NARRATIVA

Martínez de Pisón, Miklós Bánfly, Gabriel Chevallier, Fernando Delgado, Jorge Ibargüengoitia, Gonzalo Hidalgo.

LECTURAS NARRATIVA

 

UN MUNDO EN FUGA

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN
Fuera de la literatura
Joseph Conrad
Siruela
Precio: 10 €
Páginas: 240

En 1919 Joseph Conrad redactó una nota que antecedía al texto de El espejo del mar aparecido como parte de sus obras reunidas, obras que fueron publicadas entre 1923 y 1928, es decir, al menos década y media más tarde de la edición, en octubre de 1906, del mencionado libro en la londinense Methuen and Company. El último párrafo de aquella nota concluía así, según la memorable traducción de Javier Marías: “En estas páginas hago una confesión completa, no de mis pecados, sino de mis emociones. Es el mejor tributo que mi piedad puede rendir a los configuradores últimos de mi carácter, de mis convicciones, y en cierto sentido de mi destino: al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado”.
Los textos reunidos en este volumen que hoy Siruela nos entrega, Fuera de la literatura, han sido espigados por su editor, el no menos excelente traductor Miguel Martínez-Lage, de dos misceláneas conradianas, tituladas respectivamente Notas de vida y letras y Últimos ensayos, y si he convocado aquí el texto con el que el autor de Lord Jim recordaba los motivos de El espejo del mar, es porque me parece un exordio excelente para explicar de qué trata y a qué asuntos atiende Fuera de la literatura.
De los dieciocho textos que conforman el volumen sólo cinco de ellos, los cuatro primeros y el último, permanecen ajenos al espíritu del mar sobre el que tanto y tan magistralmente escribió Conrad. Ello no es obstáculo para que, en mi opinión, dos de esos cinco textos, los más largos del libro curiosamente, el titulado “Visita a Polonia” (que narra el tortuoso viaje de la familia Conrad a la Cracovia de infancia del escritor justo en el momento en que estalla la Primera Guerra Mundial) y el que cierra el volumen, “Stephen Crane” (homenaje sentido a la figura del narrador norteamericano, muerto de tuberculosis antes de cumplir los treinta años y que cultivó la amistad de Henry James y Joseph Conrad), constituyan lo mejor del elenco aquí dispuesto.
En efecto, a excepción de “Reflexiones sobre la pérdida del Titanic” y “El Torrens. Un homenaje personal”, los textos de Conrad dedicados al universo marino no alcanzan aquí la estatura de fragmentos como “El bello arte” o “Iniciación”, partes del mencionado El espejo del mar. De hecho, y por citar un ejemplo un tanto descorazonador, la germanofobia de Conrad resulta en Fuera de la literatura tan militante, que un texto como “La patrulla de Dover” más bien parece redactado como ejercicio de propaganda patriótica antes que como pieza de alta prosa, lo cual, por descontado, no excluye el interés del volumen, por aquello de mostrar, bien a las claras, lo que el propio Conrad prescribía en su nota de 1919 a El espejo del mar: que por razones diversas su tiempo había pasado o estaba a punto de hacerlo.
Desde esa óptica, Fuera de la literatura supone un réquiem por ciertas formas de vida basadas en códigos que el trauma de la Gran Guerra y el infatigable aliento del progreso, palabra que en Conrad siempre aporta un halo de incertidumbre, si no directamente una vertiente demoniaca, estaban en trance de demoler, circunstancia que convierte a este libro en un magnífico mirador sobre la evidencia de un mundo en fuga. Por fortuna, huelga añadir que, aunque el tiempo de los valores que construyeron al Conrad marino y al Conrad ciudadano quedó enterrado hace décadas, el tiempo de su escritura permanece gozosamente indemne.

ADIÓS A LAS EMOCIONES FUERTES

ANTONIO OREJUDO
Aeropuerto de Funchal
Ignacio Martínez de Pisón
Seix Barral
Precio: 17,50 €
Páginas: 192

De los miembros de mi generación, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) fue de los primeros en publicar libros, si no el primero. Todavía me recuerdo a mí mismo hojeando admirado y envidioso su primer libro de relatos, Alguien te observa en secreto (1985), cuando todavía éramos más quienes soñábamos con publicar que quienes lo habían conseguido. Desde entonces y hasta la publicación de este Aeropuerto de Funchal, Martínez de Pisón ha recorrido una trayectoria diáfana y rectilínea, compuesta de una decena larga de novelas, reportajes y textos de género híbrido y cuatro volúmenes de piezas más breves, novelas cortas o relatos. Pisón tiene eso tan difícil de tener: un proyecto narrativo de largo alcance. En este gigantesco expositor de yogures variados que es mi generación –un sabor, una textura para cada paladar– Pisón ofrece algo que está mal visto por los profetas de lo último: argumentos, urdimbres, tramas, historias que parecen verdaderas, pero que no lo son. Narrativa realista, sí, ¿qué pasa? Pisón es un contador de historias que unas veces seduce por la manera de narrarlas y otras por el asunto elegido, pero que nunca da gato por liebre.
Aeropuerto de Funchal es una selección de su narrativa breve, pero quiere ser algo más que un grandes éxitos. Los ocho relatos que lo componen resumen su trayectoria de escritor a través de sus propios ojos: aquí tenemos al escritor leyéndose a sí mismo, afirmándose y negándose. Yo hubiese preferido que los relatos se hubieran ordenado cronológicamente para percibir por mí mismo y con más comodidad la evolución de la que él mismo nos habla en una Nota del autor colocada al final. Pero en ese caso el volumen no se abriría con el mejor de los ocho relatos, el más reciente también, Los nocturnos: un cuento soberbio, escrito en uno de esos registros orales que solo alcanzan los escritores con muy buen oído. Un cuento muy cervantino: dos músicos, miembros de una orquesta itinerante, hablan mientras conducen. Y tú parece que los oyes, no que los lees. Hay un sutil parentesco de tema y tono entre este relato y el penúltimo, El ramo más grande de Valladolid, que debe de haber sido escrito también hace poco. Si en el primero los personajes son músicos, en este son embaucadores que filman porno. Pero encuentro la misma ironía y la misma ternura en el dibujo de los personajes. El mismo tono pausado y la misma intensidad. Estos dos cuentos y –un escalón por debajo– Aeropuerto de Funchal, que habla sobre los sentimientos encontrados de una mujer casada y en crisis, son mis favoritos.
Me dice menos La hora de la muerte de los pájaros, primer capítulo de Nuevo plano de la ciudad secreta (1992), una pieza más convencional, más “literaria”, más comm’il faut, sobre la infancia, el verano y la memoria. Más humorístico y reciente, creo, es Boda en el hotel Colón, que me hubiera gustado más si hubiera sido menos explícito al final. Siempre hay un perro al acecho, es un cuento tremendo y lúgubre, claustrofóbico, escrito hacia 1990 y publicado en El fin de los buenos tiempos (1994). Aparentemente trata de la muerte de un hijo, pero en realidad habla de lo útil que es la culpa para soportar lo inexplicable, especialmente la muerte. El filo de unos ojos es el cuento más flojo. Es también el más viejo, pertenece a Alguien te observa en secreto (1985), y representa esa manera juvenil de narrar, esclava de las emociones fuertes, que con el tiempo Pisón ha ido abandonando. El “trazo vistoso y enérgico” de la tradición de Poe ha ido dejando paso a un tono de aparente perfil bajo, menos estridente, pero de mayor hondura.

 

EL FINAL DE UN SUEÑO

JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ
Los días contados
Miklós Bánfly
Libros del Asteroide
Precio: 30 €
Páginas: 668

De cuando en cuando el tiempo juega a favor de la vida y logra el milagro de reverdecer autores y obras que por razones no literarias han sufrido censura, olvido o exposición a una lenta e hiriente agonía. Es el caso del político, músico y escritor húngaro Miklós Bánffy (1875-1950) y de su mejor novela: Los días contados (1934), prohibida por el régimen comunista tras la II Guerra Mundial, que con Las almas juzgadas (1937) y El reino dividido (1940), conforma la Trilogía Transilvana, un referente ineludible para conocer la idiosincrasia de una nación, Hungría, marcada por una historia cruenta y convulsa, pero que aún sufriría en los inicios del siglo XX –ahí se sitúa la trama de la obra– las consecuencias del desgaste moral de una clase política en descomposición, más atenta a dilapidar su fortuna que a restablecer unos valores acordes con la grandeza de su pasado y con los retos del futuro.
Por lo cual, no debería afrontarse la lectura de Los días contados sin deslindar la tormentosa relación con la Austria de los Habsburgo, fines del XVII, o su aceptación como ente autónomo en 1867, dentro del Imperio Austrohúngaro, de esa nobleza, la magiar, protagonista, orgullosa, nacionalista. Una casta gobernante más preocupada por defender sus privilegios de sangre que por adaptarse a los avatares de esta nación, repleta de minorías étnicas y de agitadas aspiraciones identitarias en su seno. Eso, sin contar el ambiente, la atmósfera que tan bien recoge la novela y donde fraguarán la independencia y revueltas que cristalizarían, con el Tratado de Trianon (1920), en la pérdida del 70de su territorio. Todo está presente en esta extensa e intensa radiografía de una nobleza desfasada y anacrónica que tiene los días contados, que se debate entre la átona efervescencia política y las pequeñas intrigas capitalinas; entre los nuevos lujos y aficiones o la pomposa hipocresía de sus usos y tradiciones; entre la salvaguarda del honor y el disfrute de sus pasiones.
Una obra que arranca con la elección del conde Balint Abády como diputado y su reencuentro con dos personajes claves: su primo László Gyeróffy, músico frustrado por imperativo de clase, desafortunado en el amor y el juego, y Adrienne Miloth, antigua amiga, infortunada en su matrimonio, su amada y, al cabo, su amante. A partir de ahí, asistiremos al complejo crecimiento de unos seres tocados por el estigma de la derrota, quienes en lucha constante intentarán avanzar mientras todo su mundo se desmorona y sentiremos con ellos esa nostalgia u honfibú, tan propia del pueblo húngaro, que impregna por igual los bellos paisajes transilvanos, el pulso político de la capital o las melodías de moda.
Aunque lo que atrapará al lector será la maestría con la que el autor ahonda en el interior de sus personajes, dejando al descubierto la crudeza de unas relaciones encorsetadas por una sociedad ruda y violenta, ante la que sólo cabe la aceptación sumisa o la subversiva rebeldía de la transgresión, de la amorosa infidelidad oculta bajo un manto de honorable apariencia. Pues como recuerda M. Monmany, en su espléndido prólogo, si hay un sentimiento predominante en la novela, ése es el honor: defendido en duelos, robado a mujeres enamoradas y generosas, o deshonor cometido hacia la propia casta.
Un sentimiento que Banffy explora a fondo con la habilidad y sutileza de los grandes narradores, sabedor de que el destino de aquéllos que aspiran a realizar sus sueños suele ser el fracaso y la derrota, si acaso la muerte, siempre liberadora. Algo que sirve para las personas y para los pueblos, algo que tenía y siempre tendrá Los días contados y que hace de ésta una obra maestra del realismo europeo.

 

LA MÁSCARA CAÍDA DEL VALOR

EUGENIO FUENTES
El miedo
Gabriel Chevaller
Acantilado
Precio: 22 €
Páginas: 368


Curioseando a cientos de metros de la línea de frente, el joven soldado francés Jean Dartemont, cuyo bautismo de fuego es inminente, encuentra restos momificados de dos enemigos alemanes despedazados por una granada. De sus cabezas sólo ha subsistido una mitad. Una máscara verdosa, como de bronce patinado, que Dartemont imagina como una magnífica quintaesencia del horror. Le hubiera gustado, se dice, llevársela y sacar “un molde que distribuir entre las mujeres y los entusiastas”. El estudiante Dartemont es el alter ego literario de Gabriel Chevallier (1895-1969), autor de El miedo, novela sobre la I Guerra Mundial publicada en 1930 y ahora traducida al castellano. Alegato escalofriante sobre el sinsentido de las guerras, y en particular de la que se llamó la Gran Guerra, El miedo tuvo una vida azarosa y guadiánica, pues autor y editor decidieron retirarla del mercado, por antipatriótica, ante la inminencia de la explosión nazi. Sólo alcanzó pleno reconocimiento en la década de 1950. El decreto de movilización general del 3 de agosto de 1914 fue acogido en Francia, como en otros países, con grandes manifestaciones de fervor patriótico. Hacía más de 40 años que los franceses habían sido derrotados en la guerra franco-prusiana y las ansias de revancha, el olvido del auténtico sonido de las armas y el desconocimiento del impacto que la tecnología habría de tener sobre el conflicto convirtieron los tambores bélicos en un espectáculo que nadie quería perderse. Gloria, valor, heroísmo fueron palabras que se mezclaron en las calles con la sensación de aventura propiciada por la ruptura de la cotidianeidad. Seis millones de hombres de toda Europa se abalanzaron sobre unos campos de batalla que, cuatro años después, se habían convertido en carnicería y cementerio de veinte millones de cuerpos. Una catástrofe sin precedentes.
El miedo es el relato, narrado en primera persona, de ese tránsito desde el entusiasmo a la desesperación. La caída de la máscara del valor. El descubrimiento del verdadero rostro del absurdo. Tras meses en la retaguardia y 25 días en el frente sin conocer del enemigo más que el sonido y los impactos de sus obuses, balas y granadas, Dartemont cae herido y es hospitalizado. Preguntado por las enfermeras sobre sus méritos de guerra no puede sino responder que no ha pegado un tiro, que tan sólo ha estado de marcha de un lugar a otro, ha reparado trincheras, ha transportado suministros, ha pasado sed, hambre y frío, se ha peleado hora tras hora con los piojos. Ante la incredulidad de sus cuidadoras, hijas de la buena sociedad, escupe el colofón que ha dado su renombre al relato: “Les voy a decir la gran ocupación de la guerra, la única que cuenta: he tenido miedo”.
Chevallier fue el primero en no adjudicar el miedo a los otros, en sustituir la máscara del héroe por la denuncia de la ineptitud de unos mandos que lucharon con tácticas napoleónicas contra ametralladoras, enviando a millones de hombres a perforar con una bayoneta las densas cortinas del fuego enemigo. Su relato, del que la patria, el deber, la política, la iglesia y la credulidad de las masas salen malheridos, está poblado de bandidaje, automutilaciones, abusos, desertores, motines, excrementos y cuerpos despedazados. Lástima que la falta de un gran aliento literario le haya impedido convertir su impresionante y valioso testimonio en la gran narración que El Miedo podría haber sido y, sin embargo, no es.

 

HUMILLADOS Y OFENDIDOS

PEDRO M. DOMENE
Novelas y relatos (1846-1849). Obras Completas. Vol. I
F.M. Dostoyevski
Galaxi Gutenberg / Círculo de Lectores
Precio: 30 €
Páginas: 1192

Cuando el gran Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, el ruso ideológicamente quizá más unidimensional de su tiempo, nace en Moscú el 30 de noviembre de 1821, el pensamiento y la literatura europeas se encuentran marcados por la influencia de una actitud nihilista centroeuropea que presuponía el abandono del humanismo tradicional como corriente única iniciada en el Renacimiento. Será entonces cuando el hombre se convierte en un misterio, en un enigma para desvelar, y cuando el joven Dostoyevski se cree llamado a escribir porque siente que tiene algo que comunicar al mundo: así lo expresa en sus primeras obras, en Pobres gentes (1846), esa extrema denuncia de la vida en el penal de castigo, y por extensión en la Rusia de la época de sus Apuntes de la Casa Muerta (1861), o en la crónica de Los demonios (1871), su tentativa más brillante para denigrar los movimientos revolucionarios de los setenta. La vida de Dostoyevski se convertirá en una interminable pregunta sin respuestas y es así como su existencia pasa por cada una de las etapas del nihilismo moderno: la destrucción de la sociedad, la salvación por el terrorismo, la muerte absoluta y el rescate por la locura, es decir, por la religión, experiencias que cubren cuarenta años de la vida del escritor, desarrolladas en lo mejor de su literatura.
Dostoyevski es el heredero de esa voluntad de narrar la realidad. Con su arte se permite construir cuanto se nos niega en el curso de la vida: la capacidad de edificar un espacio y un tiempo narrativo complejo que crece paralelamente a los personajes y a la voz, fundida con la del narrador, y adquiere las dimensiones que autor, narrador y resto de personajes quieran otorgarle. Dos acontecimientos configuraron parte de esta actitud en el ruso, la muerte del padre, asesinado por sus propios siervos el 8 de junio de 1839 y que le llevó a analizar las causas de esta terrible muerte en Los hermanos Karamázov; y la experiencia posterior de cuatro años de trabajos forzados en Siberia, donde conoció en estado puro la dialéctica del bien y del mal.
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores inicia, bajo la dirección de Ricardo San Vicente, el proyecto de sus Obras Completas. Los ocho volúmenes recogerán la producción de sus dos grandes períodos, aunque, por su importancia y trascendencia, incluye, en un volumen, Los hermanos Karamázov, y en otro, el Diario de un escritor, serie de artículos publicados por el autor entre 1873 y 1881, en la revista El Ciudadano, muestra de su innegable grandeza y profundidad psicológica respecto a la vida y a la creación literaria. Se inicia la edición crítica con Novelas y relatos (1846-1849) y las trece obras que figuran en el primer volumen configuran el primer ciclo de su producción: lo forman relatos y novelas cortas escritas y publicadas por Dostoyevski antes de su detención y condena: Pobres gentes, El señor Projarchin, La patrona, Polzunkov, Corazón débil, La mujer de otro y el marido bajo la cama, El ladrón honrado, Un árbol de navidad y una boda, Noches blancas, Nétochka Nezvánova, y se incluye El pequeño héroe, escrito en la cárcel y publicado en 1857. El lector descubrirá con Pobres gentes, la gran revelación del escritor, cómo los humildes y los desheredados tienen un alma sensible, son capaces de amar, y se rebelan contra los poderosos, o su primera novela sobre niños, Nétochka Nezvánova, muy dickensiana, y, en particular, El ladrón honrado, Un árbol de Navidad y una boda o Noches blancas, esa auténtica galería de “pobres gentes” petersburguesas. Humillados y ofendidos sus personajes acusan el ambiente de la ciudad moderna y la encarnación de los grandes contrastes de su época, sobre todo cuando el escritor ofrece la hiriente miseria y riqueza de sus vecindarios.

 

CLAUDIA Y LOS ELEGIDOS

LUIS ALBERTO DE CUENCA
Los lugares secretos
León Arsenal
Martínez Roca
Precio: 19,50 €

Páginas: 448

Como las mujeres son las que leen, se hace preciso concederles el protagonismo que merecen. Eso es lo que hace, por ejemplo, Stieg Larsson en su trilogía de Millennium: sacarse de la manga a Lisbeth Salander, una hacker acribillada de piercings como protagonista absoluta de sus tres novelas, para que las jóvenes, y no tan jóvenes, de todo el mundo se sientan identificadas con ella, cosa que sucede de manera automática, pues Lisbeth es una creación literaria maravillosa y da gusto apropiarse de su originalísima personalidad y disfrutar con ella, desde dentro, de sus folletinescas aventuras y desventuras, comparables a las que hubieron de gozar y padecer las heroínas románticas del inconmensurable Wilkie Collins en la Inglaterra victoriana. Pues bien, con la Claudia Ugarte de León Arsenal en Los lugares secretos ocurre lo mismo que con Lisbeth Salander. Su presencia resulta como un polo magnético para las lectoras –y también para los lectores, que nos sentimos fascinados por esa condición de “extraordinaria mujer corriente” (así definió Goethe a Napoleón Bonaparte, pero en masculino) que la caracteriza–, fatalmente atrapadas en la tela de araña de su temperamento pertinaz y de su pulso inquieto y aventurero.
Piensen ustedes en que Claudia considera harto extraño que su antiguo novio, Jacobo, haya desaparecido sin dejar rastro, y en que, fruto de esa preocupación, decide investigar sobre el trabajo que éste dejó inconcluso a su partida: un estudio sobre la simbología presente en diferentes edificios de Madrid que acabó derivando en una búsqueda de las huellas dejadas por una pintoresca sociedad más o menos filosófica, los Elegidos, que se inspiraban en una secta gnóstica de la antigüedad, los Agápetos, y que tuvieron importantes ramificaciones tanto en Italia como en Sudamérica. En el curso de su investigación, la chica, que es licenciada en Ciencias Audiovisuales y mira el mundo con ojos avispados y penetrantes, va a poner su vida en peligro, como es preceptivo en estos casos, porque con las sectas que tienen más de mil años de existencia no conviene jugarse una los cuartos, so pena de salir malparada de semejante envite, aunque siempre valga la pena asumir riesgos para evitar el tedio circundante.
Pasan infinidad de cosas en la novela de Arsenal hasta que, al fin, el horizonte termina despejándose, y Claudia y los lectores nos enteramos de que los tales Elegidos no sólo existieron en realidad, sino que consiguieron mantener impolutas sus creencias –y, lo que es peor, sus prácticas malignas– desde el siglo III después de Cristo hasta nuestros días, y de que siguen hoy en la brecha, inasequibles al desaliento, no dudando en eliminar a todos aquellos que pongan en peligro el secreto de su existencia. Y pasan todas esas cosas en un Madrid oculto y diferente, mágico y literario a la vez, que nos recuerda, por citar tan sólo un ejemplo, aquel Madrid que sirve de escenario a las siniestras maniobras del depravado Ambrosio en El monje (1795), la inmortal novela gótica de Matthew G. Lewis, que la terminó de escribir cuando aún no tenía veinte años.
León Arsenal nació en Madrid en 1960. Fue marino mercante y navegó durante mucho tiempo en todo tipo de cargueros. Ha cultivado la narrativa y el ensayo. Como narrador, se me antoja uno de los más frescos, directos e imaginativos urdidores de historias de la ficción española actual. Ha publicado novelas históricas como El hombre de la plata, Las lanzas rotas, La boca del Nilo y Los malos años, y thrillers históricos como El espejo de Salomón y estos Lugares secretos por los que resulta tan sumamente grato pasear.

 

PENCAS DE NOPAL

JAVIER GOÑI
Las muertas
Jorge Ibargüengoitia.
RBA
Precio: 16 €
Páginas: 174

Una pequeña anécdota previa, que seguro que le hubiera hecho gracia al mexicano Ibargüengoitia. Cogí un taxi madrileño, en el inicio estival con estas Las muertas a punto de ultimarlas cuando el digno profesional del volante, enredada la tibia conversación en los calores que venían, me dijo que él vivía en los alrededores de Madrid, en Mejorada del Campo, allí donde no hace calor y añadió con gracia acaso amexicanada: ya sabe, allí donde se caen los aviones. La anécdota viene a cuento, claro, porque yo iba con este libro en las manos y porque en diciembre de 1983 se estrelló allí, en Mejorada, un Boeing de Avianca París-Madrid-Bogotá: en ese avión murió JI (y también otro muy estimable escritor peruano hoy olvidado Manuel Scorza, y los intelectuales Ángel Rama y Marta Traba: iban a un congreso de escritores). Bueno, JI fue un excelente escritor mexicano –y periodista y dramaturgo: recientemente se han recogido algunas de sus crónicas en Revolución en el jardín, con entusiasta prólogo de Juan Villoro–, que ha tenido en España afortunadamente quien le edite en estos últimos treinta años: yo lo conocí –leyéndole– en la muy desaparecida Argos-Vergara, luego lo seguí en la Mondadori de Julio Ollero –anterior a esta Mondadori de Random House; y justo es, creo, personalizar en Ollero aquel excelente catálogo–, Seix Barral anunció una Biblioteca JI y, ahora, en esta primavera pasada RBA rescata Las muertas (ya publicada por la Mondadori de Ollero en los pasados años ochenta).
Desde el título queda clara la mexicanidad de la novela (JI siempre estuvo bien agarrado en el tiovivo de la identidad cultural de su país, tan cerca y tan lejos de la Madre Patria; baste recordar que en una de sus más conocidas novelas, Los relámpagos de agosto, se ríe lúcidamente de la mexicanidad revolucionaria con un atrevimiento digno de acabar en balacera) y desde el principio, desde esa primera página que discurre como una carretera entre nopales, el lector asiste hipnotizado a esa fuerza narrativa que le ponía JI a sus relatos. Las muertas está basada en un hecho real –la desaparición de unas prostitutas a principios de los años sesenta– que deriva, de la mano sabía y grande del escritor, por caminos polvorientos llenos de humor de la mejor calidad. No estamos, claro está, en el dramático caso de las mujeres desaparecidas en la frontera, de cuyo horror se han ocupado Bolaño y otros periodistas y escritores mexicanos. Aquí, no, aquí prima, desde la mexicanidad más profunda –con todos sus ingredientes–, el humor y un lenguaje chispeante, rico en matices y así el tiroteo inicial mal resuelto acaba provocando una investigación policial, con falso y tópico lenguaje administrativo, mediante el cual JI consigue darnos una estupenda novela coral, en la que unos muertos mal enterrados van descubriendo otros y así se nos presenta un vodevil –puertas que se abren y se cierran; aquí, tumbas, mujeres– a la mexicana lleno de brillantez y humor; un humor que va desvelando, no obstante el lado más oscuro del alma de ese pueblo. Un relato mexicano puro; un libro y, sobre todo, un escritor al que se va recuperando periódicamente, y cuya mano, la del oficio de escribir, siempre reaparece entre las tierras removidas de la memoria literaria. Me gustó, entonces, ser su lector; me gusta, ahora, volverlo a ser. Bienvenido sea de nuevo Ibargüengoitia, ese apellido mexicano tan imposible de retener y de teclear a no ser que utilicemos, acaso, un teclado vasco.

 

EL ESPÍRITU ÁSPERO DE GONZALO HIDALGO

TOMÁS VAL
El espíritu áspero
Gonzalo Hidalgo
Tusquets
Precio: 25 €
Páginas: 560

Raro será el lector que, conducido por el azar o el deseo, hojee en una librería la última novela de Gonzalo Hidalgo, El espíritu áspero, y no sienta algo parecido a la seducción desde las primeras líneas. El escenario con el que nos encontramos se presenta grato para la fabulación y amable para nuestro espíritu: en la ciudad de Murania, capital del universo literario de Gonzalo Hidalgo, en el Salón Murtes del Hotel Valdeflor, se rinde homenaje a don Gumersindo, viejo profesor que ha alcanzado la edad de la jubilación. La gratitud por los servicios prestados se concreta en los discursos de los próceres provinciales, en los parabienes de los colegas, en los agradecimientos de unos pocos antiguos alumnos y en una pluma estilográfica que han comprado a escote y que sirve como obsequio final.
Y, en el fervor tristón del final de la celebración, surge la idea de poner por escrito los principales acontecimientos de esa vida, de la existencia de don Gumersindo. Empeño provinciano éste, afán de casino rural y de instituto de enseñanza media que le toca llevar a cabo uno de los compañeros de don Gumersindo, que aprovechará unos antiguos papeles, un boceto de autobiografía pergeñada por el viejo profesor en un tiempo no muy lejano.
La memoria a la que se asoma el lector comprende buena parte del siglo XX, pero Gonzalo Hidalgo, en las anécdotas, en los nombres, en las localizaciones geográficas, pone buen cuidado en dejar claro que todo es ficción y que nada podría situarse en un mapa ni acaso en un tiempo concreto. El territorio por el deambula don Gumersindo y que tiene en Murania su población más destacada, nos resulta conocido, así como algunos personajes, Lucas Cálamo, que, creo recordar, aparecía en Misera, fue, señora, la osadía novela publicada en 1988. Gonzalo Hidalgo, pues, lleva muchos años transitando por un universo imaginario y tejiendo una trama de fábulas cuya vocación es la de formar una unidad. Ese mundo particular ha ido conformándose con obras como, aparte de la citada, El cerco oblicuo (1993) y Amad a la dama (2002), además de las dos novelas que Tusquets ha rescatado de un oscuro destino editorial y que algunos afirman que se han convertido en obras de culto: Paradoja del interventor, finalista del Premio Llibreter 2006, y Campo de amapolas blancas.
Apadrinado por Sánchez Ferlosio y por Luis Landero, Gonzalo Hidalgo reclama sin grandes voces un lugar de privilegio en la Literatura actual y, ciertamente, no sería descabellado afirmar que su forma de narrar puede recordar, a veces, a los dos maestros. Don Gumersindo podría formar parte de Juegos de la Edad tardía o haber sido profesor del Mágico aprendiz, pero –para buscar algún defecto a dos décadas de trabajo– también es verdad que El espíritu áspero pierde en ocasiones la atención del lector y que su cuidadísima prosa, excesivamente cuidada, puede llegar a ser trabajosamente digerida y a dejar un regusto añejo en el paladar. La seducción de las primeras páginas no se mantiene a lo largo de toda la novela y el empeño literario, indiscutible, innegable y logrado, reclama también más profundidad en la trama y pasión en la forma.
La vida de don Gumersindo, que vamos conociendo desde la infancia, desde la niñez compartida con Nicéforo y Teófilo, hasta esta madurez jubilatoria más que jubilosa; los muchos personajes y ambientes; sus alumnos –Minerva Cabañuelos y Valentín Valiente Ruíz, alias Mente Cato–; los religiosos hervacianos; su breve paso por Madrid y las muchas anécdotas que el aprendizaje del latín o del griego procuran, conforman una buena novela que llegó a prometer más de lo que fue.

LA IMPOSTURA DEL DESTINO

MARIO ELVIRA
De una vida a otra
Fernando Delgado
Planeta
Precio: 20,50 €

Páginas: 250

La construcción de la identidad y el juego de las máscaras suele estar vinculado a la relación con la memoria emocional que sustenta el yo y el mundo interior poblado de secretos. Fernando Delgado ha abordado este tema en muchas de sus novelas y vuelve a hacerlo en las páginas De una vida a otra para evocar, a través de una relación epistolar por Internet, el pasado y el presente de un pintor, Román Becerra, que se esconde y vive entre los fuegos de sus cuadros y una identidad marcada por el paso por un reformatorio destruido por un incendio y por la necesidad de construirse una vida. Al igual que en las novelas picarescas (aquí cambia el autor el recurso del relato autobiográfico por el tono confesional de los emails), la construcción de la máscara social del protagonista tiene su origen en el desarraigo, en el instinto de supervivencia frente al infortunio y en la ascensión social que llevará a cabo el protagonista a lo largo de la historia, cuyo suspense administra Fernando Delgado con buen tono y capacidad para tejer atmósferas y dibujar la psicología de los personajes principales.
Estas son las claves de la evolución de Juan Jornay, el niño tutelado que verá truncada su infancia por una venganza que lo conducirá a un reformatorio que también es una espléndida metáfora sobre la dictadura franquista y la difícil reinserción social de los jóvenes delincuentes. De una vida a otra es una interesante y emotiva novela que reflexiona acerca del destino, como resultado de las acciones que otros llevan a cabo y que determinan el futuro de otros.


PARA PALADARES EXQUISITOS

FERNANDO VALLS
Cazadores de letras. Minificción reunida
Ana María Shua
Páginas de Espuma
Precio: 29 €

Páginas: 894

Que una escritora pueda reunir sus microrrelatos completos en un sólo volumen me parece que es una novedad casi absoluta y otro síntoma más de la normalidad hacia la que se encamina el género. Aquí tiene el lector, a su disposición, libros ya míticos, como La sueñera (1984), Casa de geishas (1992) y Botánica del caos (2000), pero también el más reciente Temporada de fantasmas (2004) y el inédito Fenómenos de circo.
Shua conoce a la perfección los recursos de los que suele valerse el género, y los utiliza con tanta sutileza y habilidad como acierto. Así, puede convertir un lugar común o una frase hecha en un relato fantástico o sorprendente; pero, además, juega con el paso de la vigilia al sueño, de la vida a la muerte, y con las peculiaridades y componentes del mundo de los sueños, del más allá, que a menudo suelen ser otros; se vale de los mecanismos retóricos de los chistes y de los motivos de los relatos infantiles; rompe con la realidad y con la lógica; utiliza la reescritura y la intertextualidad, las paradojas y el humor; mientras que a través de la extrañeza, convierte lo cotidiano en mítico; anima los objetos (tan malos como desobedientes) y no escatima el erotismo. En suma, en el presente volumen se nos muestra esas sorprendentes e inesperadas vetas de la existencia que la convierten en absurda, aun cuando los personajes de Shua logren incluso sobrevivir. La autora trabaja muy bien con los conocimientos del lector, al que le da cancha para acabar seduciéndolo, llevándoselo a su terreno. Y consigue evitar los numerosos peligros que acechan al género, y que van del chiste y el mero ingenio a la historia evidente.
Sólo le pondría un par de pegas insignificantes. Creo que el libro hubiera resultado más provechoso si fuera acompañado por un prólogo que le explicara al lector español quién es Shua y cuál ha sido su trayectoria. Por otra parte, me parece que la palabra microrrelato (un texto narrativo brevísimo que cuenta una historia) se corresponde mejor, por su mayor adecuación, con el tipo de textos que compone Shua, siendo el concepto de minificción, utilizado en el subtítulo, demasiado vago e impreciso.
Ana María Shua, narradora de ambiente y respiración cortazariana, ha cultivado diversos géneros (novela, cuento, poesía y narrativa infantil) pero creo que ha encontrado el suyo propio en el microrrelato. La mejor prueba quizá se halle en este volumen, en el que se demuestra, si es que resultaba necesario, que la narradora argentina, en esta exigente distancia, puede codearse con los mejores cultivadores actuales del género. Sus microrrelatos son de alto voltaje y como la comida japonesa, adecuada sólo para paladares refinados, exquisitos.


OTRO LARSSON, POR FAVOR

NELA NIETO
La reina en el palacio de las corrientes de aire
Stieg Larsson
Ediciones Destino
Precio: 22,50 €

Páginas: 812

Póngame otro Larsson, por favor. En vaso largo y sin hielo, para beberlo con deleite, como los anteriores. Quizá el tercer y último título de Millenium sea el menos acertado de los que integran esta serie, pero hay que devorar esta nueva entrega del tandem Salander-Blomkvist, en el que las peripecias de la ‘reina’ Lisbeth se cuelan con marcada contundencia en las vidas del coro de personajes que van tejiendo esta historia. Aquella chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y que supo mezclarlos desde el instinto para hacer una pira, esa extraña femme fatale del siglo XXI que resolvía ecuaciones imposibles y ajustaba cuentas pendientes en la segunda entrega, hace que ardan ahora los pilares del gobierno, convirtiéndose en un auténtico fenómeno social. Su huella impregna la estructura de una arquitectura bien cimentada por Larsson, una trama de espionaje que crece para desmoronarse de un soplo, como un castillo de naipes. El crimen –profesional y de andar por casa– se hace novela para modernizar un género que guarda entre algodones los lúgubres escenarios de Raymond Chandler y adapta su naturaleza a la decrepitud de la sociedad actual. Todo ello aderezado con reportajes de investigación –a cargo de Mikael Kalle Blomkvist, Erika Berger y su equipo– e intereses políticos e informativos, así como un empleo profuso de las nuevas tecnologías. Por estos y otros motivos que podrían esbozar millones de lectores, permítanme que sueñe aunque ya no sea posible… Otro Larsson, por favor.