en Lyon. ¿Soy Riba? Sólo me parezco un poco a él.

¿Cree que Riba se arriesgaría a publicar a escritores invisibles en estos tiempos de autores mediáticos?

Tu pregunta me hace pensar en una editorial que tuviera un catálogo únicamente de invisibles. Tal vez lograra esa casa de edición revolucionar el mundo del libro. Tal vez la monte yo mismo, mira. “Nace la editorial Visible, con su catálogo único de invisibles”. Ya veo la noticia. Qué negocio.

Pero el camino verdaderamente misterioso, dice en Dublinesca, siempre va hacia el interior.
No hay duda de que Dublinesca es un viaje misterioso al interior de alguien que no sabe quién es porque quedó sepultado por su propio catálogo. Desmonta el tópico de que la escritura de un editor es su catálogo, sus señas de identidad. La escritura de un editor es su niebla.

¿Se ha convertido en un hikikomori, un hombre encerrado en una habitación, o lo has sido siempre?

El escritor es alguien que se aísla del mundo, paradójicamente para escribir sobre el mundo. Antes de encerrarme, eso sí, me di una vuelta muy completa por el exterior. Vi lo que tenía que ver. Y, horrorizado, pasé a comentarlo por escrito. Tengo material para cinco siglos de escritura, pero no me va alcanzar el tiempo.Sus libros son un paseo a través del arte, el cine, la música, la literatura... ¿Escribir una novela es el pretexto para hablar de uno mismo?Yo leo encantado, por ejemplo, a John Banville, Don DeLillo o a Pierre Michon y, como no los conozco de nada como personas (con Michon sólo he compartido un té con leche), no me pregunto si hablan de ellos, me dedico sólo a leerlos: me da igual si tiene un fondo autobiográfico o deja de tenerlo.

El personaje de El Hombre que duerme de George Perec, el protagonista de la película Spider de Cronenberg o Il deserto rosso de Antonioni: ¿por qué esa atracción hacia los personajes desvalidos que andan, perdidos por una vida que no comprenden?

En el mundo real, soy un hijo modelo y alguien completamente enamorado de su mujer y buen camarada de mis amigos. Pero en el mundo de la ficción me interesan más los solitarios, los que viven siempre en lo precario, lo incierto, lo aterido, lo aterrador, lo inhóspito, lo desguarnecido, lo exiliado, lo inconsolable. Los que viven más cerca, en definitiva, de la verdad bárbara del mundo.

El editor Riba sostiene que los escritores son resentidos y celosos y también habla de ellos como “esos seres tan disparatados y extraños, tan egocéntricos y complicados, tan imbéciles la mayoría”.

Los editores encuentran muy cargantes a los escritores. Quizás porque no son nada sin ellos. Y yo encuentro fascinantes a muchos escritores, generalmente amigos, pero también sé ver que en nuestro gremio hay muchos monstruos, pura moralla. Es más, el gremio ni siquiera creo que reúna a la gran élite de la inteligencia mundial, ni mucho menos, más bien el sector de los escritores tiene de promedio un coeficiente intelectual bajo. [Ha llegado la medianoche. El camarero da la señal y los clientes de Los Enterradores hacen acopio de bebidas. A partir de las 12 ya no se sirven más copas. Pido un té con leche para Enrique y dos pintas de guinness para mí.]

Dice Monterroso que los buenos relatos son siempre tristes. Dublinesca, ¿no es también una historia triste?

Sí, pero dinamita cualquier idea de tragedia sin humor. ¿O no hay un muerto ahí que está vivo? No se puede ser más optimista.