LOS CAMINOS ABIERTOS POR GERALD BRENAN
Maestro de hispanistas, cambia el curso de las interpretaciones sobre la guerra civil a través de "El laberinto español" y es el primer investigador que descubre dónde fue fusilado García Lorca.
ANTONIO RAMOS ESPEJO*
Este hispanista, que creará escuela con su ejemplo, viaja a España al finalizar la Primera Guerra Mundial, un lugar en el que soñaba cuando se encontraba en los campos de batalla. En 1920, Gerald Brenan (Malta, 1894 – Alhaurín el Grande, Málaga, 1987) consigue realizar su sueño: se establece en Yegen (Alpujarra granadina), con dos mil libros, para iniciar su formación de autodidacta. Desea ser escritor, como los jóvenes de Bloomsbury, que ha conocido a través de su mejor amigo, Ralph Partridge. Sólo cuenta, hasta entonces, con estudios medios y una experiencia de autodisciplina física y mental, que ha ejercitado en sus escapadas de joven aventurero por Francia y otros países europeos.
Entre libros y paseos, el joven Don Geraldo, como le llaman sus vecinos, desea vivir en libertad. Aunque dispone de un pequeño presupuesto, es más de lo que podía imaginar para sentirse un potentado. A partir de este punto de apoyo logra convertirse en el hispanista que más caminos de investigación abre en la historia contemporánea de España. Cuando en 1952, después del impacto que supuso El laberinto español, se le propone para ocupar la cátedra de Estudios Hispánicos de Oxford, cuenta J. Pitt Rivers, que Don Gerald se espantó: “¡Yo catedrático! ¡Si no tengo ni el bachillerato! ¡Nunca he estado en una universidad, ni sé enseñar nada a nadie!”.
LOS EFECTOS DE "EL LABERINTO ESPAÑOL"
Tras su estancia en Yegen, Brenan vive en Churriana, población cercana a Málaga. Aquí le sorprende la guerra civil. “Por recomendación de Bertrand Russell, me habían nombrado corresponsal del Manchester Guardian”. Comienza así una aventura periodística que es clave para entender sus posteriores investigaciones. Tras esa breve experiencia, el periodista americano Jay Allen le pide que le cubra la corresponsalía de News Chronicle en Tánger. Y allá que se va Brenan; con tan mala fortuna que es engañado, como dice, por un doble espía, “un moro tuerto”. El inexperto corresponsal envía una crónica, alertando sobre una rebelión de los cabileños contra Franco dos meses después del golpe militar. El diario lo publica a toda plana (18 de septiembre de 1936), con el seudónimo de George Beaton. Al día siguiente se comprueba que se trata de un engaño. Brenan asume su responsabilidad y abandona ese periodismo de acción. No puede regresar a Málaga, por lo que prefiere volver a Londres, donde colabora en la BBC con la lectura de artículos de apoyo al bando republicano. Estas experiencias le hacen interesarse por las causas de la guerra fratricida que vive España. Éste es el origen y el punto de arranque de la labor investigadora que despliega a partir de sus estudios en la Biblioteca del Museo Británico.
Gerald Brenan, que había venido a España, influenciado por Richard Ford y George Borrow, logrará cambiar la interpretación de los viajeros románticos por sus propias conclusiones, con las que, como señala Tom Burns Marañón, crea una visión nueva de España. Una imagen diferente que precisamente se convertiría en el contrapunto de la Spain different que el franquismo quiso dar con la explotación de los tópicos. Jonathan Gathorne-Hardy señala la condición de Brenan como maestro de hispanistas: “…con The Spanish Labyrinth, impulsa de una manera muy directa toda una saga de historiadores anglosajones que pisarían las mismas huellas hispánicas que él dejó. Raymond Carr, Hugh Thomas, Paul Preston y, en cierto modo, Ian Gibson, harían exactamente eso”. (A estos nombres, aparte de otros muchos, hay que añadir también los de Gabriel Jackson, Ronald Fraser o Pitt Rivers).
Hugh Thomas reconoce que El laberinto español es un “libro genial que ilumina toda la historia española del siglo XX”. Thomas dice además que cuando visita España de vacaciones en el invierno de 1955 fue leyendo El laberinto español, “un libro brillante que para muchos ingleses ha servido de iniciación a la historia de la España moderna”. El mejor homenaje de Jackson, es reconocer el uso académico que él mismo ha hecho de la obra del maestro: 25 años enseñando El laberinto en sus clases. Ian Gibson también le expresa su reconocimiento: “…fue El laberinto español el libro que, más que ningún otro, me abrió los ojos a la realidad contemporánea de España”. El laberinto español, añade Pitt-Rivers, “no es un proyecto de libro de sabiduría, sino un libro escrito desde las entrañas”.
BUSCANDO A LORCA
Cuando Brenan, acompañado por Gamel, su esposa, vuelve a España en 1949 –su Laberinto, desde 1943 es un libro prohibido– con la intención de encontrar la verdad sobre la muerte de Federico García Lorca, poeta que admiraba y al que había conocido en Granada junto a Manuel de Falla, inicia un viaje semiclandestino, cuyo resultado será La faz de España. La investigación sobre el poeta de Fuente Vaqueros está recogida en el capítulo “Granada”, en el desmonta la mentira del régimen que había matado al poeta más reconocido de la España del momento.
Brenan se lanza entonces a la aventura clandestina de buscar por Granada la tumba de García Lorca. Hace su primera investigación en el cementerio granadino. Así llega hasta los muros agujereados por las balas que mataron a tantos infelices, como la prueba ineludible del crimen. Allí va porque cree que ése fue el lugar del sacrificio. Y luego recorre el recinto, indaga, pregunta hasta que obtiene la respuesta que buscaba: no fue en las tapias del cementerio granadino, sino en los barrancos de Víznar, como le informa un sepulturero con mucho sigilo.
El investigador se detiene a pensar sobre las razones de la muerte del poeta. Las causas van más allá de la venganza personal de Ramón Ruiz Alonso. Había también unas razones de celos provincianos por el vertiginoso ascenso a la fama que había conseguido el poeta y dramaturgo; pero en el fondo, eran unas razones políticas: “Lorca no sólo era un poeta; también era el cuñado del alcalde socialista de Granada, y el amigo íntimo y colaborador de Fernando de los Ríos, el líder socialista intelectual de la ciudad y el hombre más odiado por todos los nacionales. Miles de personas fueron fusiladas por menos razones que éstas...”Sin más dilación, con la emoción, el miedo y la reserva de las empresas difíciles, el investigador emprende el viaje al escenario de la muerte, al pueblo en el que centra ahora toda su atención. Su nueva investigación le lleva a Víznar y Alfacar, pueblos muy cercanos a la capital. Aquí encuentra la respuesta a tanto secretismo.
Brenan se atreve a preguntar dónde están las zanjas del barranco, del que le han hablado, y le dicen que “en los pozos”. Para su sorpresa, el investigador ha encontrado una excelente aliada y una buena guía en la anciana que guardaba las llaves del cementerio de Víznar, que le indica la dirección acertada, el Camino de la Fuente, que conduce, como su nombre indica, al recodo de Ainadamar o Fuente de las Lágrimas. Ése será el punto de referencia más conocido para situar el lugar en el que se supone que fue fusilado el poeta. Brenan pisa sobre el mismo suelo por el que circularon los camiones cargados de prisioneros.
En su descripción del lugar, Brenan anota: “Toda la zona estaba salpicada con huecos poco profundos y pequeños montículos, a la cabeza de cada uno de los cuales se había colocado una pequeña piedra. Empecé a contarlos, pero los dejé correr cuando vi que el número era de varios centenares”. Allí está el investigador, metido en el papel de la víctima: “Aquella había sido la última visión del poeta, mientras el alba se alzaba en brillantes círculos en el cielo y el canto de los gallos flotaba desde la llanura como sus propios ecos. Tomé un jacinto azul, la única flor que crecía allí entre las riadas, y me alejé”.Ya en Granada, aún alberga dudas sobre la veracidad de los datos que directamente ha verificado. Necesita una confirmación que certifique con rotundidad el resultado de su investigación. Entonces decide hablar con un falangista, que había sido amigo del poeta, para ratificar algunos de los datos ya obtenidos: “Abandoné Granada al día siguiente con la sensación de que, aunque era imposible una certeza absoluta, mi búsqueda de la tumba del poeta no había sido completamente inútil”.Con la publicación de La faz de España (1950), el autor rompe con la línea marcada por los escritores o historiadores del régimen, que pretendían aislar las responsabilidades del asesinato de las autoridades franquistas de Granada en 1936. No sería un crimen de Estado, según la versión oficial, sino un crimen atribuido a un grupo de incontrolados. Brenan logra encauzar, desde entonces, la atención investigadora en la dirección que él señala. También acierta a indicar ese lugar el investigador francés, Claude Couffon, que incluso llega antes a esos escenarios de la muerte, pero no publica sus resultados hasta 1951.
Brenan y Couffon coinciden en subrayar las líneas maestras de la investigación al indicar en qué lugar fue asesinado y quién intervino directamente en la detención: Víznar [Alfacar], el lugar; y Ramón Ruiz Alonso, el ex diputado de la CEDA, como el instigador, responsabilizando indistintamente a los conservadores católicos, a los falangistas, a Queipo de Llano y, en última instancia, al régimen de terror que se había implantado en Granada. Desde entonces, será Ian Gibson el que culmine con las primeras investigaciones de su maestro Brenan. Sin embargo, sobre el lugar exacto de la muerte del poeta, junto a las tres personas que se creen fueron ejecutadas –el maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros Galadí y Arcoyas–, permanece la incógnita a día de hoy. El lugar es el que ya había dicho Brenan, sin concretar el sitio. A la hora del cierre de esta crónica, lo que sabemos es que las seis fosas excavadas, en las que se suponía que podría estar Lorca, están vacías. Esa investigación sigue abierta, salvo que todo el paraje se cierre ya como un cementerio donde honrar a las miles de víctimas que allí yacen.
UN LEGADO ACTIVO
Además de estas dos grandes aportaciones, Brenan abre otros caminos de investigación, que contribuyen a descubrir zonas ocultas de la historia de España, de su geografía o de su literatura. Aparte de la investigación que hace sobre Lorca, en La Faz de España descubre la verdadera faz del pueblo, la cara de la pobreza, las cartillas de racionamiento, los maquis… Preocupaciones que intercala con investigaciones culturales, como la búsqueda de los escenarios gongorinos en Córdoba: el viajero encuentra la Huerta de Don Marcos, donde Góngora escribió El Polifemo y Las Soledades) y denuncia el estado de abandono en que se encuentran esos lugares.
Otros escenarios nos llevan a seguir el recorrido que Brenan hizo para escribir uno de los libros más representativos de su bibliografía: San Juan de la Cruz. Y cómo no, a los caminos abiertos en Al sur de Granada, donde lanza una imagen universal de la Alpujarra. De su estancia en Yegen le queda el episodio vital más importante y, a la vez, más controvertido de su vida: el nacimiento de su hija Miranda Helen; fruto de su amor con la joven Juliana Martín Pelegrina. Tanto en Memoria personal, como en la versión que de este episodio da la película Al sur de Granada, de Fernando Colomo, Juliana no queda justamente tratada. Pero ésa es la otra historia interior. La historia de amor y tragedia, según cómo se mire, de Don Geraldo en la Alpujarra.(*) Periodista y escritor. Autor entre otros de los libros Crónica de Gerald Brenan, desde la Alpujarra a Málaga y García Lorca en Fuentevaqueros.



