POESÍA

Antonio Gamoneda, Juan Cobos Wilkins.

 

LECTURAS POESÍA

 

LA NECESIDAD DEL SABER

JAVIER LOSTALÉ

Un armario lleno de sombra
Antonio Gamoneda
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores
Precio: 18 €
Páginas: 240

Abrí las dos puertas. La tiniebla interior convertía en grisalla la penumbra de la alcoba. Hice entrar mi cabeza en la oscuridad del armario y entonces ocurrió algo que me envolvió en su realidad física: sentí el olor de mi madre. Viva. La apertura del armario de su madre mucho después de su fallecimiento en 1996, y la inmersión en su oscuridad germinante, produjo en el poeta Antonio Gamoneda una verdadera conmoción física y psíquica transformada en una necesidad de saber, de bucear en el olvido –donde como dice yacen los recuerdos– a través de un ejercicio desnudo y sin concesiones de conocimiento íntimo, guiado por el reencuentro con la madre, nunca muerta, figura basal en la iluminación de su existencia. Un camino de desvelamiento( o de apariciones y desapariciones como él diría) que en su búsqueda de la verdad debía despojarse de cualquier tentación laudatoria o de denuncia, y atenerse a la pulsación de los propios hechos como la revelación más honda de su sentido. En cuanto al punto de partida y la meta, fiel a estos principios debía abarcar desde el nacimiento, o incluso antes si atendemos a lo contado por la madre, hasta los catorce años, etapa crucial para el forjamiento de su personalidad. Con estas premisas Gamoneda se dispuso a escribir un relato, o memorias de infancia, en el que, como sucede en su poesía, todo fuera emanación existencial, y se diera durante la escritura la conjunción de los cinco sentidos. El resultado ha sido Un armario lleno de sombra, título que es en sí mismo un aldabonazo emocional, procedente de uno de sus versos: Busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra. Manos que mueven desde dentro las diferentes escenas de estas memorias con su inclinación astral sobre el hijo, sus silencios y su esfuerzo para sacar adelante la casa mediante la confección de encajes. Familiares, vecinos, paisajes con tensión moral, sucesos en los que a veces hay algo que desborda la realidad, o el dolor surge tan puro y desatado que se torna misterio, forman parte del despertar del poeta a la vida, signado desde el primer momento por una temprana orfandad, la muerte de su padre en Oviedo cuando todavía no había cumplido un año, y por la terrible represión durante la guerra civil y los primeros años de posguerra, cuya marca indeleble se refleja décadas después en la visión, ya sin tiempo, de las cuerdas de presos conducidos al campo de concentración existente en lo que hoy es hostal de San Marcos, en León, que pasaban bajo los balcones de su casa en el barrio obrero de El Crucero, donde vivió con su madre y su madrina desde los tres hasta los diez años, mudándose posteriormente a un piso en la Avenida del Padre Isla: En algún lugar he escrito que el frío de sus hierros no cesará nunca en mi rostro. Yo vivía pegado a los cuadradillos verticales contemplando el acontecer sucesivo cuyas causas y resultados no comprendía, pero que ponía en mí la visión de un sufrimiento y la adivinación de hechos temibles. Todo ello se iba depositando confusamente en mi conciencia hasta entonces vacía. Conciencia que fue poco a poco fecundada por la idea de la muerte, sin que por ello dejara de incubarse también en su espíritu el amor a la vida, especialmente cuando las palabras pasaron a ser componente esencial de su existencia, desde su manantial más secreto, mientras aprendía a leer en el libro de poemas de su padre Otra más alta vida.
Antonio Gamoneda se revela como un gran prosista en esta obra maestra, llena de rostros, de miradas con sus cielos y pozos, de tactos, en donde se habla con la misma desnudez y dureza de los castigos corporales y acoso sexual sufridos en el colegio de los Agustinos, que de su participación en la tortura de una perrita. Un texto perturbador en el que la belleza no es un lugar para cobardes.

 

ORIGEN Y SINO DEL POETA

HÉCTOR MÁRQUEZ

Biografía impura
Juan Conos Wilkins
Fundación José Manuel Lara
Precio: 11,90 €
Páginas: 86

Antes de que los géneros clásicos acaben dinamitados merced al mundo telemático, trans y panlingüístico y multimediático, aún queda tiempo para que la poesía como género literario sea el mejor vehículo para la reelaboración del yo íntimo en sus aspiraciones trascendentes. Acabamos de cerrar la contraportada del último poemario –once años después– publicado por el exquisito escritor Juan Cobos Wilkins (Riotinto, Huelva, 1957), uno de los que logran mayor altura aferrados a su decisión de no legar una sola línea, un verso sólo, que no se ajuste a sus cánones de belleza, rítmica y precisión. Biografía impura es un libro autobiográfico donde el escritor abre y cierra el círculo de una existencia que comprende desde el momento en que el niño toma conciencia de ser mirando sombras en brazos de su padre hasta la hermosa escena final cuando, ya convertido inevitablemente en poeta, rinde tributo a sus orígenes durmiendo sobre la colcha de bodas de sus padres bordada con el verso final de la Epístola moral a Fabio: Antes que el tiempo muera en nuestros brazos. Si Juan Ramón y Lorca han sido referentes en su profesión y obra –que comprende poesía, relato, novela, guiones de cines y radio, crítica y ensayo– en este libro aparecen una y otra vez por defecto. Así, en el momento de madurez literaria de Cobos, en ese momento juanramoniano donde la poesía se desviste de artificio y fingida experiencia para convertirse en pura, su biografía se transforma en impura, tan precisa, como destilada. No es que mienta Cobos al recordar su vida. Sólo que habla con la voz del poeta que no es la del historiador o el periodista. Y así, Cobos plantea su koan para afrontar el destino poético frente a la soledad del ser: pasión o armonía. Y, al igual que hiciera en su último poemario Escritura o paraíso, elige ambas.
Dividido en cuatro etapas, El Niño, El Adolescente, El Joven y Poeta, comienza el poemario con un recuerdo fantasmagórico del niño en brazos de su padre mirando sombras en la pared. Y ya desde aquí marca cuáles serán sus temas: el asombro, el nacimiento del verbo, la creación, la relación con los ancestros y con la muerte, el deseo, la búsqueda de la belleza, el mandato de la vocación, la identidad sexual que se construye a base de rechazos y afinidades y la conciencia de ser poeta. Así, propone un cuaderno de relatos que, a medida que avanza se van haciendo más y más líricos y menos narrativos, aunque jamás abandone ese tono de contador que nos permite adentrarnos en el suceso que dio pie a cada verso. Toda la última parte encierra las bases de sus constantes no ya creativas, sino las del deseo infantil que subyace en toda obra artística. Emocionante, como el libro entero, donde cada palabra y ritmo están elegidos por un gourmet de las imágenes y las asonancias, es el poema donde el autor va a visitar al hospital a otro amigo poeta, a sabiendas de que nunca leerá ni escuchará el libro ni la canción que le lleva para acompañar su agonía. Uno se imagina a Rafael Pérez Estrada, el gran escritor malagueño que falleció hace casi una década dejando tras de sí una obra única. Las nubes y los ángeles de JCW, su estética de andaluz contenido y malabarista, tienen mucho que ver con las estradianas. Valga un verso suyo para apuntar esta visión y empujarles a la librería, que esta reseña se planta: “Un poeta ejecuta el salto del ángel / y, mientras cae, es música / Y mientras más / hermosa es la música, más se acerca la muerte”.