NARRATIVA

Murakami, Marta Sanz, Jorge Carrión, Terenci Moix, Octavio Escobar, Ronaldo Menéndez, Álvaro Colomer, David Grossman, Pablo Simonetti.

LECTURAS NARRATIVA

  

LA SOMBRA Y EL UNICORNIO

EUGENIO FUENTES

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
Haruki Murakami
Tusquets
Precio: 21 €
Páginas: 484
En el fin del mundo el pelaje de las bestias se vuelve dorado con la llegada del invierno y los recién llegados son separados de su sombra. Las bestias, en realidad unicornios, juegan en el fin del mundo un papel crucial: expulsan de la ciudad perfecta, más allá de su inquietante muralla, los recuerdos residuales de sus habitantes. Porque, en el fin del mundo, todo está reglado para que nada rompa la armonía de su eterna repetición. Y la memoria, sustrato de la conciencia y de los sentimientos, es una perenne fuente de conflicto. Por el contrario, en el despiadado país de las maravillas, que no es sino el Tokio de mediados de los 80, el conflicto es el motor primero. Y el primer conflicto es el que enfrenta a dos poderosos grupos por el control de la información: El Sistema, más o menos próximo a las esferas gubernamentales, y Los Semióticos, auténticos piratas de las secuencias digitales. En consecuencia, la investigación de nuevos modos de encriptación se ha vuelto una obsesión en cuyos bordes afilados hacen equilibrios un científico manipulador de conciencias y el informático que protagoniza El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.

El japonés Murakami (1949), un habitual de las listas de éxito españolas desde que en 2005 se tradujo su Tokio Blues (Norgewian Wood), se dio a conocer en su país con la llamada Trilogía de la Rata, publicada entre 1979 y 1982. Compuesta por dos obras nunca traducidas al castellano –Hear the Wind Sing y Pinball, 1973–, la completa La caza del carnero salvaje, con la que se estrenó entre nosotros a principios de los 90. Cosas del desorden editorial, El fin del mundo..., de reciente aparición en nuestras librerías, fue su siguiente novela (1985) y representó un imponente esfuerzo de imaginación y construcción de tramas para llevar al límite los elementos fantásticos que ya se adivinaban en sus primeras obras. Obtuvo magníficas críticas, aunque Murakami aún tendrían que esperar dos años hasta convertirse, precisamente con Tokio Blues, en un autor idolatrado por los japoneses.

Tan ricas son en detalles y tan bien imbricadas están las tramas de El fin del mundo... que sólo el lector debe descubrirlas. Cabe advertir, con todo, que Murakami se atiene de principio a fin a una férrea estructura en la que alterna los capítulos ambientados en el país de las maravillas y los que, más líricos, se desarrollan en la extraña ciudad del finimondo. Esta rígida disposición tentará en ocasiones al lector a saltarse fragmentos para avanzar en una de las líneas. No lo haga; su impaciencia rompería un juego de espejos de alta precisión.

Digamos, como orientación somera, que a El fin del mundo… se le han buscado variopintos parientes, desde la posterior “Matrix” hasta “El Castillo”, pasando por el posmodernismo ciberpunk, por la legión de hijos de Kafka y, en un desesperado intento de ahijar la sombría placidez de la ciudad amurallada, por el “Señor de los anillos”. De todos tiene y de ninguno, porque Murakami ha bebido hasta la hez la literatura y la música occidentales. En cualquier caso, El fin del mundo… es, ante todo, una lograda tentativa de recrear la alienación y la soledad contemporáneas, en la que el humor alterna con aceradas reflexiones sobre la manipulación científica, el ansia paranoide de información, las luces y sombras de las utopías y las funciones redentoras del amor. Sin olvidar darle una preciosa vuelta de tuerca al viejo tropo de la sombra.

 

NEGRA, NEGRA Y NEGRA

JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ

Black, Black, Black
Marta Sanz
Anagrama
Precio: 11,50 €
Páginas: 332

Ante todo, una aclaración: vaya por delante la seducción que los buenos títulos suelen ejercer sobre el lector y Black, Black, Black lo es; tan abarcador y abierto, tan sugerente, tan interpretable y rico, tan gustoso editorialmente que a uno no le sorprende que Marta Sanz lo haya escogido y así declarar con él, desde el mismo nacimiento de la criatura, cómo es ésta, sin abstracciones ni dobleces, sin vacilaciones ni confusiones posibles que la desvíen de su negra vocación.

Pero aun ignorando si esa rara habilidad que tanto nos atormenta a muchos de nosotros –la de saber titular y hacerlo a conciencia– es innata o adquirida, lo que sí nos permite es rastrear algunos de los temas que salpican una trayectoria formada por novelas como El frío (1995), Lenguas muertas (1997), Los mejores tiempos (2001), Animales domésticos (2003), Susana y los viejos (2006) o Lección de anatomía (2008), además de algún libro de relatos y la reciente publicación de dos poemarios, lo que convierte a Marta Sanz (1967) no sólo en una de las voces narrativas más notables de nuestra literatura, sino también en una escritora completa de la que, por fortuna, no nos vamos a librar tan fácilmente.

Por eso, no es de extrañar la recomendación del jurado del último Premio Herralde de publicar Black, Black, Black, una novela inscrita dentro de la parafernalia más clásica del género negro, que se articula en torno al crimen no resuelto de la geriatra Cristina Esquivel, casada y madre de una niña. Un año después, la familia de Cristina, que sospecha de Yalal, su yerno árabe, encargará el caso al detective homosexual Arturo Zarco, quien gracias a Paula, su ex mujer desde que aquél declarara su condición y con la que mantiene una ambigua relación, pero de la que no puede ni quiere prescindir, lo resolverá tras investigar a todos los vecinos de Cristina y conocer las complejas relaciones entre los habitantes de ese pequeño universo, sometido a reglas no escritas y asaltado por nuevas realidades que algunos no están dispuestos a aceptar sin más.

Todo en un escenario que es negro por la sordidez de las vidas que están en juego, por la violencia contenida que se respira en sus conductas, por la certeza de que nada sustantivo cambiará con el hallazgo del criminal, por la atmósfera de miedo e incertidumbre, por la descripción ácida de ese microcosmos que es la escalera de vecinos, pero muy en especial porque a Marta Sanz, como a todos los grandes del género, lo que le interesa es constatar con ironía, con un humor frío y reparador, la imposibilidad objetiva de deslindar el bien del mal, las conductas apropiadas e inapropiadas, las víctimas de los verdugos, o la violencia misma de un sistema que la ha interiorizado hasta hacerla tan irreconocible como extrema .

Por ello, Black, Black, Black es más que negra, porque a la crítica social habitual, suma una inusual reflexión sobre la relación entre literatura y realidad o entre ésta y la ficción, entendiendo esa relación como un juego de espejos en donde la verdad y la mentira se tornan tan acomodaticias e indefinibles como las esferas a las que suelen asociarse ambas y que se ejemplifica con la tripartita división de la novela que se corresponde, a su vez, con las tres voces narrativas presentes en ella: la de Zarco, la de Luz Arranz a través de su diario, y la de Paula.

En suma, una buena y original aportación al género negro de una magnífica escritora a la que no le importa el riesgo que conlleva pactar con la ficción si logra así sorprender e inquietar a sus lectores. Pero también un encendido homenaje al género por el que desfilan autores, obras y personajes que exceden el ámbito de lo negro y glosan el espíritu policíaco desde la antiheroica condición de sus protagonistas.

 

CIVILIZACIÓN AMENAZADA

SANTOS SANZ VILLANUEVA

Los muertos
Jorge Carrión
Mondadori
Precio: 16,90 €
Páginas: 176

Una meta primordial persigue Jorge Carrión en Los muertos: plasmar la imagen de una realidad desquiciada. Para lanzar sus inquietantes mensajes sobre nuestra civilización, se apoya en la fanta-ficción futurista e idea un mundo de asechanzas apocalípticas que conduce a la disolución de la vida. Los modelos famosos (Orwell, Huxley o Wells) los adorna con una percepción de la existencia como realidad virtual o como construcción mental forjada por las series televisivas, el cine ciber-heroico, las poderosas redes sociales o los videojuegos de un fin de civilización. De hecho, la novela asume una deuda voluntaria y explícita con estas formas: dividida en dos partes, la primera resulta ser el texto de una arrasadora serie televisiva del mismo título que el libro; la segunda remite, casi hasta reescribirla, a Los Soprano, la muy celebrada saga de una familia mafiosa americana.

Con este andamiaje, Carrión muestra una visión angustiosa del presente localizada en Nueva York y fragmentada en dos momentos. En el primero, datado en 1995, se producen súbitas materializaciones de “Nuevos”, personas venidas de otro mundo. En el segundo, situado en 2015, ocurre la anomalía contraria, se expande una Pandemia que causa la desaparición repentina y simultánea de hasta grandes grupos de personas. Los reencarnados provocan el rechazo colectivo que los arroja a la existencia más menesterosa y se ven obligados para protegerse a buscar su identidad en la vida anterior consultando a adivinos, quienes, en vez de predecir el futuro, averiguan el pasado. La atmósfera degradada de la metrópolis finisecular alcanza la desolación máxima en la ciudad futurista, lugar espectral vacío de habitantes al haber rematado la Pandemia su letal cometido.

En cierto modo, Carrión actualiza con sentir contemporáneo el temor milenarista de las plagas medievales. Los muertos es una utopía inversa que pasa revista a las múltiples formas del terror actual. Violencia irracional, secretos estatales, dictadura de los cabeza rapada, mafia y crimen organizado configuran un tenebrista retrato de la deshumanización a que ha llegado la especie. Este conjunto de datos de una parábola llevada a la hipérbole adquiere su plenitud significativa al englobarse en el problema de la identidad, verdadero leitmotiv de la novela. La identidad adquiere múltiples dimensiones. Una, dramática, se expresa en la necesidad de reafirmaciones grupales frente a los “materializados”. Otra se basa en la sugerente idea de que respondemos a esquemas establecidos en las ficciones escritas a lo largo de los tiempos. Deja así el autor la individualidad tan mermada que condena al ser humano a la pesadilla existencial del puro sobrevivir en la soledad de un mundo caótico y cruel; un mundo inmerso, además, en una agobiante parafernalia cibernética, massmediática y tecnológica.

El ingenio y el trabajo imaginativo desplegados en la anécdota tienen en Los muertos menos relieve que la voluntad de construir un artefacto narrativo personal. Carrión, en línea con una novela de corte intelectual, se dirige a un lector minoritario dispuesto a recrearse en el alcance especulativo de la ficción a cuyo fin se incorporan textos ensayísticos que comentan los contenidos. Lo más novedoso se halla en la técnica: la narración suprime las transiciones entre escenas según el modelo de Los Soprano, pero lo que en la serie televisiva funciona muy bien, produce en la novela un resultado negativo. Carrión merece elogio por el reto de encontrar una forma atenta a las exigencias actuales del relato, pero no logra grandes aciertos y, sobre todo, a Los muertos le faltan la eficacia comunicativa y el mínimo de amenidad deseables en una novela. 

DE LA PREHISTORIA DE TERENCI MOIX

MANUEL RICO

Besaré tu cadáver
Terenci Moix
Planeta
Precio: 20 €
Páginas: 352
En todo escritor hay una prehistoria que casi siempre queda oculta. A veces, esa prehistoria emerge de pronto bien por iniciativa del propio escritor o, con carácter póstumo, de sus herederos y amigos. Este es el caso de Besaré tu cadáver y Han matado a una rubia, dos novelas de género (novela negra y “de quiosco”) escritas por Terenci Moix a principios de la década de los sesenta del pasado siglo y publicadas bajo el seudónimo Ray Sorel, en 1963 y en 1964 respectivamente, por la mítica Editorial Mateu. Reaparecen ahora, editadas por Planeta al cuidado de Ana María Moix (que escribe una ilustrativa introducción) y con prologo de Pere Gimferrer. Se trata de dos narraciones en las que el protagonista de cada una de ellas se ve condicionado por un hecho dramático que desencadena la acción. En Besaré tu cadáver, es el asesinato de Carla. En Han matado a una rubia, la desaparición de la joven Brigitte. Ambos acontecimientos son sólo puertas a cuyo través el protagonista inicia una indagación que tiene, inevitablemente, mucho de investigación policial pero que es, ante todo, un recorrido por escenarios y personajes que tienen que ver con los fantasmas de Terenci (en aquel entonces Ramón Moix) y con su educación sentimental y cultural, pero también con las grandes preocupaciones intelectuales de la época. En Besaré tu cadáver está presente una Roma profundamente literaria y cinematográfica. Aunque sus ambientes exteriores tienen algo de espectral, sus interiores están llenos de guiños a la Italia cosmopolita. La del neorrealismo, la de la narrativa crítica de los 50, la de las novelas de Pavese, la del mundo de fantasía (una fantasía asentada en la realidad italiana de entonces) de Cinecittá, la de un microcosmos del que jamás se pudo desprender: el de los personajes ociosos, cultos, sofisticados de La dolce vita. El París de Han matado a una rubia es una mezcla de la ciudad del existencialismo, entonces en declive, y el París de la nouvelle vague, un París con ambientes en claroscuro y con espacios luminosos en los que es posible imaginar un cóctel en el que la estrella es Brigitte Bardot o un estreno de Truffaut. En el texto preliminar, Ana María Moix nos informa de que Terenci sí conocía la capital francesa, pero no Roma. Es fácil deducir, por ello, que en ambas obras el jovencísimo autor se alimenta, más que de una experiencia directa que debió ser muy limitada, de materiales procedentes de la cultura: el cine, la literatura de la época, los libros de viajes. En el fondo, ambas novelas tienen algo de palimpsesto cultural de aquellos años. Y, por supuesto, de agregado de indicios de lo que habría de cobrar una dimensión mítica en buena parte de su obra de madurez, comenzando por El día en que murió Marilyn y terminando en la novela El sexo de los ángeles, pasando por la que es, a mi juicio, su obra maestra: la trilogía memorialista El peso de la paja.

Pese a tratarse de novelas escritas y publicadas bajo el franquismo, con un potente aparato censor, en ambas se filtran juicios fronterizos con la política, referencias a acontecimientos que estaban en los medios de comunicación: el zapatazo de Kruchev en la asamblea de la ONU, el recuerdo de los campos de concentración del nazismo, lo que habla ya de una preocupación de Moix por la situación nacional e internacional no desdeñable. Incluso el hecho de que (así lo resalta Ana María Moix) los policías sólo aparezcan al final de ambos relatos y con un protagonismo muy limitado expresa, de manera oblicua, la voluntad del autor de eludir un tema especialmente espinoso para la censura. En todo caso, esa alusión en los dos libros es, de modo indirecto y quizá premeditado, una forma de evidenciar la realidad de la dictadura en que el joven Terenci comenzó a escribir.

 

VIOLENCIA NATURAL

JUAN GAITÁN

Destinos intermedios
Octavio Escobar Giraldo
Periférica
Precio: 16,50 €
Páginas: 194

Ahora que se lleva lo negro y frío, en estos tiempos en los que en las librerías arrasan el género negro venido desde las latitudes más septentrionales, de pronto aparece una novela negra y caliente (y breve, y también un tanto amarga), Destinos intermedios, del colombiano Octavio Escobar Giraldo, para dejar claro que en otros paralelos también se cuecen habas.

La novela se sostiene, fundamentalmente, en la calidad narrativa de Escobar, un escritor sin paliativos, con capacidad adictiva, capaz de hacer que te leas la novela en una sentada, dos a lo sumo.

Con una indudable calidad, Octavio Escobar agrupa un puñado de historias distintas, al parecer inconexas entre sí, y las va hilvanando sutilmente mientras la violencia comienza a apoderarse de la narración, a invadirla por completo, como una ola de calor inesperada e inevitable.

De ese modo, todo va confluyendo en una espiral de violencia, de barbarie, de muerte, mientras el autor no modifica el ritmo, ni lo detiene ni lo acelera, logrando contar todo ese horror, toda esa muerte, con una extraña lejanía, un desapego que, al mismo tiempo, establece la naturalidad con que pueden ser vistas ese tipo de cosas en países como Colombia, cómo todo ello forma parte de su cotidianeidad, y también demuestra la capacidad del autor de mirar la situación desde arriba sin aparente implicación, sin intervencionismo, sin moralinas, en un ejercicio de pureza, de honestidad narrativa.

Casi toda la acción de la novela ocurre con el trasfondo, irónico, casi se diría que sarcástico, de un radiofónico maratón de chistes en un país que vive constantes tiroteos (un país que llora y ríe al mismo tiempo), que se desangra en guerras entre bandas de delincuentes o en acciones directas de la narcoguerrilla, un país que mezcla, que alterna la posición de sicarios y policías, de mafiosos y políticos.

Octavio Escobar dibuja con extrema precisión un grupo de figuras (asesinos sin escrúpulos, matones sin cerebro, adolescentes ávidas de emociones, prostitutas, viejas glorias del espectáculo), y entrelaza finalmente todas sus historias en el paisaje de Aguasblancas, la misma población ribereña colombiana que ya utilizó en su anterior novela, Saide.

Escobar se vale de un lenguaje a veces descarnado, exento de adjetivación, de cualquier tipo de concesiones, buscando así la fórmula más directa de narración, aquella que le permita un ritmo vertiginoso, un rápido desarrollo de los acontecimientos, y seguramente gracias a ello consigue sobrepasar los límites del género negro, sus márgenes, convirtiendo la novela en una especie de testimonio fiable y verídico de un tiempo, de una época, de una sociedad que se desangra a sí misma entre tiroteos, escaramuzas y violencia.

 

ISLAS BIOGRÁFICAS

PAUL VIEJO

Covers. En soledad y compañía
Ronaldo Menéndez
Páginas de Espuma
Precio: 13 €
Páginas: 112

El día que comencemos a estudiar con detenimiento la obra de Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970), y dudo que ese momento tarde mucho en llegar, tendremos que empezar colocando las diferentes piezas del puzzle sobre la mesa y cruzar los dedos para que la imagen que resulte sea una sola, quizá la de una isla (que tal vez recuerde vagamente a la de Cuba, pero tampoco es necesario) con varias equis dibujadas que si no señalan tesoros sí marcan al menos hitos donde detenerse.

Estos serán los instantes que el autor ha ido señalando a lo largo de sus historias, marcándolos no sólo en el espacio de esa isla sino también a lo largo del tiempo. El suyo propio, porque me temo que lo que Menéndez está haciendo en gran medida –y no sólo en sus cuentos, sino también en sus novelas, como las intensas Las bestias y Río Quibú– es ir trazando una suerte de biografía, sentimental, un libro aun mayor donde va dejando constancia de todo lo que debe permanecer, aunque se haya venido abajo. Pero una biografía no son sólo recuerdos, sino también, y esto ya sí se aprecia bien en los nueve cuentos que componen Covers (Páginas de Espuma, 2010), sueños y deseos. Uno ha vivido lo que tuvo lugar, pero también lo que cree que tuvo lugar, lo que pudo haber tenido lugar y lo que en algún momento quiso que tuviera lugar.

Hay un cuento en este volumen, el mejor de todos para mi gusto, “Menú Insular”, que contiene gran parte de las claves de este proceso y un buen número de las fichas del puzzle que vamos a recomponer. Desde “un laberinto restaurado” y recién “muerto el socialismo” comenzará una investigación, un recuento de cambios, posibles e imposibles (y aquí aparecen, juntos, muchos de los rasgos habituales del autor, capaz de hablar de realidad como un esperpento verosímil, donde aunque no haya ocurrido todo tiene cabida) que llegará, si acaso, a conclusiones peligrosas pero necesarias para hacer otra lectura del resto de sus cuentos. La que más me interesa, la de la duda: “¿Cómo transmitir a los otros el infinito Menú Insular, que mi temerosa memoria apenas abarca? ¿Existe ese Menú en lo íntimo de mi alma? ¿Lo he visto cuando aquella noche miré dentro de mí y ya lo he olvidado?”.

Porque a partir de aquí sabremos que las historias que nos narre estarán siempre entre lo falseado (que no falso) y lo olvidado. Cuentos como “La caza de las moscas” o ese sueño casi húmedo que se titula “Singles” tendrán, sospechamos, el valor no sólo de haber contado una anécdota, sino de haber procurado dejar memoria de una anécdota. Lo de menos será saber si ha sucedido, si forman parte de esa (auto)biografía sentimental, o si es más bien un recuerdo o una ensoñación colectiva, como colectivos son los cuentos de la segunda parte del libro, “En compañía”, y que sirve para dividir el mundo en dos, los que están solos y lo que no admiten estarlo.

Lo importante será que Ronaldo Menéndez habrá ido construyendo cuento a cuento, con unos temas y unos motivos que ya le son propios (siempre entre lo satírico y lo descarnado, entre la pasión y la crítica), un mundo tan explosivo, casi bestial, al que sólo se podrá acceder mediante los sentidos. Ese es otro de los grandes rasgos del cubano: como no concede tregua en su técnica y como el lenguaje (absolutamente plástico, casi expresionista el suyo) “es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten”, nada será predecible en este libro ambicioso, siempre sorprendente y, gracias a su brevedad, a punto de estallar.

 

GUERREROS DESHONRADOS

ALEJANDRO LUQUE

Los borques de Upsala
Álvaro Colomer
Alfaguara
Precio: 18 €
Páginas: 232

La depresión y su vertiente más dramática, la que acaba en suicidio, son fenómenos a los que la sociedad actual parece mirar tan sólo de reojo, cuando no los ignora pudorosamente. Las enfermedades del espíritu, por desgracia, no gozan de la consideración que tienen los males del cuerpo, y sus síntomas se confunden a menudo con meros estados de ánimo. Sólo así se explica que la literatura de los últimos años se haya ocupado tan poco de estos asuntos tan corrientes, y cuando sí lo ha hecho ha sido casi siempre en clave de primera persona, en un plano privado –¡esos descensos a los infiernos del alma!– y no social.

Ése es, de entrada, el primer tanto que se anota esta novela del barcelonés Álvaro Colomer, un autor que cierra así la trilogía iniciada con La calle de los suicidios (2000) y Mimodrama de una ciudad muerta (2004). La historia de Los bosques de Upsala arranca con el momento en que el protagonista, entomólogo de profesión, llega a casa y no encuentra a su mujer por ninguna parte, hasta que descubre con espanto que ha intentado quitarse la vida ingiriendo barbitúricos y trata de socorrerla. Las 200 páginas siguientes narran la peripecia de este hombre para comprender las claves que han llevado a su compañera a dicho trance, y en ella irá viéndoselas con personajes más o menos delirantes –desde su cuñado drogadicto a la vecina cotilla con la que topa continuamente– como con su propia memoria, pues de niño presenció el salto de una mujer desde un balcón.

Comprender, he ahí la cuestión. Una relación amorosa necesita aludir la rutina tanto como asentarse sobre algunas certidumbres, establecer sus propios ritos. El suicidio frustrado de la chica dinamitará la aparente estabilidad de la pareja y agitará un recurrente fantasma: tal vez nadie conoce a nadie, empezando por la persona que duerme cada noche a nuestro lado. En la búsqueda de respuestas, en el viaje de la realidad conocida a las verdades por desvelar, reside el motor principal de la trama.

Proyecto valiente y ambicioso el de Colomer, que a diferencia de otros autores que sólo pisan sobre terrenos firmes y seguros, se lanza a abordar temas de gran complejidad y lo hace desde el presente, desde el aquí y el ahora. Sólo por jugársela de ese modo –y se la juega desde el primer párrafo–, esforzándose por hallar el justo equilibrio entre la creación de una atmósfera y la acción, entre la reflexión íntima y las escenas dialogadas, entra la idea del éxito profesional y del fracaso personal, ya merece la atención y el aplauso.

Tal vez la mayor dificultad a la que se enfrenta sea dar con la voz del protagonista, que sufre a lo largo de la novela inflexiones desconcertantes. Si hubiera afinado un poco más en este aspecto, como recomendaba Borges, tal vez habría tenido desde el principio el trabajo hecho. Pero nadie podrá reprochar a Colomer falta de minuciosidad en sus faenas de prosista; por el contrario, resulta tan escrupuloso que a veces el lector echa de menos cierto aire de natural desaliño.

Hay, por último, una confusión que sí vale la pena subrayar: no es homologable la tentación suicida de quien padece una depresión profunda con la adicción autodestructiva del yonqui, o con el suicidio –llamémoslo así– de imperativo social, como es el de los guerreros deshonrados de Upsala que dan título al libro; o el del marido de las noticias que mata a su esposa porque lo ha abandonado, y luego acaba con su vida. Todo lo cual no empaña las buenas intenciones del autor.

 

ENTRE LA LITERATURA Y LA MUERTE

TOMÁS VAL

La vida entera
David Grossman
Lumen
Precio: 22,90 €
Páginas: 848

Sherezade narraba historias para esquivar a la muerte. Durante mil y una noches, la muchacha entretuvo al sultán Shahriar con el relato de sus cuentos hasta que éste, al fin, comprendió lo bárbara que era su costumbre de decapitar a una esposa cada noche. Mientras contara, mientras la seducción de la Literatura consiguiera atrapar al sultán, Sherezade seguiría viva. La muerte también vino a visitar a David Grossman, afamado escritor e intelectual israelí, mientras escribía su última novela, La vida entera y Grossman optó por seguir escribiendo porque eso suponía optar por la vida.

La protagonista de La vida entera es Ora, una mujer a la que conocemos en 1967, durante la Guerra de los Seis días. Orah, Abram e Ilan están ingresados en un sanatorio porque padecen una enfermedad contagiosa que impide las visitas. En ese pabellón de reposo, con los tres personajes aislados de un mundo que parece sumergirse en el terror de la guerra y la incertidumbre, alimentados únicamente por rumores acerca del transcurso de la guerra entre árabes y judíos, Grossman va tejiendo, con hilos casi oníricos, con una prosa poética e inquietante, con constantes diálogos que parecen surgidos del sueño, los retratos y las vidas de los tres protagonistas.

Años después, Orah se ha casado con Ilan y fruto de ese matrimonio son sus dos hijos: Adam y Ofer. Éste último, enrolado en el ejército israelí, parte a la guerra y, ante el temor que esta circunstancia provoca en ella, la madre a decide ponerse a caminar por todo Israel para que la noticia de su muerte no la encuentre en casa, para que el emisario de las malas noticias halle un hogar vacío y tenga que regresar con la muerte en la boca.

David Grossman, nacido en 1954, autor de libros tan prestigiosos como Memoria de la piel, La miel del león, Tú serás mi cuchillo, Llévame contigo o El duelo, comenzó a escribir La vida entera en 2003, medio año antes de que su hijo Uri fuera reclutado para servir en el ejército, en los territorios ocupados. Los vínculos entre Ora y su creador, Grossman, son más que evidentes: ella se lanza a los caminos para que la muerte no la encuentre, para que nadie pueda comunicarle la caída de Ofer; Grossman tenía la corazonada –el deseo– de que el libro que estaba escribiendo protegiera a su hijo Uri. El hijo de Grossman murió en agosto de 2006, con la novela ya muy avanzada y el escritor, el hombre, tuvo que elegir entre la Literatura y la muerte. Como Sherezade, eligió la primera porque el escritor judío no concibe la vida sin la escritura y culminó una hermosísima novela de seres extraordinarios, de personas normales que logran sacar adelante sus vidas en medio de un paisaje de miedo e incertidumbre. Conocer al otro, ponerse en su lugar, saber qué detalles mínimos componen lo que llamamos vida, el paisaje emocional que conforma nuestras almas, son algunas de las cosas que aprenderemos en la lectura de La vida entera.
David Grossman nos sumerge también en el mundo de la familia, ese lugar íntimo y recogido en el que ocurren las grandes tragedias. Sus personajes viven en un universo convulso, donde el miedo y la sinrazón ofuscan cualquier mirada salvadora –mirada salvadora que Grossman lleva años reclamando a los políticos de su patria–, pero es en la familia donde suceden las catástrofes humanas, las enormes convulsiones que tambalean nuestras existencias. Aleccionadora novela, hermosa novela sobre el dolor y la pérdida, la esperanza y las alegrías que componen la vida entera, la de todos.

 

LA FUGA DEL DESEO

MARIO ELVIRA

La barrera del pudor
Pablo Simonetti
La otra orilla
Precio: 17 €
Páginas: 240

En el siglo XX Freud y Eric Fromm dejaron abierta la pregunta de si es la libido la que conduce al amor o si es el amor el que lleva hacia el deseo. Esta incógnita, que empuja a muchas parejas a las consultas de sexología y de terapeutas matrimoniales, es la que desarrolla Pablo Simonetti en este drama narrativo sobre la insatisfacción sexual y el posterior naufragio emocional. Amelia y Ezequiel son una joven pareja acomodada para los que el amor es un buen ensamblaje de personalidades. Esta imagen de matrimonio vitrina, como la define el escritor chileno, oculta la angustia de la infelicidad provocada por la fuga del deseo del marido. Los dos protagonistas, en un intento desesperado de salvar su matrimonio, se lanzan a una promiscuidad experimental que les haga recuperar la pasión. Una exploración del deseo en todas sus posibilidades llena de trampas y de vacíos que los irán separando, sin que ninguno se atreva a romper del todo por la dependencia sentimental que cada uno tiene del otro. Su problema lo irá descubriendo el lector a través de la evocación confidente que Amelia le hace a su hermana en una casa de veraneo, mientras aguarda la llegada de su exmarido y de dos amantes. Con este eje argumental, salpicado de erotismo, por la manera en la que los paisajes en los que transcurre la historia definen el mundo interior de los protagonistas y de reflexiones acerca del matrimonio (que representan las diferentes parejas que entrecruzan sus historias de venganzas, rutinas e infidelidades), Pablo Simonetti indaga en la imposibilidad de separar la vida emocional y sexual, en la diferencia entre la pasión y la complicidad, en la culpa, el miedo y en la búsqueda de la propia identidad a través del deseo.

 

ABOGADOS S.A.

GABRIEL ISLÁN

La prueba
Carmen Gurruchaga
Martínez Roca
Precio: 19,30 €
Páginas: 352

Carmen Gurruchaga, autora de Los Jefes de ETA entre otros libros de investigación periodística, debuta en la novela con una trepidante intriga centrada en la defensa de una adinerada mujer amenaza por su marido, al que ha denunciado por malos tratos y amenazas de muerte, que indirectamente llevará a los jóvenes abogados de un bufete a un caso relacionado con una empresa en suspensión de pagos, a la que representa un oscuro y ambicioso abogado. Esta trama con atmósfera de thriller, al estilo de La Tapadera de John Grisham, permite a Carmen Gurruchaga abordar temas de candente actualidad como la explotación sexual, el blanqueo de dinero, la corrupción, el trato a los inmigrantes ilegales, el saqueo de tesoros hundidos y las componendas legales al límite de lo permitido.
Cada uno de estos afluentes narrativos los entreteje con agilidad en la columna vertebral de la historia protagonizada por cuatro jóvenes abogados, ricos, brillantes, ambiciosos en unos casos y defensores de causas perdidas en otros. Todos ellos son amigos de la infancia, al igual que sus atractivas madres, moldeadas a golpe de gimnasio y liposucciones, que disfrutan de su independencia, de su libertad sexual y de sus negocios privados. Un espejo real, sociológico y en ocasiones ácido, de la alta burguesía en el que se proyectan la rivalidad, los amores, los celos y la competitividad entre estos hombres y mujeres que intentan labrarse una carrera de éxito, sin traicionar del todo la camaradería que los une para resolver el naufragio y el intento de asesinato de uno de los miembros del bufete durante sus vacaciones y que servirá también para abrochar cada uno de los casos abiertos en esta entretenida novela de suspense legal.

 

UN MUNDO DESCONCERTANTE

LAURA FREIXAS

Plaga de palomas
Louis Erdrich
Siruela
Precio: 21,95 €
Páginas: 384

Desconcierto. Es lo primero que alguien educado en un país como España, tan homogéneo (al menos, lo ha sido hasta hace poco), siente cuando se adentra en esta fascinante novela de Louise Erdrich. Pues el mundo que Plaga de palomas despliega ante nuestros ojos no se parece a nada que conozcamos. La acción transcurre en el siglo XX en Pluto, una pequeña ciudad de Dakota del Norte en la que descendientes de europeos (algunos todavía hablan alemán) conviven con los indios residentes en una cercana reserva. Y ello produce una mezcla cultural de lo más insólito. Se habla una jerga compuesta de inglés, francés y diversas lenguas indígenas; sacerdotes católicos (de sangre india) conviven con predicadores evangélicos y con ritos y creencias animistas así como presagios, magia y supersticiones de todo tipo; los indios viven, en algunas cosas, según sus tradiciones, pero a la vez las estudian desde fuera, como antropólogos; la televisión y las películas de Hollywood le disputan el terreno al imaginario ancestral, y un mismo personaje puede tocar un instrumento europeo –el violín– y los tambores sagrados de su tribu…

La primera parte de Plaga de palomas nos describe la vida de una adolescente, Evelina, en ese entorno. Una vida parecida a cualquier otra: la niña vive con sus padres y su hermano, va al colegio, adora a una de sus maestras –una monja afeada por una deformidad física–, se enamora de un chico de su edad, con el que luego se pelea… Hasta que Evelina se entera de un terrible secreto: en 1911, durante la juventud de sus abuelos, una familia blanca fue asesinada, y a modo de represalia, algunos blancos lincharon a unos cuantos indios… que no tenían nada que ver con el crimen. A partir de ese momento, la novela ya no gira en torno a algo pacífico y previsible como es la cotidianeidad de una familia, sino que nos muestra las heridas, apenas cicatrizadas, de una pequeña comunidad que no puede ignorar, aunque lo quiera, que algunos de sus miembros descienden de las víctimas y otros, de los verdugos. Otros narradores toman el relevo de Evelina, para ir reconstruyendo la historia –en una verdadera hazaña técnica– desde diferentes momentos en el tiempo y el punto de vista de distintos personajes, hasta desembocar en un final inesperado.

Es obvia la deuda de Erdrich con Faulkner, en la complejidad de sus textos y en el retrato de un microcosmos social desgarrado por el odio hereditario y la venganza. Se la ha comparado también con García Márquez, por cierta pátina de “realismo mágico”, aunque sus personajes más coloridos –Maude la Bigotuda, Billy el Predicador, la hermana Mary Anita, alias “Godzilla”…–, siempre con un toque grotesco, hacen pensar más bien en la Carson Mc Cullers de La balada del café triste. En todo caso Erdrich –nacida en 1954 en Minnesota, descendiente de alemanes y de indios ojibwe– es una autora inconfundible por su estilo, verdaderamente portentoso: rico y preciso, atento a los colores, a las sensaciones, a los detalles significativos, capaz también de disecar, como con bisturí, sentimientos y relaciones personales, y que a veces se incendia en llamaradas poéticas… Salvo algún detalle discutible (como la elección de “colgar” en vez del más correcto “ahorcar”, o el uso de posesivos innecesarios: “mis brazos se me hicieron muy pesados”), la traducción española le hace justicia.