ENTREVISTA CON MATILDE ASENSI

"Intento ser muy fiel a la historia y donde hay poca o mala información doy peso a la ficción".

EDUARDO MOYANO

Matilde Asensi ha publicado nueve novelas y a raíz de Iacobus y sobre todo El último catón, del que vendió millón y medio de ejemplares, se ha convertido en una de los autoras de más éxito en España. Asensi sitúa su obra en el género de aventuras y cree que éste género, como la novela histórica o la novela negra, han contribuido de manera decisiva a que en nuestro país hayamos pasado en la última década de un exiguo diez por ciento de índice de lectores al cincuenta y cuatro por ciento que hay en la actualidad. Su nueva novela, Venganza en Sevilla (Planeta), segunda entrega de la trilogía que inició en 2007 con Tierra firme, narra las aventuras de Catalina Solís que para sobrevivir en una sociedad, como fue la del Siglo de Oro se hace pasar por un hombre, Martín Nevares, hijo de un comerciante del Nuevo Mundo. Venganza en Sevilla es también un retrato de la vida en la capital andaluza cuando, en los inicios del siglo XVII, era el centro del mundo al que arribaban naves repletas de riqueza.

Siempre ha comentado que durante su trabajo de investigación le gusta encontrar los resquicios que deja la Historia ¿Ocurre lo mismo con Venganza en Sevilla?
Yo siempre intento ser muy fiel a la Historia y llevar adelante un trabajo exhaustivo de investigación sobre el tema que voy a tratar. Una vez que tengo todo lo necesario aprovecho esos huecos, poco documentados, donde puedo hacer volar mi imaginación y crear. Donde hay poca o mala información doy peso a la ficción; lo demás va más a tono con la realidad, como fue el caso de la enorme pobreza del pueblo español, durante el Siglo de Oro.

Como apreciamos leyendo las páginas de su libro, las riquezas procedentes de América iban a parar manos de la Corona y la Iglesia, mientras el pueblo llano se moría de hambre…
Este punto lo quería destacar. Cuando trabajé la documentación, que es algo que realmente me apasiona cuando me planteo una novela, pude constatar que nos habíamos llevado enormes riquezas de América, y que las críticas que hacen los latinoamericanos sobre la conquista están justificadas. Esas riquezas eran utilizadas por la Corona para sus guerras o por la Iglesia para sus retablos. Todavía hoy, tenemos una especie de culpabilidad sobre aquel expolio cuando en realidad, la gente de este país no vio ni un ducado de aquel oro. Ese dinero lo robó la Corona y la Iglesia que, en aquellos años, dominaba completamente la sociedad española, con un control absoluto y total, si tenemos en cuenta, que acababa de nacer la Inquisición, con toda su crueldad y su sadismo.

¿Y por este motivo ha elegido Sevilla como una protagonista más de su historia?
Mi objetivo era escribir sobre la piratería real durante los siglos XVI y XVII. Para ello estaba obligada a constatar cuál era el centro del mundo en aquella época. Sevilla era ese centro. A su puerto llegaba toda la riqueza y esta circunstancia atraía a comerciantes de todo el mundo. Realmente he disfrutado muchísimo cuando he estado en la Torre del Oro, cerca del Arenal y he imaginado todos esos galeones cargados de tesoros llegando al puerto o he constatado que la Torre de la Plata, todavía existe, pero ahora está en un parking. Este hecho y otros similares, te indignan y procuro incluir este tipo de cosas en mis libros a ver si alguien decide hacer algo para solucionar estos desaguisados.

El personaje de Catalina tiene que desdoblarse en hombre, Martín, para poder realizar todas las actividades que estaban vedadas a las mujeres. En su novela también hay una reivindicación del papel de la mujer en aquella época.
Su situación era similar a la que tienen hoy en el mundo musulmán. Hubo mujeres capaces de saltar ese muro altísimo, que les imponía la sociedad, la cultura y la religión y pudieron salir de su casa y respirar el aire de la calle. ¿Y cómo lo hicieron? Pues disfrazándose de hombres. Lo puedes ver en el teatro de Lope, por ejemplo, pero no porque se lo inventara, sino porque era verdad. Yo estaba empecinada en que fuera una mujer la protagonista de mi historia, y siempre digo que a mí la Historia me lo da todo. En cuanto encontré el lugar común de la mujer vestida de hombre dije, ya está, ya ya tengo a mi protagonista.

Catalina es la protagonista central pero aparecen otras mujeres que se codean tanto con la nobleza como con la prostitución.
De hecho fue uno de los pilares de la vida cotidiana en la ciudad durante el Siglo de Oro. Era absolutamente legal hasta el punto de que las prostitutas tenían licencia y los médicos del Cabildo pasaban a reconocerlas para que no tuvieran enfermedades .En la novela me sitúo en el Compás de la Laguna, un recinto cerrado, muy cerquita del Arenal, donde se ejercía la prostitución. Era la época en la que comienza la represión brutal de la Iglesia que quiere controlarlo todo. Por supuesto busca destruir el Compás de la Laguna, por considerarlo un lugar de pecado. Hubo, un jesuita, el padre León que fundó una especie de cofradía, con gente bien, que se dedicaban a atacar a los clientes o a sermonear a las prostitutas amenazándolas con el infierno

¿No parece que hayan cambiado mucho las cosas si hablamos de corrupción o de compra de favores si nos situamos en nuestros días?
Somos los mismos que nuestros antepasados. Llevamos otras ropas, pero nuestro sentido del humor es el mismo, nuestra forma de ver la vida es la misma y también nuestros planteamientos. Creo que ha habido una gran evolución en lo que se refiere a los derechos humanos pero este mundo, y no sólo España, sigue siendo el de la picaresca.

No falta el pícaro en Venganza en Sevilla. Me refiero al personaje de Alonsillo.
Es verdad. Alonsillo, que acudía al puerto con su cesta de esparto para conseguir unas monedas para descargar los barcos o llevar la compra a las grandes señoras, representa a uno de los muchos pícaros de la época. Creo, no obstante, que el personaje clave que incorporo en esta segunda parte de la trilogía es el padre de Alonsillo, un franciscano que todavía no había asumido la decisión del Concilio de Trento, de prohibir casarse a los curas. Aquello ocurrió en 1564 y había transcurrido relativamente poco tiempo para que todos los religiosos aceptasen la obligación del celibato. En 1600, aunque no se casaban, seguían teniendo relaciones con mujeres y eran padres de muchos hijos. Era el caso del padre de Alonsillo, un personaje que me encantó porque además representa una cierta forma de libertad frente a la Inquisición.

Otro de los retos a los que se enfrentó, cuando decidió escribir esta trilogía, fue el lenguaje que debía utilizar.
Bueno ahí ha estado un poco el peligro, porque te puedes pasar y cuesta entender el lenguaje de la época. Yo he buscado un término medio, una adaptación suave de aquel lenguaje del Siglo de Oro, aunque no he podido dejar de lado muchas palabras que todavía siguen empleándose en América o expresiones como “no me pongas la mano en la horcajadura”,¿verdad que es preciosa?. Ahí, en esos aspectos, me he dejado llevar por la belleza de nuestro castellano.

¿Matilde Asensi escribe sobre aquello que la atrapa?
Siempre me dejo llevar por la pasión. Es lo que me gusta de mi trabajo. Me hace libre. Soy una privilegiada porque puedo dedicarme a lo que me gusta de verdad. Ahora está siendo el tema del Caribe, de América, de Sevilla, de las clases sociales; pero antes fueron los incas, el camino de Santiago, los templarios. Si algo te apasiona, en cualquier faceta de la vida, te tiras de cabeza.