FERNANDO MARÍAS
"La parte real de esta novela de fantasmas me costó ir al psicoanalista"
TOMÁS VAL
Fernando Marías acaba de obtener el premio Primavera de Novela con su obra Todo el amor y casi toda la muerte, una historia de fantasmas reales, el relato de las obsesiones que pueden acompañarnos en las relaciones amorosas y que pueden trastocar todo nuestro mundo.
Marías nació en Bilbao el 13 de junio de 1958 y vive en Madrid desde 1975. Autor de varias novelas –La luz prodigiosa, Esta noche moriré, El mundo se acaba todos los días…– en 1991 obtuvo el premio Nadal con El niño de los coroneles. Guionista cinematográfico y editor, es también un reconocido autor de Literatura Infantil y Juvenil, género en el que ha obtenido galardones tan prestigiosos como el Premio Nacional, el Anaya y el Gran Angular.
La novela ganadora del Primavera, Todo el amor, participa de muchos géneros.
Me gusta decir que es una novela de fantasmas, pero de fantasmas serios, reales… No me refiero a esos espectros con cadenas que asustan los sueños infantiles, sino a los fantasmas que todos llevamos dentro y que pueden perturbarnos la vida de forma muy seria hasta el extremo de ponerla en peligro.
Empecemos, pues, por esos fantasmas. En su relato, el amor, un amor enfermizo, tiene una gran importancia.
Esta historia surge de una historia real que nadie cree, pero que es verídica. Estaba yo de vacaciones con la mujer que entonces era mi pareja…
¿Es la misma mujer a la que dedica el libro?
Sí, la misma. Ella y yo llegamos a aquel lugar, un lugar paradisiaco, para pasar las vacaciones y al entrar en la suite me encuentro con que estoy encerrado durante toda la semana con tres mujeres. El problema es que sólo una era real; las otras dos eran fantasmas de mi pasado que, por razones que ignoro, aparecieron allí. Ellas destruyeron mis vacaciones, me arrojaron al delirio. Al volver, me fui a un psicoanalista y empecé a dialogar con mis fantasmas para salvar mi vida. Ese es el origen de la novela: la necesidad que un hombre tiene de buscar la verdad de su vida y de atar todos los cabos. Yo afirmo que hasta se pueden mantener relaciones sexuales con un fantasma y aquello me obsesionó tanto que tuve que buscar ayuda. Afortunadamente, mi compañera, como buena argentina, en vez de mandarme a paseo me aconsejó que fuera al psicoanalista y eso me salvó la vida.
Pero una novela es algo más que una pura terapia personal.
Claro. Hay que contar una historia para que a un lector le interese y me propuse hacer una novela que contara tres historias con sus géneros respectivos. La historia central: una especie de novela negra con una mujer fatal; la historia romántica de principios del siglo XX, un relato decimonónico con un giro final fantástico; y otra historia, la de una mujer con los pies asentados en la tierra pero que también va buscando un fantasma, en este caso el de su hijo muerto.Tres mujeres que logran transmitir una pasión enfermiza, destructora, en aquellos hombres que las aman.
Los amores, cuando son apasionados, tienen algo de patológico. Yo he padecido que el deseo se convierta en una enfermedad brutal. Puede suceder, una persona llega a obsesionarte y todo carece de importancia al lado de la urgente necesidad de satisfacer ese deseo.
Deseo enfermizo que puede llegar a ser, en su novela, incestuoso.
Si ese personaje hubiese visto satisfecho el deseo hacia su hija, hubiéramos tenido una historia más normal. Me gusta ese personaje que es consciente de la atracción hacia su hija y se controla, se aparta de ella porque sabe que acabarán haciéndose daño y decide afrontar el tormento que esa separación le supone.Vera, la muchacha que despierta amores incontrolados, llega al lector únicamente a través del relato de los personajes masculinos. Ella no aparece en la novela.
Eso supuso un reto para mí. La protagonista, esa mujer por la que todos están apasionados, no aparece en toda la novela y adquiere consistencia a través de las miradas de los hombres de su vida. Esa es una de las cosas bonitas del libro: el personaje central no “sale” nunca.Todo el amor tiene también una trama negra y muchos escritores –principalmente españoles– aseguran que ese género implica muchas dificultades.
Ésta es una novela negra peculiar porque realmente no llega a haber desenlace de la trama. Hay una atmósfera negra, un atraco, gánsters, una mujer fatal, una víctima… Pero no hay desenlace. Tardé muchos años en escribir esta novela y fui dejando que el tiempo fuese decantando la trama y los personajes.
Hay un personaje que recuerda a las sirenas, a ciertas leyendas del Norte y también los paisajes parecen ambientados en esa zona de España.
La novela me la imagino en Asturias. Ese tipo de leyendas, la del marinero que tiene una historia de amor con una sirena, nos suena a todos, pero quise darle la vuelta y convertirla en una metáfora sobre el deseo, sobre el no poder vivir con el ser amado y tampoco con su ausencia. Quise darle una vuelta a la novela fantástica y romántica de amor, a ese Bécquer cuyas historias son muy románticas y también muy perversas. Las madres y los maestros nos recomendaban leer a Bécquer, pero es un tío retorcido y perverso.En Todo el amor hay un relato aislado, otra “novela” que sirve para urdir los elementos de la trama.
Me gusta escribir imaginándome una pantalla blanca en la que voy colocando cosas. Quería novela negra dada la vuelta; novela fantástica dada la vuelta…Quería, esencialmente, una historia de seres humanos, la búsqueda de una persona por reconocerse, por hallar la verdad. Cuando colocas esas cosas en una pared blanca, te preguntas cómo le das forma, cómo construyes la novela y se me ocurrió esa especie de maldición que va atravesando las páginas del libro. Ese relato no es lo esencial de la novela, pero ayuda al lector.Y todo envuelto en un ambiente un tanto onírico.Sí. Hay muchas reflexiones sobre el tiempo, sobre su fugacidad, su inexistencia…El tiempo no es más que recuerdo, el momento dura apenas un instante. Lo vivido parece un sueño y el lector de Todo el amor nunca acaba de estar seguro de que aquello que le cuentan sea verdad y de que los recuerdos de los personajes no formen parte de una ensoñación. Ese ambiente onírico al que te refieres procede también del misterio, de la atmósfera que embarga a la novela.Fernando Marías es un escritor conocido –obtuvo el Nadal y el Premio Nacional de Literatura Infantil–, pero es posible que alguien se acerque a él por primera vez a través de Todo el amor. ¿De qué ha escrito Fernando Marías? ¿Qué temas le contamos a ese lector primerizo que le interesan como escritor?
Pues diría que la búsqueda de la verdad y la profundización en las obsesiones que acompañan a todo ser humano. Quiero creer que escribo de los temas inevitables: el amor, la muerte, el deseo, la percepción del mundo…



