NARRATIVA

Amy Hempel, Tobias Wolff, Eudora Welty, Eduardo Mendoza, Luciano G. Egido, Emilio Calderón, Andrés Ibáñez

LECTURAS NARRATIVAS

  

LOS PAISAJES COTIDIANOS

EVA DÍAZ PÉREZ

Cuentos completos
Amy Hempel
Seix Barral
Precio: 24 €
Páginas: 512
El mercado editorial español ha sufrido, tradicionalmente, grandes carencias en traducciones de literatura extranjera. Un vacío que en ocasiones ha afectado incluso a los autores clásicos, cuyas obras menores o con peor fortuna editorial aún se encuentran inexplicamente sin traducir. En el caso de escritores contemporáneos esta asignatura pendiente es más evidente, como ocurre con Amy Hempel, una autora de referencia en la literatura norteamericana actual, pero apenas conocida en España. Habría que añadir que esa falta de conocimiento por la literatura de los otros no es sólo un pecado español. Precisamente la literatura anglosajona no se ha caracterizado por su curiosidad sobre qué se escribe en otros idiomas.

Por eso hay que aplaudir la iniciativa de Seix Barral al publicar los Cuentos completos de Amy Hempel, traducidos por Silvia Barbero, y que muestran la sólida y honesta carrera literaria de la autora desde el primer libro de cuentos, Razones para vivir, publicado en 1985, hasta su confirmación en A las puertas del reino animal (1990), Tumble Home (1997) y El perro del matrimonio (2005).

Como consejo a futuros lectores, las pequeñas historias de esta maestra del género corto hay que leerlas en dosis medidas, a sorbos pausados para gozar más del relato como ejemplo de un excelente artefacto narrativo. No todos en igual medida, pero algunos de los relatos de Amy Hempel se pueden considerar mecanismos casi perfectos en los que se equilibra lo escrito y lo no escrito y donde es tan importante lo revelado como lo silenciado. La autora –en eso que se ha llamado una ejemplar escritura minimalista– condensa las historias, aporta sutiles pinceladas, frases cortas casi a modo de acotaciones y deja de forma consciente silencios, vacíos, huecos, elipsis en los que imperceptiblemente el lector se convierte en coautor que completa la historia. Lo sugerido es parte del argumento de estas mínimas historias, de forma que los finales abiertos, las posibilidades argumentales y el no saber qué les ha ocurrido realmente a los personajes evocan la literatura de Raymond Carver.Esos finales guardan también recovecos secretos y epílogos efectistas herederos del mejor O Henry. Las miniaturas de Amy Hempel, aunque en este libro incluye un relato que podría considerarse una novela corta –Tumble Home–, plantean en sólo dos frases historias complejas. Hempel descubre el arte de aportar la información dosificada creando suspense en situaciones aparentemente simples de la vida cotidiana. Y el arranque de muchos de los relatos –La cosecha, Bajo ninguna luna, A todos los que perdisteis un vuelo de conexión por un retraso en el aeropuerto de O’Hare– consiguen atrapar al lector y llevarlo hasta el final.

Al concluir la lectura de estos relatos tenemos la sensación de haber paseado ante ventanas minúsculas, como si la autora nos hubiera permitido asomarnos al fragmento de una vida o a los interiores donde habitan personajes devastados, solitarios, sonámbulos al borde la muerte, salvados de accidentes. Su capacidad narrativa, además de por la consición del lenguaje, sorprende por las posibilidades evocadoras de las imágenes, como ocurre en el ejemplar relato Lo de esta noche es un favor que le hago a Holly. “Fue lo primero que pensé cuando se despeñó el camión de mudanzas. Desperdigó mi vida entera bajo un barranco de lodo, durante dos semanas, la lluvia impidió que un equipo la rescatara de allí. Los manteles se bordaron de moho y los tritones bailaron en mis zapatos”. 

 

EL FULGOR MÁS TENSO DE LA VIDA

EUGENIO FUENTES

Aquí empieza nuestra historia
Tobias Wolff
Alfaguara
Precio: 22 €
Páginas: 468
El ínfimo lapso de tiempo empleado por una bala en atravesar un cerebro puede servirle a Tobias Wolff para que un crítico literario moribundo reconstruya una escena entera de su vida. Una escena que guardará un inequívoco paralelismo con la que, por mostrarse incapaz de disimular su risa ante el solecismo ajeno, le ha situado en la antesala sin retorno de la muerte. Y todo esto ocurrirá en Estados Unidos, en mitad de un atraco vulgar a un banco vulgar. Lo ordinario o, si se prefiere, lo cotidiano es la materia prima con la que Wolff (1945) ha construido una obra que la crítica acostumbra a encuadrar en el “realismo sucio”. A partir de ahí es casi obligado situar sus cuentos en la estela de su amigo Carver. O buscarle ancestros como Fitzgerald o Hemingway a su irrefrenable pasión por demorarse en los detalles. Cumplido ese trámite, queda su obra: un denso bosque de personajes y situaciones que, despojados de todas las adherencias inútiles, brillan en sordina con el fulgor que sólo una mirada atenta y diestra es capaz de arrancarle a las vidas de la gente corriente.

Aquí empieza nuestra historia, lo último de Wolff en el mercado español, es una colección de una treintena de relatos en la que el autor de Vida de este chico hace balance de su producción anterior –y la retoca en parte–, además de presentar al público una decena de sus nuevas historias. Entre las veinte piezas extraídas de sus tres primeros volúmenes de cuentos hay clásicos como “Cazadores en la nieve”, “Avería en el desierto, 1968”, “La alegría del soldado” o “La cadena”. Piezas de un mosaico de vidas americanas, blancas y de clase media más o menos acomodada que ahora se enriquece con deslumbrantes aportaciones como “Una biblia blanca” o “Ruiseñor”. Por las páginas de Aquí empieza nuestra historia desfilan los desiertos de California y Arizona, la vida de las urbanizaciones periféricas, las aventuras en la nieve, las rivalidades entre hermanos, las partidas de caza, los amores adolescentes, la soledad de las parejas, la tiranía de los padres, el ejército –una y otra vez el ejército–, el acoso sexual o los recuerdos de infancia. Ni traza, sin embargo, de conflictos raciales o de grandes diatribas políticas, salvo un cierto rumor a guerra de Irak en las últimas entregas. Casi no hay negros ni hispanos en las líneas de Wolff y cuando, en “Una biblia blanca”, aparece un musulmán no es ni de lejos terrorista.

Wolff se sustrae de modo sistemático a los grandes asuntos porque su vía literaria es el escalpelo que vuelve extraordinario lo banal y lo envuelve a menudo en un aura de tensión creciente que sólo en ocasiones desemboca en la tragedia. Una lectura apresurada puede llevar a pensar que la clave de las historias de Wolff es la aparición de un elemento inesperado que las disloca y las conduce a puerto extraño. Pero esto nada más ocurre algunas veces. Abundan incluso las ocasiones en las que la trama rodea con elegancia la intrusión para recuperar su destino de dar testimonio de un fragmento de vida. Hay, con todo un elemento que sí se encuentra presente en una mayoría de relatos. Y es la muerte. Evocada, amenazante o consumada, la muerte se presenta como la pieza clave que sitúa en su justo punto, a ojos del lector, el resto de las líneas de la trama. Aunque sea una muerte inventada, como la que, en “Mortales”, se encuentra sobre su mesa del periódico un redactor de necrológicas que, en el colmo de la cotidianeidad, no tiene entre sus costumbres contrastar las informaciones que le llegan.

 

SECRETO DE FAMILIA

FÉLIX ROMEO

Cuentos completos
Eudora Welty
Lumen
Precio: 28,50 €
Páginas: 608

Durante la depresión económica que siguió al Crack del 29 de EE. UU, Eudora Welty (Jackson, 1909-2001) trabajó para la Agencia Estatal de Administración Laboral: fue una completa inmersión en la vida popular de su estado, Mississippi, y, muy especialmente, en la de las clases más bajas, llena de afroamericanos que no habían conseguido entonces la plena ciudadanía, y que aún tardarían años en conseguirla. Hasta entonces, había vivido como una niña buena de clase media, mantenida por el dinero que ganaba su padre, agente de seguros, e iluminada por el mundo intelectual de su madre, una maestra que renunció a su trabajo para cuidar de su familia. Eudora Welty no se limitó a mirar: preservó su mirada haciendo cientos de fotografías, que con el tiempo se recogieron con el título de One Time, One Place.

La fotografía transformó su escritura. Como escribe en su relato “Familia”, se trata de capturar a los personajes no cuando están posando, perfectamente endomingados y sonrientes, sino cuando están desprevenidos. Eudora Welty lo explicaba así: “La vida no espera, no está quieta. Una buena instantánea detiene un buen momento que trata de escapar. La fotografía me enseñó que ser capaz de captar la fugacidad de las cosas, para poder apretar el botón en el momento crucial, era precisamente la mayor de mis necesidades”. Mil kilómetros al sur, un escritor un poco más joven, Juan Rulfo, también hace fotografías, también siente el aliento de Faulkner y también escribe cuentos llenos de fantasmas. “El dolor es un fantasma”, escribe Eudora Welty en “Circe”, el relato más raro de todos los que escribió: un monólogo en el que la hechicera ofrece su versión de los hechos. Pero sólo es raro aparentemente, porque en el mito griego se encuentran algunos de los elementos más recurrentes de la escritora sureña: una mujer que se siente desplazada del mundo, una casa singular, una fiesta con invitados, un bosque, la muerte que ronda y un clima perturbador que no está elaborado con oscuridades ni barroquismos sino a plena luz y con una lengua transparente. Eudora Welty contó siempre con el apoyo incondicional de su madre, pero fue Katherine Ann Porter quien le insistió para que dejara a un lado la fotografía y se dedicara a escribir. Acertó, sus primeros libros de relatos de los años 40, Una cortina de follaje y Las manzanas doradas, consiguieron un éxito inmediato. Su irrupción coincidió con la de una brillante generación de escritores del Sur: Truman Capote, Carson McCullers y Flannery O`Connor. Malcolm Bradbury encontró características comunes en su escritura: “un gran refinamiento formal con la oscura visión de la decadencia y del mal, que tuvo como resultado una narrativa de enorme finura gótica”.Más de la mitad de estos cuentos habían sido ya traducidos al castellano (algunos, incluso, con dos versiones distintas, como de The Golden Apples, publicadas por Anagrama y por Cátedra), pero es como si este tiempo le fuera mejor a estas ficciones. Será que sus vibraciones, sus bailes, sus traqueteos y sus zumbidos nos dicen más cosas sobre nuestra condición. Una frase de Eudora Welty lo explica mejor: “el misterio de lo poco que conocemos a otras personas no es mayor que el misterio de lo mucho que las conocemos”.

Estos Cuentos completos son una fiesta. Que se puede prolongar leyendo su novela más celebrada y recién traducida, La hija del optimista (Impedimenta), la historia de una Circe menos venenosa.

 

ENTRE LO DIVINO Y LO HUMANO

TOMÁS VAL

Tres vidas de santos
Eduardo Mendoza
Seix Barral
Precio: 16,50 €
Páginas: 192
Ha transcurrido un año desde que Eduardo Mendoza publicara el Asombroso viaje de Pomponio Flato y su regreso a la actualidad literaria –de la que los muchos éxitos del escritor barcelonés nunca le permiten ausentarse– tiene tintes novedosos. Por vez primera, Mendoza publica relatos cortos, narraciones breves que son las que conforman Tres vidas de santos, su última obra. No espere el lector, a pesar de la coincidencia del título con las tres vidas de santos escritas por Gonzalo de Berceo –Santa Oria, San Millán y Santo Domingo de Silos, creo recordar– una descripción hagiográfica de existencias ejemplares destinada a ser leída en los púlpitos o a entretener las tardes de beatas. Ni es la intención de Mendoza ni su pluma ácida, irónica, paródica humorística y forense lo permitiría. Los tres protagonistas de los tres relatos son santos, según palabras del autor de El caso Savolta, La ciudad de los prodigios o El tocador de señoras, porque se entregan con devoción a un trauma psicológico que los hace debatirse entre lo divino y lo humano. Esa circunstancia permite al autor explorar las zonas más oscuras del espíritu humano, pero sin renunciar en ningún momento a la faceta humorística

El primero de los cuentos, una pequeña novella, el más largo y posiblemente el más atractivo para los lectores, se titula “La Ballena” y en él, Mendoza transita el ambiente que le otorgó fama y prestigio como escritor: la crónica barcelonesa, el retrato de la burguesía catalana. Con motivo del Congreso Eucarístico de 1952, hasta la ciudad condal acuden prelados de todo el mundo y, ante la escasez de alojamientos, el obispo de un pequeño y olvidado país centroamericano es hospedado temporalmente en la vivienda de una familia acomodada y bienpensante. El recibimiento-homenaje que se prepara al prelado nos permite conocer a los miembros del clan y sus diferentes ramas, que toda familia que se precie ha de contar con parientes pobres y bien dispuestos a complacer al más acaudalado. La debilidad moral, la escasez cultural y la abundancia de prejuicios son retratados con maestría –no exenta del humor a veces hilarante de Mendoza– en esos primeros momentos, hasta que el destino decide jugar un rato y en el pequeño país del obispo se produce un golpe de Estado que le impide regresar a su país y le arrebata –de golpe– su antiguo status. Abandonado por todos, realojado en la casa de los parientes pobres, vemos al obispo, bajo la atenta mirada de un niño que oficia de narrador, degenerar hasta convertirse en pequeño traficante de hachís, en borracho, pendenciero habitual de los bajos fondos barceloneses y cómo, absorto, contempla los ojos de una ballena en el zoo barcelonés en cuya mirada cree adivinar el sentido de la vida. Magistral este primer relato que nos devuelve al Mendoza más valorado. El segundo cuento, “El final de Dubsbu”, nos traslada a África –a un rincón no muy diferente al del país natal de obispo anterior–, a un lugar devastado y desierto en el que sus gentes no esperan nada del futuro y donde habita el hijo de una prestigiosa científica que nos habla de la riqueza y de la pobreza desde una superficialidad que aconseja vivir y morir sin indagar las causas de lo uno y de lo otro. Quizás este relato sea el menos logrado, sobre todo comparado con “La Ballena” y con “El malentendido”, que cierra el libro, y que constituye una deliciosa pieza que nos cuenta la conversión de Antolín Cabrales, un preso analfabeto que, gracias a los desvelos de Inés Fornillos, su profesora, se convierte en un aclamado escritor. El lector que se adentre en “El malentendido” disfrutará de una muy peculiar lección de crítica literaria; de una Teoría literaria, me atrevería a decir, coronada con una sorprendente lección que hace tambalear lo que se piensan sólidos cimientos.

 

ÉPICA Y ELEGÍA

SANTOS SANZ VILLANUEVA

Los túneles el paraíso
Luciano G. Egildo
Tusquets
Precio: 20 €
Páginas: 390
Con la misma originalidad de siempre en el enfoque de la anécdota, Luciano G. Egido recuerda en Los túneles del paraiso un desafío de la ingeniería decimonónica, el enlace por ferrocarril entre Salamanca y Portugal. La mayor parte de la extensa novela refiere las múltiples vicisitudes habidas entre 1883, inicio de las complicadas obras, y 1887, inauguración de la línea ferroviaria. De esta escueta información podría deducirse un título más a sumar a la presente moda del relato histórico, si bien sobre un motivo inhabitual. Aunque Los túneles del tiempo parezca la crónica puntillosa de aquel hito modernizador España, semejante hazaña se convierte en soporte de un relato de envergadura antropológica. El sentido final de la novela no debe oscurecer la labor de recreación histórica documental, minuciosa en detalles financieros o técnicos pero con la vista puesta en plasmar un cuadro vivaz del conjunto de condiciones de la magna obra. Pinta Egido un fresco literario globalizador que abarca el medio físico y el humano. Aquél merece tiradas descriptivas llenas de sentimiento. El humano adquiere relieve mediante un enfoque coral que saca a luz amplísima nómina de individuos, en su mayor parte los pobres desgraciados que sufren las inicuas condiciones laborales de un trabajo extenuante y extremadamente peligroso. La construcción cobra vida plena imbricando los aspectos materiales y humanos. Todo se amalgama como un solo cuerpo dentro del diseño global. Lo material: lucha con la tierra, tendido de la línea, perforación de túneles. Y las personas: amplia galería de pasiones y malos instintos, de variadas situaciones (resignación y esperanza, dolor, sometimiento y rebeldía, miedo, hambre, locura, sexo mercenario...). Hay páginas de crudo y clásico naturalismo, y los padecimientos de la turba de obreros apuntan a la literatura social, mientras otras se abren a la fantasía y lo visionario dando un aire personal a la denuncia. En aras del efecto coral buscado, Egido dispone una técnica perspectivista de la que sale un trenzado de muy distintas voces que incluyen a algún protagonista, en primera persona, narración desde fuera, informes sumarios y también, incluso, al propio autor. En realidad, éste se permite una libertad de enfoque que se salta a veces las exigencias del punto de vista de quien habla y ello (que merece algún reparo lingüístico) como parte de un objetivo preciso. Egido acumula una poderosa masa verbal y anecdótica (en realidad, ensarta historias, alguna auténtico cuento suelto) de la cual se desprenda un valor genérico: tanto dolor y penuria tienen un algo positivo, un mérito intrínseco digno del registro épico que lo conmemora.

Esta deducción es un sentido evidente y no sólo implícito de la novela. Su sofisticada estructura enmarca los episodios centrales dentro de un encuadre actual que ilumina los sucesos con el foco que esclarece su alcance: hacer una elegía por un empeño de ayer, señal de orgullo de entonces y que tanto drama causó, hoy disuelto en el pragmatismo economicista que lo ha condenado a muerte con la clausura de la línea. También escuchamos al propio autor, quien confiesa el carácter metafórico del relato: recrea –explica– el carácter de nuestra especie, “empeñada en elaborarse nuevos e incitantes fracasos”, abocada al desencanto y a las esperanzas frustradas. Egido consigue una vigorosa y emocionante fábula que aporta una inédita visión de la naturaleza humana: “la grandeza de nuestro delirio” se ancla en el ansia de ensayar la felicidad y la plenitud, imposibles.

 

POR LA SENDA DE KIPLING

ALEJANDRO LUQUE

La bailarina y el inglés
Emilio Calderón
Planeta
Precio: 21 €
Páginas: 312

Concebir una novela a la antigua usanza, de esas en las que suceden cosas; y ambientarla nada menos que en la India, en el periodo colonial inmediatamente anterior a su emancipación del Imperio británico, es una verdadera temeridad para cualquier escritor que no tenga la suerte de llamarse Rudyard Kipling. El finalista del premio Planeta 2009, Emilio Calderón, ha querido asumir este desafío y sale airoso de él con La bailarina y el inglés, una ambiciosa novela que bien podría leerse como un implícito homenaje al autor de Kim y El libro de la selva.

De entrada, con La bailarina y el inglés cabe hablar de dos novelas en un solo volumen: una primera mitad que transporta al lector a ese mundo exótico de elefantes y marajás, a modo de fresco de época generoso en datos fidedignos y bien documentados detalles, y una segunda donde la acción se dinamiza hasta entrar de lleno en los predios del thriller.

El inglés del título es el superintendente Masters, policía accidental y amante de las citas sentenciosas, nacido en la India de padres británicos –como el propio Kipling, que vino al mundo en Bombay–, obsesionado hasta la idealización con el hecho de no haber pisado nunca Inglaterra, y con ese complejo de desarraigo que Pérez Domínguez llamaría precisamente el síndrome de Mowgli.

La bailarina, cuya presencia en las primeras 150 páginas de la novela es casi testimonial, recibe el nombre de Lalita Kadori. Se trata de una devadasi, casada con un dios siendo muy niña y prostituida por los sacerdotes hindúes y miembros de las castas altas, cuya posición le permite no obstante acceder a los libros y, con ellos, a un sentido crítico muy avanzado para su época. El contexto en el que ambos personajes se encontrarán es de enormes tensiones sociales, un país que asemeja una gigantesca olla a presión entre la feroz represión británica y los movimientos a favor de la no violencia capitaneados por el Mahatma Gandhi, y a cuyos graves conflictos internos vienen a sumarse las tentaciones invasoras de las tropas japonesas.

Probablemente, uno de los grandes aciertos del libro es su huida de los cauces narrativos lineales y la apuesta por la hibridación de géneros, lo que permite al escritor malagueño demostrar su raza de contador de cuentos. Así, el hilo argumental de la novela se va desenrollando salpicado de abundantes digresiones, entre las que cabe todo, desde las anécdotas históricas a los guiños intertextuales o las fábulas morales. Y cuando ya la narración discurre con fuerza por ese cauce, el robo de unas joyas y el misterioso asesinato del cazador Lewis Wilson, amigo de Masters, corregirá su curso hacia una intrincada trama política. Todo ello hará que esta novela complazca por igual a los seguidores habituales de un Jorge Bucay y a los amantes de la intriga a lo Conan Doyle, así como a aquellos que busquen una lectura algo más robusta, por ejemplo un E. M. Forster, al que por cierto se cita en varias ocasiones.

Pocos reproches pueden hacerse a la prosa limpia y eficaz de Calderón, aunque alguno siempre cabe: la circunstancia de que todos los personajes, indios o ingleses, se avengan al mismo tono de voz uniforme, excesivamente homogéneo, resta cierto relieve al conjunto; por otro lado, la ingente información que maneja el autor no siempre se muestra del todo disuelta en el caldo de la historia, como es preceptivo en la cocina de la narrativa de corte histórico. Claro que si estos matices fueran tan asequibles, apenas tendría mérito llamarse Rudyard Kipling.

 

LLAMADAS CRUZADAS

MARIO ELVIRA

Fama
Daniel Kehlmann
Anagrama
Precio: 14,40 €
Páginas: 192
Desde que el uso del teléfono móvil se popularizó, la comunicación, el derecho y la necesidad de estar desconectado de la rutina y del estrés, el trabajo y las relaciones afectivas, han sufrido una profunda transformación. Sin este aparato, cada vez más sofisticado e imprescindible, parece que estamos perdidos, que dejamos de existir en la vida de los demás. Esto explica que casi todos andemos atados a estos aparatos que también a veces nos juegan malas pasadas como el agotamiento de la batería en el momento más inoportuno, la falta de cobertura o las engorrosas llamadas que confunden al receptor. Cada una de estas cuestiones alimentan los nueve relatos de Fama, en los que Daniel Kehlmann (Múnich 1975) convierte en pequeñas tragicomedias las consecuencias que provocan las llamadas telefónicas; la obsesión por la fama y el afán de ser reconocidos; el cuestionamiento de la realidad por parte de los medios de comunicación y la fragilidad de la identidad; con el propósito de burlarse de la vida social que depende de los teléfonos móviles. Kehlmann consigue construir perfectas piezas de relojería, con la evidente impronta de Borges y de Kafka al tramar la idea de doble y la desesperación, el absurdo y la alienación, que estallan en los finales de las historias y crean un eco expansivo de sus protagonistas que entran y salen de los diferentes relatos. En la primera historia, “Voces”, un hombre que se acaba de comprar un móvil recibe llamadas destinadas a un célebre actor y aunque intenta desesperadamente deshacer el equívoco termina asumiendo la identidad que le facilita una vida mejor. En “La salida“ será el actor quién padecerá los problemas derivados de dejar de recibir llamadas en su teléfono y que provocarán que dude de su carrera, que tenga que enfrentarse a la angustia de no ser reconocido y, por tanto, a la disolución de su vida. En “Oriente”, una escritora de novelas policiacas se perderá en una ciudad de oriente y al no poder contactar con su marido, al quedarse sin cobertura, ni salir del país a causa del pasaporte caducado, tendrá que sobrevivir con un trabajo ínfimo y sin identidad. Y en “Rosalie va a morir”, que completa el cuarteto de las mejores piezas del libro, la protagonista enferma de cáncer se rebelará contra el escritor que narra su drama, para exigirle al estilo de los personajes de Pirandello que cambie el final y la dejé vivir.

Daniel Kehlmann consigue en estos relatos (en los que los personajes se entremezclan sin que el lector sepa del todo si todos son criaturas de un escritor que se divierte cambiándoles las vidas o son personajes autónomos de cada una de las ficciones) transmitir el desasosiego, el desamparo y la soledad, ante la pérdida de la identidad cuando la realidad se ve trastocada por los problemas causados por los teléfonos móviles y el vértigo de una vida sujeta a la necesidad de ser reconocidos por los demás.

 

EL MAESTRO DEL TERROR

ANTONIO GARRIDO

Cuentos completos
Edgar Allan Poe
Páginas de Espuma
Precio: 39 €
Páginas: 964

Es muy cierto que en el principio del cuento contemporáneo está Poe. Todos los cuentistas tienen una deuda con el desgraciado Edgar. Es muy verdadero que en español tenemos la suerte de leerlo en la extraordinaria traducción de Julio Cortázar que dedicó dos años de su vida a esta tarea. La seducción que ejerce el autor de Boston en sus lectores es la palabra que conviene para explicar la recepción de una obra que crea un mundo, un universo personal de imaginación y de suspense que nos lleva al escalofrío y que permanece intacta, la seducción, a pesar de los cambios de la sociedad desde que Poe iniciara su creación de cuentista en los años treinta del siglo XIX. Esta capacidad de dialogar con los presentes sucesivos es lo que llamamos valor clásico de una obra, sí, valor, excelencia, calidad, maravilla literaria en suma. La editorial Páginas de Espuma ha publicado los Cuentos completos de Poe con motivo del bicentenario. Muy bella edición por cierto; en lenguaje coloquial, han echado el resto. Sesenta y nueve escritores han participado en esta empresa que se puede calificar de magna sin exageración alguna. La vida y la traducción, lógicamente, de Cortázar, dos prólogos, uno de Carlos Fuentes y otro de Vargas Llosa, dos aspectos. Fuentes se refiere a la admiración de Baudelaire por el autor norteamericano y a su magnífica traducción, vía necesaria para comprender cómo se difundió la obra de Poe en Europa, y a la relación espiritual de dos artistas con empatía, concepto necesario aunque no prestigiado en esta hora y que me parece muy adecuado.

Poe, en mi criterio, explora en el miedo original, en el terror primigenio que diría otro maestro, Lovecraft. Este sentimiento tiene modas y contextos, pero su eficacia radica en que prevalezca lo universal sobre lo particular; por mejor decir, en que los contextos sean a modo de decorados verosímiles donde se celebra la ceremonia del miedo, la liturgia de la proyección de los terrores individuales de los que da fe el notario alcohólico que creó el personaje de Dupin, primer detective moderno. No tengo muy claro que los cuentos de Poe sean una proyección de sí mismo, me parece la afirmación de Fuentes demasiado general y vaga; de alguna manera todos los personajes son su autor y esto no es decir casi nada, tampoco me importa demasiado. Mario Vargas Llosa aporta la historia externa de la traducción de Cortázar. Fue un encargo de la Universidad de Puerto Rico, con la mediación de Francisco Ayala, y con ese dinero Julio y Aurora Cortázar pudieron vivir con cierta comodidad en sus primeros años europeos. La originalidad de esta edición es que cada cuento va acompañado de un texto de cuentista español o hispanoamericano, nacido después de 1960 y, al menos, con un libro publicado. Sesenta y siete cuentos y sesenta y siete textos, más Fuentes y Cortázar, el sugerente y jocundo número sesenta y nueve, un guiño divertido y prometedor. La edición a cargo de Jorge Volpi, no se puede pedir más. Se puede aducir que faltan autores, siempre que se hace una selección sucede lo mismo pero no es el caso. Los que están, son. Como no se trata de un trabajo filológico los textos son de lo más diversos. Su lectura nos deparará muy gratas sorpresas. Un ejemplo, “Tres domingos por semana”, un cuento que inspiró a Julio Verne el final de “La vuelta al mundo en ochenta días”. El texto que lo a compaña es un ejercicio de erudición, de aclaración y, sobre todo, de humor. El tiempo y el espacio, lo real y lo imaginario, la revolución tecnológica, la narración oriental y de la Europa medieval, todo coincide en un cuento de sutileza y adivinanzas. Léase con devoción.

 

NOSTALGIA DE LA PLENITUD

CRISTINA SÁNCHEZ ANDRADE

Memorias de un hombre de madera
André Ibáñez
Menos Cuarto
Precio: 15 €
Páginas: 192

Al protagonista de Memorias de un hombre de madera, un tipo solitario que lleva una vida anónima y monótona se deja arrastrar por la curiosidad que le suscita un anuncio de periódico y entra en contacto con el Club de Buscadores de la Montaña, un grupo de procedencia heterogénea dedicado al conocimiento interior. El grupo es liderado por un singular maestro que se dedica a disertar sobre cuestiones del espíritu y a someter a sus discípulos a diversas terapias de autoconciencia y crecimiento interior. Esteban prefiere ocultar a todos su verdadera identidad (él es un robot, un sofisticado sistema de inteligencia artificial que forma parte de un gran proyecto científico), que le hace sentirse distinto al resto de la humanidad. Si en un principio Esteban es un ser más bien simple, que no se cuestiona nada, a medida que tiene contacto con la gente del Club de la Montaña, comprueba que a él también le atormentan las eternas preguntas sobre el sentido del mundo y del hombre, la nostalgia de la plenitud, la sensación de que pasamos la vida dormidos, consumidos por la ansiedad, esperando siempre algo del futuro que restablezca nuestra querida felicidad. Como contrapunto, su amigo el librero: “no hay nada que buscar, ningún misterio que resolver. Nuestros motivos son transparentes, y surgen prácticamente todos del miedo. No hay cielo, ni salvación, ni más allá”. Excelente novela, escrita con un lenguaje fresco y directo, que además ofrece el gusto por las reflexiones de hondura filosófica tan escasas en la literatura actual.

 

DE MISTERIOS Y RUTINA

AMALIA BULNES

La playa de los ahogados
Domingo Villar
Siruela
Precio: 19,90 €
Páginas: 448
Hay un inspector introspectivo, lacónico, de pasado brumoso. Hay, a su lado, un ayudante inquieto, fiel pero impulsivo, visceral, en las antípodas del protagonista. Hay un crimen por resolver. Y hay un medio hostil que es también un estado de ánimo, clavado en la imprevisible naturaleza del mar; un opresivo ambiente marinero, una espesa bruma gallega que todo lo tapa. Sí, estamos ante una novela policiaca de corte clásico, con una estructura narrativa cerrada, cuyo móvil es la resolución de un caso. Éste vuelve a ser el punto de partida de Domingo Villar (Vigo, 1971) en La playa de los ahogados (Siruela), que continúa con el esquema iniciado en su primera novela, Ojos de agua, donde dio vida al inspector Leo Caldas, que afronta en esta segunda entrega un nuevo asesinato a priori irresoluble. Y sí, es cierto también que Villar regresa al dictado más conocido del género, pero lo humaniza, poniendo distancia con algunos de sus referentes, como Conan Doyle, Chesterton y Agatha Christie. Todos ellos llevan hasta el paroxismo misterios imposibles y razonamientos acrobáticos que desembocan en una solución asombrosa y cristalina. El crimen como un juego de salón. Sin embargo, en La playa de los ahogados no hay tazas de té, ni lámparas de araña ni tabaco en elegantes pipas. El inspector Caldas se acerca, penetra y disecciona la vida de los hombres del mar, la pesca de bajura, las lonjas, las durísimas condiciones de la rutina diaria en la hermosa y cruel estampa marinera de Galicia (tierra natal del autor). No faltan tampoco el sentido del humor y la ironía, pero sobre todo, la excusa del misterio para descubrir, en realidad, una insoportable realidad social, las miserias del alma humana. Villar parte de lo que conoce, de su realidad más inmediata. Diría, incluso, que abruma al lector con una profusión, a veces innecesaria, de detalles y términos específicos de la mar en Galicia (pesca con cerquillo, ardora, nasas…), lo pasea por las lonjas y lo sube a las chalupas, lo hace caminar bajo la pertinaz lluvia del norte hasta que el libro desprende un concentrado olor a sal y tierra mojada. Y es aquí cuando está más cerca de Dashiel Hammet, que cambió círculos de sociedad por turbios callejones; de Camilleri y, cómo no, de Vázquez Montalbán, el primero que supo poner nombre español en una novela policiaca sin perder la credibilidad; y cuya estela sigue Villar sin pudor, sin ocultarlo en ningún momento de la lectura del libro.

La excusa para adentrarse en el laberinto perfectamente esquematizado de la novela policiaca la toma el autor en La playa de lo ahogados de un nuevo asesinato: el de un tipo cualquiera, un marinero que vomita el mar una mañana y que, de no ser porque llevaba las manos atadas de forma inverosímil, podría tratarse de un suicidio. Villar ha buscado la muerte de un hombre inicialmente anodino, sin pareja, ni enemigos, ni bienes por los que merezca la pena matarlo, lo que utiliza hábilmente para abrir interrogantes en el lector y no dejar que suponga nada.

Su mirada es limpia, correcta, pero el ritmo es irregular, a veces entra como una gran oleada y otra se pierde en la calma chicha. Domingo Villar, que ha ejercido como guionista de cine y televisión, no se despega de los recursos cinematográficos y ofrece la sensación de que, detrás de su corrección, se esconde un pudor a haber ido más allá de lo que ya se conoce y el gran público acepta dentro del género policiaco. No obstante, Villar cuenta con el favor de sus lectores, que son legión. Es un recién llegado con gran futuro en la novela negra pero al que sus seguidores le pedirán, sin duda, un poco más de audacia narrativa la próxima vez.