NARRATIVA
Santiago Gamboa, Antonio Soler, Stanislaw Lem, Daniel Davis, Víctor Conde, Lorenzo Silva, Anne Tyler, Guillermo Aguirre, Kirmen Uribe.
LECTURAS NARRATIVA
EL ALMA DE LAS PALABRAS
EUGENIO FUENTES
Necrópolis
Santiago Gamboa
La otra orilla
Precio: 20 €
Páginas: 464
Cabe preguntarse qué tienen en común un bibliófilo aficionado al ajedrez y a la Torá, una siliconada estrella de combativo porno de izquierdas, un anticuario especializado en marquetería del siglo XVII, un escritor con la creatividad agostada por la superación de una larga enfermedad, una desenvuelta periodista islandesa o un ex drogadicto, ex presidiario y ex pastor evangélico que ha conseguido transmutar sus vivencias en un caudal de exitosos libros de autoayuda religiosa. La respuesta es que sólo les unen un rótulo de congreso –“El alma de las palabras” – y un espacio, el legendario hotel “Rey David” de Jerusalén, sede de una reunión animada por la reflexión sobre biografía y memoria. Mientras los congresistas, en apariencia a buen recaudo, desgranan sus historias entre tragos, conspiraciones de papel y lances amatorios, Jerusalén se desangra en una guerra abierta por tierra y por aire, y el espíritu de El Decamerón se abre paso en el lector. Éste es el planteamiento general de Necrópolis, la novela con la que el colombiano Santiago Gamboa (1965) se ha alzado con el premio “La otra orilla”, un galardón de creciente prestigio en Latinoamérica aunque poco conocido todavía del público español. Gamboa, cuyo éxito más resonante ha sido hasta ahora Perder es cuestión de método(1997), llevada al cine por Sergio Cabrera, forma parte de una amplia generación de escritores colombianos –Héctor Abad Faciolince tal vez sea el más conocido entre nosotros– que han crecido al sol pese a la inabarcable espesura de la sombra de García Márquez. En Necrópolis, Gamboa no sólo no oculta su deuda estructural con El Decamerón sino que llega a hacerla explícita en algún pasaje. Pero los esqueletos tienen que revestirse de nuevos músculos y ropajes en cada encarnación y aquí es donde Gamboa, ausente de Colombia desde los 20 años, vuelve la vista a Latinoamérica, a sus crecientes espirales de miseria y violencia, y al renovado papel de la fe en la redención social. Estos vectores confluyen en el personaje del ex convicto y ex pastor Maturana, núcleo de toda la narración antes y después de esa muerte por suicidio que ya se anuncia en la contraportada de la novela. En efecto, Maturana, llamado a Jerusalén para contar su historia, permite a Gamboa lucirse en su dominio de las hablas de los infiernos populares a la vez que reconstruye la topografía del lumpen y se interna en los meandros de histeria y engaño que surcan los modernos predicadores evangélicos. Pero, a la vez, la muerte de Maturana pone en marcha al escritor convaleciente. Sus indagaciones, convencido de que por fin tiene entre las manos una buena historia qué escribir, no sólo propician un logrado ejercicio literario sobre los puntos de vista y su influencia en la determinación de la verdad y la mentira, sino que, además, lo catapultan a un renacimiento de más alcance.
Entretenida, ágil, escrita con un lenguaje dúctil que se interna con éxito en registros variados, Necrópolis es la obra de un escritor virtuoso que se muestra excelente en juegos metaliterarios como “El sobreviviente”, en el que uno de los congresistas resucita a un apasionante conde de Montecristo caribeño en apenas cincuenta páginas. Lástima que la estructura de cajas chinas armada en los capítulos centrales obligue a renunciar a la tensión detectivesca abierta por la muerte de Maturana. Aunque, con todo, ha de admitirse que la renuncia a tan importante recurso narrativo resulta coherente con el desenlace del combate entre palabra y carne que es ánima primigenia de toda la peripecia de la novela.
EL TIEMPO DEL CINISMO
SANTOS SANZ VILLANUEVA
Lausana
Antonio Soler
Mondadori
Precio: 17,90 €
Páginas: 204
"Vivir es volver", sentenció hace un siglo Azorín cuando la crisis de la modernidad llevó a explorar un yo a la intemperie. Parte de la novela actual continúa en esa línea de hurgar en interiores anímicos, sólo que, al haberse hecho la conciencia escrupulosa, ya reconocemos que “quien recuerda miente”, según la lúcida opinión de Caballero Bonald que Antonio Soler pone al frente de Lausana.
La memoria obsesiona al malagueño Soler desde sus inicios literarios, y a partir de ella ha establecido como ejes de su escritura el rescate del tiempo pasado y la preocupación por la temporalidad. Idéntica línea sigue en Lausana, pero llevándola al extremo posible al darle dimensión metafórica. El viaje por la vida que es toda reconstrucción del recuerdo se solapa aquí con un viaje real. Margarita va de Ginebra a Lausana en tren y evoca su historia en el tiempo tasado en que llega al destino. Las estaciones intermedias desfilan con humana parsimonia gracias a una minuciosa organización formal. Compañeros de viaje y estímulos del trayecto convocan los jalones biográficos como magdalena proustiana. La mujer recorre su vida mientras recorre ese camino, y ambas impresiones se sueldan en la imagen del viaje circular de la existencia: Margarita volverá al día siguiente, después de visitar a su hijo y su nuera, y mientras el marido espera en Ginebra, pendiente de la confirmación de un diagnóstico fatal.La mente de Margarita no se da un instante de sosiego y vuelca todo su ajetreo interior en un monólogo construido con gran habilidad sobre dos recursos simultáneos, la argumentación y el decir impresionista. El primero permite a la mujer razonar su desasosiego. El segundo, apoyado en abundantes frases nominales, transmitir la incertidumbre. Con este afortunado enfoque se evita el maremágnum artificial del discurso caótico y se sujeta el patetismo dostoievskiano al que es algo propensa la mujer. Sobre este soporte, Margarita enreda y desenreda el racimo de sus inquietudes y de esta actividad surge el bucle de problemas que han marcado su existencia.
Figuran en esta reconstrucción biográfica ciertas constantes sueltas de la narrativa de Soler: la mirada al pasado español (las raíces históricas de los protagonistas en la guerra civil), la conciencia social (apuntada en el suicidio de un inmigrante en Francia) y el guiño a lo próximo al autor (nuevo recuerdo del poeta Pérez Estrada). Esta materia se organiza, sin embargo, alrededor de un asunto central, la conflictiva historia de amor de la narradora y su marido. Lausana indaga en el complejo territorio de la infidelidad, penetra en él hasta los límites de la culpa y el perdón y, en última instancia, construye una parábola sobre la pasión y los sentimientos.
El discurso locuaz de la chica se justifica por responder a una causa y por buscar un sentido final. Ocurre a partir de cierta edad –piensa la narradora– que uno se ve obligado a fingir que se sigue vivo y ello da lugar al “tiempo del cinismo”. De ahí arranca la confesión y desemboca en un desaliento no resignado. La mujer se mueve entre la autopunición, la búsqueda del olvido reparador, la elegía de supuestas pérdidas y la acusación sarcástica. Con estos hilos se teje el sentir atormentado de la mujer sobre el cual se levanta una historia de alcance universal. El fondo existencial del libro pide la densidad y el discurrir moroso de la anécdota. En consecuencia, resulta un relato serio y duro, pero la nitidez del retrato psicológico, la fuerza de las motivaciones del personaje y la sustancial fluidez de la narración hacen gratificante una lectura exigente.
FESTÍN
RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN
Magnitud imaginaria
Stanislaw Lem
Impedimenta
Precio: 16 €
Páginas: 144
En su atinado prólogo a este libro de prólogos de Stanislav Lem que es Magnitud imaginaria, Roberto Valencia eleva un grito casi desesperado, aunque entonado con prosa amable, poco o nada doliente, en favor de la inteligencia literaria. Argumenta Valencia que, en tiempos de (obvia) crisis de fundamentos y de (supuesto) redescubrimiento de mediterráneos, nunca está de más acercarse a escritores que han hecho de la inteligencia el instrumento esencial de su búsqueda literaria; una inteligencia, huelga decirlo, entendida aquí como vis movendi, como facultad que permite enfrentarse al reto de la creación en su doble vertiente: iluminar lo ya conocido y aventurarse en lo desconocido. Una inteligencia, en definitiva, que, como hace ya casi una década Enrique Vila-Matas diagnosticó impecablemente en Bartleby y compañía, sólo cuestionando la propia naturaleza del acto de la escritura puede aspirar a cobrar sentido y dotarse de significado.
Que Lem ha sido un grande de la literatura del siglo veinte, a la altura de hermanos de leche como Borges (a quien Valencia cita), Calvino o Manganelli, no hace falta repetirlo a pesar de que sus libros siguen encasillados bajo el reductor marbete Ciencia Ficción, tal y como los libros de Hammett, por ejemplo, siguen encasillados bajo el castrante rótulo Novela Negra. Pero así como Hammett desborda el vaso del thriller para convertirse en un notario excepcional de la realidad norteamericana, así Lem desborda las márgenes de la hard o de la soft fiction para transformarse en uno de los grandes pensadores de su tiempo y, por extensión, en uno de los más lúcidos profetas de los tiempos por venir. Basta pensar en una pieza como Solaris, piedra angular de la literatura filosófica del pasado siglo, y en la que un talento como el de Andréi Tarkovski halló alimento espiritual en su búsqueda de un cine concebido como summa poética y existencial, para advertir el lugar que el escritor polaco ocuparía en el canon de una estética de la excelencia.Los cuatro textos que Lem reúne en Magnitud imaginaria son otros tantos prólogos a cuatro obras inexistentes, pero no improbables: las Necrobias de Cezary Strzbisz (139 reproducciones de las artes amatorias de los esqueletos), la Erúntica de Reginald Gulliver (o el intento por enseñar el idioma inglés a colonias de bacterias), la Historia de la literatura bítica (cinco volúmenes que recogen la producción literaria de los ordenadores) y la Extelopedia Vestrand (la primera enciclopedia, pergeñada en 44 magnetomos, en la que se recogen fragmentos de historia que todavía no ha sucedido). Lo que a primera vista sugiere una lista de excentricidades, en un segundo vistazo no parece tan descabellado y, sobre todo, leídos los prólogos de Lem a estos work in progress, adquiere, en más de un caso, un inevitable aire de familia, quizá por aquella sabia sugerencia del recientemente desaparecido J. G. Ballard, en virtud de la cual el territorio del escritor visionario no son los remotos confines del espaciotiempo, sino los próximos diez minutos.
Un libro, en definitiva, que admirará a quienes desconozcan a Lem, seducirá a sus cada vez más notables seguidores y confirmará, por enésima ocasión, que la pequeña Polonia, ese país históricamente aplastado por la bota omnímoda del Reich alemán y del gigante ruso, propuso uno de los triángulos narrativos (Witold Gombrowicz, Bruno Schulz y el propio Stanislaw Lem) más fascinante, excéntrico e irrepetible de la literatura europea del pasado siglo.
LANCES DE HONOR
TOMÁS VAL
El asedio
Arturo Pérez-Reverte
Alfaguara
Precio: 22,50 €
Páginas: 736
No es Cádiz, en El asedio, la última novela de Arturo Pérez Reverte, una ciudad luminosa y blanca, asomada a la luz de la Bahía. No es tampoco, ni solamente, el escenario en el que los diputados se reúnen en san Felipe Neri para elaborar la Constitución de 1812 con la certeza de que alumbran un tiempo nuevo cuajado de incertidumbres; ni la ciudad sitiada por las tropas napoleónicas, que la bombardean con la regularidad de un reloj dando las horas sin que la mayoría de los proyectiles alcance su objetivo… Esta Cádiz de 1811, descrita con maestría por la pluma de Pérez Reverte, es mucho más de lo que los variados elementos de la novela sugieren.
Asistimos al final de un mundo: vientos liberales soplan por doquier; las colonias de ultramar –verdadero pulmón comercial de Cádiz y de España– comienzan a soltar amarras con la metrópoli; Inglaterra, circunstancial aliada de la guerra contra Francia, intriga para despojar a España de su antiguo esplendor; las familias adineradas luchan por mantener a cualquier costa su antiguo esplendor mientras la sangría de la guerra siembra la ruina por doquier… Pérez Reverte convoca en su relato a personajes que pueden perfectamente servir de arquetipo para la época que nos ocupa: Lolita Palma, rica heredera de una antigua familia de comerciantes; Pepe Lobo, capitán corsario, un marino que sigue en el mar porque no tiene otro sitio adonde ir, adornado de las cualidades y defectos que todo marino aventurero ha de poseer; Gregorio Fumagal, taxidermista, espía al servicio del francés, que sueña con una ola devastadora de racionalidad; Simón Desfosseux, capitán imperial, el encargado de los bombardeos, obsesionado por descubrir el secreto de las trayectorias balísticas, el enigma de los materiales; Felipe Mojarra, salinero, español, guerrillero, a quien el país y la vida acaban pagando mal. Y el comisario Tizón, Rogelio Tizón, astuto, brutal y escéptico, a quien todo Cádiz como un sujeto peligroso. Todos embargados de una pasión estremecedora.
El policía, Tizón, es quien mejor sabe que la ciudad no es un paño blanco alumbrado por el sol: en las noches, coincidiendo con los lugares en los que caen las bombas francesas, comienzan a aparecer los cadáveres de muchachas salvajemente torturadas. Los crímenes siguen un patrón inquietante, una lógica demoníaca que perturba al comisario, como si en las callejuelas de Cádiz habitara un telúrico y malvado fenómeno que le retara a una partida de ajedrez. Todo puede suceder si lo maquina un dios, es la frase de Sófocles, presente en El asedio, que mejor resume el desconcierto y la obsesión de Tizón ante esos crímenes.
Lances de honor, espectaculares combates marítimos, imposibles historias de amor, navajas que relucen con brillos de claroscuros, abordajes corsarios, sesiones constituyentes, intrigas militares… Y, por encima de todo, Cádiz; la mirada meticulosa de Pérez Reverte sobre la ciudad que se fija en los detalles, en las hablas, en las tabernas, en el campo de batalla, en las cosas y sus nombres… Novela completa, que participa de muchos géneros y que, inevitablemente, nos remite al Episodio Nacional de Galdós, Cádiz.
Serrat ya nos advertía de que “no hay historia de piratas que tenga un final feliz”. Ni ellos ni Arturo Pérez Reverte lo podían permitir. Sabor agridulce el que queda en el lector tras esta apasionante lectura, tras este espléndido relato que nos devuelve el placer de leer.
SIN CAFEÍNA
ANTONIO OREJUDO
La isla de los perros
Daniel Davies
Anagrama
Precio: 17 €
Páginas: 240
La isla de los perros está escrita bajo el influjo de Michel Houllebecq, pero es mucho más ligera que cualquiera de los libros del francés: tiene menos páginas y más blancos, es más fácil de digerir y mucho menos estremecedora, menos auténtica, pese a las escenas de sexo explícito. Está escrita más con el cerebro que con las vísceras. Durante unas cuantas páginas, durante casi toda la novela, La isla de los perros parece beber de las mismas aguas nihilistas que el autor de Las partículas elementales: Jeremy Shepherd –Shep, para los amigos– renuncia a su vida de ejecutivo en Londres y emprende un retorno ascético a los orígenes. Se va a vivir con sus padres, se retira a la casa de su infancia en una ciudad de provincias. Renuncia a la vanidad del mundo, a las pompas de Satanás, y decide no vivir para el trabajo, sino trabajar exclusivamente para obtener sustento y pasar con lo estrictamente necesario. Ya ven: menosprecio de corte y alabanza de aldea, un tema que con la crisis económica mundial y el agotamiento del planeta quizás viva una segunda juventud en pleno siglo XXI. Puro beatus ille, pero con un aspecto que el viejo tópico latino nunca contempló: el sexo. ¿Qué hace uno con el sexo cuando se retira del mundo y se va a vivir al campo? Jeremy, el protagonista de Davies, entra en contacto con el circuito de “cancaneo” (sic), gente a la que le gusta mirar y ser mirada mientras copula en el interior de sus vehículos, y que lleva a cabo sus prácticas sexuales por la noche en los aparcamientos desiertos de la campiña británica, previo contacto a través de internet. La novela está escrita en una falsa primera persona. Davies recurre al viejo expediente del manuscrito encontrado para presentar los hechos. En este caso se trata de un manuscrito enviado por el tal Jeremy Shepherd, a quien el autor-narrador del prólogo y el epílogo conoce durante una convalecencia hospitalaria. Es como si a Davies no le bastara con la distinción teórica entre autor y narrador, como si necesitara distanciarse aún más de su personaje. No se me ocurre otra razón para justificar una tramoya que no aporta nada a la narración. Con una verdadera primera persona, sin filtros distanciadores, la novela hubiera ganado en intensidad y autenticidad. Porque hay algo fraudulento en ese nihilismo del protagonista que sirve para promocionar la novela. Uno tarda en darse cuenta, porque las escenas sexuales –tan agradecidas siempre– tienen sus correspondientes contrapartidas teóricas. Dosis filosóficas para que nadie piense que el sexo ha sido incluido con el avieso fin de atraer lectores. Además la narración está escrita con esas frases simples y concisas que tan bien van para expresar desesperanza y cinismo. Sin embargo, el final de la novela revela la impostura del planteamiento. Lo que parecía un golpe directo a las buenas costumbres queda devaluado y convertido en una simple bromita. El desenlace, que no quiero desvelar aquí, desactiva completamente la carga subversiva que en algún momento pudo tener el comportamiento del protagonista. Semejante final sólo puede ser un acto fallido que revela involuntariamente la insinceridad de toda la narración. Hubiera esperado otra reacción menos convencional, por decirlo así, de ese Shep, que en teoría está de vuelta de todo. Esperaba algo más transgresor. Pero esta es una objeción de especialista. El libro gustará a los lectores corrientes, sobre todo a los jóvenes, porque se lee bien, es picante y divertido, aunque tenga poco de su admirado Houellebecq y el sexo esté aquí lejos de aquella desesperanzada amargura que encontramos en Plataforma.
CITA EN LA VARIEDAD
LUIS ALBERTO DE CUENCA
Crónicas del Multiverso
Víctor Conde
Minotauro
Precio: 19,50 €
Páginas: 480
La variedad es –según Alfredo Moreno Santana, alias Víctor Conde, flamante ganador de la séptima edición del Premio Internacional “Minotauro” de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción– un cúmulo de más de cincuenta mil estrellas que conforma la única isla de luz en el interior del Bolzai. ¿Y qué es el Bolzai? Lo explica el propio Conde en el utilísimo glosario que figura al final de sus Crónicas del Multiverso: “Océano de nada absoluta que rodea la Variedad, manteniendo aisladas a sus estrellas y planetas y a las especies que en ellos viven del resto del universo conocido.” O sea, que la Variedad es una especie de isla de soles rodeada por un inmenso vacío cósmico. Pues es ahí, en la Variedad, donde tienen lugar las mil y un aventuras que ha inventado para nosotros uno de los escritores españoles de ciencia ficción más apegados a la CF clásica, a la CF de toda la vida. La de las descripciones minuciosísimas de ingenios aerostáticos indescriptibles y tecnologías delirantes. La de las infinitas acciones paralelas a cuál más estrambótica. La de los seres inteligentes que intentan eludir una catástrofe cósmica aparentemente ineludible. La de las parábolas críticas que, haciendo referencia a mundos imaginarios, nos hablan en el fondo del nuestro.
Todo eso se lo ha sacado del magín un escritor de raza nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1973 y autor de una trilogía sobre la Variedad que inauguró El tercer nombre del emperador (Equipo Sirius, 2002), que continuó Mystes (Minotauro, 2005, finalista del Premio “Minotauro” del año anterior) y que clausuran estas Crónicas del Universo (si es que se puede clausurar de manera definitiva ese artefacto perpetuamente abierto que es una saga galáctica). El argumento de esta tercera y galardonada entrega no puede ser más peregrino: la corsaria estelar Lina Kolbrand, capitana de la nave Eurídice –ya saben, la novia de Orfeo, a la que éste rescató del Hades–, roba el huevo del Dragón a los urtianos (una especie sofonte, la más desarrollada del Multiverso, con base distinta al carbono y que funciona como un ente colectivo). El robo de tan valiosa mercancía amenaza con desencadenar una guerra total entre los urtianos y las demás especies racionales de la Variedad, aunque lo que subyace a ese conflicto es otro tema mucho más importante: ¿podrán los habitantes de la Variedad sobrevivir al desmoronamiento final de su universo? Lo cierto es que vale la pena intentarlo, pues los niveles de cultura y desarrollo obtenidos son muy altos y merecen ser preservados. Pero los soles de la Variedad están apagándose, y el Bolzai crece sin cesar (un poco a la manera en que la Nada avanza por las bellísimas páginas de aquella Historia interminable soñada por Bastián Baltasar Bux, la inmortal criatura de Michael Ende), dando al traste con todo.Hay una imaginación desbordante en Crónicas del Multiverso, pero también voluntad de estilo, y una prosa tan sencilla como chispeante, mágica y a la vez coloquial, como todas las prosas dignas de ser leídas en las literaturas de género. Tuve ocasión de seguir número a número la segunda época de Artifex, una magnífica revista que, entre 1999 y 2004, nos puso en contacto con los mejores escritores españoles de CF. En las entregas 6, 7 y 11 de tan benemérita publicación me topé por primera vez con narraciones de Víctor Conde, y me interesaron muchísimo. No me ha extrañado en absoluto que, después de dos intentos fallidos, haya obtenido por fin el Premio “Minotauro”, porque su pluma me parece especialmente dotada para sobresalir en el difícil campo de la CF, tradicionalmente vedado al genio hispánico y hoy literalmente acribillado de talentos jóvenes. Reparto, en fin, mis felicitaciones entre Alfredo Moreno Santana y los lectores de Víctor Conde: tanto él como ellos están de enhorabuena.
EL IMPULSO CÍVICO
MARTA SANZ
Max Hávelaar o las subastas de café de la Compañía Comercial Holandesa
Multatuli
Los libros de la frontera
Precio: 21,50 €
Páginas: 444
Cees Nooteboom en En las montañas de Holanda destaca la lucidez de las Ideas de Multatuli, pseudónimo de Eduard Douwes Dekker, escritor neerlandés del XIX. Max Hávelaar relata la experiencia de Dekker como funcionario del gobierno holandés en Insulindia. Las peripecias del personaje coinciden con los avatares biográficos de Multatuli quien, con una moderna sensibilidad intercultural, denuncia la situación de los javaneses. Según el prólogo de Francisco Carrasquer, Multatuli reniega de los socialdemócratas de la época y no conoce aún las ideas libertarias que quizá hubiesen satisfecho sus impulsos cívicos y políticos. Multatuli, anticipándose al Vallejo de Un hombre pasa con un pan al hombro./ ¿Voy a escribir después sobre mi doble?, escribe un libro en el que se reivindica como ciudadano, revelando y rebelándose contra la corrupción de un sistema y de un país –el suyo– que rapiña a los javaneses. La autojustificación se liga a la denuncia –esa combinación no está exenta de complicaciones que afectan a la credibilidad, no a la verosimilitud– y se rehuye de una retórica literaria cuyos códigos conoce en profundidad: uno de los narradores manifiesta su rechazo a las largas descripciones paisajísticas, a la gracia fácil de la imitación de un tartamudeo, al uso de lo cómico para endulzar o encubrir lo amargo... El autor activa otro tipo de resortes que no dejan de ser novelescos: relatos dentro del relato, superposición de narradores y, entre ellos, Droogstoppel, con su doble moral pequeñoburguesa, calvinista y mezquina, que da lugar a fragmentos hilarantes como los comentarios al listado de textos escritos por otro de los narradores, el mísero Chalman, correlato de Háveelar y del autor. En el colofón, Multatuli rompe la mampara que divide la Ficción de la Realidad, la Historia de la Retórica, mandando callar a Droogstoppel: “¡Cállate ya, miserable producto de sórdida codicia y blasfema hipocresía! Criatura mía, de mi pluma has salido (...) Sí, yo, MULTATULI, el que he soportado tantas cosas, soy el que enristro la pluma...” La renuncia a lo novelesco es imposible, porque lo novelesco es un concepto mutante y el autor se aparta de ciertos mecanismos para legitimar otros que tampoco eran completamente novedosos –la presencia del autor en la obra–. Al romper delante de las narices del lector la cláusula de un contrato, Multatuli expresa su creencia en la superioridad de lo cívico sobre lo artístico, y que, a menudo, los escritores que pensaron que lo político o lo moral estaban por encima de los retruécanos o las metáforas fueron, humana y también retóricamente, insuperables.
LA ESTRATEGIA PERFECTA
JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ
La estrategia del agua
Lorenzo Silva
Destino
Precio: 18,50 €
Páginas: 384
Hay quien asegura que segundas partes nunca fueron buenas y que las obras seriadas sólo atienden a los devotos del autor de turno. Pues bien, quizás pueda aplicarse esto a más de un autor y una saga, pero no a Lorenzo Silva ni a esa pareja que, siguiendo la estela abierta por otras en la literatura policíaca, ha ido colándose en nuestras lecturas y corazones sin apenas darnos cuenta de cómo maduraban y envejecían, subían escalafón y cumplían trienios, descubrían la basura escondida bajo nuevas alfombras de diseño y afrontaban con escepticismo las soluciones globales del nuevo milenio o las miserias individuales de antaño. Hablamos del brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, la pareja de la Guardia Civil que aparece por primera vez en El lejano país de los estanques (1998) y pronto se revelaría como el arma más eficaz para desatascar el trombo que interrumpe el riego moral de una parte de la sociedad que sólo halla en la cirugía forense la única redención posible, y con la que Silva contribuirá a ensanchar la memoria de aquellos enamorados de un género al que muchos aún no perdonan ni la importancia adquirida ni el número de seguidores.
Desde entonces, han protagonizado tres novelas: El alquimista impaciente (2000), La niebla y la doncella (2002) y La reina sin espejo (2005); y el volumen de relatos Nadie vale más que otro, cuatro asuntos de Bevilacqua (2004), enfrentándose a fuerzas tan diversas como las causas que las desatan y cuya impunidad es desafiada por la sagacidad y el genio de estos dos agentes que si ya en las primeras entregas mostraban las cualidades que sólo atesoran los elegidos, pocos podían imaginar la madurez que alcanzarían de la mano de su autor. Y si a algo obliga esta nueva novela, La estrategia del agua, es a reconocer la maestría de Silva a la hora de crear la arquitectura narrativa que llevará a resolver el asesinato del informático Óscar Santacruz, el grado de madurez logrado en el dibujo de los personajes, el dominio en la progresión del ritmo narrativo y, sobre todo, la perfección en los diálogos: adecuados a la situación, inteligentes, cuidados, llenos de una ironía que acentúa el escepticismo con el que Vila y Chamorro enfrentan la resolución del misterio y sus propias vidas. Está claro que los agentes, como sus lectores, han madurado, aprendiendo que no siempre los esfuerzos por conseguir algo bueno acarrean lo mejor, pero aun así lucharán por conseguir esa justicia –a veces, tan lejana– con la que paliar el dolor de unas víctimas doblegadas por fuerzas superiores que, lejos de brindarles protección, aumentan el vacío de la derrota. Y para que ello no ocurra una vez más, Vila y Chamorro, con la ayuda del agente Arnau, la maquinaria de la UCO y otras colaboraciones, irán reconstruyendo todos los hechos que anteceden al descubrimiento de Santacruz, en el ascensor del edificio donde vive, con dos tiros en la cabeza. Sólo que éste dejará las pistas suficientes para que esa estrategia del agua con la que pensaba alcanzar su objetivo ilumine las pesquisas que conducen a su exmujer, al hijo pequeño, fruto de esa relación, a su pareja actual o a su hermana, y que culminarán con esa victoria que Santacruz anhelaba en vida y, disfrazada de derrota, logra con su muerte.En definitiva, una novela espléndida que reivindica el género policíaco, pero aún más la buena literatura, ésa que en la que hace tiempo se instaló Lorenzo Silva y desde la que conmueve y se entrega a sus lectores, generoso y humilde, quien ya es todo un clásico de nuestras letras, un fino estratega al que hay que agradecerle que nunca nos defraude.
LA MEMORIA OLVIDADA
FÉLIX ROMEO
La brújula de Noé
Anne Tyler
Mondadori
Precio: 22,90 €
Páginas: 260
Noé no necesitaba brújula, sólo tenía que esperar que acabara el diluvio y encontrar un territorio seco para anclar su Arca y poder comenzar de nuevo, mejor. Le valía cualquier lugar, al norte, al sur, al este o al oeste. A Liam Pennywell, un profesor de filosofía prematuramente jubilado, también le vale cualquier sitio a cubierto para pasar el resto de su vida. Pero cuando en su política de ahorro extremo abandona su residencia, excesivamente cara, y se muda a un pequeño apartamento junto a un centro comercial, su vida cambia completamente. La primera noche que pasa allí, recibe un golpe que le lleva al hospital con un trauma amnésico que sólo afecta al recuerdo del incidente violento.
A todos les parece una nadería, pero a él le obsesiona completamente. Así que aunque su exmujer, que sigue cuidándolo más allá de lo amistoso, y sus hijas insistan en que debe de pasar página, Liam se resiste y decide empezar una investigación que conecte por fin sus dos momentos: el antes de la agresión y el después de la agresión. Es como Rip van Winkle tratando de averiguar qué ha sucedido durante los muchos años que ha estado durmiendo antes de despertar.En su pesquisa, encuentra en la consulta de un neurólogo a una “recordadora”, que lejos de darle respuestas concluyentes se instala a toda velocidad en su corazón... que Liam creía a salvo de cualquier acoso sentimental. Eunice, que trabaja como “recordadora” para un constructor millonario, es bastante estrambótica y misteriosa, pero seduce a Liam, quien rápidamente se da cuenta de que su vida soñada y largamente añorada era mortalmente aburrida,
Pero no es la única mujer que consigue modificar la vida de Liam: su hija pequeña se instala en su recién estrenado apartamento y con ella una vida de la que no tenía ni puñetera idea, pese a haberse dedicado durante años a educar a adolescentes.
Y, aún hay más promotoras de su inestabilidad, otra de sus hijas, que se independizó rápidamente para casarse con un cristiano riguroso, decidirá tomarlo por canguro de su hijo, un niño atrapado en libros infantiles que sólo recogen las historias sin moraleja de la Biblia.
Probablemente, Liam, aunque se resiste a creerlo, también vive una historia que no tiene moraleja. Quizá ninguna historia tenga moraleja. Es desasosegante, sí.Sin embargo, Anne Tyler (Minneapolis, 1941) consigue que todas esas historias sin moraleja –la de los matrimonios rotos, la de los amores a destiempo, la de la fe, la de la razón, la del olvido– muestren un completo panorama de la vida de los miembros de la clase media americana del siglo XXI, cuyos sueños, si alguna vez fueron grandes, se han reducido a la mera supervivencia.Liam sólo podrá recuperar la memoria cuando vuelva a entrar en un mundo del que quería escaparse o, más bien, no formar parte: logrará perdonar a su padre por haberle abandonado, agradecerá los recuerdos infantiles de su hermano, disculpará la beatitud de su hija, se dejará llevar en su aventura con Eunice, olvidará la cicatriz de su agresión... Habrá, por fin, aplicado la teoría que tanto le gusta repetir de Epicteto: “todo tiene dos asas, una por la que se puede sujetar y otra por la que no. Si tu hermano peca contra ti, dice, tú no te lo tomas por el lado del daño que te hizo, sino por el hecho de que es tu hermano. Por el asa por la que sí se puede sujetar”.
Es posible que para muchos la escritura de Anne Tyler sea profundamente conservadora, pero también tiene un lado celebratorio, extrañamente celebratorio.
JUEGO DE VILLANOS
FERNANDO VALLS
27 novios y un manzano
Luisa Valenzuela
Thule
Precio: 12 €
Páginas: 128
De Leopoldo Lugones a Ana María Shua, el microrrelato argentino ha sido cultivado por autores tan significativos como Macedonio Fernández, Borges, Bioy Casares, Cortázar, Denevi, Anderson Imbert, o los actuales David Lagmanovich, Raúl Brasca y Eugenio Mandrini. Luisa Valenzuela constituye un imprescindible eslabón dentro de esta fértil tradición, como puede verse en la presente antología, preparada con excelente criterio por Francisca Noguerol.
La pieza más breve consta sólo de dos palabras (“El sabor de una medialuna...”), mientras que la más extensa supera apenas las dos páginas (“Juguemos al fornicón”); las más antiguas datan de 1967, cuando la autora las denominaba miniminis, pero las más recientes son del 2008 y permanecían inéditas. Más de cuarenta años, por tanto, de narrativa brevísima, en cuidada síntesis. Aunque, en puridad, haya que llegar a 1976, con la aparición de las narraciones repentistas, escritas al ritmo de una por día, de repente, que componen Aquí pasan cosas raras, durante la dictadura de López Rega, para encontrar una cantidad sustantiva de microrrelatos. Así las cosas, no será hasta el libro Brevs (2004) cuando la autora reconozca tener plena conciencia de transitar una dimensión narrativa distinta. Si a estos volúmenes les añadimos el Libro que no muerde (1980) y las 34 piezas nuevas, completaremos el conjunto de 85, en el cual no faltan los microrrelatos más clásicos de Luisa Valenzuela; los más antologados, además de los ya citados, como “El abecedario”, “Visión de reojo” o “Confesión esdrújula”. A los que me gustaría añadir ahora el resto de mis preferidos: “La cosa” (se vale de un informe aséptico para describir un ligue que acaba en polvo), “Días cuando no pasa nada” (otro ligue que concluye con humor), “4 Principes 4” o “Castillo de alondras” (en donde se expone la seducción del tramposo), por no proponer una lista interminable.En las muchas historias que aquí se cuentan, la de los 27 novios y un manzano (“La chica que se convirtió en sidra”), y más, se baraja a conveniencia el realismo y lo fantástico, la metáfora y la alegoría, casi siempre al servicio del humor y la crítica, para contar ese juego de villanos que suele ser la existencia, o los curiosos avatares de las parejas. De todas formas, a menudo acaba imponiéndose el lenguaje, quizás el gran protagonista de muchos de estos textos. O mejor dicho, la conciencia del lenguaje, de sus infinitas posibilidades, en la tradición oulipiana (como ocurre en “Palabras parcas” o “El bebé del éter”), presente también en otros cultivadores del género. Así, inventa palabras (“fornicón”, el verbo “funicular”), retuerce frases hechas, expresiones y juegos de palabras, o se vale de la dialogía, del malentendido, para exprimirle a la lengua otros sentidos posibles. De forma semejante, utiliza la metamorfosis, la sorpresa final, lo grotesco o inaudito, para mostrarnos otras facetas insólitas de la realidad.La antología concluye con una suculenta guinda: la reflexión de la autora sobre el género, que ella prefiere denominar microrrelato y concebir como una narración concisa que se arma recortando, sin perder la esencia y purificando el lenguaje. En “Mesa redonda”, la pieza con que cierra el libro, se compara el oficio del poeta (“Yo escribo para llegar al corazón de mis lectores”), con el de “la cuentista”, que aspira a lo mismo: “Llegar a su corazón, para comérmelo”. Pues eso y no otra cosa son los textos narrativos brevísimos de Luisa Valenzuela: narrativa caníbal en donde vida y literatura se trasmutan en un juego de villanos.
CONTRA LAS IMPOSICIONES
PAUL VIEJO
Electrónica para Clara
Guillermo Aguirre
Lengua de Trapo
Precio: 18,50 €
Páginas: 208
Cualquiera que se haya asomado alguna vez a una partitura escrita no ya por Stockhausen, sino por alguno de sus «hijos» como Luis de Pablo o Antón Gª Abril (por nombrar lo más cercanos), habrán podido ver un sinfín de gráficos que recuerdan en muchas ocasiones más a símbolos mátemáticos y a instrucciones mecánicas que a aquellas sucesiones de notas musicales que aprendimos en el colegio y que hemos visto siempre ocupando los pentagramas. Para lograr que los instrumentos reprodujeran las texturas, ambientes y recursos que necesitan para sus obras, estos músicos clásicos contemporáneos tuvieron que crear nuevos sistemas de notación, lenguage y retórica al fin y al cabo, como añadido a lo utilizado por los músicos clásicos clásicos. Sólo así podrían aportar lo que querían aportar. ¿Pero qué hacer ahora que hemos asumido que Bach es insuperable y que cualquier novedad será relativa? Lograr una manera propia de hacerlo, personalizada.
Más difícil lo tienen, me temo, nuestros escritores cuando tomamos por costumbre decirles qué deben hacer (no seas retórico, no seas poético, no abarques demasiado) y cómo puede ser una primera novela, pero cómo debe ser una segunda, tercera, cuarta. Electrónica para Clara es la primera de Guillermo Aguirre, ha sido galardonada con el último Premio Lengua de Trapo, e incumple uno por uno todos esos requisitos figurados. Aguirre va a contar la historia de un triángulo amoroso a través del tiempo (el de la juventud, no vayan a pensar en grandes sagas) en la que un Jonás/narrador pierde, busca, reencuentra a una Clara muda y ensimismada que ha entrado, salido y vuelto a entrar en la vida de Jacques. Para ello será retórico y será poético, pero gracias a eso demostrará un uso maravilloso de la sintáxis (que sabe abandonar y desvirtuar cuando le combiene), de los paréntesis aparentemente prescindibles (de donde brotarán detalles impagables) y de añadidos de diverso tipo que, frente a servir de relleno o parecerlo, lograrán aportar a esa historia los ambientes y texturas que necesita o que su autor creyó que necesitaba. Será ambicioso e intentará abarcar lo máximo para describir una ciudad extraña y extrañada, y utilizará múltiples puntos de vista (intercalará fragmentos que quieren hablar de Madrid, y conversaciones aisladas que parecen no estar dentro de la novela), girará una y otra vez la manera de representar las voces (confesionales casi a veces, pura representación teatral en otras tantas) y jugará con el tiempo, claro, hasta parecer más enrevesado de lo que realmente es.A Guillermo Aguirre le dirán (le diremos) que de todo eso se curará en sus siguientes novelas (como si tuviera que haberlas) y que lo que aquí se vuelve excesivo será preciso en un futuro. Pero a mí, hoy, me parece que con todo eso ha logrado presentar una historia (otra historia más) de una manera absolutamente personal. Como los músicos que nombraba al principio, ha logrado Aguirre componer, aunque tuviera que echar mano de símbolos poco recomendados para una partitura estándar. Esos «hijos» de Stockhausen tuvieron más hijos (ahora hacen música electrónica), es decir, había camino por recorrer. Guillermo Aguirre no tendría por qué verse obligado a unirse al camino habitual, ni «superarse» en sus siguientes libros o prometer cotas más altas por mucho que se lo pidamos. Con éste ha ofrecido una voz personal, una manera propia de contar sus cosas. Que no es poco, después de Bach.
EL TIEMPO DE LOS HÉROES
PEDRO M. DOMENE
El sueño de Whitman
José Luis Ferris
Fundación José Manuel Lara
Precio: 19,90 €
Páginas: 286
José Luis Ferris (Alicante, 1960) publica El sueño de Whitman, Premio Málaga de Novela, 2009, y con su tercera entrega demuestra una clara actitud de firmeza y de reconciliación por desenterrar y enterrar a los muertos, víctimas de las atrocidades bélicas de nuestro pasado. En este recorrido histórico es donde se insiste en la recuperación de una memoria colectiva, la de una España divida durante más de cincuenta años. El del capitán Alonso Zaldívar, personaje de esta novela, es uno más de esos ultrajes cometidos al amparo de una vil contienda que sólo justificaría los crímenes consumados al amparo de la rabia y el odio. La obra narrativa de Ferris se caracteriza porque, desde una óptica singular, y como ya pudimos comprobar en sus novelas, Bajarás al reino de la tierra (1999) y El amor y la nada (2000), sus personajes satisfacen los impulsos idealistas de una existencia que el trascurso de la vida ha moldeado por la fuerza, además, de vivir numerosos y dolorosos acontecimientos, contrapunto de un futuro cargado de innumerables miserias. Estos seres sobrevivirán en un mundo cuya existencia refleja una ejemplar dignidad, pese a las difíciles circunstancias, y en las que el amor y la muerte destacan sobre ese complejo paisaje que dibujan los anhelos que, por otra parte, nunca llegan a cumplirse. Será la vida quien, en realidad, imponga su argumento: Julia Gadea es una mujer madura de sesenta y cinco años, y tan sólo pretende publicar un diario, la confesión del capitán Alonso Zaldívar, responsable de una cruenta represalia ocurrida en los primeros días de julio de 1936. El escenario, la ciudad norteafricana de Larache y el desencadenante una historia larvada, durante años, de amor y de odio. Ferris ofrece, en su novela, una visión unilateral de los sucesos que luego irán reconstruyendo, la protagonista madura y el joven editor, Claudio Valbuena que, cuando recibe el manuscrito, le interesa, sobre todo, como un documento para dar continuidad y sentido a uno más de los episodios oscuros de los muchos sucesos de nuestro pasado reciente, protagonizados por héroes anónimos. El narrador alicantino no pretende ofrecer una crónica detallada y minuciosa de los acontecimientos relatados que, sin embargo, enganchan al lector en los primeros capítulos; más bien, reconstruye y cuenta una historia de amor paralela, en el pasado y el en presente: la de Paulina, que ha guardado un secreto durante toda su vida y el asesinado idealista Alejandro y, años después, la de Julia y Claudio, cuyo destino se cruza y afianza durante un viaje a Marruecos para descubrir el oscuro origen de ella. Algo de misterio envuelve a estos sucesos, y ese mismo concepto misterioso y ambivalente le otorga el narrador a la secreta identidad de sus personajes, hecho que permite al lector concebir la historia como la garra de una mirada ajena que permite a sus protagonistas una profunda reconstrucción y reflexión sobre el pasado y la increíble rotundidad impuesta por el silencio. Ferris cuenta su relato dosificándolo en su justa medida, estructura el largo camino que deben recorrer Julia y Claudio para descubrir la conciencia, años después, de un hombre muerto en extrañas circunstancias en los 50. En El sueño de Whitman se especula sobre los sentimientos humanos, sobre su implicación como individuos, el papel que desempeñan, unos y otros, en un escenario y un tiempo concretos, incluso recorriendo su camino hacia el mismo infierno, proponiendo la salvación de una o varias vidas, aunque, después de todo, como es bien sabido la ficción nunca está obligada a decir la verdad.
PÍCAROS DIABLOS
HÉCTOR MÁRQUEZ
El sabor de la madera
José Luis González Vera
Piélago
Precio: 11,65 €
Páginas: 144
Un tipo sin nombre, casado y con una hija se enfrenta a dos retos: una operación de fimosis de la que sale bastante bien parado, y un divorcio del que sale hecho unos zorros. A partir de ahí comienza el periplo mostrenco del protagonista de El sabor de la madera, primera novela de José Luis González Vera (antequera, 1964), filólogo, profesor, columnista en prensa, autor de dos poemarios, un libro de relatos y algún cortometraje. Urdida a partir de relatos no publicados, la novela es como una versión expandida del after hours de scorsese, film trepidante que reflejaba la incapacidad de muchos hombres de lidiar entre la necesidad de afecto y seguridad, la pulsión sexual que le lleva a correr noctívago detrás de las mujeres sin saber cómo tratarlas, el sentido del ridículo y la conciencia de fracaso. GV se manifiesta como un continuador del género picaresco, sólo que llevado a una época donde los protagonistas no son Buscones o Lazarillos sino pobres diablos grises educados al margen del universo femenino, que ven a las mujeres como mixtura de zorrones manipuladores, carne deseada o seres enigmáticos a los que no saben cómo hincar el diente. Divertida y cínica, lo mejor de la novela es su pulso narrativo, la naturalidad de los diálogos y sus escenas hilarantes. Demasiado consciente como para sentirse Rey Landa entre suecas, demasiado torpe como para quitarse las máscaras de una masculinidad caduca, su protagonista representa con humor el estupor generacional de quien descubre que el otro género no es como lo pintaban en las ficciones infantiles. Nos conduele, nos hace reír, nos asquea. Pero en su confesión no ha escatimado sinceridad. Lo intentó, pero se dejó los piños en la lona. Chupó madera y sabe a rayos.
CÍRCULOS CONCÉNTRICOS
JUAN GAITÁN
Bilbao-New York-Bilbao
Kirme Uribe
Seix Barral
Precio: 19 €
Páginas: 208
Ya nos advirtió ese prodigio llamado Oscar Wilde (que dejó ingeniosas frases para todas las ocasiones, para todos los asuntos, para todos los recursos), que por el hecho de haber nacido en el seno de una familia ya se tenía el argumento de una novela. O de varias, podríamos añadir. Sin duda, Kirmen Uribe conoce la frase, que es en sí misma un concepto teórico, y lo ha utilizado con maestría en su novela Bilbao-New York-Bilbao, ganadora del Premio Nacional de Narrativa 2009, del Premio Nacional de la Crítica 2008 en lengua vasca, del Premio de la Fundación Ramón Rubial y del Premio del Gremio de Libreros de Euskadi, y que ahora, por fin, podemos leer en castellano gracias a la magnífica traducción de Ana Arregi.
Han sido muchos los escritores que, a lo largo de la historia de la literatura, han narrado el mundo desde el paisaje de lo pequeño, desde la aldea, desde el pueblo, desde la ciudad, ya fuesen estos paisajes reales o inventados. Algo así es lo que hace Kirmen Uribe, pero desde una partícula aún más pequeña. Partiendo desde el núcleo familiar, “el reto consistía en hablar de tres generaciones distintas de una familia, sin volver a la novela del siglo XIX”, explica en la página 136, para luego, en la 145, añadir, “pensé que yo debía mostrar lo que hay detrás de una novela, enseñar todos los pasos que se dan a la hora de escribirla. Las dudas, las incertidumbres (…) No quería construir personajes de ficción. Quería hablar de gente real”.
Y lo logra. Uribe va urdiendo lentamente la trama, muy despacio, con meticulosidad, trazando una narración profunda, cargada de intenciones, bella pese a su aparente sencillez, a su desnudez, y va así relatando la historia de su familia como a pinceladas, a fotogramas, a cuadros, y ya desde el principio, desde la frase inicial (esa que tanto preocupa a los autores), el intimismo inunda la obra.Kirmen Uribe es un narrador neto, total, hipnótico, magnético, conmovedor. Su prosa (que tiene un toque melancólico y, a veces, un retrogusto austeriano, conmovedora) se nutre de la cotidianeidad, como si fuese una “prosa de la experiencia”, y a veces parece, de tan íntima, que tiene más de diario que de novela. Porque Uribe, acercándose a la modernidad de la Nocilla, reúne, mezcla, fusiona géneros, desde una nota de la wikipedia hasta un poema, pasando por correos electrónicos y párrafos que parecen puras entradas de un blog.A veces una historia es como una piedra arrojada a un estanque. Genera círculos concéntricos, otras historias que tienen una tenue unión con la primera, con la inicial, como cada círculo, por lejano que quede, lo tiene con el primitivo.
Algo así utiliza Kirme Uribe para, en el transcurso de un vuelo entre el aeropuerto de Bilbao y el JFK de Nueva York, contarnos la historia de su abuelo Liborio Uribe (que pasó toda su vida en el mar y que, el día que supo que iba a morir, sólo quiso ver por última vez un cuadro de Aurelio Arteta), y de su padre, José Uribe, patrón del Toki Argia, en el que vivió historias inolvidables y nunca perdió a un marinero, a todos los devolvía vivos al pueblo de origen, a Ondarroa. Y, a través de ellos, también nos cuenta la historia de múltiples personajes entrelazados unos con otros sutilmente, personajes que son como círculos concéntricos y que, entre todos, constituyen el homenaje a un mundo que seguramente ya se ha extinguido, pero al que la literatura ha puesto a salvo para siempre.



