ANTONY BEEVOR

"La guerra cambia la sociedad y la marcha del mundo más que cualquier otra circunstancia"

Entrevista de TOMÁS VAL

Ha habido batallas famosas como la de Salamina, Waterloo, Termópilas, Maratón o Stalingrado. Batallas que modificaron el rumbo de la Historia y hasta quizás el destino del ser humano, pero pocas han alcanzado un lugar tan importante en el imaginario del siglo XX como la de Normandía, el desembarco de las fuerzas aliadas en la Bretaña francesa el 6 de junio de 1944 y que supuso un giro considerable en la marcha de la II Guerra Mundial. A esa mitificación ha contribuido, en gran medida, el cine, con películas como El día más largo y Salvar al soldado Ryan.

Antony Beevor, el historiador que con Stalingrado, Berlín, La Caída 1945 o su monumental La Guerra Civil Española, ha conseguido acercar esos grandes acontecimientos al gran público, presenta El día D. La batalla de Normandía, un minucioso estudio sobre esa batalla que sirve para desmitificarla y que nos presenta, con apabullante eficacia, el miedo, la muerte, el sacrificio, el dolor y la desolación que padecieron sus protagonistas.

Usted no sólo se ha ocupado de la II Guerra Mundial, sino que también se ha interesado por España y escribió La Guerra Civil Española en 2005. ¿Qué lleva a un historiador a convertirse en hispanista?
España ha interesado mucho a los historiadores del siglo XX, sobre todo a raíz de la II República y, claro, desde la Guerra Civil. Esa historia encarna muchos ideales románticos, trágicos y tampoco hay que olvidar que la Guerra Civil fue, en muchos aspectos, un campo de ensayo para la II Guerra Mundial, tanto en el aspecto propagandístico como en el militar.

¿Cómo ha cambiado, en los últimos años, la imagen que de España se tiene en el exterior?España es el país de Europa que más ha cambiado en los últimos treinta años, desde la muerte de Franco. Era un país atrasado, anclado en el pasado, y hoy es moderno y avanzado, aunque, desde mi punto de vista, se están cometiendo ciertos errores a la hora de revisar su historia.

¿Se está refiriendo a la Ley de Memoria Histórica?

Sí. Se está produciendo un debate estéril y hasta peligroso. Las cosas hay que hacerlas en su momento y a las heridas hay que quitarles el vendaje cuando todavía están tiernas para que se sequen adecuadamente.

¿Cuándo, desde su punto de vista, hubiera sido el momento adecuado? Algunos dicen que la transición democrática conllevaba un pacto de olvido.

Pero la Transición concluyó hace mucho y no es bueno estar dándole vueltas al pasado. Creo que un buen momento hubiese sido inmediatamente después del golpe de Estado de Tejero. Pero hacerlo ahora me parece un error.

Y ahora, que ya hemos perdido esos ingredientes trágicos que tanto interesaron a los hispanistas, ¿seguimos siendo interesantes?
Confiemos en que España pueda ser interesante sin que concurran esas tragedias.

Con respecto a su libro El día D, me pregunto si las guerras, las grandes batallas, son los acontecimientos capitales de las Historia de la Humanidad.
Sí, porque la guerra cambia a la sociedad y la marcha del mundo más que cualquier otra circunstancia. Resulta evidente, echando la vista atrás, que la guerra ha cambiado el mundo y también ha cambiado la guerra, hemos llegado al final de un periodo. Ese proceso empezó con la Guerra de Independencia americana y la Revolución francesa, con todos los civiles armados, y llegó a su cumbre con la guerra totalitaria, con la II Guerra Mundial, con la movilización total. Después de la Guerra fría, lo que hemos visto son ejércitos más pequeños y mucho más profesionales. Las guerras actuales son Estado contra Estado, lo que llamamos guerra asimétrica, que producen obvias paradojas como que en Iraq se pueda llegar a una rápida victoria militar y perder la paz muy rápidamente.

Con el paso del tiempo, esas batallas y guerras tienden a idealizarse. Quizás su libro sirva para desmitificar aquel episodio de la batalla de Normandía.
Pienso que ésa es la tarea de los historiadores, la desmitificación. La propaganda del Estado siempre busca la mitificación, lo mismo que la visión de Hollywood y es labor de los historiadores la de examinar fríamente los hechos tal y como ocurrieron.

¿Han sido los gobiernos norteamericanos y su industria cinematográfica la que más a contribuido a esa idealización?
Sí, y como ejemplo ahí están las películas El día más largo y Salvar al soldado Ryan.

Aquí, en Occidente, el principal mérito de la derrota del nazismo se le atribuye a EE.UU mucho más que la URSS.

Los rusos han mitificado sus victorias mucho más que cualquier otro pueblo. Para ellos, la victoria de 1945 es sagrada. Hasta hicieron una ley que criminalizaba a cualquiera que criticara al Ejército Rojo y su actuación en la II Guerra Mundial.

Esos nombres de generales que han pasado a la Historia casi como figuras heroícas –Patton, Montgomery, Bradley, Eisenhower…– a menudo, según cuenta en su libro, atendían más a su propia vanidad que otro tipo de intereses.
Montgomery era un gran soldado y desempeñó un papel fundamental en la guerra. Pero Monty –como se le llamaba cariñosamente– estaba enamorado de su propio mito y se comportaba como una auténtica prima donna. Tenía un complejo de inferioridad que le hacía creerse la reencarnación de Malborough o de Wellington. Poseía una enorme vanidad que le impedía aceptar que pudiera estar equivocado. El general Patton no era una persona agradable ni fácil de trato, pero fue un comandante perfecto para Normandía. Nadie hubiera sabido manejar una situación como aquella mejor que él. Todos aquellos generales tenían una personalidad difícil y Eisenhower tuvo el gran mérito de mantenerlos unidos en la empresa común.

Una de las novedades que aporta su estudio es la constatación del gran número de civiles franceses que murieron durante el desembarco.
Las democracias pueden llegar a matar muchos civiles durante las guerras para, así, al debilitar al enemigo con fuertes bombardeos, reducir la posibilidad de bajas propias. Antes del desembarco ya habían muerto más de 15.000 civiles franceses y muchos más murieron durante la batalla. En ese episodio y en el trato dado a los franceses hay que buscar el origen de las malas relaciones entre Francia y EE.UU e Inglaterra. El Día D murieron más franceses civiles que soldados británicos e estadounidenses. El bombardeo de la ciudad de Caen, que ocasionó un enorme número de víctimas, fue estúpido e inútil, miles de muertos y la total destrucción de la ciudad.

¿Se ejecutó a los prisioneros?

Sobre ese asunto es muy difícil obtener datos ciertos, todos los muertos quedan englobados bajo la denominación “bajas”.

Una de las páginas de su historia de la que Francia se muestra más orgullosa es la que hace referencia a la Resistencia, a la lucha de la guerrilla contra el nazismo invasor. ¿Fue tan importante ese papel?
Eisenhower, al preguntarle, dijo que mejor de lo esperado y menos de lo anunciado. Tuvieron una importancia enorme en el corte de las comunicaciones entre los alemanes. Sin embargo, Normandía no reunía muchas condiciones para la Resistencia y mucha gente era partidaria de Petain, muy conservadora. Sin embargo, sí que fueron generosos con los refugiados, sobre todo los pescadores, mucho más que los agricultores.