LUIS ROSALES: NÁUFRAGO METÓDICO
Merece la pena abrir los libros de Luis Rosales, discutir con ellos , apreciarlos, disentir.
ANDRÉS SORIA OLMEDO*
Leer o releer a Luis Rosales es acercarse al espacio de la poesía, de la literatura en su potencia supranacional. Si se sorprende a Leopardi en medio del relato macabro de los asesinatos de mujeres en 2666, el cuento "La cara de la desgracia" de Juan Carlos Onetti tiene una cuidadosa reescritura en el poema del mismo título incluído en Como el corte hace sangre (1974). Si en Bolaño el "Canto nocturno de un pastor errante en Asia" está embutido como al desgaire posmoderno en un contexto ajeno, el poema de Rosales aparece como homenaje explícito al amigo uruguayo, condensa la narración ajena y convierte la glosa en un poema propio sobre la llegada de "lo inmerecido, abierto y jubiloso" y sobre el alto precio que se paga por ello, "ya que la culpa es colectiva/ y está en el corazón de cada cual como la veta en la madera".Naturalmente, las cosas son más complejas, pero empezar por ese ejemplo quizá sirva para distanciarnos de las categorías más previsibles de la historia literaria y ponerlas detrás de la lectura de una obra compleja, caracterizada por un "metódico y lento conversar con los contrastes", conducidos finalmente "a un lugar de confesión poética en el que una voz propia unifica la realidad diversa y establece sus lazos sentimentales con el lector y con los objetos que definen un mundo" (Luis García Montero). Ponerlas detrás no implica que el texto no se apoye en ellas, sea la "rehumanización" para Abril (1935) o el "existencialismo" para los siguientes, después del "desplazamiento cualitativo" (Félix Grande) que le impuso la guerra civil.
En el corazón de los años 30, Rosales (que viene de la Granada de la revista Gallo (1928) estudia en la renovada Facultad de Letras, colabora en Los Cuatro Vientos, en Cruz y Raya, se interna en el neorromanticismo de entonces (contaminado de surrealismo, de compromiso social, de la "poesía sin pureza" de Neruda –dice haber sido "hechura" de Residencia en la tierra ) basado en una dialéctica de memoria y esperanza, a la que sirve, como estrategia retórica, más la "comparación sentimental" que la "metáfora vanguardista", con un sesgo religioso que va a ser constante en su obra y que lo aparta del materialismo del Cántico de Guillén, que no obstante es el primer modelo de Abril.
El libro, canto de amor que dialoga con el espacio petrarquista y con Herrera se extiende a la santificación de todo el universo, yendo de las décimas y sonetos a los versículos, pasando por los tercetos de las odas lorquianas y el Alberti de Sobre los ángeles. La "poesía religiosa, íntima, desgarrada, sincerísima" (D. Alonso) de "Misericordia" nos lleva a 1939 y los años siguientes. Es probable que toda la guerra civil, hoy, se resuma en "La voz de los muertos", publicado en Patria (Granada) 1937 y luego en Segundo abril (1932). Frente a la propaganda de los dos bandos, ¿tenemos derecho a recordar Diálogos de los muertos de su paisano rojo Francisco Ayala? Leed, comparad, juzgad. No os dejéis seducir.
Luego, el falangista Rosales estuvo en el ámbito del poder, sin exageración. El matiz es importante, porque fue elocuente la renuncia a vociferar y el refugio en el proceso lento e íntimo que Unamuno llamó intrahistoria, así como la conciencia del desengaño. Ahí, sólo la palabra salva la memoria y abre paso a la esperanza, en el símbolo caluroso de La casa encendida (1949).
En cuanto a este libro, una traducción exacta de los términos germánicos "home" o "heim" o "hem" y un recuerdo del origen latino de "hogar" en la lumbre de una cocina servirían para dar cuenta de ese espacio acogedor, relacionado con ciertos ámbitos de Sobre los ángeles de Alberti en cuanto a la inocencia originaria y arraigados en una memoria por la que se da las gracias.
Con ese tono Rosales se escapa de criticar al Régimen tiránico, pero también a la vociferación de la "propaganda fidei". ¿Fue suficiente el refugio en lo privado, en aquel régimen inicuo? Lo público siempre es de una sola pieza, mientras lo privado, en busca de la poesía total, se puede llamar autoanálisis y es el reino del matiz, es decir el resquicio donde se puede brillar admitiendo lo humillante, mostrando el muñón desnudo.
En 1940, el Retablo sacro del nacimiento del Señor recordaba, dentro de una clave familiarista y remitiendo al mundo infantil, que "Sólo en la angustia permanezco y vivo", mientras el ya aludido conjunto de Rimas, La casa encendida, y El contenido del corazón (1969, 1978)* se mueve entre la angustia de lo existente y la aspiración a la verdad ("Si tú supieras que un poema/ no puede ya volver a ser como un escaparate de joyería"), y en la necesidad de dialogar con la tradición, en poesía y prosa, en España y en el ámbito hispánico. En particular, El contenido del corazón, además de construir una autobiografía de poemas en prosa se remite a la estirpe más gloriosa, la de Marcel Proust; por lo referente al verso, Canciones (1973) tiene entre bastidores a Bécquer ("Canción de la ´juventud robusta y engañada´: Entonces/ me equivocaba de llanto/ todas las noches").
Quizá Como el corte hace sangre (1974) era un libro escrito en espera de lo que debía haber ocurrido en España después de que muriera el dictador Franco en noviembre de 1975 y no obedece a propósito tan definido como Diario de una resurrección (1979) –aunque contiene el singular poema sobre Onetti**, que seguramente es su joya.
En el citado Diario, en la estirpe evidente del Diario de un poeta reciéncasado de Juan Ramón Jiménez, el poeta resucita por el amor –"Tal vez sólo es posible que podamos amarnos mientras que dura un beso"– intensamente físico –"y las caricias vienen del origen del mundo"– y agudamente consciente de su finitud y de su prolongación metafísica, con, al fondo, el Quevedo del "Amor más allá de la muerte": ("para toda la vida no basta un solo amor, / tal vez el nuestro sea para toda la muerte").
El último proyecto de la obra poética de Luis Rosales era una tetralogía, La carta entera, de la que llegaron a publicarse La almadraba (1980), Un rostro en cada ola (1982), Oigo el silencio universal del miedo (1984), mientras quedó en esbozo "un libro minucioso y absurdo sobre el hombre actual, / y su creciente desamparo" que iba a dialogar de cerca con Poeta en Nueva York de García Lorca. Los atunes de la almadraba se parecen a los hombres en su ceguera, en su incapacidad su destino. Los rostros de cada ola son los rostros de una autobiografía, con curiosos regresos a la infancia granadina, mientras los emigrantes o los exiliados son los únicos capaces de colmar el silencio universal del miedo y colmar la posibilidad de los medios seres. Todo eso está en poemas que son como novelas que cuentan historias tremendas.
Náufrago metódico que habla mientras se va hundiendo, en resolución, estoy convencido de que merece la pena abrir los libros de Luis Rosales, dar con ellos, discutir con ellos, apreciarlos, disentir. No son muy memorables; más bien hay que releerlos como quien lee una enciclopedia.Pero si hay que hacerlo con un pretexto tan arbitrario como los cien años del nacimiento, pues bueno. Los aficionados de siempre disfrutarán como siempre. Los que se acerquen por primera vez no quedarán defraudados. Da capo: leed o releed a Luis Rosales.
* Rosales revisa sus textos, los revisa y vuelve a escribirlos de un modo tan especial. Baste con advertirlo y con excitar la curiosidad lectora, también por esa razón.
** De verdad, leed y releed ese cuento misterioso y terrible, a la luz del terrible y misterioso poema de Rosales; buscad las conexiones entre ese Onetti y Antonio Muñoz Molina, y entre Rosales y Luis García Montero. Si saltan chispas entre las conexiones, mejor: leer es conectar.
*Catedrático de Literatura de la Universidad de Granada.



