EL TÉRMINO HISPANISMO

Los orígenes de la palabra, desde finales del siglo XVI hasta su aceptación académica en 1936.

CARLOS ALVAR*

No extraña que hispanista no llegue al Diccionario hasta la edición de 1914, mientras que hispanismo tardará aún dos décadas, hasta 1936, en ser admitida. Pero, además, hay realidades que van cambiando con el paso del tiempo, y así ocurre con las disciplinas científicas, cuyo comportamiento recuerda el de los seres vivos: nacen, crecen, se reproducen y mueren. En francés, hispaniste se atestigua desde 1933, mientras que en italiano ispanista se encuentra recogido a partir de 1942. Parece obvio que se trata de definir una actividad que empieza a ser objeto de atención científica en pleno siglo XX. No es que no existiera antes el interés por las lenguas, literaturas o cultura hispánicas: como ejemplo, bastará recordar en el ámbito de las lenguas románicas a César Oudin o a Lorenzo Franciosini. El primero de ellos, francés, escribió una Gramática del español (1597), llevó a cabo una traducción de Refranes y proverbios (1605), el Tesoro de las dos lenguas (1607) y la Silva curiosa de Julián Medrano (1608), en cuya traducción francesa añadió El curioso impertinente, que había sido publicado por Nicolas Baudouin como texto exento en el mismo año. Además, Oudin tradujo La Galatea de Cervantes (1611), aunque es más conocido como traductor de la Primera Parte del Quijote (1614). En cuanto a Lorenzo Franciosini, florentino, enseñó español en Siena y Pisa, y fue autor de un Vocabulario Español e Italiano e Italiano e Spagnolo (Roma, 1620) y una Gramática de las dos lenguas (Venecia, 1624), además de la traducción del Quijote, publicada en Venecia en 1622. Tanto Oudin, como Franciosini, deben ser considerados “hispanistas”, pero en su época nadie los hubiera llamado así.

En efecto, el Humanismo había puesto en circulación el término “latinista”, documentado en francés hacia 1460 y, recuperado por la Ilustración, en español desde 1739. El avance de los estudios de humanidades afectará también a las lenguas y culturas posteriores y, así, los romanistas, estudiosos de las lenguas románicas, se encuentran en francés y en italiano desde 1872 y en español desde 1880. Será a partir del momento en el que se vayan individualizando las lenguas y las literaturas occidentales (románicas o germánicas), cuando la terminología se irá haciendo más precisa y, en parte, más restrictiva. Pero esa individualización no se produce de forma simultánea en Europa y América; y no todas las lenguas, literaturas y culturas presentan un campo de estudio de características similares. Es lógico que el interés por España y lo hispánico se desarrolle de forma institucionalizada en Estados Unidos, Inglaterra, Francia o Alemania, debido a los respectivos sistemas universitarios, pero también debido al flujo de hispanohablantes que por razones políticas, económicas y geográficas buscaron refugio en esos países desde finales del siglo XIX: el Imperio español ya había dejado de existir; luego vendría la Guerra Civil y el franquismo. España estaba cerca y lejos, reunía el atractivo de lo exótico y el interés de lo próximo. Y, además, era un terreno poco explotado, pues los grandes estudiosos españoles de los últimos doscientos años apenas eran apenas un puñado. El interés por las “cosas” de España, como por las de Portugal, se inicia a remolque de los estudios de Filología Románica, una vez que se han asentado las bases en Francia e Italia, y la situación europea no permitió grandes avances hasta después de la II Guerra Mundial. A mediados del siglo XX apenas se sabía nada del andaluz, ni del judeoespañol, y mucho menos del español de América. Pero, por otra parte, el caso del español resultaba especialmente rico por su difusión; por su cultivo en países de América y África, además de España; por su pervivencia entre los judíos sefardíes... ¿Se puede hablar de lenguas, literaturas o cultura hispánicas?Son los hablantes quienes hacen y transforman la lengua. Las circunstancias de cada momento van alterando los contenidos de palabras viejas u obligan a crear nuevos términos. El “Hispanismo” y los “hispanistas” han sido un fruto de la segunda mitad del siglo XX, cuya semilla se plantó mucho tiempo antes; sería inútil pretender ahora que estos dos conceptos designen exactamente lo mismo que cuando se creó la Asociación Internacional de Hispanistas, en 1962.

Es evidente que medio siglo nos separa de aquel momento. Cincuenta años en los que el campo de interés se ha ido ampliando más allá de la Historia y de la Literatura de los Siglos de Oro, para alcanzar una dimensión inabarcable, que va desde los problemas socioculturales, al aprendizaje de la lengua, de la traducción a cuestiones relacionadas con las lenguas en contacto o a la lengua oral, de América a África, Asia o Europa, y otras muchas, sin olvidar todas las materias que tradicionalmente habían constituido nuestro campo de trabajo.

 

(*) Catedrático de Filología Románica y Presidente de la Asociación Internacional de Hispanistas.