JUAN ESLAVA GALÁN

Un viaje por los lugares íberos que aparecen en su última novela Rey lobo.

EVA DÍAZ PÉREZ

A lo largo de su dilatada trayectoria como escritor, Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) ha paseado por múltiples capítulos de la Historia. Recorrió la Sevilla del siglo XVI de la mano de un trasunto de Cervantes en El comedido hidalgo, viajó en un itinerario legendario del siglo XV en En busca del unicornio, recreó el fin del imperio almohade en Guadalquivir y se adentró en el horror de la Guerra Civil en clave tragicómica en Señorita y La Mula. Ahora, sitúa su nueva novela en el siglo IV a. C., a través de la historia de Zumel, un mercenario ibero que lucha en el Mediterráneo y, tras haber perdido a todos sus compañeros en la guerra, decide regresar a su pueblo para retirarse del mundo de las armas y vivir tranquilamente como pastor. Rey Lobo (Planeta) es un fresco sorprendente sobre una parte de la Historia de España no del todo bien conocida. Él, que conoce como pocos el mundo ibero –ya publicó el ensayo Los iberos, los españoles como fuimos– lleva de la mano al lector por las costumbres deaquella cultura –como la devotio ibérica o juramento de honor, argumento sobre el que gira una de las ideas claves la novela, la venganza y el destino–, por los paisajes de Zubión, Kastul, Porcuna y el sorprendente mosaico de culturas del Mediterráneo de la época.

¿Por qué sigue siendo la historia ibera tan desconocida para los españoles?
Los textos de autores clásicos que hablan de los iberos son pocos e imprecisos. El panorama se ha completado algo, con la arqueología, desde la segunda mitad de siglo XIX y muy especialmente desde el último tercio del XX. Es ahora cuando el gran público empieza a conocer el mundo ibérico gracias a un estupendo plantel de estudiosos iberistas.

¿Ni siquiera cree que la salvaría la fiebre revisionista de cierto nacionalismo que reivindicara su origen en un pasado remoto?
Las tribus iberas se extendieron por todo el Levante mediterráneo desde la Provenza a Portugal. Ninguna comunidad puede basar su diferencia en un pasado que comparte con los vecinos.

Si los americanos hubieran tenido un pasado como el de los íberos, ¿no cree que ya se habrían hecho varias superproducciones de cine épico?
Estoy convencido de ello. Entre nosotros se echa a faltar más presencia de los iberos en la cultura popular, pero es una carencia que con el tiempo se remediará, o eso espero.

En sus novelas hay siempre un profundo estudio de la historia de las mentalidades, algo que contrasta con la superficialidad con la que se escriben muchas novelas de época.
Creo que para que el lector se crea una historia, primero debe creérsela el novelista. Por eso llevo la investigación hasta donde puedo, sin ahorrar esfuerzo, aunque, lógicamente, deba cubrir áreas desconocidas con reconstrucciones de mi imaginación.

De la misma forma que En busca del unicornio los personajes asistían al final de la Edad Media y al comienzo del capitalismo de la Edad Moderna, Rey Lobo se sitúa en la crisis del mundo ibero. ¿Es más atractiva para la literatura la agonía por el fin de una época?
Estoy convencido de que los europeos estamos viviendo el final de una época y no sabemos bien, aunque podemos conjeturarlo razonablemente, lo que nos deparará el futuro. En cierto modo estamos repitiendo el ocaso del imperio romano y las invasiones bárbaras. Como hombre de mi tiempo reflexiono sobre ese fenómeno y quizá tengo esa tendencia a que mis personajes históricos vivan esas situaciones en la bisagra de dos concepciones del mundo.

¿Por qué en un país que tan mal conoce su Historia triunfa la novela histórica?
Caben dos respuestas que no se excluyen mutuamente. Una podría ser que el español es más culto que hace unos años y ahora sí está en condiciones de apreciar la novela  histórica. También cabe pensar que es una especie de escape a otro tiempo para aislarse de los problemas del presente o para minimizarlos al compararlos con los del pasado.

Sin embargo, el género se ha convertido en un cajón de sastre donde se cuelan demasiados productos comerciales pseudohistóricos sin ambición literaria. ¿Qué opina sobre este fenómeno editorial?
Me temo que no todos los novelistas históricos tienen los mismos niveles de exigencia, ni se documentan suficientemente antes de emprender su novela. Esa ligereza tiene un precio. El lector percibe si te has esforzado en ofrecerle un buen trabajo y cuando se siente estafado no te vuelve a leer.

En Rey Lobo logra adentrar al lector en la vida cotidiana de un pueblo ibero. ¿Cómo se consigue aunar literatura con trabajo de divulgación histórica sin que chirríe el tono didáctico?
El secreto está, a mi juicio, en levantar buenos planos antes de arremeter la obra y en quitar los andamios y limpiar el solar cuando la has acabado. Me explico: a lo mejor para hacer la novela tienes que pasarte medio mes estudiando la metalurgia ibera y como resultado acumulas treinta fichas del tema. Después, cuando escribes, resulta que sólo necesitas una ficha y te apena desperdiciar las otras. Si, a pesar de todo, las embutes en tu
narración, te cargas la novela. La novela tiene que respirar. Los datos no deben abrumar al lector. Si los necesitara se habría comprado un ensayo.

Sus lectores recordarán el ensayo Los iberos, los españoles como fuimos. ¿Cuánto quedó en el aire en ese trabajo y que ahora ha tomado carne de novela?
Son materias distintas. Digamos que los datos de aquel ensayo están vivos en mi cabeza. Lo que más esfuerzo me ha costado ha sido meter a mi personaje en la Babel de pueblos que era el imperio persa.

En otras novelas, el estilo de Eslava Galán se ha adecuado a la época. ¿Ha sido complejo el trabajo de estilo para intentar evocar la atmósfera de época, en este caso, de algo tan lejano como el mundo íbero?
Me ha resultado bastante difícil ahormarme al estilo llano y narrativo que supongo a un narrador que cuenta una historia heroica frente al fuego, en un contexto antiguo, cuando todavía no se habían desarrollado los trucos narrativos de la novela moderna. He tenido que rehacer muchas páginas para que los personajes expresaran sus pensamientos en acciones o palabras, sin meter al novelista en la conciencia del personaje.

En Rey Lobo se adivina a un Eslava Galán que lleva muchos años recorriendo los poblados íberos y leyendo sobre sus costumbres. ¿Por qué le fascina tanto la cultura íbera?
Cuando tenía trece años entré en el museo arqueológico de Jaén y me fascinaron las esculturas ibéricas, un deslumbramiento que perdura hoy. Más tarde participé en excavaciones y después he procurado mantenerme al tanto de lo que se va publicando. Quizá tenga algo que ver el hecho de que los mayores hallazgos de restos iberos se realizan en Jaén, mi provincia.

Toda novela histórica, aunque recreada en el pasado, tiene una lectura para el presente. ¿Cuál considera que es la de Rey Lobo?
La cultura nos civiliza y las personas inteligentes procuran civilizarse aunque hayan nacido en medio de la barbarie.