ENSAYO Y POESÍA

José Antonio Marina, María Teresa Rodríguez de Castro, Lily Tuck, Milan Kundera, Manuel Rivas, Darío Jaramillo

LECTURAS ENSAYO

 

UNA GENERACIÓN PERDIDA, RECOBRADA

LAURA FREIXAS

La conspiración de las lectoras
José Antonio Marina y María Teresa Rodríguez de Castro
Anagrama
Precio: 18 €
Páginas: 274

"La generación tal vez más brillante de mujeres españolas de la historia”. Así definen los autores de este libro al grupo de intelectuales que en abril de 1926 fundaron el Lyceum Club de Madrid (en la estela del de Londres, creado en 1904). Victoria Kent, Clara Campoamor, Carmen Baroja, Constancia de la Mora, Maruja Mallo, María de Maeztu, María de la O Lejárraga, María Teresa León, Zenobia Camprubí, Margarita Nelken, Isabel Oyarzábal, Matilde Huici… fueron algunas de las que pasaron, como socias o simpatizantes, por la Casa de las Siete Chimeneas, hoy sede, por cierto, del Ministerio de Cultura. ¿Con qué propósito? Las socias iban al club para charlar, y para escuchar conferencias. A hablar en el Lyceum fueron invitados Unamuno, Lorca, Azaña, Alberti, Marañón… También Jacinto Benavente, pero éste declinó la invitación alegando que él no daba conferencias “a tontas y a locas”…

En una palabra, lo que pretendían las socias del Lyceum era pensar en común. Podría parecer un objetivo poco ambicioso, si no fuera porque en la historia de las mujeres, tanto el pensar o estudiar como el acceder a lo común, a lo público, han sido conquistas duras y disputadas. La primera española que asistió a la Universidad necesitó un permiso especial del rey Amadeo de Saboya, en 1871; la primera que se licenció en Derecho, medio siglo después, fue precisamente una de las fundadoras del Lyceum, Victoria Kent (es curioso, por cierto, y significativo, que tantas mujeres vinculadas al club fueran medio extranjeras, como Kent, Nelken, Oyarzábal… o hubiesen estudiado fuera del país, como De la Mora). En cuanto a la posibilidad de que ingresaran en instituciones o asociaciones públicas, se había planteado en 1786 cuando algunas damas pretendieron formar parte de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, saldándose con la negativa; lo mismo sucedió un siglo más tarde, al intentar Emilia Pardo Bazán ser admitida en la Real Academia de la Lengua. El modelo rousseauniano del “ángel del hogar” imperaba férreamente, y no sólo en la derecha: anarquistas, socialistas, obreros en general, se oponían al trabajo femenino. Y aunque el Lyceum no era en modo alguno un grupo combativo –de hecho sus estatutos prohibían expresamente que se trataran en él asuntos políticos o religiosos–, fue atacado también. ¿Con qué argumento? El que surge siempre que las mujeres conquistan cualquier terreno nuevo: la presunta pérdida de feminidad que ello conlleva. “Si las mujeres eligen el camino del estudio (…) se masculinizarán”, predecía un periodista ante la fundación del club, y “las primeras víctimas [serán] los niños”. ”Ese tipo extranjero”, añadía, “de señora de anteojos de concha que hace la exégesis de Kant o de Hegel, mientras su marido empuja el carrito del bebé o limpia los cacharros (…) recuerda con su antipática presencia que las demasiadas letras secan el corazón”.

Del Lyceum Club madrileño, que terminó su andadura, como era desgraciadamente de prever, con el desgarramiento de las dos Españas que condujo a la guerra, ya sabíamos por las memorias de Constancia de la Mora (Doble esplendor), Carmen Baroja (Recuerdos de una mujer de la generación del 98) o María Teresa León (Memoria de la melancolía), por citar sólo algunas. El ensayo ágil y ameno de José Antonio Marina y María Teresa Rodríguez de Castro nos permite, de un solo vistazo, abarcar lo que intentó, lo que consiguió, y también lo que no pudo o supo hacer, aquella generación de mujeres a la que tanto debemos.

 

HACIA LA NOCHE

FÉLIX ROMEO

Elsa Morante
Lily Tuck
Circe
Precio: 18 €
Páginas: 304
La obra de Elsa Morante no ha estado disponible en castellano con regularidad (aunque de España recibió algunos anticipos considerables, que no sirvieron para conectarla con el público)... hasta que empezó este siglo XXI y el mercado editorial volvió a conspirar a favor de una escritora estupenda: Espasa recuperó en 2004 La isla de Arturo, Cátedra tradujo por primera vez en 2006 su libro de cuentos El chal andaluz, ideal para una primera aproximación, y Gadir ha apostado fuertemente por ella reeditando Las extraordinarias aventuras de Caterina (2005), La historia y Araceli (2008). Por ello, esta biografía llega en un excelente momento para que podamos conocerla mejor, ligando, como hace Lily Tuck, estadounidense con una infancia italiana, su vida con sus obras. Aunque Elsa Morante solía decir: “Si alguien quiere saber algo de mí, que lea mis libros”.

Nacida en Roma en 1912, empezó a escribir desde niña, y pese a que su mundo literario era entonces de corte fabuloso, y pronto se vería reflejado en su libro para niños Il gioco secreto (1941), bien podría haber tomado sus temas de su entorno familiar: hija legal de un padre que no lo era, Augusto Morante, tratado siempre por su esposa, Irma Poggibonsi, con un soberano desprecio, fue adoptada sin papeles por una millonaria, encaprichada de su talento o de su fuerza.

Persuadida, pues, desde casi siempre, de su carácter especial, Elsa Morante decidió vivir, en consonancia, de una manera especial. Para ganar autonomía es posible que ejerciera la prostitución y es sabido que sus primeros años con Alberto Moravia no fueron fáciles, por la escasez de dinero y por la 2ª Guerra Mundial, que pasaron ocultos en un pequeño pueblo: “no tenían ni plumas ni papel; los únicos libros que habían llevado eran La Biblia y Los hermanos Karamazov (acabaron utilizando las páginas de este último como papel higiénico)”.

Consiguió reconvertir esos momentos duros, y otros más dolorosos, como su infertilidad, en energía: la que necesitaba para escribir sus ficciones, que también deseaba, claro, que fueran especiales. Tanto, al menos, como sus relaciones sentimentales: a menudo, quizá desde siempre, porque Moravia no era dado a las efusiones sexuales, se enamoró más de hijos que de amantes. Y, al menos en una ocasión, de un padre, su agente, Eric Linder. El biógrafo de Linder, Dario Biagi, cuenta que cuando Elsa Morante se enteró de la muerte del agente, en 1983, intentó suicidarse... aunque Lily Tuck aporta otra versión.

Esos vínculos tan fuertes estaban basados en una fidelidad extrema. Biagi cuenta que Moravia estaba tan intrigado con lo que escribía su mujer, que se presentó en la oficina de Linder para preguntarle, ya que ella no le contaba nada; Linder, como un médico con su paciente, se negó a contestarle.

Tras separarse de Moravia y cuando ya era una escritora internacionalmente reconocida, sobre todo tras la publicación de La historia en 1974, Elsa Morante se refugió en su casa y abandonó su vida expansiva... una decisión que se explica con una imagen: pasó a mostrar su pelo completamente blanco.

No dejó de escribir en los últimos años, y ahí está su novela Araceli, de 1982, para demostrarlo, pero fueron especialmente difíciles y estuvieron marcados por la enfermedad: operaciones, largas estancias en el hospital, problemas financieros... Sus cenizas, como cuenta Lily Tuck, fueron robadas por sus amigos y esparcidas, en una noche de viento de 1986, seis meses después de su muerte, en la bahía de Nápoles.

 

LA TIERRA MÍTICA

ANTONIO GARRIDO

Viajes y crónicas de China en los Siglos de Oro
Bernardino de Escalante, Juan González Mendoza y Fernán Méndez Pinto
Almuzara
Precio: 55 €
Páginas: 1.375
Se ha definido el ser humano, entre otras cualidades y potencias, como un explorador de sensaciones y lugares, como un curioso permanente; con seguridad, la afirmación no es aplicable a todos los casos pero es verdadera en general. Conocer, indagar, cambiar de horizontes, algo que hoy se puede hacer desde la cómoda mediocridad del sillón pero que nunca superará la realidad de lo vivido. Este afán tiene su origen en motivos muy diversos: los económicos, los ideológicos, los políticos, los culturales, los simplemente personales, elija cada cual lo que mejor convenga pero todos coinciden en la palabra viaje, esa palabra que nos llena la cabeza de posibilidades y de promesas, una esperanza de otra vida aunque como dijo Quevedo, cambiando de lugar no se cambia de condición.Cada entrega de la Biblioteca de Literatura Universal es un placer en continente y contenido, se trata de una empresa de empeño que se va consolidando en cada volumen, buen ejemplo de lo dicho es Viajes y crónicas de China en los Siglos de Oro que reúne las obras de Bernardino de Escalante, Juan González de Mendoza y Fernán Méndez Pinto. Hasta los viajes del XVI China concentró el mayor interés del imaginario occidental hasta el extremo de que podemos hablar de una tierra mítica en la que se encontrarían todas las riquezas, la fuente de la eterna juventud y, en definitiva, la felicidad y la abundancia. Este imaginario se rastrea en la vertiente culta y también en la popular y conforma un universo de representación de primer orden. Se trata de la creación de la imagen del “otro” a través de las obras de portugueses y de españoles; los segundos, traductores y difusores de los primeros, en una línea de tradición textual que se repetiría con otros autores. El punto de partida es mítico, en Oriente estaba el Paraíso, la Biblia no era discutida y el mundo clásico mantuvo la misma visión. Baste recordar las minas del rey Salomón, la supuesta carta de Alejandro Magno y los mitos del Preste Juan y del apóstol Santo Tomás. El antes y el después del conocimiento de Oriente vino marcado por Il Milione o Libro de Marco Polo, hacia 1299.El “Discurso” de Escalante tuvo una gran importancia en la difusión de la imagen de China que se presenta como un reino de tierras fértiles y gentes laboriosas – es constante la crítica a la ociosidad frente al espíritu trabajador de los chinos – con ciudades limpias y un sistema legal avanzado aunque ya aparecen la crueldad y las torturas, junto con la dureza de las prisiones, como una constante que llega hasta nuestros días.

La “Historia de las cosas más notables…” de Juan González de Mendoza obtuvo un enorme éxito, cuarenta y cinco reediciones y siete traducciones. La escribió por encargo de Gregorio XIII, coincidiendo con una embajada de China que llegó a Roma. En la obra se describen las costumbres, tan distintas, la organización administrativa, todo con un tono positivo que elude cualquier tema escabroso como la lujuria proverbial de los eunucos de la corte.

La “Peregrinación” de Méndez Pinto se ha definido como un “libro de las maravillas” pues lo es de viajes, de novela de aventuras, de descripciones, en suma, un texto apasionante con el yo del autor reinando sobre todo lo que narra. Méndez viajó veintiún años por Oriente y vivió como esclavo, médico, misionero y muchas más cosas. La tercera parte del texto se dedica a China. Las ciudades, los monumentos, las costumbres, todo dentro de una trama novelesca que arrastra al lector.

En resumen, un libro que no defrauda, un libro de libros sobre un mundo que sigue guardando muchos secretos.

 

KUNDERA MIRA, ESCUCHA Y RECUERDA

IÑAKI ESTEBAN

Un encuentro
Milan Kundera
Tusquets
Precio: 15 €
Páginas: 214

Milan Kundera es de unos de esos escritores celosos de que nadie confunda su vida con su obra, aun cuando dé la impresión de que en sus novelas y ensayos no deja de hablar de sí mismo. Es verdad que de todos los autores podría decirse algo similar, ya que, salvo contadas excepciones, la experiencia es la materia prima de la literatura, comoquiera que luego se transforme. Pero aun así hay escritores más o menos dados a la exposición de sus hechos, públicos y privados, y desde luego Kundera no es de los más discretos: si uno coloca en dos montones separados las hojas de su biografía y las de sus novelas verá enseguida las numerosas relaciones entre ambas. La última obra del checo que ha salido en español, Un encuentro, confirma estas apreciaciones. En él descubre la riqueza de sus gustos literarios, centroeuropeos y franceses, el peso de haber vivido en un país asfixiado por una dictadura comunista, su posterior exilio en París. Kundera advierte que en el libro tratará de sus recuerdos y de “sus viejas querencias”, Rabelais, Janacek, Fellini, Malaparte.

En el artículo que da entrada a este volumen, traducido por Beatriz de Moura, reflexiona sobre la pintura de Francis Bacon, sobre su materialidad trágica, los cuerpos retorcidos, las caras fuera de sí, heridas que revelan el sufrimiento de la condición humana. En  las páginas siguientes aborda la inquietante pregunta de si es posible separar el comportamiento del ser humano de su correspondiente puesta en escena, de carácter teatral. Según Céline, al que Kundera cita con entusiasmo, también en el lecho de muerte el hombre actúa, consciente de la escenografía y del público que le rodea. Por su apoyo a los nazis, al autor francés estuvo relegado a la oscuridad, condenado a vivir sin las luces del escenario y sin nadie que le aplaudiera o abucheara y, aun así, vio la “la vanidad no como un vicio, sino como un atributo consustancial al hombre, que jamás lo abandona, ni siquiera en el momento de la agonía”.

Kundera va perfilando a medida que avanza en su libro una suerte de antropología, compuesta por la inevitable corrupción de la carne y por el sentido escénico de la existencia. En el autor de La insoportable levedad del ser no podía faltar, claro está, el sexo. Si en él todavía perduran el donjuanismo y “los fastos” o las escenificaciones de la pulsión sexual, en la obra de Philip Roth, el escritor ante el que se compara, el sexo es materia corriente, “una situación dada, adquirida, colectiva, trivial, inevitable, codificada: ni dramática, ni trágica ni lírica”. En un momento del libro, el checo se para a pensar sobre qué significa eso de tener filias y fobias en la literatura, y qué consecuencias tiene. A él, por ejemplo, le gusta Anatole France, pero a los propios franceses, no tanto. Poco después de llegar a París, a finales de la década de los setenta, se reúne con Emile Cioran y le habla de ese autor, que ya para el año de su muerte, 1924, se había ganado unas tremendas palizas de los surrealistas. De aquel encuentro con el filósofo rumano recuerda: “Se inclinó hacia mí para susurrarme con risa de pillo: ‘Jamás pronuncie aquí ese nombre en voz alta, porque todo el mundo se burlará de usted’”. Eran tiempos de extremo intelectualismo en Francia, que él combatió reivindicando el carnaval de Rabelais, la parodia, la pluralidad coral de las voces populares. No es que él llevara estas reivindicaciones tal cual a su escritura, pero sí subrayó, en sintonía con su formación de músico, la delicadeza sonora de sus obras.

 

 

LECTURAS CÓMIC

 

SNOOPY SOMOS TODOS

HÉCTOR MÁRQUEZ

Snoopy y Carlitos (1963-64). Vol. 7
Charles M. Schulz
Planeta DeAgostini
Precio: 14,95 €
Páginas: 330
Antes de nada: Schulz no tiene la culpa de que las pijas españolas se dedicaran desde los años ochenta a jurar por Snoopy en vano, del mismo modo que Korda es culpable de que la foto del Che se haya convertido en un logo suntuario vacío de contenido. Eso, lo único que demuestra es la identificación de una clase social con un perrito vago e ingenioso que se tiró 50 años ideando cómo estar por encima de los problemas ajenos sin dar un palo al agua. Al margen, claro está, de celebrar el poder icónico de un personaje creado por el historietista Charles Schulz (1922-2000) que hizo del menos es más expresivo una auténtica obra de arte con su serie Peanuts: un nombre impuesto que siempre detestó el creador del depresivo Charlie Brown. Las tiras de prensa de Carlitos y Snoopy son y serán uno de los mejores intentos de reflejar las paradojas de la existencia y la multiplicidad del ser humano a base de microhistorias contadas en cuatro viñetas. Concebida para ser publicadas en periódicos diariamente, Peanuts fue una serie que aguantó interrumpidamente en las cabeceras de miles de periódicos durante 50 años. A Schulz, hombre de enorme inteligencia y cambiante humor, le apodó un tío suyo nada más nacer Sparky, nombre del inútil caballo de carreras de una popular tira cómica de los años 20. Y así fue que uno de los mayores creadores de la historia del cómic fue dibujo antes de tener capacidad para dibujarse él mismo. Así, no es de extrañar que se aficionara al cómic, aprendiera a dibujar por correspondencia y terminara siendo uno de los grandes evangelistas del género, quizás el que más ha influido en posteriores creadores: Mafalda, Gardfield o Liberty Meadows no son concebibles sin las historias de aquel chaval que jamás logró formar un equipo de béisbol decente con sus pandilla de amigos.

La oportunidad que desde hace unos años ofrece Planeta DeAgostini de revisar en tomos, año a año, la evolución del grupo de personajes de Carlitos dentro de su Biblioteca de Grandes del cómic –donde se están editando otras obras maestras como el Krazy Kat de Herriman o El Príncipe Valiente de Harold Foster– no sólo es una gran noticia para el aficionado, sino la oportunidad para el aún reticente de admirar en estupendas ediciones trabajos que nacieron en formatos desechables. En los ocho volúmenes editados hasta ahora hemos visto cómo Schulz fue afilando su lápiz hasta lograr que simples monigotes se convirtieran en un tratado de psicología humana. El pusilánime Linus, la despótica y egocéntrica Lucy, el músico ensimismado Schroeder, la libertaria Peppermint Patty, el acomplejado y depresivo Carlitos –caricatura del propio Schulz– y el super-alterego del autor, Snoopy fueron, año a año, en parábolas de sutil humor, construyendo un friso impagable del absurdo de los comportamientos del mundo adulto. En Carlitos no hay adultos. Nosotros somos los Peanuts. Tengas diez u ochenta años, que verás tu rostro en cualquiera de ellos. Siempre nos lamentaremos de la atención no recibida como hace el niño de cabeza de luna que cree que nada le sale bien. Y seremos crueles alguna vez con los débiles como hace la envidiosa Lucy. Siempre tendremos que aferrarnos a algo imaginario que nos dé fuerzas, tal y como hace Linus con su manta cochambrosa. Y siempre añoraremos ser ése tipo ingenioso, capaz de reírse de sí y de todos sin rencor, mirando al mundo pasar sobre el tejado de su casa, preocupado tan sólo de que el alimento le llegue en el momento necesario sin tener que trabajar para ello. Sí, estamos hablando de un perro, como Diógenes. Es Snoopy. Te lo juro.

 

 

LECTURAS POESÍA

 

EL GRITO DE LA NATURALEZA

ARRATE SANMARTÍN

A desaparición da neve / La desaparició de la neu / Elurraren urtzea / La desaparición de la nieve
Manuel Rivas
Alfaguara
Precio: 19,50 €
Páginas: 280
Hay veces en las que el título es lo último que escribe el autor y otras en las que, al contrario, las palabras que darán nombre al título son el resorte, la chispa que pone en marcha el libro que se ha de escribir. Este es el caso de La Desaparición de la nieve del escritor gallego, Manuel Rivas (Alfaguara). Un poemario que surge como la manifestación más dolorosa y descarnada de la naturaleza herida, como si fuese el grito del cuadro de Munch. De ahí que los poemas los escriba el poeta y narrador gallego sobre ese manto blanco, sobre un paisaje melancólico que va mudando con todo lo que encuentra bajo la nieve. Cuarenta poemas, escritos en gallego, euskera, catalán y castellano, que amasan otras historias: la historia del lenguaje, la historia del cuerpo y la historia de la naturaleza. Por que la naturaleza hoy en día es incompatible, como asegura el poeta, con una visión meramente contemplativa y lírica. Rivas cree que existe un rumor de fondo y de destrucción al que no podemos ser ajenos. Por eso él nos habla del lenguaje ecológico de la poesía, de las palabras luchando contra la contaminación, contra la pérdida del sentido, resistiendo la frustración a la que son sometidas, y prefiere pensar en la poesía como una convulsión permanente, y en el poeta como en una voz que tiene que ser esponja de todas las memorias, de todas las palabras, pero que tampoco puede ser una voz subalterna, sometida al imperio de las voces poderosas que pretenden protagonizar la Historia. El poeta cuando escribe –dice Rivas– nunca va por autopistas, siempre lo hace por caminos secundarios. 

Quizá Manuel Rivas es más conocido como narrador que como poeta, aunque él no cree que haya grandes diferencias entre géneros a la hora de escribir. El autor de libros como ¿Qué me quieres, amor?, Premio Nacional de Narrativa, El lápiz del carpintero, Premio de la crítica, El periodismo es un cuento y La mano del emigrante entre otros, ha publicado la antología Mohicana revisitada y el volumen El pueblo de la noche. En su caso al menos, el proceso de creación –dice– es muy similar: es cuestión de ponerse a andar. Y en ese caminar simultaneo que entiende como el de Charlot en El Vagabundo, con un pie en la casualidad que avanza hacia lo desconocido; y el otro en la causalidad, donde se desatan numerosas conexiones y  asociaciones entre imágenes y  palabras que como “caravanas llevan en potencia multitud de colores, sensaciones y  olores”. Ese espacio sería una boca  o un pozo, lo que los surrealistas llamaban –nos recuerda el escritor– el lugar de los antónimos, donde conviven la luz y la sombra, la pérdida y el afecto, la ilusión y la desesperación. La paradoja en todos los sentidos que tanto le interesa... Y esa es también la boca de la literatura. Así lo vemos en “La enigmática organización”, uno de los poemas de La desaparición de la nieve: 

“Existe la boca de la literatura, / la loca que habla sola / como una medusa. / Existe la boca del pozo que emjambra, / pulposa, mal hablada, / protegiendo los suyos”.

También encontramos poemas suyos inéditos en la novela, Los libros arden mal, Premio de la crítica 2007. Aquí los versos aparecen camuflados entre los originales que acumula un censor que fascinado, acaba apropiándose de ellos. Un poemario, “Min  Desamparou”, ese es su título, que nos habla de lo extraño, de los misterios...De esos fragmentos literarios, con los que Manuel Rivas, en visión de Alberto Manguel, el autor de Historia de la lectura, “reconstruye el mundo para nosotros.”

 

AMOR MÁS ALLÁ DEL OLVIDO

JAVIER LOSTALÉ

Del amor, del olvido
Darío Jaramillo
Pre-Textos
Precio: 10 €
Páginas: 108
Colombia ha sabido siempre curar las heridas de la violencia con su pasión por la poesía, que ha llenado estadios y ha resonado en multitud de corazones. Nuestra lengua , una y distinta en la vasta geografía española e hispanoamericana, tiene en este país un alto voltaje en el ámbito de la creación poética con nombres como José Asunción Silva, Guillermo Valencia, Porfirio Barba Jacob, León Greiff, Aurelio Arturo, Eduardo Carranza, Alvaro Mutis, Giovanni Quessep, Juan Manuel Roca y Piedad Bonnet, por citar sólo algunos ejemplos, a los que debemos añadir el autor en que fijamos ahora nuestra atención: Darío Jaramillo. Nacido en Santa Rosa de Osos(Antioquia) en 1947, Jaramillo es autor de siete libros de poemas, seis novelas y un imprescindible ensayo, La poesía en la canción popular latinoamericana, volúmenes publicados en su práctica totalidad por la editorial Pre- Textos dentro de su mirada americana. Prosa y poesía están fecundadas en el conjunto de su obra por el mismo impulso lírico, y su único tema, en opinión del nuevo Premio Cervantes José Emilio Pacheco, “es la vida entera, entendiendo por ella tanto lo sucedido como lo leído y escuchado. Vida pendiente de un hilo, pero en la que un milagro puede suceder en cualquier momento”. En ella –pensamos– el núcleo vivificante es el amor, “sin adjetivos” como diría Sergio Pitol, que modula desde su plenitud la memoria, el paso del tiempo, la ausencia, la fusión de los amantes, el deseo,el olvido… Los poemas lo manifiestan con tan transparente intensidad y tal ejercicio de libertad que en todo instante el lector no hace sino celebrar la existencia.

La antología temática Del Amor, Del Olvido constata lo que decimos a partir de una selección de textos procedentes de los libros Poemas de amor, Del ojo a la lengua, Tratado de retórica, Cartas cruzadas, Cantar por cantar y Cuadernos de música, a los que se suman algunos inéditos. Darío Jaramillo cruza en este poemario las estancias del amor con una sed de absoluto que presta la misma tensión de presencia a lo posible y a lo imposible “(…) Ola frágil, bajo mi cuerpo ardiente tu cuerpo mío se calcina/en un delirio de luz/y entonces somos una sola sustancia(…) La vida está hecha de amores imposibles,/de ilusiones encontradas que ayudan a curar/las ilusiones perdidas./En un hotel de una ciudad desconocida/un aroma te rescata, / amor imposible de otro hotel remoto/que me acompaña aquí y ahora,/amor imposible convertido en perfume”. Y el olvido es un largo embarazo que comienza al término del amor, pues no deja de concebir su propio ser latiente cuya respiración escuchamos. Versos memorables, inéditos hasta ahora, pertenecientes a “Coplas para olvidarte mejor” refrendan lo que decimos “(…) Eres una sombra/ que ya no tiene voz/pero yo estoy oyéndote/como a mi corazón(…)Si quererte fue vivir/si con amarte yo era,/te olvidaré cuando muera/ y olvidarte es ya morir”. Hay en Del Amor, Del Olvido una distinta medida del tiempo, porque en la soledad de la espera ya está amaneciendo la amada; una metafísica sensorial, al ser el tacto fuente de conocimiento; un erotismo engendrador: “Mi único pie se estruja entre tus pies que lo aprisionan/tiernos./Luego acaricias el muñón y siento la caricia más abajo./Estoy amputado y me acaricias entero,/resucitas mi pie en clave de dicha,/de danza (…)” El amor como deslimitación, poblado también por el pulso abierto de lo invisible, y el olvido con la transpiración de su biografía enterrada, no dejan en esta antología de actuar sobre el lector con una íntima rotación estelar. Intenso, musical, hermoso es este libro, tan necesario como el sueño de un encuentro.

 

EL SUEÑO DE COLERIDGE

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Kubla Khan y otros poemas. Antología bilingüe
Samuel T. Coleridge
Alianza
Precio: 8 €
Páginas: 232

La benemérita serie “El libro de bolsillo” de Alianza Editorial se enriquece con un soberbio florilegio bilingüe de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) a cargo de Arturo Agüero Herranz, de quien ya conocíamos meritorias traducciones de Lafcadio Hearn y Joseph Conrad en la misma colección. En poco más de doscientas páginas, Agüero traza en un suculento prólogo las principales líneas biográficas del poeta inglés; presenta una antología muy completa y muy bien escogida de su producción poética, regalándonos una versión castellana muy cuidada y elegante de las piezas seleccionadas, y ofrece, al final del tomito, unas notas de imprescindible consulta para hacer aún más provechosa una lectura de por sí memorable.

El título del libro me parece también muy acertado, pues otorga un merecidísimo protagonismo al poema Kubla Khan, sobre cuya gestación onírica ha escrito Borges frases como éstas: “El fragmento lírico Kubla Khan (cincuenta y tantos versos rimados e irregulares, de prosodia exquisita) fue soñado por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, en uno de los días del verano de 1797. Coleridge escribe que se había retirado a una granja en el confín de Exmoor; una indisposición lo obligó a tomar un hipnótico; el sueño lo venció momentos después de la lectura de un pasaje de La peregrinación de Purchas que refiere las edificaciones del palacio de Kubla Khan, el emperador cuya fama occidental labró Marco Polo. En el sueño de Coleridge, el texto casualmente leído procedió a germinar y a multiplicarse; el hombre que dormía intuyó una serie de imágenes visuales y, simplemente, de palabras que las manifestaban; al cabo de unas horas se despertó, con la certidumbre de haber compuesto, o recibido, un poema de unos trescientos versos. Los recordaba con singular claridad y pudo transcribir el fragmento que perdura en sus obras. Una visita inesperada lo interrumpió y le fue imposible después recordar el resto” (“El sueño de Coleridge”, en Otras inquisiciones, 1952).

El opio, del que usó y abusó Coleridge a lo largo de su vida, contribuyó, con toda seguridad, a su ensoñación creativa “en los confines de Exmoor que se reparten Somerset y Devonshire”, pero lo cierto es que con la visión de Kubla Khan que tuvo Coleridge en su sueño opiáceo estaba inaugurando una costumbre muy generalizada entre los poetas a partir de entonces: inspirarse en los sueños y tener siempre una libreta a mano, en la mesilla de noche, para ir anotando los versos que nos deparen nuestras excursiones oníricas por la mente y, en ocasiones, por el más allá de la razón y del sentido, donde habitan los monstruos de los que hablaba Goya en el número 43 de sus Caprichos.

Junto a Kubla Khan, no falta en la selección de Arturo Agüero The Rime of the Ancient Mariner (que aquí se traduce como La rima del anciano marinero yo creo que por primera vez), ese prodigio épico-lírico en siete partes que ha disfrutado de ilustradores tan extraordinarios como Gustave Doré, Sir Joseph Noel Paton, Willy Pogány o Mervyn Peake. Ni la fantasía gótica Christabel, que compusiera Coleridge en la época feliz en que los Wedgwood, célebres ceramistas, pasaban al poeta un dinero anual para que pudiera escribir todo el tiempo. Ni Dejection: An Ode (Abatimiento: una oda), inspirada por Sara Hutchinson, cuñada de Wordsworth, de quien se enamoró hacia 1802, lo que motivó su separación matrimonial, hacia 1806, de su esposa, otra Sara, Sara Fricker, con quien se había casado en 1795 y que le había dado tres hijos varones: Hartley David, Berkeley y Derwent. Una antología, la de Agüero, que nos ofrece al mejor Coleridge en versión original y en correctísima traducción española. ¿Hay quien dé más?

 

TIEMPO Y MEMORIA

IGNACIO ELGUERO

Las cenizas del nido
Ricardo Bellveser
Visor
Precio: 10 €
Páginas: 62
Bajo la máxima de Virgilio, en torno al paso del tiempo, se desarrolla el nuevo poemario  del poeta Ricardo Bellveser, gran conocedor de los clásicos grecolatinos, y que en su nuevo poemario Las cenizas del nido exprime el mito de tánatos, entendido este como tiempo y memoria. Porque si la muerte tiene su parte de materia, esa es precisamente la capacidad de convertir lo tangible en recuerdo. “En estas cajas de cartón que aquí veis, se encierra, precintada, la historia de mi infancia.” Con estos versos comienza Bellveser su caminar por la ausencia, el fin, el deterioro. La muerte de los padres, el cierre de la casa paterna, el final del vínculo paterno filial desgarra al poeta, que, a la manera de la tradición elegíaca  clásica, desgrana el poder de la pérdida y el valor de  la supervivencia como elemento poético.   Las cenizas del nido se divide  en dos partes. En la primera, Fugit Prima, el poeta recorre las estancias de la casa de los padres. Ahora, ausentes ellos, las paredes son  muros del pasado,  los pequeños objetos cotidianos, los hilos que tejen una vida que, en sus versos, adquieren la categoría de  memoria: ”Hasta el más olvidado clavo/ en la pared, isla de acero/ en el desierto de cemento, / tuvo sentido”  El poeta  repasa en sueños los objetos de la casa de sus padres,  el valor que a los mismos les otorga el recuerdo. Sin memoria, el objeto se somete al olvido. Y el olvido es precisamente la muerte real de la materia, por eso Bellveser  alienta la memoria como cofre de vida: “El olvido comienza su trabajo/ confundiendo los trabajos más simples.”  De esta forma comienza el poema “Olvido”, eje de esta obra que trata de darle sentido a la ceniza de la vida. De ahí, precisamente, que el poeta lo encabece con unos versos de Antonio Machado: “Muchas son las lagunas de mi memoria”. Evitar las lagunas de la memoria se convierte en objetivo frente a la pérdida.

Por tanto, en esta primera parte del libro, todo es  búsqueda del origen ; un origen que nace del lecho paterno, del acto amoroso, del encuentro y que va más allá de una simple habitación, una foto, un traje, unos zapatos, un aroma. Hay algo más allá de todo esto, parece decirnos el poeta. Hay más frente al olvido. Hay memoria: “El hombre no es la medida/ de las cosas, es quien/ nos da la medida.”

   Si en la primera parte del libro Ricardo Bellveser  trata de buscar la lógica a lo ilógico de la pérdida, en la segunda parte, “Fugit Secunda”, el poeta somete la realidad al deterioro. El tiempo es el causante final de toda fuga. Títulos como “Anciana en el museo” o “Última residencia” nos dan la dimensión del cansancio vital al que se someten los poemas, de una vida que acaba como un jardín de mármol. Si el tiempo es destrucción ¿cuál es el argumento de la obra?  Posiblemente no hay argumento sólido al que aferrarse, por eso, en el último poema de este libro: “Mensaje en la botella”, Bellveser  se muestra pesimista, no a  la manera heredada de la corriente del  neo existencialismo, sino como reinterpretación del mito, del concepto latino del “fugit”. De ahí que sea una cita del grupo musical Police, del que coge el título de uno de sus temas clásicos, para hablarnos de la desesperación final de la pérdida:”Rescue me befote I fall into despair”

Es posible que todo esté perdido, y que ya no tengan sentido los mensajes, las luces,  las botellas, pues todo acaba, de una forma u otra, perdido en  el vertedero: “Un mensaje es una botella flotando en la hez/de lo que en otro tiempo fue gloria y fama,/señalado por las luces de los escaparates./Lo que alguna vez fue el lujo de la vida/ ahora tan apenas agoniza en su olvido.” Las cenizas del nido de Ricardo Bellveser es un acertada transformación de la muerte como materia, el olvido como materia en verso puro, en palabra, en poema.