FIRMA INVITADA  

DAVID Y GOLIATH

"El cuento cobijo, de la verdadera literatura"

JOSÉ MARÍA MERINO

En abril del año pasado se inauguró en Madrid una librería dedicada exclusivamente al relato breve, “Tres rosas amarillas”, y en el momento de la inauguración se me ocurrió que, mientras los enormes best seller, acorazados con poderosas armaduras, invadían las demás librerías de la ciudad, los cuentos habían venido a refugiarse allí, alrededor de nosotros. Prometo que no tengo nada contra esos gigantescos libros blindados: a mi juicio, han vuelto a ocupar el lugar que tuvieron en su día los libros de caballerías, a cumplir una función de fácil entrete nimiento masivo. Como en el caso de sus predecesores, los hay de muy poca calidad y otros que lectores respetables valoran. Pero no cabe duda de que han venido a desplazar, en gran medida, a los libros de imaginación que no solamente pretendían entretener, sino también hacer pensar y plantear innovaciones estéticas. Con el renacimiento de los Amadises, los Quijotes han entrado en un tiempo oscuro…Lo curioso es que, en esta operación invasora que tanto ha afectado a lo que antes llamábamos “literatura” –pues lo cierto es que los best seller cubren los espacios más visibles de casi todas las librerías, siguiendo una estrategia mercantil–, el cuento no haya desaparecido del mundo. Es más, a lo largo del tiempo que llevo interesándome por el género, creo que, entre nosotros, ha ido cobrando un auge que era impensable hace más de treinta años, cuando yo comencé a escribir.Entonces se hablaba de la falta de tradición del cuento en España, se le consideraba un género menor y, salvo algunos casos excepcionales, la mayoría de los autores estaban mucho más interesados en practicar el género novelesco que el género breve. Hoy sabemos de sobra que la tradición española en la escritura de cuentos, por lo menos en lengua castellana, tiene casi ocho siglos de antigüedad, que hemos tenido cuentistas extraordinarios, que ahora mismo muchos autores, sobre todo jóvenes, los escriben con entusiasmo y talento, y que los críticos verdaderamente respetables los tratan con atención. Además, han surgido editoriales que han convertido el cuento literario en el elemento medular de sus catálogos y, como dije al principio, hay hasta librerías especializadas en su difusión. ¿Cómo es posible que, en un momento de cambios tan drásticos en las apetencias lectoras de la mayoría, cuando se imponen globalmente las gruesas ficciones novelescas de ventas millonarias, el cuento siga vivo y coleando?

Aunque resulte paradójico, creo que en el cuento se han venido a concentrar esos aspectos literarios que el gusto más común por el puro entretenimiento no valora: la búsqueda de tonos narrativos, las tentativas de nuevos enfoques estéticos, la profundización en el intento de conocer mejor los comportamientos humanos y de descifrar datos oscuros del mundo en que vivimos. Acaso parte de la sustancia de la verdadera literatura, al margen del negocio de las grandes ventas y de la mercadotecnia editorial, haya encontrado en el cuento su cobijo. Esta vez parece que el pequeño David no va a acabar con el enorme Goliath, pero estoy seguro de que tampoco va a ser derrotado por él.