FIRMA INVITADA
LA JOVEN LUISA
Urueña, la villa del libro.
GUSTAVO MARTÍN GARZO
Los montes Torozos son una cadena irregular de alcores, motas y tesos, que constituyen las únicas elevaciones de la provincia de Valladolid. Muy cerca de Tordesillas, está Urueña, un pueblo situado sobre una loma que se eleva abrupta y misteriosamente en el páramo. Es una zona de pequeños valles escondidos donde, en torno al siglo X, un grupo de mozárabes que huían del reino de Córdoba fundaron el monasterio de San Cebrián de Mazote. Urueña es un pueblo amurallado, con dos puertas. La Puerta del Azogue es la puerta de la fortaleza; la de la Villa, la del pastoreo y la de los buscadores de hierbas aromáticas. En el encantador y luminoso valle que se contempla desde esta última abundan los monasterios. Es la senda de los beatos, que une los monasterios de Villalbín, del Bueso y de San Pedro de Cubillos, donde está situada la ermita de la Anunciada, con los de San Cebrián de Mazote y la Santa Espina. Estas son tierras de secretos humedales y de pájaros. Pero Urueña no sólo es tierra de pájaros, sino de buenos libros, pues, siguiendo el ejemplo de las villas de Hay-on-Way, en el País de Gales, o de Montolileu, en Francia, en ella se ha fundado hace unos años la primera Villa del Libro de España. Es extraño encontrarse, en un pueblo donde apenas viven cien habitantes, siete hermosas librerías, y un museo donde se realizan exposiciones y encuentros de poetas y escritores. Se trata de uno de esos hermosos desatinos que tanto amaba Cervantes, pues este pueblo recuerda hoy a una de esas ínsulas extrañas que aparecían en las novelas de caballerías en que sueño y realidad se confundían. Un lugar de callada peregrinación para todos los amantes de la aventura. Algo bastante lógico si pensamos en el silencio y la quietud del lugar, y en sus atardeceres dorados, tan aptos para la lectura y los encantamientos. Materia encantada, eso son las palabras de los poetas. En una escuela rabínica los maestros ponían un poco de miel en las letras, que los niños recogían con sus pizarrines al tiempo que memorizaban sus trazos. El conocimiento puede ser dulce, tal era la creencia de los rabinos. Y es siguiendo ese rastro de miel rabínica como el viajero podrá recorrer las sucesivas librerías buscando ese libro con la historia secreta de su vida, y contemplar luego desde las murallas la ermita de Nuestra Señora de la Anunciada, situada en el valle. Su estilo es románico catalán. Los catalanes habrían contribuido a repoblar esta zona en el siglo XI y uno de sus milagros fue esta iglesia de frágil y misteriosa belleza. Una iglesia en cuyos alrededores desaparece la historia, y se entra en el tiempo misterioso de los místicos y de los amantes.No fue precisamente ese tiempo el que la joven Luisa Ramos Sánchez llegaría a conocer. Una placa situada en una de las calles de Urueña aún recuerda la tarde en que perdió su vida, a manos de su novio. “Aquí murió la joven Luisa Ramos Sánchez, el día 3 de octubre de 1927, a las tres de la tarde, a mano airada, a los 18 años de edad”. Urueña, que presenció espantada este crimen, es hoy un pueblo poblado por la presencia fantasmal de las heroínas de tantos libros, y el viajero puede aprovechar para dialogar con ellas. Sus historias nos revelan que, como escribió Claudio Magris, “todavía hay un lugar para la poesía del corazón y la libertad individual, para la aurora de las cosas, para la mirada que ve el mundo por primera vez.” Ese mundo que tiene la humildad del espliego y el cantueso, es el corazón oculto de Urueña. Un corazón hecho de lejanía y transparencia. Una morada detenida en el aire donde se escucha el silencio del vuelo de los pájaros y el pasar de las hojas de los libros donde aún viven los sueños de la joven Luisa.



