JOSEPH PÉREZ Y BARTOLOMÉ BENNASSAR DIAGNOSTICAN ESPAÑA
Los dos hispanistas franceses dialogan sobre la crisis económica, los nacionalismos y la memoria histórica.
REVISTA MERCURIO
Con lucidez y apasionamiento, los hispanistas Joseph Pérez y Bartolomé Bennassar mantuvieron una conversación con la revista Mercurio sobre distintos temas de actualidad (la crisis económica, los nacionalismos, la memoria histórica y las religiones) con motivo del homenaje al historiador Antonio Domínguez Ortiz, celebrado en Sevilla en octubre de 2009 y organizado por la Fundación José Manuel Lara.
CRISIS Y NACIONALISMO
Bartolomé Bennassar. Me preocupan un poco varios aspectos. Por una parte la evolución de las autonomías, que en su momento me pareció un hecho muy oportuno aunque no se constituyesen siguiendo el modelo francés de la igualdad, ha propiciado un exceso de fragmentación y de competencias que le quitan eficacia a lo que debería ser la acción del Estado. Lo digo sin ningún prejuicio de tipo político, pero en una época tan difícil por el desarrollo de la crisis este exceso impide que haya una contestación más eficaz para solucionar el grave desarrollo de la crisis en España. Hace poco en un congreso internacional de demografía en Saint-Denis, un geógrafo de Toulouse y yo coincidíamos en que se había exagerado la aceptación positiva del progreso de España y que, una vez más en su historia, se había producido un cortocircuito causado por dos graves problemas: el de una productividad insuficiente y el de un esfuerzo exiguo en el campo de la investigación. Por otra parte me preocupa el tema catalán.Joseph Pérez. Yo tampoco acabo de entender lo que está pasando con los catalanes que hasta hace poco se sentían españoles. Durante todo el siglo XVIII los catalanes se sentían orgullosos de lo que le pasaba a España y lo mismo ocurría con los españoles con respecto a Cataluña. O sea que la idea actual de que España se contrapone a Cataluña no tiene rigurosamente ningún sentido. Si nos remontamos a los orígenes de la historia de la península es evidente que existían unas tradiciones y una originalidad propia de tal o cual región, pero en el fondo todas se consideraban solidarias y parte de una misma comunidad cultural que era España. Recordemos también que en el siglo XVI escritores portugueses y valencianos como Camoes y Guillén de Castro escriben espontáneamente en castellano porque consideran que esta lengua se ha transformado en el español. Covarrubias fue el primero en verlo al redactar su diccionario de 1611. Quiero decir que ha existido una larga tradición que no era incompatible con las culturas regionales y que se ha abandonado recientemente. Esto supone un retroceso cultural y quizá también lo sea político. No hay que olvidar que los fundadores de los nacionalismos en el siglo XIX defendían el criterio de que la nacionalidad servía para reconstituir Estados con nacionalidades dispersas, como Italia o Alemania que habían formado una unidad y que por circunstancias históricas habían sido despedazadas. En cambio se oponían a que los nacionalismos sirviesen para desmembrar un Estado, a no ser que existiesen razones políticas más que suficientes y que no es el caso. Así que yo, que me defino como jacobino, considero que este prurito actual de los nacionalismos no es serio. Hace años me pidieron una conferencia sobre el humanismo en Castilla y León y respondí que cómo podía hacerlo sin tener en cuenta también lo que ocurre en la universidad de Alcalá o en Guadalajara. Desde que en 1978 se creó esta autonomía artificial se ha proyectado hacia el pasado una geografía, una sociología y una historia de Castilla y León que no tiene ningún sentido. Lo malo es que existen otras autonomías que pretenden y hacen lo mismo.Bartolomé Bennassar. La Constitución del 78 permitió una necesaria descentralización de la política y le ofreció a la gente la posibilidad de expresarse y de tener la impresión de que podían participar en sus asuntos. Esto explica que las autonomías han puesto el gobierno de las cosas corrientes más cerca y más al nivel de la población. Pero tal vez, como ha contado Joseph, hacer una historia del Humanismo de Castilla y León diferente al de Santander o de La Rioja, es una estupidez.
RELIGIÓN
Joseph Pérez. Lo que los Reyes Católicos no admitieron fue la diferencia de derechos. En aquella época había tres tipos de vasallos: una mayoría cristiana y las minorías representadas por los mudéjares y los judíos que se regían por leyes propias. Al terminar la Reconquista, los Reyes Católicos dejaron de consentir la tolerancia que existía y que no se basaba en el respeto, como muchos creían. Con esta medida España se adelantó cincuenta años a lo que harían otros estados modernos de Europa al darle facultades al príncipe para que decidiese la religión de sus súbditos. Felipe II lo dejó claro al decirle al embajador del Papa que él no sería soberano de herejes. El jaleo que se ha armado en Francia, desde finales de los años noventa, a propósito del velo islámico nos hace comprender retrospectivamente lo que ocurrió en la España de los Reyes Católicos. Es posible que en la Francia actual haya dos categorías de ciudadanos: unos que se rigen por las leyes mayoritarias y otros por las de su comunidad. Ya veremos cómo termina.
MEMORIA HISTÓRICA
Bartolomé Bennassar. La encuentro legítima porque durante decenios los hijos de los vencedores hicieron duelo, enfatizaron a sus muertos y sus hazañas, mientras que los vencidos no pudieron, sin olvidar que la propaganda diaria los hizo sentirse culpables. Un caso que lo explica es el de Julio Valdeón, cuyo padre fue un maestro republicano muerto en la guerra. Él me contó que durante muchos no habló de su padre por esa culpabilidad y que había tardado muchos años en expresarse sobre el tema. Otra cosa, que sería mala y que tendría nefastas consecuencias, es que la memoria histórica pusiera en tela de juicio la transición que fue un éxito y la única manera de proceder y permitir que los españoles de ambos bandos entendiesen que no todos piensan lo mismo pero que hay que respetarlo. Sería lastimoso que esta revisión de la guerra diese lugar a enfrenamientos. Sería un grave retroceso.Joseph Pérez. Estoy de acuerdo, aunque otra cosa es el papel que desempeñen los políticos en este asunto. Pero yo sólo hablo de la clase política francesa que es una colección de mediocres nombrados por el partido y que no están a disposición de un ideal político ni de un interés general. Estos personajes no hacen política, viven de ella.Carlos Martínez Shaw (presente en la conversación, también interviene). La memoria histórica es un intento de reequilibrar la escritura de la historia. Los que vencieron la escribieron en contra de los vencidos y era necesario que los vencidos pudieran hacer lo propio. Por esto es un acierto que además debe arrojar luz sobre la crueldad genocida de la postguerra, llena de acontecimientos horrorosos como los ocurridos por ejemplo en el Canal de los presos de Sevilla. Es necesario que se conozca y que se escriba porque sin esto no se entendería la historia de España.
Joseph Pérez (Laroque-d’Olmes, 1931) es autor, entre otros libros, de La España del siglo XVI, Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España, Crónica de la inquisición en España.
Bartolomé Bennassar (Nimes, 1929) es autor, entre otros libros, de Valladolid en 1752, La España del Siglo de Oro y Don Juan de Austria.



